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Después de las lecturas y tras la composición de las fichas, se debe poder redactar un índice, que presente claramente la línea de desarrollo del trabajo, y sirva como modelo para una primera redacción. Se propone, a continuación, un título que presente el proyecto del trabajo, y se escribe una introducción que comente el índice de un modo analítico. Si no se es capaz de determinar un título, y componer una introducción y un índice, es preferible escoger otro tema.

2.1 La primera redacción

Durante la primera redacción es necesario estar dispuesto a añadir ideas y notas suplementarias, que no estaban en las primeras anotaciones. Cuando se encuentre un obstáculo basta con dejar un espacio vacío o un comentario «Profundizar» o «Hacer más tarde», y terminar el escrito. Es inútil perder tiempo corrigiendo palabras o frases que, en parte o del todo, se eliminarán. En esta fase es importante, sin embargo, concentrarse en plantear claramente la tesis y la argumentación, sosteniéndola con muchos elementos particulares.

En la primera redacción hay que concentrarse en el contenido y en la organización; la gramática, la construcción de las frases y la ortografía pueden corregirse más tarde. Es necesario esforzarse en no dejar nada sustancial fuera de esta redacción; normalmente es más fácil recortar el escrito que añadir algo nuevo.

2.2 Pasos de la revisión

La obra escrita no contiene solo el desarrollo de un tema, sino también una tesis. Las reflexiones y las conclusiones personales, y no las de los demás autores, constituirán el núcleo del trabajo.

No basta una sola redacción, ni ésta puede constituir el trabajo escrito. Normalmente son necesarias una segunda o una tercera redacción, que forman el corazón de la obra. Llevar a término una revisión significa volver a escribir el trabajo, fundándolo en todo lo que se ha avanzado hasta ahora, para hacerlo más convincente. La revisión no es una simple «limadura» del texto; hay que estar dispuestos a admitir cambios en la distribución del material, para poder así crear un escrito bien compuesto.

¿Cómo hacer la revisión más fácil? Ante todo, la primera redacción se debe dejar «reposar» un poco de tiempo, algunas horas o, mejor, algunos días. Este intervalo permite volver al trabajo de un modo más objetivo. Está bien,

acto seguido, introducir las correcciones en un texto impreso y leerlo en voz alta. Oír cómo suena el escrito ayuda a individuar los problemas vinculados con el sentido y el estilo del texto. Se añaden, al final, las reflexiones y los cambios concretos en los márgenes del trabajo escrito. Estos comentarios pueden ser útiles en el transcurso de la redacción sucesiva.

En la revisión hay que prestar atención al contenido, a la exposición y a la forma del trabajo escrito.

2.2.1 Revisiones del contenido

La verificación del contenido hace referencia en particular a tres elemen- tos: la coherencia de la composición, los pasos demostrativos y la organiza- ción interna del trabajo escrito.

Por lo que se refiere a la unidad del escrito, es necesario verificar si la tesis se enuncia o se sugiere claramente al comienzo. En segundo término, hay que detenerse en la exposición, es decir, en la discusión de la tesis, verifican- do si cada párrafo contribuye a probarla.

La segunda verificación se centra en los argumentos usados para apoyar la tesis. En particular, hay que asegurarse de que se presentan al menos tres razones que inclinan a favor de la tesis, comprobando también si las de- mostraciones específicas de cada argumento son incisivas y evaluando su diversidad.

El tercer elemento se refiere a la organización interna del trabajo escrito. Es necesario cerciorarse de que la introducción es cautivante, la conclusión sólida y el título ajustado. Es también importante verificar que el texto escrito sigue un método organizativo claro; que el propósito de cada parágrafo se evidencia por medio de un frase típica o crucial; y, en fin, que se han introducido las debidas transiciones y otras palabras de conexión.

2.2.2 Revisión de la exposición

Revisando las frases se pretende en primer lugar verificar el equilibrio entre las palabras y los conceptos que expresan. En esta etapa no puede faltar un control del punto de vista. Se debe verificar, en concreto, si el lenguaje empleado es apto para denominar todas las cosas con su proprio nombre. Cuando se introduce por primera vez un término nuevo hay que definirlo. Es mejor evitar los términos que no se saben determinar con claridad. Es de parti- cular importancia que los conceptos introducidos no creen equívocos, sino que estén expresados con palabras apropiadas, y que el vocabulario utilizado

no contenga expresiones de jerga, palabras ampulosas, clichés, o lenguaje autoreferencial, que se manifiesta normalmente en el abuso de la primera persona («yo», «mío», etc.).

Aun tratando de mantener la consistencia del proprio punto de vista (formal u objetivo, un poco polémico o imparcial), no es desaconsejable variar el estilo y recurrir periódicamente al lenguaje figurado.

2.3 Revisión de la forma

Tras la revisión del contenido y del estilo, llega el momento de editar, es decir, de comprobar y corregir la organización, la coherencia del estilo re- daccional, el uso de las mayúsculas, de la letra cursiva y de las comillas, los errores de puntuación, la ortografía, la gramática, la precisión en las citas, las notas a pie de página y la bibliografía. Las decisiones tomadas deben aplicarse uniformemente en todo el trabajo.