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REGLAMENTOS PARA LAS DISTINTAS ARMAS,

— 151 — REGLAMENTOS GENERALES

REGLAMENTOS PARA LAS DISTINTAS ARMAS,

Infantería De Ejercicios y evoluciones; „ Tiro; „ Servicio interno; „ Acampamento; „ Acantonamiento; ,, Enfardelamiento;

,, Conservación del material.

Caballería

De Ejercicios y evoluciones (Manejo de las armas); „ Equitación;

De Acampamento; „ Acantonamiento; „ Enfardelamiento;

„ Trabajos de ingeniería; „ Tiro;

„ Conservación del material.

Artillería de montaña De Ejercicios y evoluciones; „ Conductores; „ Tiro; „ Servicio interno; „ Cargío y enfardelamiento; „ Acampamento;

„ Conservación del material y atalajes; „ Objetivos.

Artillería á caballo

De Ejercicios y evoluciones; „ Equitación;

„ Conductores;

„ Tiro (el de montaña modiñcado); ,, Servicio interno;

,, Carguío y enfardelamiento; ,, Acampamento;

,, Conservación del material y atalajes; ,, Objetivos (el mismo de montaña).

Artillería de costa

De Ejercicios y evoluciones; „ Tiro;

„ Servicio interno;

„ Conservación del material;

,, Manejo y transporte de armamento pesado;

Ingenieros Militares

De Ejercicios y evoluciones;

„ Fortificación de campaña (Trabajos de zapa, m i­ nas etc);

— 153 — De Pontoneros; „ Ferrocarrileros; „ Electricistas; ,, Castrametación; „ Fortificaciones permanentes;

,, Minas y explosivos (Destrucciones); „ Trabajos de sitio;

„ Arostación; „ Servicio interno; „ Acampamento; „ Enfardelamiento;

,, Dotación y cargío de parques.

Como puede verse, no es labor de un día confeccio­ nar tal cantidad de reglamentos, aun cuando la tarea consista, como debe consistir, en adoptar los reglamentos europeos sobre las diferentes materias, haciéndoles única­ mente las imprescindibles modificaciones, que impongan la configuración del país, su potencia pecuniaria y otras circunstancias dignas de ser tomadas en cuenta.

La sexta de las disposiciones transitorias no tiene más punto de llamar la atención que el que se refiere á la autorización que se concede al Presidente de la Repú­ blica para que pueda invertir quinientos mil sucres en los gastos que demande el establecimiento de los diferen­ tes departamentos, secciones, institutos y oficinas que la ley crea.

Esta cantidad está destinada exclusivamente á la adquisición de mobiliario, útiles, etc., etc., arriendo ó compra de casas, etc., que fuere necesario hacer para dar vida á la reorganización que la ley se propone.

La última disposición transitoria declara abolidas las leyes y decretos ejecutivos que fueren contrarios al

Proyecto.

Como en el caso de las Disposiciones Generales, si hubiese otras de carácter transitorio que fuese necesario establecer, fácil será incorporarlas al cuerpo del Proyecto.

H e terminado, señor Ministro con el exa­

men que me propuse hacer de todas las disposiciones principales contenidas en el Proyecto de Ley Orgánica Militar, que, por encargo de US. y bajo la inspiración de

US., ha elaborado la Misión Militar Chilena.

Tiene esta exposición analítica, de que he hecho ob­ jeto al Proyecto mencionado, el mérito de la franqueza,

que yo debía á la misión que desempeño, á mi profesión, á mi responsabilidad y al vehemente anhelo de ver ex­ tirpadas prácticas, instituciones y cosas, que entraban al progreso militar ecuatoriano y que hacen casi imposible la noble y urgente reforma que el Supremo Gobierno quiere llevar á término, para bien de la patria, en su se­ guridad externa é interna.

Pero, aún debo á mis convicciones un tributo de franqueza que US. disimulará en obsequio al fin que la inspira.

Y o estimo, señor Ministro, que cuantos esfuerzos entren en acción para reorganizar la institución militar resultarán punto menos que estériles, si el país no se re­ suelve á destinar anualmente íma a preciable cantidad de dinero á la transformación de los cuarteles.

