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REGRESO A LA TIERRA

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Tal vez yo viajaba por los caminos del tiempo convertido en un rayo de luz. No lo sé. . . quizás no pueda expresar con palabras mi experiencia etérea.

Noté que las burbujas fueron cada vez más escasas, hasta que me detuve en una azul, por cierto, y comenzó a hacerse densa, lo mismo que mi cuerpo. Sentí frío. Descubrí que estaba en la Tierra porque a mí alrededor sonaron como nunca tos grillos y las ranas.

La luna cantaba su nocturna quimera al tiempo que vertía su luz de ensoñación. No me atreví a levantarme pues me ocurrió una cosa muy extraña: mi mente estaba congestionada y yo no sabía si estaba dormido o despierto.

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¡Me quedé sin saberlo! La música del campo nocturno cambió de cadencia y el canto de las aves anunciaba un nuevo día. La luz llegó saltando alegremente de nube en nube y un reluciente amanecer se apoderó del firmamento. El Sol apareció, como siempre, luciendo una brillante sonrisa.

¡Nuestro Sol! —exclamé—. Me encuentro en la Tierra. Un huracán de alegría me sacudió con fuerza y, esta vez, me levanté confiado. Corrí en busca de gente. Tenía que contarles a mis hermanos lo que había visto.

Todos se pondrían muy dichosos al saber que este mundo sí se podía cambiar. En el camino encontré a unos campesinos que negociaban unos animales con los encargados del matadero. Me acerqué a ellos y les dije: —Hermanos, acabo de ver un mundo donde no existe la matanza de animales. Allí no se necesita el dinero, la tierra produce abundantes frutos y no existen plagas ni enfermedades.

Me miraron e hicieron silencio. Me entendieron —pensé, regocijándome.

Yo iba a seguir mi relato cuando el señor, que recibía el dinero de la venta, me lanzó una mirada aguda como el filo de Un puñal y soltó la carcajada. De inmediato lo siguieron los otros.

—Perdonen —les dije—. Y, apenado, emprendí veloz carrera. No me comprendieron —pensé con tristeza— pero no debo desatentarme… una picadura de mosquito no puede

detener a un caballo en su fogosa carrera.

En la ciudad! —Exclamé—, seguro estoy que me entenderán. Allá saben que existen otros mundos y la gente es muy instruida. Alcancé a llegar hasta una tienda donde vendían licor. Acababan de sacar a un hombre que había sido herido en riña.

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La sangre huía con su vida, ante la incolora y hueca indiferencia de los demás, que disfrutaban el macabro espectáculo. Esta es mi gran oportunidad —creí—aquellos que aquí se arrastran notarán la diferencia y desean, con seguridad, un mundo mejor.

— ¡Hermanos! —les comenté a quienes se encontraban: —Existe una ciudad donde la gente no necesita el licor para ahogar las penas. Allí no se forman problemas, no hay cigarrillos, no se producen riñas y la gente no tiene vicios que degraden.

— ¡Oiga jefe! —Me interrumpió el cantinero con su voz de dinamita—. Y, en tono de burla, me dijo:

—¡Entonces debe ser muy aburrido vivir allí.

La carcajada retumbó y las copas se llenaron para celebrar mi retirada. Me contuve... el hombre iluminado no puede experimentar resentimiento contra el bastón del ciego que le pega.

Dejé lo vano a los vanos, pero comencé a ponerme triste. Alguien tenía que entenderme. ¡Oh, sí! encontré la solución:

¡Mis amigos! A ellos les he

enseñado asuntos

astronómicos y confían en mí.

Además son buena gente, no tienen vicios y me ayudarán a difundir lo que he visto. Estoy salvado, me alegré internamente.

Los reuní rápidamente con la promesa de contarles algo demasiado importante que no daba espera. Todos estaban ansiosos de lo que les iba a decir y yo estaba feliz, pues comunicaría mi visión a los únicos que podían creerme.

