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Y es por esa razón que Lacan debe decir que, a pesar de que la estructura es común, el analista debe mantener­

se alejado del goce que podría resultar para él mismo de esa posición. Debe rechazar que tanto el goce sádico como el goce masoquista devenga lo que podría ser su goce.

Y

seria una idea a desarrollar en un trabajo, tratar de ver cómo, en la historia del psicoanálisis, varios analistas han

JACQUES-ALATN MILLER

tomado-de hecho- diversas posiciones de goce a partir de ese lugar. Ver que algunos son claramente sádicos y que otros hacen una teoría masoquista de la transferencia. Hay muchas otras ... Sería interesante una clasificación de los analistas según eso.

Pero lo importante en todo esto es plantear que la res­ puesta a la "perversión" del analista (que ocupa el lugar del objeto

a

minúscula y que produce una división subje­ tiva en el analizante), que la respuesta a esa pseudo­ perversión es el amor, el amor de transferencia. Así,

tomando este materna de Lacan -bien conocido ahora- se podría decir que, siendo "a minúscula" la posición del analista y

Z

la del analizante, a la vertiente de la "per­ versión" responde el amor de transferencia.

amor

a

$

"perversión"

Esto tiene su interés, pero lo que carece de él es tener que escribir la posición del analista como "perversión". Sería mejor introducir algo más refinado que esto que es un tanto sencillo.

De todos modos lo interesante de hacer­

lo así es que hace ver muy bien -por lo menos a mí- que el amor tiene una relación con el "a minúscula", y que, se podría decir, es precisamente el amor de transferencia el que constituye un velo del estatuto de desecho de dicho objeto. Es decir, que permite ver en qué el amor -en este caso el amor de transferencia- es un desconocimiento, o quizá mejor, un engaño; que en el amor hay un engaño (tesis bien conocida) porque se esconde el objeto "a minús­ cula" en tanto desecho. Y Lacan da la fórmula de ese velo cuando escribe: i(a), imagen de "a minúscula". Una ima-

UNA CHARLA SOBRE EL AMOR

gen que, precisamente, esconde, que otorga todo el es­ plendor de lo imaginario, de la belleza a lo que, en sí mis­ mo, no tiene nada de tan lindo: por ejemplo, los analistas. Ustedes pueden ver que en esto debemos introducir una cierta "función de velo" para entender lo que pasa.

Así, paso a paso, esto es muy sencillo, pero, al mismo tiempo, no se ve claramente adónde voy. Voy a un lugar muy preciso en Freud, que, en sus propios términos, se llama: Liebeslebens. Liebes se traduce: amor, y

Lebens,

vida. Como la idea de desarrollar las cosas de este modo es algo que surgió muy recientemente en mí, acá en Bue­ nos Aires, fue ayer cuando pude conseguir las traduccio­

nes al castellano de las tres

Contribuciones

de Freud sobre la

psicología

... ¡Ah!... Y a en este punto es interesan­

te ver que mientras la traducción de la edición de Amo· rrortu dice "vida amorosa", la traducción más antigua, de López Ballesteros, utiliza el término: "vida erótica". Si bien no parece una distancia muy grande, es notable, ya que parece indicar que la palabra "Liebe" en Freud, pre­

senta, quizás, algunas dificultades conceptuales; y, para decirlo rápidamente mediante un cortocircuito, creo que lo que Freud llama

Liebeslebens se trata, de

hecho, de la articulación entre el amor y el goce; el goce -vamos a de­ cir-sexual. Hay que precisar esto un poco más. Es decir, se trata de la articulación entre la vertiente del amor y el goce o el plus de goce que está acá:

i (a)

a <--plus de goce Y se puede ver, cuando uno toma

las tres Contribucio­

nes a la psicología de la vida amorosa

1, la primera: "So-

l. En tanto que los títulos consignados por J.·A. Miller durante

JACQUES-ALAIN MILLER

bre un tipo particular de elección de objeto en los hom­ bres"

(1910);

la segunda: "Sobre la tendencia universal a la degradación de la vida amorosa"

(1912)

y, por último:

"El tabú de la virginidad"

(1917-18),

cuando se toman es­ tos tres textos que Freud mismo ha recogido, encontra­ mos -en mi opinión- a un Freud realmente lacaniano. Lacan ha dicho que él no era lacaniano sino freudiano; Freud nunca dijo que él no era lacaniano ... Realmente creo que es -y voy a tratar de demostrarlo- un Freud muy lacaniano. Un Freud que nos permite quizá releer y re­ pensar un texto de Lacan mismo, un texto tan importan­ te para este tema como lo es "La significación del falo". Sería tomar a Freud para ir más allá que un cierto Lacan, pero, evidentemente, con la ayuda de un "otro Lacan".