Esto es tan necesario como lo son los cimientos para un edificio.

No hay disciplina; no hay satisfacción en la tropa; no puede haber independencia, aprecio, posesión del va­ lor propio en los oficiales; no hay prestigio en los que mandan; no hay nada de lo que caracteriza el indoma­ ble orgullo militar, cuando los cuarteles no ofrecen una cama y una mesa al soldado, un cuarto independiente,

un comedor, un salón á los oficiales. La comunidad de

vida entre oficiales y soldados ¡qué digo! entre clases y soldados, produce fatalmente una relajación monstruosa de la disciplina.

Cuando el cuartel no ofrece comodidad alguna para vivir, se mira el cuartel con horror.

El joven de veinte años, que tiene en su humilde casa una cama en que reposar, una mesa para comer, un lavatorio eu que asearse, aunque viva en común, aunque

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sea del pueblo, ¿irá oou gusto al cuartel, cuando sabe

que allí no tendrá ninguna de estas queridas comodidades? ¿Y qué decir, entonces, del joven decente, acomoda­ do? Es superfluo, señor Ministro, insistir en esta cuestión. Mi propósito os abrir camino á la resolución supre­ ma que determine mejorar la condición de los cuarteles. Mi propósito es poner de relieve la urgente necesidad de invertir todos los años una apreciable cantidad de dinero en construcción, reparación y mobiliario de los cuarteles, cantidad que bien podría acercarse á doscientos mil sucres.

Con esta obra, lenta pero segura, á la vuelta de al­ gunos años, los cuarteles todos de la República, ofrecerán la decencia y comodidad que esclaviza al soldado al im­ perio disciplinario y que dá á los oficiales el prestigio y la independencia que requiere el ejercicio del mando.

Además, con el mejoramiento de los cuarteles se ha­ rá viable la aplicación del servicio militar obligatorio, único sistema de levantar la institución hasta hacerla dueña y soberana del aprecio y distinción sociales. Dar al cuartel los halagos de la comodidad, es dar base al or­ gullo del soldado, es decir, es hacer envidiable la carrera. Y cuando esto se obtiene, ya no puede haber ejército ma­ lo, porque entonces á sus filas sólo se incorpora lo que es cuidadosamente seleccionado.

Tarea abrumadora es la que corresponde al actual Gobierno, señor Ministro, en orden á la creación de las cuatro armas que constituyen un e;ército.

Es necesario hacer un poderoso esfuerzo de compren­ sión para explicarse la actitud de los Gobieinos anterio­ res, que nunca resolvieron ni siquiera en parte, este trascendental problema, que tan de cerca interesa á la seguridad internacional del país.

De las cuatro armas que forman un ejército con sólo dos ha contado la institución ecuatoriana: infantería y ar­

tillería. De las otras sólo se lia conocido y se conoce el

uombre — Y, francamente, aún las dos primeras si mere­ cen que se las considere como á tales, es con previo ven­ cimiento de justificadas resistencias.

En efecto, una artillería que carece del ganado ne­ cesario para atalajar su material de guerra, es una arma imposible, porque no tiene poder de movilidad.

Enumerar las consecuencias de semejante situación es tarea inútil, porque no hay quien no las aprecie en toda su aterradora realidad.

Pudiera alegarse la circunstancia de que en llegan­ do la guerra se proveería de ganado á los cuerpos de ar­ tillería; pero ¿se cree acaso que el ganado no necesita educación? ¿y como podrá hacerse una instrucción sólida en tiempo de paz? ¿se calculan siquiera las penosas difi­ cultades y los resultados funestos, que origina en las mar­ chas, vivaques, campamentos, combates, etc. un ganado rebelde que no ha recibido educación alguna para el ser­ vicio militar?

T , en subsidio, poniéndonos en el caso de una guerra internacional — que os el único punto de referencia para apreciar los problemas militares — ¿hay una idea preci­ sa de lo que significa esto de que un numeroso material de artillería sea arrastrado ó conducido por hombres?

