CAMBIARIOS ALTERNATIVOS: UN BOSQUEJO
5.5 REFLEXIONES FINALES
Estas reflexiones inician con el peligroso expediente de repetir tres luga- res comunes, asertos trillados pero no por ello menos importantes. En primer lugar, no existen recetas simples para la elección de régimen cambiario, porque ningún régimen es apropiado para todos los países o durante todo el tiempo (Frankel, 1999). En segundo lugar, independien- temente del régimen escogido, es de crucial importancia que los objeti- vos de las políticas macroeconómicas y las políticas mismas sean con- sistentes y que los fundamentos económicos sean sólidos. Los conflictos en las políticas y los desequilibrios macroeconómicos afectan el desempeño económico en cualquier régimen. Por el contrario, la con- sistencia y solidez de las políticas macroeconómicas mejoran el desem- peño de cualquier régimen cambiario. Y, en tercer lugar, y como coro- lario de lo anterior, ningún régimen cambiario es sostenible sin disciplina fiscal.
La experiencia internacional enseña que la sobrevaluación cambiaria y las crisis financieras son posibles en cualquier régimen cambiario. Sin embargo, algunos regímenes son más vulnerables que otros, y el desem- peño de cada uno depende del nivel de desarrollo financiero del país en cuestión. En general, la evidencia sugiere que, conforme las economías maduran, el valor de la flexibilidad cambiaria tiende a aumentar. Sin embargo, los países en desarrollo con bajos niveles de ingreso y de inte- gración a los mercados financieros internacionales han mostrado que pueden mantener exitosamente regímenes cambiarios intermedios, y que éstos pueden ser de utilidad en el control de la inflación. Por otro lado, la experiencia internacional muestra también que las variantes menos flexibles de esos regímenes intermedios se tornan insostenibles en los mercados emergentes. Estos países deberán entonces escoger en- tre regímenes intermedios flexibles (bandas deslizantes amplias) o algu- no de los dos extremos cambiarios. Entre éstos, la flotación podría ser aconsejable si el país aprende gradualmente a flotar y reduce los riesgos asociados con descalces cambiarios.
Conviene quizás concluir con unas breves consideraciones para el caso de economías pequeñas, muy abiertas y de mediano ingreso, como la de Costa Rica. En estos casos, un objetivo central de la política cambiaria deberá ser mantener un tipo de cambio real competitivo y estable. Pa-
ra lograrlo, cualquiera que sea el régimen cambiario que el país adopte, se deberá contar con una política macroeconómica adecuada y un siste- ma financiero sólido. De optarse por un régimen de dolarización ofi- cial, es imprescindible que los prerrequisitos y los criterios de conver- gencia se cumplan.87 En particular, es fundamental que exista un
balance fiscal de largo plazo que permita una política fiscal contracícli- ca, y una alta flexibilidad en los mercados de factores. Por otra parte, la combinación de relativa estabilidad cambiaria (nominal y real) y de cierto nivel de autonomía monetaria que ofrecen los regímenes interme- dios más flexibles (bandas cambiarias deslizantes) podría resultar atrac- tiva para este tipo de economías, al menos como fase de transición y aprendizaje hacia una mayor flexibilidad cambiaria. Si se llegara a adoptar la flotación, ésta podría ser complementada con un régimen de metas inflacionarias como ancla nominal. Pero el banco central debería conservar la suficiente flexibilidad en la operación de su política mone- taria para poder intervenir en el mercado cambiario, en circunstancias excepcionales, con el fin de evitar desequilibrios sostenidos (especial- mente sobrevaluaciones prolongadas) en el tipo de cambio real.88 Nin-
gún régimen cambiario puede generar por sí mismo un aumento en la tasa de crecimiento potencial de largo plazo de una economía. Pero in- consistencias entre la política cambiaria y las demás políticas macroeco- nómicas podrían condenar a un país a extensos períodos de rezago o es- tancamiento económico.
87. Kim y Papi (2005) encuentran que, aun considerando los posibles efectos del Tra- tado de Libre Comercio entre la República Dominicana, Centroamérica y los Esta- dos Unidos (DR-CAFTA), el nivel de satisfacción por parte de los países centroa- mericanos de los criterios para un área monetaria óptima con los Estados Unidos es menor al de los países miembros de la Unión Monetaria Europea en relación con Alemania.
88. Aunque en un marco de metas inflacionarias el objetivo prioritario de la política monetaria debe ser la estabilidad de precios, se pueden autorizar intervenciones que propendan a objetivos secundarios siempre y cuando no se ponga en peligro la meta inflacionaria, se trate de circunstancias extraordinarias, y exista absoluta transparencia en los motivos de la intervención. Ese es, por ejemplo, el enfoque que sigue la política monetaria en Chile: desde la adopción explícita de la flota- ción y el esquema de metas inflacionarias en 1999, se han dado en ese país varios episodios de intervención del banco central en el mercado cambiario con el fin de reducir desalineamientos en el tipo de cambio real (Tapia y Tokman, 2004).
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