España, Aranjuez, pp. 92-95. Para los hermanos Heuland, véase
Diccionario Biográfico Español, XXVI, 2011, pp. 205-208; para Herrgen, id., pp. 194-196.
5 El Archivo Histórico Nacional conserva una interesante
Noticia sobre la vida literaria de Mr. de Humbold [sic], comunicada por él mismo al Barón de Forell, que debe ser una biografía personal redactada en 1799 para Mariano Luis de Urquijo, dentro de sus gestiones para viajar a América; cf. K. Bruhns, 1969 (1872), Alexander von Humboldt. Eine wissenschaftliche Biographie, Osnabrück, I, 272; A. Melón y Ruiz de Gordejuela, 1960, Alejandro de Humboldt. Vida y Obra, Madrid, 1960, pp. 48-49; Minguet, 1985, op. cit. n. 2, I, p. 66.
síntesis de toda su vida científica6. Para ello
Humboldt llevaba consigo los más novedosos instrumentos científicos para determinar la posición astronómica, analizar la declinación y la inclinación magnéticas, la composición del aire, la temperatura del mar, etc.
El 11 de marzo de 1799 Forell escribió a Mariano Luis de Urquijo7, Secretario de Estado desde 1798,
que era un destacado reformista de la Ilustración, interesado por el progreso de las ciencias e impulsor desde la Real Academia de la Historia de la Real Cédula de 1803, que puede considerarse la primera legislación sobre Patrimonio Histórico de Europa8, y le pedía que hiciera llegar una memoria
a Carlos IV para apoyar el viaje de Humboldt y Bonpland. La solicitud suscitó el interés de la corte
6 A. von Humboldt, 1845-1862, Kosmos, Stuttgart y Tübingen,
5 ts. Puede verse la reciente edición e introducción de S. Rebok, A. von Humboldt, 2011, Cosmos. Ensayo de una descripción física del mundo, Madrid.
7A. de Beraza, Elogio de don Mariano Luis de Urquijo, Ministro
Secretario de Estado de España, París, 1820; A. Romero Peña, ed., Mariano Luis de Urquijo, Apuntes para la memoria sobre mi vida política, persecuciones y trabajos padecidos en ella, Logroño, 2010; id., Reformar y gobernar. Una biografía política de Mariano Luis e Urquijo, Logroño, 2013; Diccionario Biográfico Español, XLVII, 2013, pp. 742-744.
8 J. Maier, “La Corona y la institucionalización de la
arqueología en España” en M. Almagro-Gorbea y J. Maier (eds.), De Pompeya al Nuevo Mundo: la Corona española y la Arqueología en el siglo XVIII, Madrid, 2012, 332-360.
española y, con el apoyo de Urquijo9, el Rey les
concedió pasaportes muy generosos y cartas de recomendación para viajar a América con sus instrumentos, pues el viaje iba a permitir grandes avances en el conocimiento científico de la Naturaleza. También recibían el encargo, por escrito, de recolectar plantas y minerales para museos y jardines botánicos españoles10 y el
permiso para estudiar las minas, cuyo interés económico lógicamente era muy valorado por el gobierno español.
Alexander narra estos hechos así: “fui presentado a la corte de Aranjuez, en el mes de marzo de 1799. El rey se dignó acogerme con bondad. Le expuse los motivos que me inducían a emprender un viaje al nuevo continente y a las islas Filipinas, y presenté una memoria sobre esta materia al secretario de Estado. El caballero de Urquijo apoyó mi solicitud y logró allanar todos los obstáculos. El proceder de este Ministro fue tanto más generoso cuanto no tenía yo nexo ninguno personal con él. El celo que mostró constantemente para la ejecución de mis proyectos no tenía otro motivo que su amor por las ciencias. Es un deber y una satisfacción para mí consignar en esta obra el recuerdo de los servicios que me prestó”.
9 Urquijo siguió en contacto personal con Humboldt, pues en
1816 le escribió interesándose por sus trabajos..
10 J. Miranda, Humboldt y México, México, 1995, p. 98; A.
Humboldt comprendió la importancia de esta generosa colaboración, que les garantizaba protección y ayuda en América, pues “Nunca había sido acordado a un viajero permiso más lato; nunca un extranjero había sido honrado con mayor confianza de parte del gobierno español”11.
Alexander declaró al Journal de Bordeaux que el viaje fue costeado por él, pero el Rey de España le permitió realizarlo y le proporciono un apoyo logístico que suponía una “considerable aportación económica” con el consiguiente ahorro de costes, a lo que se añadía el apoyo que suponían los funcionarios y gentes locales, al alojarles, acompañarles y auxiliarles en las exploraciones. Además, sus contactos personales le facilitaban sus objetivos, pues su habilidad diplomática, como la de su hermano Wilhelm, le ayudó a moverse en la sociedad aristocrática del Viejo Régimen para obtener los apoyos necesarios. Humboldt comentó a Friedländer “las ventajas de su alianza financiera con Iranda”, marqués de origen guipuzcoano del Consejo Real de Hacienda, que era uno de los comerciantes más ricos de España, pues controlaba una amplia red de negocios con ramificaciones en Europa y América, donde tenía mucha influencia12. Alexander al instalarse en
11 A. de Humboldt y A. Bonpland, 1991, Viaje a las regiones
equinocciales del Nuevo Continente, Caracas, 1, p. 54.
12Véase Diccionario Biográfico Español, IV, 2010, pp. 704-744.
A. Julián, “Documento. El marqués de Iranda, su importancia económica, política y social, y sus redes familiares. Relación con la colonia española de Santo
Madrid, escribió a Kunth el 4 de abril de 1799 que Iranda “le trataba como un padre y le facilitaría todo lo necesario para su viaje”.
El famoso viaje a América de Alexander von Humboldt se ha descrito en numerosas ocasiones, pero parece oportuno hacer aquí un breve resumen13. Humboldt zarpó en 1799 de La Coruña
en la fragata española Pizarro hasta las Canarias, donde ascendió al Teide para hacer experimentos14.
En julio llegó al puerto de Cumaná, en Venezuela, y visitó la costa de la Guayana. En enero de 1800 partió de Caracas hasta Portocabello y, desde la fortaleza de San Carlos del Río Negro exploró este río y después remontó el Orinoco hasta sus fuentes en las tierras de Esmeralda, descendiendo a continuación hasta su delta en la Guayana para regresar a Cumaná.