CAPÍTULO IV: APRENDIZAJES PROFESIONALES
4. Reflexiones y aprendizajes profesionales
4.1. Reflexiones en torno a la pedagogía
Para poder realizar las secuencias de clases de cada una de las menciones a implementar, fue necesario hacer una revisión general de los aprendizajes logrados durante los cinco años de duración de la carrera de Educación Básica. Los principales fundamentos sobre los cuales basé ambas planificaciones fueron el conocimiento del ciclo vital de los estudiantes de 2° básico y también la profunda convicción de que la educación formal es una herramienta útil para darle sentido a los aprendizajes que se generan en el aula y que podrán ser transferidos a las decisiones sociales que los estudiantes enfrenten en el futuro.
Como se ha explicado en reflexiones anteriores, los estudiantes se encuentran en el estadio de las operaciones concretas que, según Piaget (año), se explican como una etapa en la que las abstracciones es muy difíciles de realizar por lo que hay que generar situaciones didácticas por medio de las cuales los estudiantes puedan relacionar un contenido disciplinar con su vida y su experiencia para poder darle sentido y convertirlos así en aprendizajes significativos que surgen de una planificación efectiva de diferentes actividades. Los estudiantes ya poseen ciertas estructuras mentales que les permiten clasificar la información en esquemas mentales. Esta consideración fue necesaria para plantear actividades de activación de conocimientos previos que permitieran levantar información acerca de los intereses de los estudiantes, ya que en ese momento se manifiestan tanto las apreciaciones de sus gustos como de las temáticas a trabajar en las clases. La mediación docente, por tanto, se vuelve fundamental para conducir esas apreciaciones del mundo interno de los estudiantes hacia el camino de la comprensión de los elementos disciplinares escogidos para la enseñanza.
Vygotsky (en Arancibia, Herrera y Strasser, 1997) desarrolla en su teoría de la Zona de desarrollo próximo (ZDP) algunas apreciaciones que fueron pertinentes para la realización de ambas secuencias de clases como, por ejemplo, el rol mediador que tiene el docente en la función de ayudar a los estudiantes a lograr determinados objetivos que de manera independiente se les dificulta cumplir. En ambas secuencias, se intentó realizar una selección de preguntas y desafíos que requirieran de la
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intervención docente. En el caso de la secuencia para Matemáticas, el único logro observado, en relación con lo expuesto anteriormente, surgió en la realización del juego de la tercera clase, ya que los estudiantes realizaron preguntas y mostraron sus razonamientos que necesitaron de mi intervención, precisamente del proceso de devolución de preguntas, para poder llegar a los resultados esperados. En la secuencia de Lenguaje y Comunicación, las oportunidades de aprendizaje presentadas a los estudiantes permitieron rescatar información acerca de sus conocimientos sobre tipología de textos y sobre la temática de la superación de la frustración, rescatando sus experiencias para tomarlas como ejemplo y hacer relaciones con el contenido a abordar por medio de la comprensión textual. Las preguntas realizadas fueron un elemento que promovió el desarrollo integral de todos los estudiantes al considerar sus intereses y motivaciones para la planificación y las intervenciones realizadas dentro de la sala de clases.
En ambos casos las expectativas que se proyectaron sobre los estudiantes fueron altas y solo en una de las 8 clases implementadas tuve errores al considerar que los estudiantes no iban a alcanzar a realizar todas las actividades a tiempo y produciéndose problemas de conducta, ya que los estudiantes se habían acostumbrado a realizar varias actividades, tanto individual como grupalmente. Si hubiera proyectado las mismas expectativas de aprendizaje en cada una de las clases implementadas, este problema no se hubiera presentado, y prestando más atención hacia la promoción de su desarrollo integral, se podrían haber evitado esos conflictos de clima de aula. Por lo demás, las estrategias que se desarrollaron en cada mención promovieron el desarrollo de cada uno de los estudiantes, pero mi desconocimiento y falta de experiencia en el área de Matemática – específicamente del Método Singapur – llevaron a mi inseguridad por lo que no podría asegurar que los estudiantes comprendieron las estrategias solo por mis intervenciones. En este sentido, la ayuda de la profesora guía fue necesaria en algunas intervenciones de la presentación de una estrategia en particular. Finalmente, podría decir que mi conocimiento de la estrategia el día de hoy es un poco más profundo pero la dificultad de desconocer el método me impidió hacerme cargo en un 100% de ella. En el caso de Lenguaje y Comunicación, todas las estrategias que se trabajaron en la secuencia, ya las había desarrollado en los cursos de la cátedra o las había puesto en práctica en las instancias anteriores de Experiencia Laboral, esto
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mismo ayudó a que la implementación de ellas en el aula de 2° básico no tuviera complejidades mayores para ser explicadas y desarrolladas ya que las respuestas posibles, aun de las preguntas abiertas, precisaban del mismo tipo de apoyo todo el tiempo, y lo implementé por medio de la devolución de preguntas que permitieron a los estudiantes encontrar por ellos mismos las respuestas a sus preguntas. Este ejercicio ayuda a que ellos puedan desarrollar, si se realiza de manera sistemática, un nivel de metacognición que promueve su aprendizaje y su desarrollo permanente independiente de la tarea que realice la escuela.
