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Reflexiones en torno a la idea de precarización del trabajo

UNIDADES DE PRODUCCIÓN

I.10 Reflexiones en torno a la idea de precarización del trabajo

El debate de la existencia de una precarización del mercado laboral, esta relacionado con los transformaciones observadas, sobre todo a partir de los ochentas, en muchos de los indicadores que dan seguimiento a la población ocupada en distintos países. Al respecto, existen claros indicios de empeoramientos en las condiciones de trabajo, así como en la calidad de muchos de los nuevos empleos que son creados. Estos efectos son achacados, en general, a las reformas emprendidas hacia finales de los ochentas y principios de los noventas en México y el mundo (NME), que han sido acompañadas, en muchos casos, por procesos de flexibilización laboral que se pensaban como una de las soluciones para los elevados niveles de desempleo observados en muchos países. Sin embargo, como hemos insistido desde el inicio de este capítulo, el paradigma de ineficiencia en que operaban los mercados de trabajo, esta acompañado de una clara y profunda heterogeneidad, que incluso se ha acentuado en los últimos años.

En este contexto, asistimos a la presencia de bajos salarios como mecanismo de competencia y atracción de inversiones entre distintas regiones del mundo, la tendencia, legal o no, al abaratamiento del despido, la ausencia de indemnizaciones, la falta de coberturas sociales, la carencia de contrato, la contratación temporal, etc.

Por otro lado, si bien no son sinónimos, el proceso de precarización observado se relaciona también, con el aumento del sector informal inicialmente y con el concepto más amplio de economía informal, ya que dada la insuficiencia de empleos formales bien o mal remunerados, otras actividades se han vuelto una válvula de escape para la generación de ingresos en ocupaciones con todo tipo de carencias, incluso se ha hecho presente el empeoramiento de las condiciones de trabajo de muchos trabajos “formales”.55

El término “precarización” se hizo conocido en la década de los 80´s y para la mayoría de los críticos aparece como una de las consecuencias de la flexibilidad laboral en la vida cotidiana de los mercados de trabajo.56 Aunque debe decirse que en muchos, se ha consolidado sin que se haya implementado aún, una reforma de tipo liberal en la tendencia conocida, tal es el caso mexicano, donde se discute, apenas la pertinencia de una reforma de este tipo, y ya se observan muchos de los síntomas de descomposición ligados a ella. Al respecto, el debate para el caso mexicano que aterrizaremos en las conclusiones, estará en virtud de si los indicadores que nos señalan la presencia de una amplia y profunda precarización del mercado de trabajo mejorarán o empeorarán de aprobarse la reforma planteada, y si la

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Adrián Sotelo V. (2004). Desindustrialización y crisis del neoliberalismo: maquiladoras y telecomunicaciones. Ed. Plaza y Valdés, pág. 121.

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La flexibilidad laboral es uno de los pilares del liberalismo económico, este ha sido la base del NME, promueve y apoya los procesos de liberalización y desregulación, como los mecanismos de ajuste adecuados entre la oferta y la demanda del mercado laboral.

estructura de ocupación, desocupación, subocupación e ingresos sufrirá modificaciones, y en que sentido. Se debe señalar que, debido a la misma heterogeneidad del mercado de trabajo, existen discusiones respecto a las características de la precarización y las posibles mediciones del fenómeno.57

Como podemos inferir, la correcta comprensión de la actual situación del mercado de trabajo en México y otros países, particularmente en lo que respecta a la precarización laboral y sus alcances, resultaría incompleta sino la ubicamos dentro del contexto de las políticas del NME y sus efectos. Por lo que resulta imprescindible hacer una referencia al cambio en el papel del Estado, así como ubicar los agujeros en las legislaciones laborales actuales, producidos durante la década de los ochentas y noventas.

Como sabemos, después de la crisis de los ochentas en México y como modelo de salida para la dramática situación de vulnerabilidad en que se encontraba el Estado y el País en esos momentos, el país emprendió un viraje de 360°, mediante la implementación de un amplio conjunto de reformas que en esencia cambiaban las fuentes de financiamiento, los jugadores y el papel desempeñado por el Estado en la economía. En efecto, en estas reformas conocidas como neoliberales, destacaba el cambio de rol que el Estado había desempeñado hasta entonces, en dicho contexto, el Estado debía retirarse del cumplimiento de un conjunto de funciones desarrolladas hasta ese momento: entre ellas, la de ser un activo promotor de la actividad económica mediante el uso activo de mecanismos de política fiscal, financiera y monetaria.

