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EL REAL JARDÍN BOTÁNICO: UN ESPACIO PARA EL RECREO

Y LA ENSEÑANZA

El Real Jardín Botánico se fundó, reinando Fernando VI, en un pasaje conocido como Soto de Migas Ca- lientes, situado en el camino entre el Palacio Nuevo y el del Prado, en terrenos muy cercanos al actual Pala-

Vista de nuevo Paseo del Prado con la Academia de Ciencias (actual Museo), el Jardín Botánico y el Observatorio

Lección de botánica por Boissieu Portada del Jardín Botánico (1785)

cio de La Moncloa. Nació como una institución nueva, con claros tintes reformistas, dedicado a la enseñanza de una disciplina nueva: la botánica. La creación de esta institución debe verse como fiel reflejo de la polí- tica borbónica, interesada en dotar a nuestro país del mismo tipo de establecimientos técnicos y científicos asentados en el resto de Europa.

Real Orden de 25 de julio de 1774 encarga al arquitec- to Francisco Sabatini que se ocupe de su instalación en el remozado Paseo del Prado; el traslado de las plantas comenzaría en 1777 pero la apertura del Real Jardín no tendría lugar hasta 1781, fecha en que el nuevo estableci- miento abriría sus puertas a las enseñanza de la botánica, disciplina útil no sólo para la Farmacia, también para la Economía, el Comercio, la Agricultura o la Industria. No podía hacerlo en momento más oportuno, una Real Cédula de 13 de abril de 1780 dividía el Real Tribunal del Protomedicato en tres audiencias: Medicina, Cirugía y Su función como espacio público fue esencialmen-

te docente, así lo pone de manifiesto su Real Orden, firmada por Ricardo Wall, en San Lorenzo de El Es- corial, el 17 de octubre de 1755, donde se destina el nuevo Real Jardín para “el adelantamiento de las artes, y ciencias y con expecialidad de aquellas cuyos pro- gresos prometen ventajas grandes a la salud de sus va- sallos...”; este interés primigenio se vio reforzado con otra Real Orden, ésta fechada el 17 de noviembre de 1762, por la que se establece la obligatoriedad de que el espacio fuera frecuentado por los oficiales y man- cebos de boticarios; los costes del mantenimiento del centro corrieron por cuenta del Real Tribunal del Pro- tomedicato, quien obtenía su financiación de las visi- tas de inspección realizadas a las boticas establecidas en el país. La enseñanza profesional de los boticarios, hasta entonces organizados como gremio, sometidos a la regulación y disciplina de los propios colegios profesionales, cobra así un nuevo cariz, tornándose más práctica y bosquejándose un futuro control esta- tal sobre la formación profesional de estos sanitarios.

Aunque próximo a la ciudad de Madrid, el Real Jardín era una institución aislada del mundo de la Corte, con accesos difíciles y con unas instalaciones muy deficientes y sujetas a continuas reparaciones, a tenor de la masa do- cumental disponible. Se hacía forzoso su traslado y una

Retrato de Cavanilles

Antonio José de Cavanilles (1745-1804)

Preceptor de los hijos y capellán de la Casa del Infantado, se formó en el Jardin des Plantes de París; sus estudios sobre Monadelphiae classis

dissertationes decem (Paris/Madrid, 1785-1790) le convirtieron en un

botánico de prestigio internacional, reconocimiento mantenido con la publicación de sus Icones et descriptiones plantarum...(6 vols. Madrid, 1791-1801). Tras su regreso a España, en 1789, viajó por los territorios de Valencia, su lugar natal, publicando unas interesantes Observacio-

nes sobre la Historia Natural, Geografía, agricultura, población y frutos del Reino de Valencia (2 vols. Madrid, 1795-1797). Miembro de la Real

Academia de Medicina de Madrid; fundó y dirigió, junto a Cristiano Herrgen, Luis Proust y Domingo Fernández, los Anales de Historia Natural (1799-1804). En 1801 fue nombrado director del Real Jardín Botánico, en el que introdujo notables mejoras y en el que formó a un destacado, aunque no muy numeroso, grupo de discípulos.

de acceso al conocimiento, reacia a las nuevas teorías escépticas o críticas, baluartes, en fin, de la seguridad ideológica y de la ortodoxia de pensamiento, donde la erudición es el eje direccional de su actuación, en con- tra de las realizaciones técnicas y de la utilidad práctica que proporciona el conocimiento científico.