Las guerras civiles, Sr. Ministro, si dejan profunda experiencia política, ella rara vez sirve á los intereses

meramente militares. No puede, pues satisfacernos la

que ha adquirido el Ecuador en este último tiempo y que pudiera hacer menos grave esta situación que se crea al Ejército con mantener su artillería sin ganado para la

instrucción y movilización. En las campañas, batallas

y combates del último período de la guerra intestina, las fuerzas enemigas del Gobierno han obrado en iguales con­ diciones que las fuerzas de éste ó sin el concurso de la

artillería. De esta suerte, no ha habido como apreciar

la cuestión comparándola e n la actuación de tropas que se presentaran con todos los elemetos de guerra.

Pero, una guerra internacional sería cosa bien dis­ tinta; y si ella sorprendiera al país bajo el peso de la situación actual, entonces si se vería lo que importa para la conducción de las operaciones tener el ganado que de­

manda el funcionamiento de aquella arma. Es, pues, di­

fícil, señor Ministro, resignarse á considerar como cuerpos de artillería á unidades que carecen absolutamente de ga­ nado para el servicio del material de guerra.

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menos amplios puede apreciarse la constitución de los cuerpos de infantería, faltos de casi todo el equipo de cam­

paña. En operaciones militares de significación interna­

cional, es imposible que la infantería— como todas las otras armas,— pueda desempeñarse si carece de ese equipo, eminentemente necesario á la vida del soldado.— Tropas irregulares, que confiscan, requisan y extorsionan en cualquier terreno y bajo cualquiera circunstancia, pueden prescindir de ese equipo; pero, tropas regulares, que respe­ tan el derecho internacional, no pueden ejecutar los actos

que aquellas y consiguientemente necesitan llevar consi­

go los elementos de vida y conservación que les son in­

dispensables. Y como la guerra internacional no se

hace con tropas irregulares, sino con fuerzas organizadas que subordinan las necesidades de alojamiento, alimenta­ ción, etc., á los intereses de las operaciones, compréndese, sin.dificultad, el deber imperioso de dar á las tropas el equipo de campaña que les permita bastarse á sí solas, in­ dependizándose de los recursos que pudieran ofrecerles, fortuitamente, la comarca enemiga ó la propia.

Hay, pues, razón, señor Ministro, para considerar que las fuerzas de infantería legadas al actual Gobierno no tienen los elementos que constituye el arma.

Si estas amargas.reflecciones sugiere la situación de

la infantería y artillería— que al fin y al cabo son armas

que existen— ¿ cuáles no serán las que es necesario formu­ lar en presencia del hecho inverosímil de que el país no cuente siquiera con ínfimos cuadros de caballería é inge­ nieros militares ?

No hay ejército, señor Miuisrro, cuando faltan estas

armas. No se puede hacer guerra internacional cuando

no se dispone de estos dos factores de acción.

Los dos más grandes ó importantes servicios de la conducción estratégica de las tropas—exploración y segu­ ridad (exploración ofensiva y defensiva) y .persecución, son verificados por la caballería.

Todos los servicios técnicos de que un ejército nece­ sita en campaña corresponden á los ingenieros (fortifica­ ción pasajera y provisoria, puentes, obras de zapa, ferro­ carriles, líneas telegráficas y telefónicas, vías de comuni­ cación pedestre, etc., etc.

tancia de estas dos armas, el papel que juegan en una guerra*?

Y o no temo ser impngnado, señor Ministro, cuando declaro á US. qne si el Ecuador en las condiciones ac­ tuales, fuese á una guerra internacional, contra un ene­ migo que dispusiese de caballería, el Ecuador acaso pre­ senciaría la catástrofe de una derrota, nó la alborada de