Según los resultados obtenidos por medio de la evaluación de los aprendizajes de los estudiantes, se concluye que las estrategias presentadas a los estudiantes eran acordes a sus edades, considerando que se realizaron modificaciones para ser abordadas con estudiantes de 2° básico y también para los fines que se perseguían. Se realizaron ajustes en varias estrategias, de las dos menciones, para poder integrar los objetivos actitudinales y específicos de las disciplinas. Esta tarea se llevó a cabo de manera personal, siempre con el acompañamiento de mis profesores didactas, las que aconsejaron en todo momento acerca de las debilidades y fortalezas de realizarlas con niños de 2° básico por lo que las modificaciones se realizaron teniendo esto en consideración para poder cumplir con los diferentes objetivos.
Se escucha que Matemáticas y Lenguaje y Comunicación son dos áreas que se encuentran opuestas una con otra, pero a mi parecer las dos son excelentes herramientas para el desarrollo de la comprensión del mundo y del entorno que habitamos. La primera entrega las herramientas lógicas para la resolución de problemas reales y observables en el entorno de cualquier persona, ya que su enseñanza formal entrega las guías para el desarrollo de un razonamiento coherente que permite observar y crear soluciones. La segunda, ofrece oportunidades de aprendizajes para cuestionar el mundo, comunicar la realidad y conformar puntos de vista. Las dos aúnan los conocimientos de la comprensión y al manejar un lenguaje, se ponen en juego habilidades de escucha, respeto y tolerancia por las opiniones de otros que complementan el pensamiento del estudiante. Durante el desarrollo de ambas secuencias, se intentó que el lenguaje oral fuera el motor de las actividades presentadas por lo que no solo permitía que las situaciones de enseñanza y aprendizaje pudieran ser evaluadas en los momentos en que se llevaban a cabo, sino también permitían a los
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estudiantes escuchar a otros y cuestionar su propio conocimiento, para poder llegar a acuerdos conjuntos acerca de los saberes adquiridos.
La gestión del tiempo dentro de la sala de clases se vio mermada más en las clases de Matemática que en las de Lenguaje y Comunicación y puedo decir, con seguridad, que esto se debió a mi inexperiencia en el área de Matemática, tanto en lo disciplinar como en lo pedagógico y que, aun cuando mis esfuerzos por superar esas dos barreras fueron un desafío que adquirí con gusto, no fueron suficientes para la realización efectiva de las clases de esa mención. El desafío no surge solo como una crítica a mi práctica, que si bien estuvo a la altura de lo requerido no fue satisfactoria personalmente en cuanto a su realización, sino también como un reto para el desarrollo de los cursos de Matemática para que incluyan, al menos, bibliografías complementarias para adentrarse en estos métodos de enseñanza que se alejan de lo que aprendemos en las cátedras y que, finalmente, nos plantean un desafío a todos aquellos estudiantes en práctica que implementamos secuencias de clases en colegios en los que la Teoría de Situaciones Didácticas (TSD) no se ve siquiera como una manera óptima para la planificación de clases. O bien, como una tarea para la Coordinación de las prácticas laborales para que en la elección de las escuelas a las que somos destinados se pueda implementar lo que aprendemos como teoría en la Universidad y así podamos evaluar nuestra práctica con las herramientas con las que ya contamos.
Me hago cargo de mis falencias observadas durante la realización de las dos secuencias, principalmente de aquellas referidas a la gestión dentro de una clase que, en algunas ocasiones, me impidieron realizar la totalidad de las actividades propuestas. La falta de control que tuve sobre la conducta de los estudiantes, también la observé como una falencia de mi práctica docente porque comprendo la necesidad de un ambiente propicio para poder generar aprendizajes. El desafío se establece al comprender que es necesario que me instruya acerca de dinámicas y estrategias que me ayuden a desarrollar el manejo conductual de grupos grandes para la enseñanza de procedimientos y rutinas de convivencia dentro del aula.