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2.1 Espacio público

2.1.2 Recuperación del espacio público

Si actualmente nos encontramos en un escenario donde el espacio público se encuentra en peligro de extinción, dado la concepción del nuevo urbanismo de la ciudad global12, podemos entonces apuntar que es necesario pensar en nuevas formas de diseñar y construir las ciudades, que tengan como propósito hacer urbes más inclusivas. Y es precisamente el espacio público el instrumento que nos puede brindar un acercamiento a esa posibilidad, dado que es el elemento del urbanismo que permite la participación de todo habitante (Borja & Muxí , 2003).

Sin embargo esta recuperación no debe pretender solo un mejoramiento en lo que refiere al espacio físico, sino también debe convertirse en una invitación, a través de diferentes actividades sociales promovidas dentro de él para todo habitante en la reconstrucción de nuevas formas de cooperación comunitaria bajo un esquema de espíritu cívico que permitan combatir y a su vez disminuir las tendencias de la disgregación social y consecuentemente promover la eficiencia de la acción colectiva (Segovia & Jordán, 2005).

Sin embargo hay que estar conscientes que para que puedan desarrollarse estas interacciones sociales (contactos, lazos más estrechos) hace algo más que arquitectura en los espacios públicos. No obstante un buen diseño, que sea acorde a las necesidades de quienes lo utilizarán, favorecerá en gran medida (Gehl, 2006).

12 Si se acepta el concepto de globalización como aquel que es característico de la condición contemporánea,

puede utilizarse entonces la expresión de ciudad global para definir las tendencias de la ciudad a partir del último cuarto del siglo XX y principios del siglo XXI (Montaner & Muxí, 2011).

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Sin embargo, hay que estar conscientes que la recuperación del espacio público en las ciudades no solucionara todos los problemas sociales que se presentan en ellos, pero si propiciará a un mejor desenvolvimiento en lo público y por ende reconocimiento de todos los agentes que en él interactúen.

Al respecto Montaner & Muxí (2011) apuntan que desde diversos niveles se pueden hacer aportaciones para caminar hacia una mejor y mayor calidad de vida dentro de las ciudades, tales son los casos: de terrazas en las viviendas que permitan dar un respiro y disfrutar de la vista exterior; la accesibilidad y también proximidad de espacios comunitarios donde puedan interactuar diferentes grupos sociales; la calidad de los espacios y edificios públicos; hasta un buen sistema de transporte público, que sea rápido y de alta frecuencia para que ayude con ello a reducir los tiempos de traslado y consumo de energía que generalmente se malgasta en los autos privados.

Por otra parte debemos tener muy en cuenta que los procesos de cambios sociales de la actualidad (principios del siglo XXI), así como la diversidad en los grupos de la sociedad es cada vez más heterogénea, por lo que debe haber una constante dialéctica entre continuidad y cambio, la cual es básica para afrontar con consistencia una realidad internacional en continua transformación y con ello permitirnos contrarrestar con cultura crítica urbana los mecanismos globalizadores que nadie puede evitar hoy en día, pero que pueden contraponerse con el peso humano, creativo, social y político de cada ciudad (Montaner & Muxí, 2011).

Con base en el párrafo anterior entonces podemos aseverar que para que exista un verdadera conceptualización de recuperación de espacio público, es necesario que el mismo se comprenda como un recurso colectivo que unifica e integra, tanto de forma espacial como social, que se comparte y por consiguiente que es responsabilidad de todos los actores y agentes que lo producen y consumen: la ciudadanía, las autoridades y los gestores urbanos. Cabe hacer mucho énfasis en que la participación ciudadana es de gran importancia en la recuperación y creación de espacios públicos, dado que menospreciar los gustos y necesidades de los diferentes sectores de la población contribuye a procesos de exclusión y en consecuencia al abandono del espacio (Borja & Muxí , 2003).

Podemos incluir además que la recuperación del espacio público no es lo único que debe buscarse, sino la preservación del él, y esto involucra dos dimensiones, una que se refiere a lo físico y otra a lo social, ya que al considerarlas conjuntamente se garantiza el uso del espacio y por consiguiente el derecho al desarrollo social dentro de las ciudades (Borja, 2004).

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Se puede señalar entonces que para poder recuperar realmente el espacio público en las ciudades se le debe comprender desde sus dos dimensiones: espacio público como contenedor y espacio público como contenido. El hacerlo garantizará que el espacio perdure con el pasar del tiempo y con ello el imaginario urbano colectivo se identifique con él y a su vez se propicie una cohesión social (Benavides Solis, 2011).

Desde esta perspectiva aseveramos que para que la recuperación del espacio público pueda darse dentro de las ciudades es necesario, en primer lugar, que las condiciones físicas del mismo sean de buena calidad, y con esto nos referimos a que deben tener una arquitectura, equipamiento y mobiliario urbano que permita el uso de cualquier usuario, además de que se adapten a lo que ellos necesiten. En segundo lugar, consecuencia en parte de lo primero, es que el o los usuarios puedan hacer uso constante de él, la ocupación del espacio público y el desarrollo de experiencias vivenciales en él nos acercan a este propósito y por consecuente a un principio de inclusión social.

En definitiva, y sin caer en los planteamientos urbanísticos del pensamiento moderno, a nosotros los urbanistas nos corresponde imaginar cómo aprovechar los espacios públicos de las ciudades con la finalidad de que todo habitante pueda disfrutar de ellos y para lograrlo es necesario y casi obligatorio hacer que la sociedad participe en este proceso de diseño y construcción de tal manera que propicie la apropiación del espacio y por ende la recuperación social de él.