una victoria. Esto lo dice la experiencia histórica, lo

declaran los maestros de la guerra, lo justifica la lógica de la guerra

Un ejército que sin ser observado ni molestado, obser­ va y perturba las operaciones de su contrario; un ejército que sabe lo que su enemigo hace, sin que ese enemigo tenga medios de averiguar las acciones de aquel ejército; un ejército que en el campo de combate puede hacer valer la acción táctica de su caballería, aun cuando sólo sea moral, sin que al adversario le sea dado contrarrestarle con acción igual; un ejército que dispone de caballería para completar el triunfo táctico con un victoria estraté­ gica,— la única que decide campañas y guerras— y cuyo adversario tiene que limitarse á los trofeos efímeros cogi­ dos en el solo campo do batalla, porque no cuenta con fuerzas de caballería que persigan, aniquilen, destruyan y rindan al contendor derrotado; un ejército que con ta­ les ventajas cuenta, es un ejército victorioso sin pelear, es un ejército que sin asistir á los campos de batalla pue­ de imponer la ley del vencedor.

Pues, bien, esta es la situación que en los momentos actuales tendría un adversario del Ecuador, que dispu­ siese de caballería.

Yo aseguro al señor Ministro, que podría llenar pá­ ginas tras páginas con ejemplos históricos que prestigiasen

mis aserciones. Napoleón, el gran Capitán, después de

su campaña de 1812, al seno del imperio moscovita, re­ gresó á Francia sólo con el esqueleto de su hermosa caba­ llería, sepultada en las estepas, pantanos y nieves de la comarca rusa.— En 1813 emprendió una de sus campañas

al corazón de la Alemania. Triunfó tácticamente en

Lutzen. Bautzen y Dresde; y, sin embargo, no destruyó á su enemigo ¿ Por qué *? Porque esas no fueron victorias estratégicas, porque ya no tenía la caballería con que en

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Austerlitz, J en a , E riendland y W a g r a n persiguió á los

veDcidos hasta destrozarlos.

Este es un solo ejemplo: podría, lo repito, centupli­ carlos; pero, i para qué tal tarea cuando no es posible que haya militares, hombres de estado, gente vulgar, nadie, que no reconozca la verdad sagrada de lo que vengo expo­ niendo ?

A S. E. el Presidente de la República, á US., á mu­ chos altos dignatarios, yo les he oido tratar esta cuestión y pronunciarse en el sentido de que es urgente crear los primeros cuadros de esta arma, adquiriendo en el extran­ jero el ganado y el material de guerra que le son propios.

¿ Por qué habrían de desvanecerse estas esperanzas ? ¿ Por qué no habría de realizarse una obra que, por sí sola, sería timbre de honra histórica para la Administra­ ción actual ?

Adquiérase anualmente, señor Ministro, el ganado necesario para un escuadrón; impórtense reproductores

para constituir un ‘ ‘ Criadero” de ganado para ol Ejército;

instálese este criadero en comarca favorable, bajo el más severo control y la más recta administración; y al correr de pocos años la institución militar tendrá una hermosa caballería y el país contará con una raza caballar fuerte, propia, potente para el trabajo de la paz y de la guerra.

Menos sacrificios pecuniarios demanda la creación

del arma de ingenieros. Cuatro compañías, una por zo­

na— bastarán para las necesidades del Ejército Perma­ nente y para la preparación de las reservas del arma.

Al principio, sólo se trataría de organizar una com­ pañía en Quito; y ella serviría de escuela á oficiales, cla­ ses y soldados del arma; y con estos elementos se proce­ dería después á organizar los restantes.

Los elementos militares de que dispone el Ecuador, señor Ministro hacen pensar sistemáticamente en que el plan de operaciones en que con mayor insistencia deben meditar las cabezas directivas, es el que resulta de una

defensiva estratégica. Plan de operaciones ofensivo no

cuadra al poder militar del país.

De igual manera, esas mismas causas, determinan la previsión de la defensiva táctica. Esto no lo imponen ge­ neralmente los hombres, sino las circunstancias.

pedir que se cree el arma de ingenieros, es decir, las tro­ pas que refuerzan las posiciones naturales; que transfor­ man el terreno, en sentido favorable para el propio ejérci­

to y en sentido desfavorable para el adversario? ¿Ño es

lógico pedir que aquí, donde existen pocas vías de comu­ nicación, se creen tropas que las abran? ¿que aquí, donde hay escasas líneas telegráficas, se creen tropas que las construyan? ¿que aquí, donde faltan los puentes que sal­ ven corrientes de agua, se creen tropas que los bagan, echando mano de los elementos que casi todas las comar­ cas del territorio proporcionan?

