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Rasgos sustanciales de los Mitos y Ritos del Agua del tercer contexto o del

Capítulo II. Marco Teórico

2.2 Bases Teóricas

2.2.2 Contextos históricos de Huarochirí

2.2.2.6 Rasgos sustanciales de los Mitos y Ritos del Agua del tercer contexto o del

Del manuscrito, traducido por Arguedas (2013) destaco el Capítulo 7, relato: “que el ayllu Cupara, formo parte de la reducción de San Lorenzo de Quinti, colindante con Huarochiri por el rio mala. De este ayllu se formó otro llamado Chahuincho; Chuquisuso perteneció a este ayllu. Los habitantes que pertenecen a este ayllu, limpian el acueducto conforme lo hacían en la antigüedad, en el mes de mayo.

Refiere el texto que toda la gente iba hasta la piedra en que se convirtió Chuquisuso. Aquí se iniciaba una ceremonia la gente es portadora de chicha, ticti como comida y acompañado de cuyes y llamas para adorar a esa mujer demonio. Parece ser como parte de esa ceremonia, se encerraban en un cerro de troncos de quishuar, y desde allí saludaban a Chuquisuso durante cinco días, sin moverse. Después de esta adoración “limpiaban el acueducto”. Concluida la limpieza de la acequia, la gente bajaba al pueblo cantando y bailando. Con mucho respeto y temor traían una mujer, y decían: “Esta es Chuquisuso”. Aquí el redactor del texto, como una remembranza señala que algunos lo adoraban con todo lo que podían. Y así bebían y cantaban durante toda la noche y celebraban una fiesta muy grande. Desde entonces, aun cuando vivía el antiguo y poderoso don Sebastián, en el día de Corpus y en la Pascua grande: “Soy Chuquisuso”, decía y servía chicha de un extremo a otro. “Es la chicha de nuestra madre”, decía y entregaba a cada persona una porción de maíz tostado (cancha). Aquí se resalta que cuando se había concluido de

limpiar la acequia, los hombres se convidaban unos a otros maíz, porotos, toda cosa buena” (2013, p. 53).

De este relato simplificado, podemos extraer quese da una unidad entre mito y rito recreado en un contexto colonial y de dominio religioso cristiano, sin embargo parece ser que todavía no se da la extirpación de idolatría. Aquí destaca lo que va a pervivir con

ciertas modificaciones hasta el presente: Primero, la ceremonia donde se conjuga el mito y el rito, en segundo lugar la limpieza del acueducto, tercero, la fiesta y el cuarto, el

compartir de alimento y bebida como la chicha. Es necesario resaltar el último párrafo: “Ya está limpio el acueducto de Chuquisuso”, diciendo iban de Huarochirí y de todos los pueblos a ver la acequia […]. Los alcaldes y otra clase de personas no los atajan de hacer estas costumbre; no le dicen: “Sin razón alguna adoran”. Siguen festejando la limpieza de la acequia porque les vence el deseo de cantar y beber con los demás hasta embriagarse. “He limpiado la acequia, sólo por eso voy a beber, voy a cantar”, dicen, mienten al padre. Y esto, de hacer, lo hacen los hombres de todas partes. Pero algunos cuando tienen un buen sacerdote, lo olvidan; y otros, adoran y beben a escondidas. Y así, de este modo, viven hasta hoy” (2013, p. 55).

Finalmente, el relator del manuscrito describe lo que ocurre después de la limpieza del canal con cierta dosis de queja y denuncia de mentira –probablemente para defenderse él de alguna represalia española- pero es significativo lo que señala con el festejo por la limpieza de la acequia “lo hacen los hombres de todas partes”; asimismo, vuelve a deslindar responsabilidad y que si esta celebración ocurre en el pueblo, depende del sacerdote.

Ritos de Huarochirí descrito por Francisco de Ávila en 1611.

En la sección de documentos, de los manuscritos (2013, pp. 241-266), destaco la relación o explicación formulada por Ávila. Tuvo como objetivo dar argumentos para que las autoridades del clero católico, aprobaran medidas inhumanas afirmo:

“También para celebrar cada familia fiesta a su progenitor y hazerle sacrificios fingía que hazía la fiesta de algún santo, y aguardava a que llegase el día del que mejor correspondía en el tiempo con su intento, y entonces pedía licencia al cura del

pueblo para holgarse en su cassa, diziendo que aquel sancto era su abogado, a que se llamava algún indio de aquella familia de aquel nombre, y el cura con buena fee se la concedía. Hasse hallado assimismo que adoran las acequias, manantiales y ríos y que cuando siembran hazen primero sacrificio a la / / tierra y ponen cebo en el medio de la chacra, o sementera, y al entrojar, y encerrar la cosecha hacen muchos sacrificios. Finalmente cuantas cossas los indios hazían en tiempo de la gentilidad, essas mismas hazen hoy.- Y lo peor es que les ha hecho entender el Demonio que pueden muy bien a las cosas de la religión cristiana y también a sus idolatrías, y que éstas, por ningún casso más pueden ni deben olvidar, so pena de morirse y que los ídolos los

castigarían muy mal” (2013, p. 259).

En esta manifestación se demuestra que Avila ha dilucidado, el sincretismo –el pasado vive en el presente-, una forma de preservación cultural, que se ha visto obligado a llevar a cabo la población originaria pese a la oposición y represalia del orden español dominante y que ellos posteriormente y cruelmente impondrán la extirpación o destrucción de idolatrías. Es heroico por parte de un gran sector de la población andina su lucha y resistencia a estas medidas maniqueístas del clero limeño, que no logró del todo su propósito.