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— ¡Compañeros! —les hablé confiado y seguro.

—Acabo de hablar con La Naturaleza. Es, en verdad, un Ser del quinto grado evolutivo, y Ella misma me reveló la frecuencia de… una risa interrumpió mi relato al tiempo que uno de ellos me llamó la atención: —Amigo —me dijo sonriendo—: ¿Por qué no dejamos las bromas para el final y, ahora, cuéntanos las cosas importantes que nos tienes que decir? Yo enmudecí. No supe qué responder. No sé qué cosa pasó por mí y quise insultarlos… Mejor me mordí la lengua, porque contestar a una ofensa es colocarse al nivel del ofensor.

Mis párpados se humedecieron y, antes de reventar en llano, salí del salón tomando rumbo hacia mi casa. No me despedí de ellos y los dejé, allá, reunidos con la incredulidad. Hacer beneficios a los ingratos es como perfumar a los muertos —pensé ofuscado—.

En el trayecto contemplaba con tristeza la ciudad. La policía estaba disolviendo una huelga.

Después de haber conocido una verdadera civilización observaba estas cosas con terror y veía la ciudad como un basurero donde se pudren los hombres. De mis ojos brotaron lágrimas en abundancia… eran los ríos de mi alma que corrían desbordados.

Yo quería desahogarme con palabras, pero sólo

pude hacerlo con un llanto mudo, silencioso; y es que a veces pierdo el tiempo llorando por el tiempo que perdí. Cabizbajo, con una tristeza inmensa, caminaba pensativo:

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—El ruido de esta ciudad es un insulto a los oídos del hombre que fueron diseñados para escuchar la música celeste.

—Nuestro tímpano también fue afinado para percibir el susurro del viento entre las hojas, y para entender la voz de la Madre Naturaleza que murmura en los arroyos.

Yo caminaba y la gente comenzó a mirarme. Me di cuenta que estaba pensando en voz alta. No cambié de actitud y continué mi rumbo diciéndoles a todos en voz baja y trémula:

—Tendremos una ciudad donde no existe el dinero que todo lo ensucia manchándolo de rojo. Allí, en la ciudad del futuro, nuestra gran riqueza será el aire purificado por la brisa en la alborada, y perfumado por las flores en primavera.

—Nuestro gran patrimonio será el cristal de los arroyos, el azul pensativo de los lagos y la lejana placidez de los valles. Mi voz se alzó en tono de advertencia cuando dije:

—La frescura del aire y la pureza de tos ríos no son los inodoros para que las infernales máquinas depositen sus sobrantes inmundos.

Los gases letales que producen los automotores y las fábricas son un reto a nuestro olfato que fue diseñado para percibir el aroma de las flores.

—El aire es la cuna de los vientos, la patria de las nubes y el aliento de nuestras vidas. No debemos profanarlo.

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Oh… no debí hablar recio; porque quien en verdad sabe de qué habla no tiene razón para levantar la voz. Yo seguía caminando por las congestionadas vías hablándoles a los transeúntes.

—i Es un demente! —dijo alguno. Es un loco —aseguró otro.

No me importaba. Yo sabía que los equivocados eran ellos porque cuando una persona me está señalando con un dedo otros tres dedos estarán apuntando hacia ella.

Por otra parte, bien conocía que la terquedad es la energía de los necios. Además sé que podemos elevarnos muy por encima de quienes nos insultan, perdonándolos.

Ellos no entendían porque sus oídos estaban sordos por el rugido infernal de la ciudad, sus ojos estaban nublados por la pestilente contaminación y sus corazones estaban corroídos por la herrumbre que deja el dinero.

Lástima que el ruiseñor no pueda enseñar su dulce trino a los buitres. Ni el ave pueda enseñar su raudo vuelo a las hienas. —pensé—.

Las personas que no tienen oídos afinados para escuchar la verdad, no la entenderán, porque sus sentidos están tapados por el fango de la ignorancia, y la luz de la verdad no tiene por donde penetrar para alumbrar sus almas. La televisión, la radio y la propaganda los mantienen hipnotizados a un paso del abismo.