En el caso del mercado de trabajo, pasó de actuar como un duro regulador de la desigual relación de fuerzas entre el capital y el trabajo, desempeñando inicialmente un papel activo en la creación, obligatoriedad y complementación de la seguridad social, y las prestaciones de los trabajadores, a jugar un papel cada vez más pasivo y tolerante, conforme nuevas formas que violaban los logros alcanzados por una fuerza trabajadora organizada, se fueron presentando en cada vez más sectores de la economía mexicana. La idea era dejar, en general, como la propaganda oficial postulaba, que fueran los mercados quienes encontrarán el uso más eficiente de los recursos escasos, entre ellos, el trabajo

57 Se debe al ensayo de Gerry Rodgers (1989), “Precarious work in Western Europe”, dimensionar las

características del trabajo estándar versus el trabajo precario (atípico); así como las múltiples dimensiones de la precariedad laboral a saber: 1) El grado de certidumbre respecto a la continuidad del trabajo; 2) Control sobre las condiciones del trabajo; 3) La protección; y 4) Un ingreso estable. Para Rodgers, no todo empleo inestable es precario, son las combinaciones de los 4 factores anteriores las que determinan e identifican los empleos precarios; de ahí que las fronteras del concepto sean arbitrarias. Retomando la idea de Rodgers, la OIT en 1993 plantea la división entre empleados regulares y no regulares, los primeros tienen contratos estables y la organización empleadora es responsable del pago de las cargas fiscales y de las contribuciones de la seguridad social y/o aquellas cuya relación contractual se rige por la ley general del trabajo. En aquél momento (1993), se definió a las personas con empleos precarios como: trabajadores ocasionales a corto plazo, estacionales, así como los trabajadores cuyos contratos permiten a la empresa o persona, quien los contrata, terminar el contrato sin previo aviso, con un margen de aviso muy corto o a voluntad. Así que hasta antes de 2002, según la acepción de la OIT, el trabajo precario era el trabajo no permanente. Finalmente, en 2002 la OIT propuso hablar de trabajo informal para referirse a trabajos sin acceso a la protección social; esta es la categoría que recoge la ENOE, en el caso mexicano, a partir del 2005.

En la actualidad, dentro de la reforma recién aprobada para México predomina este enfoque. Así, la política orientada a flexibilizar el mercado de trabajo parte del supuesto de que la legislación laboral tiene un carácter altamente protector, que pone fuertes restricciones a los despidos, a la contratación y en general al aumento de la ocupación y el ingreso de los trabajadores, e impide el ajuste del empleo a los ciclos económicos. Por eso, quienes la promulgan, establecen que la reforma planteada, al favorecer las contrataciones de tiempo parcial, ya sea por hora, por temporada y sin obligatoriedad, etc., logrará un mayor crecimiento de la productividad, con lo que podrán aumentar los ingresos para algunos de los ocupados en el mercado laboral, por ejemplo los jóvenes, los estudiantes, los buscadores de un primer el empleo, etc.

Para este enfoque, son las estrictas restricciones para la entrada y salida del mercado, las que inhiben la creación de mayores puestos de trabajo y el aumento de la ocupación; por ejemplo, para ellos, si un trabajador ya no está en línea con lo que el empleador o patrón requiere, no debería haber obstáculos, ni ser costoso para el empresario deshacer la relación, ya que así convienen a sus intereses.

Así, en línea con el resto de reformas del NME, deben ser las leyes del mercado las encargadas de regular el nivel de empleo, los salarios y las condiciones de trabajo, por lo que las reformas desde el Estado deben buscar quitar la mayor cantidad de trabas posibles el libre ajuste de la oferta y la demanda. Es obvio que el enfoque parte de una construcción errónea de la realidad, al suponer que las trabas pertenecen a un mercado homogéneo de libres concurrentes; como hemos visto, la heterogeneidad del mercado en México, América Latina y muchos otros países del mundo, hacen que este enfoque reciba una enorme cantidad de críticas.

En el caso mexicano, parece asistirse al tránsito de una legislación laboral de carácter protector, a otra donde se legitima y refuerza la posición del capital con respecto al trabajo en aras de la competitividad y la atracción de fuentes de inversión nacional y extranjera. Si existe una transformación del mercado de trabajo en México, es claro que esta esta marcado por los rasgos iniciales de sectores duales, claramente distinguibles en sólo cierto tipo de ocupaciones, donde coexistían un sector formalizado y otro informal de magnitud reducida, hacia una situación donde la diversidad y discontinuidad de las formas de empleo han ido remplazando el paradigma del empleo homogéneo y estable, sobre todo en las nuevas ocupaciones. Parece que los trazos del NME comenzaron a modificar este mercado hace más de 20 años; al respecto, los trabajadores desprotegidos e inestables se encontraban, sobre todo, en las empresas de menor tamaño, escaso capital y tecnología atrasada; sin embargo, sobre todo en los últimos 12 años en México, se visualizan trabajadores con diversos niveles de protección e inestabilidad en todas las ramas y tamaños de empresas. Además, como veremos en el siguiente capítulo, avanza más rápido las ocupaciones en lo que llamamos sector informal dentro de las estadísticas del INEGI, que lo que llamamos

empleo decente según la propio OIT, ONU y OCDE.58

58

Puede revisarse, Esquinca Marco y Javier Melgoza. “La afiliación sindical y premio salarial en México” en La

situación del Trabajo en México, 2006. De la Garza y Salas (coords.). Plaza y Valdés Editores. Para un caso más

general puede revisarse, NOVICK, Marta (2000). “Reestructuración productiva, mercado de trabajo y sindicatos