¿De qué trata la Psicología

de la vida amorosa o eróti·

ca?

Se trata, para Freud, de pensar la cuestión �ue todo el mundo se plantea-, de cómo se relacionan hombres y mujeres. E.s un esfuerzo para pensar la relación sexual: pensar la relación sexual -hay que decirlo- a partir de sus dificultades, a partir de sus impasses. Porque cuan­ do uno lee a Freud para saber qué posición tomar en ese asunto, por todos lados aparecen impasses; quizá más del

ediciones en castellano, y en la medida en que se derivan de ellos con· secuencias lógicas de importancia, hemos optado por transcribirlos a continuación. Así, en Ediciones Amorrortu, los tres artículos se en­ cuentran reunidos baj o el título de Contribuciones a la psicología del

amor. El primero de ellos se titula "Sobre un tipo particular de elec·

ción de objeto en el hombre", mientras que en las ediciones de Biblio­

teca Nueva la traducción de López Ballesteros es "Sobre un tipo especial de elección de objeto en el hombre". En estas mismas edicio­ nes el segundo texto es titulado "Sobre una degradación general de la

vida erótica", en tanto Amorrortu opta por "Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa". En e) último de los tres textos no existen discrepancias entre las distintas traducciones (L. G.).

UNA CHARLA SOBRE EL AMOR

lado de los hombres que del lado femenino. Hay una solu­ ción femenina destacada por Freud al final de la Psicolo­ gía de la vida amorosa: es la solución femenina por excelencia, la "solución Judith" ... La Judith de Hebbel, por supuesto ... Es decir, que ésa aparece como la única salida válida para todas esas impasses; y podemos pensar que Lacan ha visto eso.

Entonces, la cuestión es ver cómo se relacionan hom­ bres y mujeres, cómo se eligen los unos a los otros. Es el tema, recurrente en Freud, del Objektwahl, de la elección de objeto. Cuando Freud dice

Objekt,

de ninguna manera hay que traducirlo por objeto "a

minúscula".

Cuando él habla de la elección del objeto de amor, el objeto de amor es i

(a),

es la imagen de otro ser humano. A veces se elige otra cosa que un ser humano ... A veces se elige un objeto material: es lo que se llama fetichismo. En este caso no se habla de objeto de amor sino, directamente, de goce o se habla de causa de deseo, pero no de amor. Porque para poder hablar de amor es necesario que la función

"a

mi­ núscula" sea velada por la imagen, la imagen de otro ser humano; y quizá, se podría decir, de otro ser humano y de otro sexo. Porque se puede discutir si el amor homo­ sexual masculino merece el término "amor". El amor ho· mosexual femenino es otra cosa, ya que parece, por razones estructurales, que merece dicho término. ¿Qué razones estructurales? Para decirlo rápidamente: la ra­

zón estructural es que, de toda manera y en todo caso, una mujer tiene valor de Otro para otra mujer. Lo más terrible es que todo esto índica algunos caminos, pero

como no se pueden seguir todos los caminos a la vez, no lo

voy a desarrollar.

Así, amor hay, se podría decir, cuando se trata de éste y no de otro, cuando se trata de algo que no se puede re­ emplazar. Ésa es la idea sublime del amor. Por el contra­

JACQUES-ALAIN MILLER

vamos a ver que él emplea la palabra "amor" siempre que se trata de la posibilidad de alguna sustitución, de la necesidad de una sustitución. Y, en cierto modo, es cuando se trata del goce, que no hay sustitución. Sin embargo, hay una articulación a buscar entre ese amor y algo diferente del amor, es decir, la problemática del goce. Problemática que Freud plantea muy claramente en las

Contribuci.ones a la psicología de la vida amorosa,

de tal modo que también son contribuciones a la doctrina del goce. Luego voy a tratar de demostrarlo con algunas citas.

