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La reflexión temporal

Un paseo atento e intencionado por los conjuntos históricos de las ciu- dades permite apreciar y percibir cómo allí se conjugan y fusionan tres tiempos: pasado, presente y futuro. Y en cada uno de ellos, en cada momento histórico, intervienen tres actores: los políticos, los técnicos o los artistas y los ciudadanos. La ciudad histórica será finalmente el producto y la manifestación de esta confluencia, a veces armónica, otras desafortunada.

En la ciudad histórica el pasado es seguramente el tiempo predomi- nante: aporta no sólo historia, sino también identidad y carácter. No es únicamente un conjunto de elementos físicos y arquitectónicos —las casas, los edificios singulares, etcétera— y los materiales específicos con los que se hicieron —la piedra, la madera y la teja, en el caso de Santiago de Compostela—, sino el modo en que su implantación fue configurando la propia trama urbana. Es decir, la parcelación, el apro- vechamiento y distribución de la topografía y también los olores, los colores, los claroscuros, los hábitos...

Compostela tuvo un pasado arquitectónico espléndido cuando el actor principal, esto es, la curia, asumió una reconstrucción urbana desde presupuestos vanguardistas. Así, sobre la catedral románica se superpuso una nueva, barroca, obra de Fernando de Casas y Novoa; la catedral de Santiago, para Castilla del Pino, ya no es una, sino varias catedrales. Se derribaron igualmente viejas edificaciones para ser sustituidas por otras "más acordes con los tiempos y el esplendor económico". Este proceso de destrucción-construcción fue continuo durante siglos, pero hoy nadie cuestiona la rotunda armonía de la plaza del Obradoiro donde conviven

pacíficamente edificios de épocas y estilos diversos.

Durante cerca de ocho siglos, los actores acertaron a ponerse en sinto- nía con una ciudad dinámica, generadora de cultura en todos los órde- nes e impulsada por el fenómeno de la peregrinación. Después, Compostela comienza a vivir con la mirada puesta en el pasado y se ini- cia su declive.

La ciudad que vive el presente construye arquitecturas de calidad, y eso también se percibe en ese paseo intencionado al que antes me refería, y que nos lleva a interrogarnos sobre una de las cuestiones más apa- sionantes desde el punto de vista de la arquitectura y el urbanismo: ¿cómo trabajar en los centros históricos?, ¿con qué arquitecturas?, ¿debemos considerarlos conjuntos acabados y, por tanto, intocables? Hoy en día deben atenderse necesidades sociales que no existían cuan- do fueron construidos: el caso del tráfico rodado es, sin duda, uno de los mayores problemas que afrontan las ciudades históricas. Sin que existan, a mi juicio, fórmulas mágicas de validez universal, las que se han demostrado como más eficaces son las que pasan por la ordena- ción y la regulación del tráfico. En todo caso, considero que se requie- re una actuación cotidiana, con una proyección a largo plazo que ins- taure nuevas pautas de uso racional y compartido del espacio urbano, de forma que en unos años el propio consenso ciudadano asuma estas restricciones como necesarias, recibiendo como contrapartida otras ventajas en el uso de la ciudad histórica.

El tratamiento de aquella cuestión originó en Santiago de Compostela una de las más vivas y apasionadas polémicas sobre la implantación de arqui- tecturas contemporáneas en conjuntos históricos. Me refiero concreta-

mente a la construcción de un pabellón polideportivo para un instituto de enseñanza media, y en el mismo lugar un aparcamiento subterráneo, el más próximo a la plaza del Obradoiro, el corazón mismo del centro histó- rico. La intervención fue diseñada por el arquitecto alemán Josef Paul Kleihues con el mayor esmero, como luego tendremos ocasión de ver; no en vano era director del equipo redactor del Plan Especial. Pues bien, algu- nos especialistas se opusieron a esta actuación y trataron de hacer cun- dir la idea de que el nuevo edificio "tapaba las torres de la catedral", lle- gando incluso a hablar de que la UNESCO excluiría a Santiago del listado de las ciudades Patrimonio de la Humanidad. Convocados por la Academia de Bellas Artes de San Fernando, Josef Kleihues, Álvaro Siza y yo mismo explicamos detalladamente el proyecto y su encaje en el Plan, con el resultado de una aceptación unánime; igual sucedió con la UNESCO, una vez que el propio Secretario General visitó la ciudad y apoyó la corrección de la actuación. La polémica, en realidad, no giraba, como se pretendía, en torno a la altura del edificio, ni sobre la idoneidad de los materiales empleados (el nuevo diseño de la galería acristalada y la cubierta de cobre, material que por primera vez aparecía en la ciudad histórica), sino sobre una cuestión de jerarquía de la autoridad: la de la Comisión de Patrimonio Histórico-Artístico o la del propio planeamiento. La ciudad histórica no es necesariamente un objeto de culto que impida toda inter- vención, pero la implantación de arquitecturas contemporáneas sólo se resuelve desde la perspectiva del planeamiento global y del análisis del proyecto, ambos debatidos y aplicados con tiempo suficiente.

Con estas actuaciones —el Centro Galego de Arte Contemporánea de Siza, el pabellón polideportivo y el aparcamiento de Kleihues, la remo- delación de la avenida de Juan XXIII de Piñón y Viaplana— se recupera el papel de vanguardia que la arquitectura siempre desempeñó en la

ciudad donde se imbrican magníficos ejemplos del románico, el renaci- miento, el barroco, el neoclasicismo, el modernismo, el racionalismo o el eclecticismo; que asume proyectos complejos en función de nuevas y claras necesidades, para lo que ha contado y cuenta con reconocidos profesionales de todo el mundo.

El paseo hacia el futuro nos conduce inevitablemente al planeamiento urbanístico en cuanto compromiso. Un compromiso cuyo contenido va más allá de la rehabilitación, ya que ésta es parte de aquél. El planea- miento implica una visión de la ciudad histórica dentro de la ciudad glo- bal: la protección del patrimonio, la recuperación de su vocación eco- nómica, la mejora de los usos residenciales y peatonales, la dotación de equipamientos e infraestructuras..., factores todos que a su vez inciden directamente en el incremento de los parámetros de la calidad de vida.

Para concluir con este paseo reflexivo por el pasado, el presente y el futuro, me gustaría subrayar que este discurso tiene que realizarse necesariamente cada día, con la premisa del amoroso respeto por la ciudad histórica, con la mesura suficiente para moverse en la continua dialéctica de la innovación y la conservación, con la humildad de todos cuantos trabajamos por ella y en ella para no olvidar nuestro papel contingente y para asumir el compromiso social y colectivo de legar a las generaciones que nos sucedan el inmenso patrimonio histórico- artístico que poseemos, conservado y acrecentado.