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1 ¿Por qué el ratón de campo les dijo a los gemelos que su misión no era sembrar? ¿Cuál era realmente?Allegar: arrimar o acercarse a algo.

In document Piedra de Sol Ediciones (página 82-84)

Engendrar: procrear, concebir, originar, crear.

Retoñar: reproducirse, volver a salir brotes y tallos.

Encrucijada: lugar en donde se cruzan dos o más calles o caminos.

Hunahpú e Ixbalanqué volvieron entonces a su casa y les indicaron a su abuela y a su madre que irían a enfrentarse con los señores de Xibalbá. Antes de salir, cada uno sembró una caña en el patio de la casa, y les dijeron a las mujeres que si las cañas se secaban significaría que ellos habían muerto, pero que si las cañas reto- ñaban, querría decir que habían logrado vencer a las divinidades del inframundo y aún estaban con vida.

Los gemelos bajaron rápidamente a Xibalbá, pasando por varios ríos, sin que les ocurriera nada. Luego lle- garon a una encrucijada y supieron de inmediato cuál era el camino que debían tomar. Cuando finalmente se presentaron ante los señores de Xibalbá, tuvieron que enfrentar muchas pruebas. Lo primero que les pidieron fue que saludaran a unos oscuros señores, pero los muchachos sabían que eran de palo y así lo declararon. Lue- go, quisieron sentarlos en una piedra ardiente, pero ellos no aceptaron. Entonces, fueron metidos en una casa oscura, tal como les había ocurrido a sus tíos, y les dieron trozos de ocote y cigarros, con la condición de que a la mañana siguiente los devolvieran intactos. Para simular que quemaban el ocote, Hunahpú e Ixbalanqué pusieron una pluma roja de guacamaya encima de la rama. Y en lugar de encender los cigarros, les pusieron luciérnagas en las puntas. Así, engañaron toda esa noche a los señores de Xibalbá.

Al día siguiente Hun-Camé y Vucub-Camé, al ver que los gemelos habían superado la prueba, les pregunta- ron que de dónde eran, pero ellos solo respondieron: “¡Quién sabe de dónde venimos!”. Los de Xibalbá los invitaron entonces a jugar a la pelota. Y mientras jugaban, trataron de matarlos, pero no lo consiguieron y los hermanos ganaron el juego.

Tras la derrota, los señores de Xibalbá les impusieron una nueva prueba: deberían llevarles cuatro ramos de flores, pero los encerraron en una casa y mandaron guardianes a cuidar los jardines. Entonces, Hunahpú e Ixbalanqué astutamente hablaron con las hormigas y les pidieron que hicieran el trabajo por ellos y fue así que, a la mañana siguiente, tuvieron los cuatro ramos de flores que les habían pedido. Luego de esto, los señores los mandaron a la casa del frío, pero los jóvenes encendieron una fogata con troncos viejos y así lograron calen- tarse y no perecieron. Después los metieron en la casa de los tigres, pero Hunahpú e Ixbalanqué les hablaron para que no los mordieran, les dieron de comer unos huesos y lograron sobrevivir. Posteriormente, los hicieron entrar en la casa de fuego, pero tampoco murieron.

Los de Xibalbá, desconcertados por lo que estaba pasando dijeron: “¡Hagámoslos entrar en la casa de los murciélagos!”. Cuando los encerraron allí, Hunahpú e Ixbalanqué se metieron dentro de sus cerbatanas y los murciélagos revoloteaban en torno a ellos sin lograr herirlos. Sin embargo, en un momento en que todo parecía estar en calma, Hunahpú se asomó para ver si ya había amanecido y, al hacer esto, un murciélago le quitó la cabeza. Al ver lo sucedido Ixbalanqué se sintió humillado y exclamó: “¡Desgraciados de nosotros!”.

Por orden de Hun-Camé y Vucub-Camé, los espíritus del inframundo colgaron la cabeza de Hunahpú sobre el aro de juego. Ixbalanqué llamó entonces a los animales grandes y pequeños para que lo ayudaran. Y fue la tortuga quien le prestó a Ixbalanqué su cabeza para que la pusiera en el cuerpo de Hunahpú. Una vez puesta la cabeza, los hermanos salieron a jugar. Ixbalanqué le dijo a Hunahpú que hiciera como que jugaba, pero que él lo iba a hacer todo. Y le pidió al conejo que cuando le llegara la pelota corriera con ella.

Empezó el juego y cuando le llegó la pelota al conejo, el animal la tomó y corrió con ella, y todos los de Xibal- bá corrieron detrás. Ixbalanqué aprovechó ese momento para apoderarse de la cabeza de su hermano. Quitó la cabeza de tortuga de su cuerpo y puso la de Hunahpú. Al darse cuenta de esto, los de Xibalbá quedaron sorprendidos, y aunque reanudaron el juego, nuevamente fueron vencidos.

Habiendo sobrevivido a todos los tormentos y a los animales furiosos de Xibalbá, los gemelos llamaron a dos adivinos: Xulú y Pacam. Les pidieron que si les preguntaban la forma en que deberían morir respondieran que quemaran sus huesos, los molieran y los lanzaran al río. Un rato después, los mensajeros de Hun-Camé y Vucub-Camé fueron a buscar a los muchachos diciéndoles que los iban a quemar. Y así fue que los quemaron a los dos juntos, mientras los de Xibalbá daban gritos de alegría y júbilo por la muerte de los dos hermanos.

Enseguida, los señores de Xibalbá les preguntaron a Xulú y Pacam qué debían hacer con los huesos y estos respondieron que los molieran por separado y los arrojaran al río. Pero los huesos no fueron muy lejos; al con- trario, se asentaron en el lecho del río y pronto adquirieron la misma apariencia de los hermosos muchachos.

Al quinto día Hunahpú e Ixbalanqué fueron vistos por la gente del inframundo con la apariencia de hombres peces. Al sexto día se presentaron como dos hombres pobres, con la cara manchada. Bailaban y se despedaza- ban entre sí y luego resucitaban, provocando miradas de asombro entre los de Xibalbá.

No tardó mucho en llegar esta noticia hasta Hun-Camé y Vucub-Camé, quienes los mandaron a llamar y los interrogaron: les preguntaron acerca de sus padres y de su origen, pero ellos solo respondieron que no sabían quiénes eran sus padres ni de dónde eran. Comenzaron entonces a bailar. Los señores de Xibalbá les pidieron

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2. ¿Cómo consiguieron Hunahpú e Ixbalanqué superar la prueba que su padre y su tío no pudieron

In document Piedra de Sol Ediciones (página 82-84)