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3.2 Reconciliando diferencias entre estudios publicados

Habiendo examinado las tendencias de precipitación en la PI desde una perspectiva global en el espacio y en el tiempo, con una base de datos actualizada, se dispone de un contexto adecuado para llevar a cabo una revisión de la literatura existente basada en series pluviométricas, pudiendo interpretar mejor los resultados y reconciliar las diferencias entre estudios.

En concreto, dado que la tendencias negativas anuales que hemos detectado reflejan primordialmente la sucesión de un periodo muy húmedo (años 60 y 70) y un periodo reciente muy seco (años 80 y 90 y la década en curso, Figs. 2-3), se entiende que aquellos estudios que consideraron un periodo que no incluye los últimos 15 años (cuando el cambio ha sido más acusado) y/o que contiene la década de los 50 (para la cual la precipitación es comparable a la de décadas recientes) hayan arrojado resultados no concluyentes o negativos. Por ejemplo, [Goodess y Jones, 2002] consideraron el periodo 1958-1997, hallando que solamente 6 de las 18 estaciones de la PI examinadas mostraban tendencias negativas estadísticamente significativas. Asimismo, [Rodrigo y Trigo, 2007], en un análisis de series diarias de precipitación que abarcaban el periodo 1951-2002,

15 Nótese que, en promedio, se espera encontrar un 5% de puntos con tendencias significativas a un nivel de confianza del 95% incluso en series temporales puramente aleatorias.

CLIVAR – España Tendencias Atmosféricas

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detectaron tendencias significativas negativas de precipitación anual en solamente 3 estaciones de las 22 consideradas17. Igualmente, y como cabría esperar viendo la Fig. 3, aquellos estudios que han investigado la evolución de la precipitación a lo largo de todo el siglo, o que se han remontado incluso al siglo XIX (como puede hacerse con algunas series pluviométricas), han concluido que la precipitación anual no ha sufrido cambios apreciables a escala secular [Lana y Burgueño, 2000; Llasat y Quintas, 2004; Saladié, 2004;

Barrera-Escoda, 2008). Solamente en alguna estación puntual la precipitación parece haber descendido a mínimos históricos. Por ejemplo, [Altava-Ortiz et al., 2009] han determinado que la precipitación anual en la ciudad de Barcelona durante la década 1995-2004 ha sido la más baja registrada desde mediados del siglo XIX. Igualmente, en Gibraltar, que posee una de las series instrumentales más largas de la PI, la precipitación anual ha descendido claramente a lo largo del siglo XX, alcanzado valores sin precedentes en las décadas de los 80 y 90 en comparación con los dos siglos anteriores [Rodrigo et al., 1999].

Los demás estudios publicados sobre tendencias de precipitación han tenido un enfoque regional y se han basado en redes de estaciones pluviométricas, en algunos casos con gran densidad espacial, ej. [de Luis et al., 2008]. Los trabajos más recientes (con datos que se extienden por lo menos hasta el año 2000) confirman que la precipitación anual ha disminuido significativamente durante la segunda mitad del siglo XX en el cuadrante noreste de la PI y en la vertiente mediterránea andaluza, exceptuando el sureste peninsular (Alicante, Murcia y Almería) [de Luis et al., 2008; López-Moreno et al., 2009a]. La similitud entre los

17 La precipitación promediada sobre toda la Península, calculada a partir de la rejilla de alta resolución SpainHR9 para el periodo 1970-2000 (el más fiable porque en él se mantiene un bloque de estaciones comunes) no muestra tendencia alguna [Herrera et al., 2009, enviado], lo cual también es consistente con los resultados del apartado anterior.

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resultados obtenidos en estos estudios, basados en series pluviométricas, y los obtenidos con los datos E-OBS (Fig. 2b) valida el análisis con estos datos interpolados de rejilla (sección 3.1).

Para la precipitación estacional o mensual, el resultado significativo más reiterado es la existencia de una fuerte tendencia decreciente en el mes de Marzo, iniciada alrededor del año 1960, [Zhang et al., 1997; Serrano et al., 1999; Trigo y DaCamara, 2000; Del Río et al., 2005; Norrant y Douguédroit, 2006; Paredes et al., 2006, López-Moreno et al., 2009a]18, lo cual es también consistente con el análisis presentado en la sección anterior. Esta disminución ha afectado a la mayor parte de la PI, incluyendo la vertiente Mediterránea, con la excepción de la región murciana [González-Hidalgo et al., 2008]. Al tratarse de una tendencia muy fuerte, su detección es poco sensible al periodo seleccionado, lo cual explica la concordancia entre diversos estudios. En cambio, como se ha mencionado, la tendencia negativa comparable detectada para el mes de Febrero (Figs. 4-5) sólo es significativa si se incluye el periodo más reciente 2000-2009 (o por lo menos hasta el 2006), por lo que no aparece todavía documentada en la literatura. [Paredes et al., 2006] han atribuido el descenso de la precipitación durante el mes de Marzo (y el correspondiente aumento en el norte de Europa) a un cambio en la circulación a gran escala que ha provocado un desplazamiento hacia el norte de la ruta de las borrascas. No obstante, la distribución estacional de la precipitación no se ha visto mayormente afectada por la disminución observada en Febrero y Marzo [López-Moreno et al., 2009b].

Por lo que se refiere al resto del año, las tendencias estacionales o mensuales significativas recientes (es decir que se extiendan a los últimos años) constatadas son generalmente negativas, ocurren mayoritariamente en invierno (DEF) y primavera (MAM) y coinciden con las reflejadas en la Fig. 4 [Xoplaki et al, 2004; Gallego et al., 2006; López-Bustins et al., 2008; López-Moreno et al., 2009a]19. Las únicas tendencias positivas significativas encontradas son muy localizadas y por ello no han podido ser detectadas en el análisis previo a escala peninsular (sección 3.1). Por ejemplo, varios estudios [de Luis et al., 2008 y González-Hidalgo 2008] señalan que la precipitación de invierno ha aumentado en la fachada mediterránea, sobre todo en la región murciana en Febrero ! precisamente la única región que no presenta una tendencia negativa significativa en ese mes (Fig. 4) ! y en Cataluña en Enero (apenas visible en la Fig. 4). Si bien la significación de campo [Livezey y Chen, 1983] de estas tendencias positivas no se ha estimado, la no disminución de la precipitación de invierno en la región alicantina y murciana, en contraste con el resto de la PI, concuerda con los resultados de otros trabajos [Goodess y Jones, 2002; Rodrigo y Trigo, 2007 y López- Bustins et al., 2008]. Este hallazgo es también consistente con el carácter diferenciado de la precipitación en la fachada mediterránea, con lluvias de origen mayoritariamente convectivo, un máximo otoñal y valores modestos en invierno (por esta razón, un posible aumento de las lluvias en invierno no representaría un cambio importante en la precipitación anual).

3.3.- Cambios en los extremos y características temporales de la