Resulta claro que la precariedad está asociada con cierto grado de inseguridad en el empleo y con la incertidumbre acerca de los ingresos presentes y futuros. Ambas situaciones pueden reflejarse en una incapacidad de las sociedades de integrar a todos sus miembros dentro del sistema económico y en los beneficios sociales básicos, lo que algunos investigadores han dado por llamar exclusión social.59

.

Por otro lado, acuerdo con un enfoque cercano al de la CEPAL, (Trejos 2001) plantea: “el surgimiento de formas “atípicas” de empleo, asociadas a una baja calidad del empleo, permite hablar de precariedad”.60 Como explicamos al inicio de este trabajo, este empleo atípico se define por oposición al empleo estándar o “decente”, que es caracterizado por ser reconocido, protegido, seguro y formal. El empleo precario es, entonces, aquel que presenta niveles inferiores de seguridad social, de derechos laborales y de remuneraciones en relación con los empleos tradicionales (OIT, 2002).

Otros autores, como (Castel 1997), analizan el caso de algunos países de América Latina y llegan a la conclusión de que el proceso de deterioro del trabajo asalariado no solo ha afectado a una “periferia precaria”, sino que también ha promovido la “desestabilización de los estables”.61 Esto está en línea, con el efecto de contagio que ya habíamos señalado con

anterioridad.

Finalmente, como ubicaremos en el capítulo siguiente, el resultado de las transformaciones en el mercado de trabajo en México se expresa través de una diversidad de situaciones ocupacionales, consideradas precarias, estas involucran a sectores de población cada vez más amplios: subocupados, ocupados con escasa calificación, con bajos salarios, sin beneficios sociales, jóvenes y mujeres con inserción laboral inestable, servicio doméstico, beneficiarios de programas de empleo, etc. Así, el actual mercado laboral mexicano, se constituyen de un amplio, complejo y heterogéneo universo de formas ocupacionales precarias, que han crecido a la par de las reformas del NME.

Es relevante señalar que, el proceso de precarización se manifiesta a través de aspectos económicos como los bajos ingresos, la disminución del poder adquisitivo, la subocupación, la reducción salarial, etc., pero también y como señalamos anteriormente, debido al debilitamiento del Estado y en concordancia con las reformas del NME. Así, también operan aspectos jurídicos como el tipo de contrato y la forma de contratación, donde operan “legalmente” formas precarias de inserción laboral como el outsourcing (subcontratación), o que involucran el no cumplimiento de las leyes, por ejemplo, cuando las empresas declaran pagar salarios menores para disminuir el monto de las aportaciones de la seguridad social.

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Debido a la dificultad que para algunos investigadores reviste definir la pobreza y la complicación asociada a la metodología de sus mediciones, se ha dado en los últimos años por ubicar los elementos que podrían causar exclusión social, contrario a los que provocarían inclusión social. Es obvio, bajo este concepto, que el empeoramiento de las condiciones de trabajo de gran parte de la población ocupada contribuyen al aumento del número de personas excluidas. En el caso mexicano, la mayor exclusión se presenta en las áreas rurales.

60

Trejos, (2001). Op.cit.

61

En México, estos aspectos se complementan y confluyen en un proceso dinámico de transformación del mercado laboral. Por otro lado, más allá del impacto de estas situaciones de inestabilidad, desprotección social e inseguridad laboral, que han posicionado desfavorablemente a los trabajadores, existe un ciclo creciente de intermitencia entre

situaciones de ocupación–desocupación–subocupación, para una gran cantidad de

trabajadores, sobre todo para los más jóvenes. Lo que parece estar en línea con los hallazgos de esta investigación y con los reportes de los indicadores laborales de la OIT desde el 2002, que ya hemos destacado.

Finalmente y en virtud de los indicadores que nos proporciona la ENOE, podemos dar seguimiento a este fenómeno de precarización del conjunto de ocupados del país; a partir de la estructura de ingresos de los ocupados, el tipo de contrato, el acceso y las prestaciones que brindan las instituciones de salud, la subocupación, la evolución del sector informal y el llamado trabajo doméstico remunerado, que por naturaleza no tiene protección; además se hace una referencia a la medición de informalidad que recientemente aceptó y publicó el INEGI.

Una vez aclarado esto, podemos iniciar formalmente el análisis de la ocupación y desocupación en México, para detectar las transformaciones observadas desde finales de los ochentas.

II. EVOLUCIÓN DE LOS CONCEPTOS EN LA LITERATURA ECONÓMICA Y DE

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