Pero lo falso, por más que trate de empinarse, nunca alcanzará la verdad. Los humanos viven en las nubes de las conjeturas y pierden el tiempo en actividades tumultuosas. Lo único que entienden por verdad es lo que han programado para su propia destrucción:

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"El gran cambio es fumar "X" cigarrillo". "La gran vida es tomar "Y" licor", "la gran solución a los problemas, es comprar "Z" lotería", y la gran vida es escucha tal o cual emisora. No saben que todo lo que viene por azar es inestable y el que recibe más de lo que da es un ladrón.

UN ACCIDENTE

Los hombres flotaban sobre las encrespadas olas del mal que se agitaban con furia en un enloquecido océano de ignorancia. Los impetuosos nubarrones de odio apagaban la lumbre de la sabiduría, y el sol de la esperanza y el amor permanecían en un ocaso sin tiempo.

Yo tenía la garganta herida y el corazón deshecho al saber que las grandiosas revelaciones quedarían ahogadas en el brutal ruido de la ciudad.

Pobres hermanos —pensé—. No puedo condenarlos, pues, al juzgar a los demás, pongo en la crítica el amargo de mis propios fracasos. Además, creerse uno sin defectos es el peor de los defectos.

Un dolor homicida me hizo cerrar los ojos, a la vez que seguía caminando De pronto escuché un grito de alto!, al tiempo que alguien me asió fuertemente del brazo.

Un vehículo había rechinado sus llantas rabiosamente contra el pavimento, alcanzándose a detener muy cerca de mí.

Un apuesto joven, transeúnte, que venía acompañado de una hermosa dama, logró detener mi paso justo a tiempo. Me había Salvado del monstruo de acero que quería "estampillarme".

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—Oh. Gracias, le dije: Caminaba distraído y, si no es por su ayuda, pudo haberme ocurrido algo grave. Gracias —le repetí.

—De nada —me respondió, y luego me preguntó: — ¿Por qué estás triste?

—Porque mi esperanza naufragó en un mar de desengaños —le respondí.

—No te comportes así —me sugirió y afirmó: Las almas acostumbradas a divulgar sus desdichas rara vez inspiran piedad. La tristeza debe combatirse con conformidad y anhelo, pues la desesperación caracteriza a las almas pequeñas.

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—Muy poco enseñó la vida a aquel que no aprendió a soportar el dolor; porque la tristeza y la desgracia son, a veces, amigos disfrazados.

—A tres cosas llama Dios a las almas: a obrar sin desfallecimiento, a sufrir sin quejarse y a orar sin desanimarse —terminó diciéndome. Yo estaba asustado como un pájaro recién enjaulado y no supe más qué hablar.

— ¿Se siente usted mal? —me dijo el joven; luego agregó su compañera:

—Si desea, podemos acompañarlo hasta su casa.

—Oh, sí, les agradezco y... Mmm ¿Tendrán tiempo de escuchar mi relato? —les dije, vacilante. —Sí. Nos interesa mucho —me respondieron.

Caminamos. Pronto llegamos hasta mi casa y allí escucharon, con atención, toda la historia de mi "sueño". Dijeron que estaban dispuestos a ayudar y me dieron un consejo:

—Tu pensamiento es veraz pero, lo que dices, la gente común no lo entenderá. La mayoría desprecian la luz de la verdad y gozan con el error, así como las moscas desprecian la miel de las flores Y gozan con el estiércol.

—Y el peor sordo es el que no quiere oír. No obstante, existen personas de buena voluntad que sí desean un mundo mejor y por ellas vale la pena luchar. También debemos recordar que, aún en el hombre más depravado la luz Divina espera el momento propicio para brillar.

—Además, no existe pecado que no pueda ser expiado, ni mal que no pueda ser vencido. Por ello la religión debe aprenderse en la iglesia y practicarse en la calle.