El juego de la ciencia se practica en los gabinetes de nobles, las novedades del mundo natural se visualizan en los jardines particulares de la Corte; pero algunas manifestaciones científicas, como los globos aerostáti- cos, llegan también a otro público, el mismo al que se les ha abierto la puertas del Real Gabinete de Historia Natural o se le permite asistir a las lecciones públicas celebradas en el Real Jardín Botánico, aún plagadas de cierta solemnidad literaria pero en las que, paulatina- mente, se irán exponiendo las nuevas teorías científicas o los nuevos descubrimientos. Un camino abierto hacia la popularización de la ciencia, sin duda.

Farmacia, en ella el Real Jardín pasaba a convertirse en el centro motriz de la reforma profesional farmacéutica, creándose en él —al menos sobre el papel— dos nuevas cátedras, dedicadas a la química y a la farmacia; la situa- ción viró en 1799, al constituirse la Junta Superior Gu- bernativa de Farmacia, nuevo órgano rector de la profe- sión del que el Real Jardín quedó marginado.

Mas esta pérdida de poder político se vería pronto compensada con un aumento significativo en la cali- dad de la producción científica desarrollada en este centro; en 1801 se hace cargo de la dirección del Real Jardín el abate Antonio José Cavanilles, con él comien- za una nueva etapa en la botánica española.

EPÍLOGO

La ciencia ha dejado de ser un arcano, el vulgo, “esa masa ávida de patrañas, cuya estupidez no merece otro tanto que el engaño”, según lo describiera Diego de To- rres Villaroel, se ha convertido en público, un conjunto de personas, capaces de recibir educación, y al que se destina, con más respeto que los viejos pronósticos y calendarios, los nuevos textos de divulgación científica. Mas este movimiento de divulgación se realiza desde los ejes que venimos comentando, la Universidad que- dó al margen, defendiendo sus viejas e inalterables vías

Bibliografía

Antonio Lafuente & Javier Moscoso (coords.). Madrid, Ciencia

y Corte. Madrid, 1999

Alejandro Marcos Pous (coord.). De Gabinete a Museo. Tres si-

glos de Historia. Museo Arqueológico Nacional. Madrid, 1993

Javier Puerto Sarmiento. La ilusión quebrada. Barcelona, 1988 Francisco Sánchez-Blanco. La mentalidad ilustrada. Madrid,

1999

Manuel Sellés, José Luis Peset & Antonio Lafuente (comps.).

Carlos III y la ciencia de la Ilustración. Madrid, 1988.

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EL CONTROL

DEL ESPACIO:

ARQUITECTOS,

INGENIEROS,

CARTÓGRAFOS

Y VIAJEROS

Juan Pimentel

cualidades para ocuparse de cantidades. La perspec- tiva había convertido la relación simbólica de los ob- jetos en una relación visual, y lo visual también esta- ba siendo entendido como una relación cuantitativa. Según retrató Koyré, el cosmos cerrado había cedido ante un universo infinito. En los nuevos sistemas de representación la dimensión dejó de significar impor- tancia humana o divina. Pasó a significar distancia. Los cuerpos dejaron de existir como entidades abso- lutas. Pasaron a estar coordinados entre ellos dentro de la misma visión. Y debían estar a escala.

De menor a mayor, desde lo más cercano a lo más lejano, nuestra escala será ésa: ciudad, territorio e im- perio, tres ámbitos donde la relación entre ciencia y espacio cobró significado y medida.