Esto no se discute; y lo que hay que admirar no es la creación que seguramente se hará, sino la penosa im­ previsión de los que no la hicieron antes.

He terminado con la cuestión de las cuatro armas, se­ ñor Ministro; y US. me excusará la extensión que he dado al desarrollo.— Bien sé que los que dominan la materia de organización militar no han menester de estas latas ex­ plicaciones; pero, el Proyecto va á ser juzgado por la opi­ nión pública entera y es, entonces, de positiva utilidad adelantarse á los juicios de esa opinión, con argumentos que convenzan y eviten posibles extravíos de criterio.

He llegado, señor Ministro, al estudio de la última cuestión de que hará mérito esta voluminosa nota expo­ sitiva.

Con espíritu intencional la he dejado para tratarla en último término, obedeciendo al temor de que US. aprecie mi actitud sin la benevolencia que yo he anhelado más para el éxito del Proyecto de Ley Orgánica, que pa­ ra mi propia satisfacción. .

Lo que voy á exponer, señor .Ministro, origen tiene en algunas disposiciones Constitucionales, que, á mi jui­ cio, perjudican profundamente á la institución militar y que, por lo mismo, demandan oportuna reforma unas y acaso leyes interpretativas otras.

Tres son las disposiciones constitucionales sobre las que US. me vá á permitir llamar la atención pública y, preferentemente, la de los altos poderes legislativos.

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La primera se encuentra consignada en el artículo 22, título TV de la Oarta Política, y dice:

u Se prohíbe la recluta forzosa” .

¿Qué alcance tiene este precepto*? ¿se refiere simple­ mente al reclutamiento odioso que suelen ejecutar las au­ toridades subalternas del Ejército, sin sujeción á ley algu­ na y, como es natural, haciendo víctimas de tal proceder á los desheredados de la fortuna, á los infelices que no cuentan con influencias que los protejan? Si este es el espíritu del artículo 22, debe reconocerse que su bondad

escapa á toda observación y crítica. Pero, si por recluta

forzosa se entiende el servicio obligatorio, que no es sino un reclutamiento forzoso que la ley impone á todos los ciudadanos para que adquieran instrucción militar y for­ men las reservas del poder militar del país, habrá de reco­ nocerse que tal disposición constitucional contraría sensi­ blemente los intereses nacionales, porque, sin violarla, no habría forma de dictar una ley de reclutas y reemplazos que venga á determinar la manera de renovar el Ejército permanente, mediante un servicio obligatorio discreto, que, á la vez que satisfaga esa necesidad, produzca, ade­ más, los preciosos frutos de preparar el país para emer­ gencias internacionales, nunca imposibles, nacionalizando el Ejército é imponiéndolo á la consideración social, por los fines de su misión y por el carácter democrático que revista.

Estas son las dudas que engendra el artículo 22 de

la Constitución. Si él necesita ser interpretado ó si se

hace necesaria una nueva disposición que la complete, son puntos que corresponden á la resolución de la voluntad

superior. Un nuevo inciso agregado á ese artículo que

dijera: ‘ ‘Todos los ecuatorianos están obligados á prestar

personalmente sus servicios militares á la Nación. Una

ley especial determinará el sistema de reclutas y reempla­ zos,” salvaría las dificultades, dejando á los poderes legis­ ladores las atribuciones indispensables para resolver un problema de tanta importancia como el de la organización militar del país.

Si el espíritu de la disposición que vengo exami­ nando es el que supuse en primer término, esto es, el de poner coto á desmanes é injusticias, espíritu que puede deducirse de los debates parlamentarios ó de los informes

que precedieron á la aprobación del citado artículo, fáoil es salvar la dificultad con una simple ley interpretativa.

La cuestión para los intereses militares, es, señor M i­ nistro, que nadie pueda alegar oposición constitucional al

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