El relativista global mantiene que no puede haber hechos de la forma:
12. Han existido los dinosaurios, sino sólo hechos de la forma:
13. De acuerdo con una teoría que aceptamos, han existido los dinosaurios.
Hasta ahora, todo bien. Pero ¿quiere ello decir que tenemos que admitir la existencia de hechos absolutos de esta última forma, hechos referidos al tipo de teoría que aceptamos?
El relativista que responda afirmativamente a esta última pregunta se enfrenta a tres problemas. F.l primero y más im portante es que tendría que renunciar a expresar la opinión que quería expresar, a saber, que no hay hechos absolutos de ninguna especie sino sólo hechos relativos. En vez de ello, ten dría que conformarse con aseverar que los únicos hechos abso lutos que existen son hechos acerca de cuáles teorías son acep tadas por las distintas comunidades. En otras palabras, estaría proponiendo que los únicos hechos absolutos que existen son
hechos acerca de nuestras creencias. Y eso habría dejado de ser
un relativismo global.
En segundo lugar, esta opinión, considerada por sí misma, resulta harto peculiar, pues es difícil aceptar que hay una difi cultad con respecto a los hechos absolutos que tienen que ver con las montañas y las jirafas, pero que no hay dificultad algu na con los que se refieren a cuáles son las creencias de la gente. Esto parece poner las cosas al revés. Es lo mental, y no lo fisi- co, lo que más ha intrigado siempre a los filósofos, hasta el punto de que muchos de ellos han llegado a negar completa
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EL MIEDO AL CONOCIMIENTOmente la existencia de los hechos sobre lo mental, eliminándo los de su inventario de lo que el mundo contiene. Los filóso fos que propugnan este paso son conocidos con el nombre de «climinacionistas» (eliminativists]; y no deja de ser irónico que uno de los primeros y más influyentes eliminaciónistas haya sido el propio Rorty".
Finalmente está el problema de que el relativista no llega a su posición impulsado por la idea peculiar de que los hechos sobre lo mental gozan, por así decirlo, de mejor salud que los hechos sobre lo físico; si ésa fuera su motivación, tendría que ofrecernos un tipo de argumento muy diferente de aquel del que normalmente echa mano; un argumento que apelara no al carácter misterioso de los hechos absolutos como tales, sino al carácter misterioso de los hechos absolutos sobre lo físico en particular, en oposición a aquellos que se refieren a lo mental. Pero eso no es ni remotamente lo que el relativista global pre tende hacer. La idea que lo inspira, más bien, es que hay algo incoherente en la posibilidad misma de que exista un hecho absoluto, ya se trate de un hecho físico, un hecho mental o un hecho normativo.
En suma: no es realmente una opción viable para el relati vista contestar afirmativamente a la pregunta de si hay hechos absolutos del tipo descrito en (13). Pero ¿qué implicaría una respuesta negativa a dicha pregunta?
Si no es simplemente verdadero que aceptamos una teo ría de acuerdo con la cual han existido los dinosaurios, ello tendrá que ser porque este hecho se da únicamente con res pecto a una teoría que aceptamos. Por lo tanto, la idea sub yacente será que los únicos hechos que existen han de reves tir la forma:
" Véase, por ejemplo, Richard Rorty, «Mind-Body Identity, Privacy, and Catego- ries», Revieu’ ofMetaphysics 19 (1965), pp- 24-54.
LA RF.l ATI VT7.ACIÓN DF. I.OST1ECHOS 87
De acuerdo con una teoría que aceptamos, existe una
teoría que aceptamos ue aiucido con la CUal han existi
do los dinosaurios.
Y, entonces, por supuesto, el mismo procedimiento dialéctico se repite automáticamente. En cada peldaño de este regreso inmi nente, el relativista tendrá que negar que la aseveración respecti va sea simplemente verdadera e insistir en que, tomada como tal, es verdadera sólo en relación con una teoría que aceptamos.
F.l resultado final es que el relativista de los hechos estará comprometido con la opinión de que los únicos hechos que existen son hechos de tipo infinito que tienen la forma:
De acuerdo con una teoría que aceptamos, hay una teo ría que aceptamos de acuerdo con la cual hay una teoría que aceptamos de acuerdo con la cual... han existido los dinosaurios.
Pero es absurdo proponer que para que nuestras proferencias puedan siquiera aspirar a ser verdaderas han de ser entendidas por nosotros como proposiciones de tipo infinito que ni si quiera somos capaces de expresar o entender.
Así pues, el verdadero dilema que amenaza al relativista global es el siguiente: o bien la formulación que nos brinda fracasa en su intento de articular la opinión de que sólo hay hechos relativos, o bien se reduce a la afirmación de que debe ríamos reinterpretar nuestras proferencias de manera que re flejen proposiciones de tipo infinito que no somos capaces de expresar o de entender.
En cierto sentido, esta dificultad habría debido resultar ob via desde el principio. Nuestra captación de los puntos de vis ta relativistas procede de nuestra captación de algunos relati vismos locales (enfoques relativistas de dominios específicos, como los de la etiqueta y la moral). Los relativismos locales,
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KL MIEDO AL CONOCIMIENTOsin embargo, están explícitamente comprometidos con la exis tencia de verdades absolutas, sólo que exigen que los juicios en un dominio dado sean relarivizados con respecto a determina do parámetro para que puedan poseer condiciones de verdad
absolutas. Una vez que han sido relarivizados, empero, sí ad
quieren condiciones de verdad absoluta y son susceptibles de ser absolutamente verdaderos o falsos. Por lo tanto, los relati vismos locales no nos proporcionan un modelo que nos per mita eludir un compromiso con la verdad absoluta como tal.
Conclusión
Hay dos formas de articular la idea de que todos los hechos han sido construidos: e! constructivismo del molde cortagalletas y el constructivismo relativista. Ambas versiones se topan con dificultades insuperables. La versión del molde cortagalle- tas sucumbe ante los problemas de la causalidad, la idoneidad conceptual y el desacuerdo. Y la versión relativista afronta un dilema fatal: o es incomprensible o deja de ser relativismo.
No tenemos, pues, más remedio que reconocer que tiene que haber hechos objetivos, independientes de la mente.
Este argumento, por supuesto, no basta para indicarnos cuáles hechos se dan y cuáles no; tampoco nos revela, respecto de los que se dan, cuáles son independientes de la mente y cuáles no.
Pero una vez que hemos comprendido que no hay ningún obstáculo filosófico de tipo general que nos impida reconocer la existencia de hechos independientes de nuestra mente, po demos apreciar que realmente no se nos ha dado razón alguna para suponer que tales hechos no sean aquello que siempre su pusimos que fueran: hechos sobre los dinosaurios, las jirafas, las montañas, etc.
CAPÍTULO 5