En primer lugar voy a darle un peso importante al ca­ mino que con mucha claridad sigue Freud a partir de la primera

Contribución,

y en donde habla de lo particular: el tipo particular de elección de objeto, en los hombres, lo particular de un tipo. Es decir, que cuando habla de la elección de objeto, no habla de la elección de un objeto entre todos, sino de un

tipo particular;

y decir

tipo

es, por lo tanto, decir que hay objetos sustituibles, que pueden sustituirse.

La

segunda

Contribución

trata de la tenden­ cia universal a la degradación, es decir, que su camino va de lo particular a lo universal y ustedes saben el peso que Lacan ha dado a lo

particular

y a lo

universal,

saben que lo ha empleado primero, en un sentido hegeliano y, des­ pués, puramente lógico. Eso se encuentra claramente en Freud ya en los títulos; y, para decirlo en términos lógi­ cos, en estos tres textos de Freud se trata de conjunción --0 de intersección- y de disyunción, lo cual podemos es­

cribirlo muy simplemente de este modo:

Toda su reflexión se funda sobre la oposición de dos conjuntos: a uno vamos a llamarlo "madre" y, para el otro, vamos a emplear un término realmente más cómodo que

el de mujeres fáciles tal como se traduce en Amorrortu, y que es el término "puta". Hay que decir que la palabra en alemán es Dirne, la cual -ya he sefialado- no tiene el sen­ tido de prostitución por dinero sino que surge de su em­ pleo, vamos a decir, cotidiano, al rechazar a una mujer por su infidelidad, etcétera.

Así, se trata en ambos textos, de la manera en que se relacionan, lógicamente, esos dos términos. En el primer texto -"$obre un tipo particular de l a elección de obje­ to ... "- Freud plantea precisamente el caso en el cual esos dos términos son equivalentes:

Madre Puta

Y,

por el contrario, en el segundo texto -"La tendencia universal a la degradación de la vida amorosa"- se trata del caso en el que hay una disyunción entre ambos.

Cuando madre y puta son, en tanto términos lógjcos, diferentes:

JACQUES-ALAIN MILLER

De este modo, es interesante ver que, a partir de la consideración de lo particular en el hombre, Freud se di­ rige a lo universal, a la categoría lógica de lo universal. Podemos decir, primero, que el problema central de estos tres textos de Freud -si bien se trata a la vez, tanto del lado masculino como del lado femenino-, el problema so­ bre el cual ellos tres convergen es: cómo gozar de una mujer. Y la puerta de entrada es ésta porque, precisamen­ te, la puerta de entrada es la elección de objeto femenino

a partir del punto de vista masculino.

S

egunda observación: se ve inmediatamente que, al estructurarse así las cosas entre dos términos, no apare­ ce el término "mujer"; que ahí -y ésa es la lección de Freud- introduce un clivaje entre los dos valores de la fe­ minidad, lo que ya puede traducirse como: la mujer no existe. Ésta es la puerta de entrada en Freud a la cues­ tión que Lacan ha simplificado con la palabra "La mujer no existe". Freud dice lo mismo: lo único que existe son esos dos términos, esos dos "tipos" de mujeres. Y, lo inte­ resante es que, en los dos casos, anda mal.

Si

estamos en

el primer caso en el cual ambos términos son equivalen­ tes, se trata de un tipo de neurosis bien conocida en el hombre; y si nos encontrarnos en la otra situación, la hu­ manidad, la humanidad civilizada está perdida. Es decir que Freud destaca con toda claridad el carácter de

impasse

de las relaciones entre hombres y mujeres.

Tercera observación: sobre el término mismo de elec· ción de objeto,

la elección de objeto.

Es extraordinario que en la sexualidad humana se introduzca un término tal

como "la elección", lo cual significa que no cualquier per­ sona va. Que, a veces -si tomamos el lado masculino-con

una sola va, y con las otras no ... A veces con ninguna va,

(caso extremo). O el caso universal en el que algunas -más o menos numerosas- van ... Y éxiste la. posibilidad-por el

UNA CHARLA SOBRE EL AMOR

pía, de un hombre para el cual todas serían posibles. Es