Nuestra sociedad está actualmente en guerra contra las enfermedades crónicas que representan una pesada carga para la sociedad en cuanto a costes médicos y humanos.
El ejercicio físico es de vital importancia y potencialmente eficaz en nuestro arsenal de armas contra las enfermedades crónicas, la mala noticia es, que es la menos utilizada en el ámbito de la Salud Pública. Según la percepción de algunos autores (Booth FW, 2002) gran parte de la comunidad médica no practica la prevención primaria en lo que respecta a los niveles adecuados de actividad física para la salud y subestima la importancia de las bases genéticas, celulares y moleculares de las enfermedades causadas por la inactividad física. Para muchos, el ejercicio es considerado únicamente como una investigación, herramienta de diagnóstico o rehabilitación y no como un arma contra la enfermedad crónica.
La inactividad física está cada vez más extendida en muchos países y repercute considerablemente en la salud general de la población mundial, constituye el cuarto factor de riesgo más importante de mortalidad en el mundo (Global health risks, OMS 2009), es la tercera causa de muerte en los EEUU y contribuye a la segunda causa principal (la obesidad), responsable de al menos 1 de cada 10 muertes (Booth FN, 2002).
Está demostrado que la actividad física practicada con regularidad reduce el riesgo de cardiopatías coronarias y accidentes cerebro vasculares, diabetes tipo II, hipertensión, cáncer de colon, cáncer de mama, osteoporosis, sarcopenia (Hanndschin C, 2008) y depresión. Las personas que desarrollan más actividad física presentan menores tasas de morbi-mortalidad para el conjunto de todas estas causas. El ejercicio puede revalidar los efectos de los fármacos que se prescriben para muchas de estas enfermedades por ejemplo la diabetes tipo II. Además, la actividad física es un factor determinante en el consumo de energía, por lo que es fundamental para conseguir el equilibrio energético y control de peso (OMS 2007; Resolución WHA57.17, 2004). Las personas de edad avanzada físicamente activas presentan una mejor forma física cardiorrespiratoria y muscular, una masa y composición corporal más sana y mejor salud ósea que las personas sedentarias (Warburton DE, 2010), observándose un menor riesgo promedio de mortalidad del 31% en los individuos más activos, y encontrándose claramente una relación dosis-respuesta entre la actividad física y la mortalidad para todas las causas analizadas.
La OMS recomienda a todos los adultos mayores de 18 años realizar un mínimo de 150 minutos/semanales de actividad física aeróbica moderada o bien un mínimo de 75 min/sem de actividad aeróbica vigorosa o combinación equivalente de actividad moderada y vigorosa en sesiones como mínimo de 10 min. Para obtener beneficios adicionales para la salud, los adultos deberían incrementar estos niveles al doble del tiempo para cada tipo de intensidad, sin embargo, no hay evidencia de que los beneficios aumenten a partir de los 300 min/sem. También recomienda realizar ejercicios de fortalecimiento muscular de grandes grupos musculares dos o más días a la semana (OMS, 2007). La distribución del tiempo dedicado a la actividad física debería realizarse a lo largo de la semana (ejemplo, 5 o más sesiones/sem de 30 min de ejercicio moderado), para integrar la actividad física en la vida cotidiana, paseando a pie o en bicicleta como desplazamiento.
La recomendación de actividad física para los adultos mayores es similar a las recomendación del ACSM/AHA para adultos (Pate RR, 1995; Haskell WL, 2007) pero tienen algunas diferencias; la intensidad de actividad aeróbica recomendada tiene en cuenta el estado físico aeróbico inicial de los adultos mayores y se les recomienda las actividades que mantengan o incrementen la flexibilidad y los ejercicios de equilibrio para mejorar la estabilidad de los adultos con riesgo de caídas. Además, los adultos mayores deben tener un plan de actividades para lograr la actividad
física recomendada en el que se integren las recomendaciones preventivas y terapéuticas. En resumen, la promoción de la actividad física en los adultos mayores debe enfatizar la actividad aeróbica de intensidad moderada, la actividad de fortalecimiento muscular, y la gestión de riesgos y debe tender a reducir el comportamiento sedentario en este grupo poblacional (Nelson ME, 2007).
En España, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ha elaborado la Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad, (Estrategia NAOS) con la intención de sensibilizar a la población sobre el problema de la obesidad y cohesionar todas las iniciativas que contribuyan a la adopción de estilos de vida favorables, especialmente entre la juventud. Sus objetivos son promover una nutrición saludable e impulsar la práctica regular de actividad física entre todos los ciudadanos. El Departamento de Salud y Consumo del Gobierno de Aragón es consciente de la importancia de la promoción de hábitos y estilos de vida saludable en alimentación y actividad física, tal y como establece en la Ley de Salud de Aragón 6/2002 y El Plan Estratégico de Salud Pública de Aragón 2006. En este marco, la Dirección General de Salud Pública sitúa la Estrategia para la promoción y alimentación y actividad física saludable en Aragón (Estrategia PASEAR). Los programas de Promoción y Educación para la Salud Aragoneses, promulgan que el individuo mantenga un estilo de vida saludable, desarrollando distintos niveles de actividad física desde la infancia y continuando en todas las etapas de la vida, para ello se insta a las distintas administraciones públicas a que fomenten la actividad física dentro de su ámbito de actuación. Se desconoce si el ejercicio iniciado en la edad adulta puede revertir los efectos del comportamiento sedentario anterior sobre el corazón, pero el resultado de los estudios que sometieron a los adultos mayores a un año de ejercicio vigoroso de entrenamiento, observaron que no se mejoraban los signos cardíacos en los adultos mayores sedentarios, sin embargo, sí que inducía a la remodelación fisiológica del ventrículo izquierdo con efectos favorables sobre la función arterial y la capacidad de llevar a cabo ejercicio aeróbico (Fujimoto N, 2010).
En la cartera de servicios del Servicio Aragonés de Salud para Atención Primaria se recomienda el ejercicio dentro del Plan de Actuación en Prevención del Riesgo Cardiovascular y se recomienda que la actividad física debe ser fomentada en todos los grupos de edad, desde los niños hasta los ancianos por tener un efecto beneficioso sobre los diferentes factores de riesgo cardiovascular, siendo éste aconsejado por los profesionales de atención primaria tanto médicos como enfermeros en sus respectivas consultas. Consideramos interesante que esta recomendación pudiera también ampliarse al beneficio sobre la función cognitiva y la prevención de enfermedades neurodegenerativas.