• No se han encontrado resultados

18 "TÓMELO CON CALMA"

20. RECORDAR LA ULTIMA BORRACHERA

No se trata aquí de recordar el último trago, sino la última borrachera.

El término "un trago" ha despertado ecos y expectativas muy agradables en millones de personas durante muchos siglos.

Según nuestras condiciones de edad, y las circunstancias que han rodeado nuestra primera experiencia con el alcohol, tenemos diversos recuerdos y esperanzas (y en ocasiones, ansiedades) que se despiertan con la idea de una cerveza helada, un cóctel, una ginebra con tónica, un aperitivo, una copa de vino, etc., etc. Repetidamente, en los primeros tiempos de bebida, las expectativas de muchas personas, fueron plenamente realizadas por ese trago tan ansiado. Y si esto acontecía con suficiente frecuencia, aprendimos a pensar en "un trago" como evento satisfactorio, porque impulsaba nuestra necesidad para conformarnos a una costumbre religiosa, aplacaba nuestra sed, volvía grata la ocasión social, nos descansaba, nos animaba, o nos proporcionaba la clase de satisfacción que buscábamos en él. No es difícil para un finlandés, por ejemplo, cuando oye a alguien sugerir un trago, recordar la agradable sensación de calor que le proporcionaba un trago de vodka o de aquavit en los gélidos días de invierno de su juventud.

Una mujer joven, cuando se le mencione un trago, visualizará instantáneamente una fina copa de champaña, en medio de un

ambiente sofisticado, con trajes nuevos y un galante admirador que la invitará a bailar. Otra podrá pensar en la garrafa que le brinda un barbado compañero con chaqueta de lana, mientras resuena la música de rock, titilan las luces psicodélicas dentro de un ambiente lleno de humo de olor dulce, y cuando todas las personas se encuentran en éxtasis.

Un miembro de A.A. dice que la idea de "un trago" le trae a la memoria el sabor de una pizza acompañada de una buena cerveza. Una viuda de 78 años recuerda inevitablemente el sabajón que solía tomar a la hora de acostarse.

Aunque son perfectamente naturales, esas imágenes mentales son para nosotros motivo de desorientación. Esas fueron las maneras en que algunos de nosotros empezamos a beber, y de haber continuado así toda la historia de nuestro alcoholismo, es muy probable que no se nos hubiera desarrollado un problema tan enorme.

Sin embargo, la mirada objetiva y casi temeraria a nuestro registro completo de bebedores, nos muestra que en los últimos años y meses nuestra forma de beber nunca originó esos momentos perfectos y mágicos, a pesar de lo mucho que los buscábamos. Por el contrario, siempre terminábamos bebiendo más y más, con un resultado que siempre era problemático. Tal vez no se trataba más que de un descontento interior, la sensación desagradable de que estábamos bebiendo demasiado, pero frecuentemente teníamos disgustos conyugales, problemas de trabajo, enfermedades graves, accidentes o preocupaciones legales o financieras.

Por consiguiente, cuando nos acomete la idea de "un trago", tratamos ahora de recordar toda la serie de consecuencias que se iniciaban con ese único trago. Pensamos en la bebida a través de toda nuestra historia, que desembocó en nuestra última borrachera y nuestra última resaca desastrosa y miserable.

El amigo que nos ofrece un trago generalmente no trata de ofrecernos más que una o dos copas amigablemente. Pero si tenemos el cuidado de recordar todo el sufrimiento que nos proporcionó nuestro último episodio de bebida, no nos dejamos engañar por nuestra agradable noción de lo que "un trago" significa. La verdad fisiológica y sencilla para nosotros, en la actualidad, es que un trago con toda seguridad nos conducirá tarde o temprano a una borrachera, y eso significa más problemas.

El beber ya no significa para nosotros música, alegría y romance. Solo nos trae enfermedad y desolación.

Un miembro de A.A. lo expresa en esta forma: "Yo sé muy bien que el detenerme en un bar a tomarme un trago ya nunca más será para mí, una cuestión de algunos pocos momentos y algunas pocas monedas. A cambio de ese trago, lo que yo entrego ahora es mi cuenta bancaria, mi familia, mi hogar, mi auto, mi trabajo, mi salud, y probablemente mi vida. Es un precio demasiado alto, un riesgo demasiado grande, para cambiarlo por un trago.

Este miembro recuerda su última borrachera, no solo su último trago.

21.

EVITAR LAS DROGAS Y MEDICAMENTOS

PELIGROSOS

El uso de diversas sustancias químicas para cambiarse de temple o modificar las emociones es una práctica humana muy antigua y muy difundida. Es probable que el alcohol etílico fuera la primera droga para este uso y puede que haya sido siempre la más popular.

Algunas drogas tienen un valor real y son benéficas cuando son administradas por médicos informados, si se usan sólo según las indicaciones y si se discontinúa el uso cuando ya no constituye una necesidad médica.

Como miembros de A.A. - no médicos - no somos de ninguna manera competentes para recomendar cualquier medicamento. Tampoco somos competentes para aconsejar a nadie que no tome un medicamento recetado.

Lo que podemos hacer con responsabilidad es solamente ofrecer nuestra experiencia personal.

Para nosotros la bebida se convirtió en una especie de automedicación. A menudo bebimos para sentirnos mejor, menos enfermos.

Y miles de nosotros también hicimos uso de otras sustancias químicas. Descubrimos los estimulantes que parecían contrarrestar la resaca o aliviar nuestra depresión (hasta que ellos también llegaron a deprimirnos), los sedativos y tranquilizantes que podían sustituirse por el alcohol y calmar los temblores, las píldoras y jarabes que se venden sin receta (muchos de los cuales se suponen "no adictivos" o que "no crean hábitos"), que nos ayudaban a dormir o nos vigorizaban o relajaban nuestras inhibiciones, o nos transportaban en oleadas exquisitas.

Evidentemente, este vivo deseo, casi una necesidad, de drogas psicotrópicas (que afectan a la mente) puede estar arraigada en toda persona que bebe en exceso.

Aunque teóricamente una droga no sea, en términos farmacológicos, adictiva, hemos encontrado que fácilmente podemos formar un hábito y llegar a ser dependientes de ella. Es como si "una propensión a la adición" fuera algo que existe dentro de nosotros, y no tuviera nada que ver con la clase misma de la droga. Algunos de nosotros creemos que nos hemos convertido en gente "adictiva", y nuestra experiencia habla en apoyo de esta idea.

Por eso hacemos un gran esfuerzo por evitar todas las drogas ilícitas, e incluso muchas de las píldoras y panaceas que se venden sin receta, así como los tranquilizantes.

Incluso para aquellos de entre nosotros que nunca nos hemos enviciado en ninguna droga, ellas representan un peligro serio, porque lo hemos visto demostrado repetidas veces. A menudo, las drogas despiertan de nuevo un deseo ardiente de "la magia oral", de algún tipo de estar subido, o de la tranquilidad. Y si las tomamos una o dos veces sin perjuicio, parece cada vez más fácil tomar una copa.

A.A. no es un grupo de presión contra las drogas o la marijuana.