—La limosna es la oración por excelencia y quien no es generoso está muy cerca de ser injusto.

En síntesis, toda obra de bondad es una demostración de poderío—. Terminaron diciéndome mis "recién" conocidos. Agradecí sus consejos. Salimos a la puerta para despedirnos. Noté algo extraño en ellos.

¡No era gente común y corriente… sus voces resonaron en lo profundo de mi subconsciente.

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Un sudor frío comenzó a recorrer por mí cuerpo de extremo a extremo y, antes de perder el control, alcancé a preguntarles: —Por caridad, díganme, ya mismo! ¿Quiénes son ustedes?

—No te asustes: —Somos tus amigos. Electra y Kosmos. No estamos solos. Vinimos muchos para ayudarles a construir la ciudad del futuro aquí en la Tierra.

En ese momento los vi diferentes, tal como los conocí en mi ―sueño‖.

—No te consideres pequeño para tan grandiosa obra. — Continuaron enseñándome—: Recuerda que una sola gota de rocío es capaz de reflejar por completo el disco solar. Y Dios se vale a veces de los humildes para aplastar a los poderosos.

Borra de tu diccionario la palabra "imposible". Desecha la pereza que todo lo encuentra difícil, y verás que, lo que con gusto se hace, con satisfacción se contempla.

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Lo que te ocurrió no fue por casualidad, ahora sabrás que la suerte no es más que la habilidad para aprovechar las oportunidades; para ello. Necesitarás la fuerza del león y la nobleza del toro. Tendrás La paciencia de la tortuga y la velocidad del gamo.

Tu mente será tan iluminada como un amanecer y tu voz tan fuerte como el trueno. Tu corazón será tan grande como el Sol, y tu amor tan vasto

como el universo.

—Escribirás las injurias en la arena y los beneficios los grabarás en el mármol.

—No te pondrás triste porque el rosal tiene espinas; te alegrarás porque las espinas tienen rosas, Ante una copa que contiene vino hasta la mitad, no censurarás que está medio vacía. Afirmarás que está medio llena.

—En el jardín de tu vida sabrás que tu madre, tus hermanas, Hija o compañera son las más

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preciadas flores. Trabajarás por ellas con el ímpetu del huracán. Pero tendrás presente que todas las mujeres del mundo son flores del mismo jardín y no las dañarás.

—Te apegarás a tus nobles ideales como el ebrio se apega al vino. Amarás la sencillez así como el avaro ama el dinero. Somos tus hermanos mayores y seguirás nuestros principios así como la carreta sigue los pasos del buey.

Comunicarás los problemas a tus maestros pues el dolor que no gime se acumula en el corazón hasta reventarlo. En esta forma arrojarás de ti a ese fantasma negro de la duda y seguirás adelante.

—Llevarás estas enseñanzas a todas partes así como llevas tu sombra a donde vas. Hilvanarás tus ideas como hebras que guiarán a los mansos hasta el jardín de la gran ciudad.

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—Desconfía de los aduladores: todo jinete acaricia al caballo antes de montar lo. Así el adulador vive a expensas de aquel quien lo escucha.

I —No olvides que mientras estés con los brazos cruzados el tiempo no detiene su vuelo y aún los segundos que pierdas, ni la eternidad podrá devolvértelos. Por ello no tardes mucho. . . la humanidad te está esperando.

Ellos se alejaron rápidamente y yo me quedé quieto, como la esfinge del desierto. Mi cuerpo de piedra sólo pudo pensar:

¿Por qué no los había distinguido antes?

¿Sería por el vestido de hombres corrientes que llevaban?

¿O sería por el extraño maquillaje que ocultaba sus verdaderos rostros de perfecta belleza?, ¿O ha ello se sumaba el estado de tristeza en que me encontraba?

No lo sé. Pero se estableció una perenne vinculación con ellos desde entonces, y debíamos prepararnos para el magno acontecimiento que se avecina.

Ellos habían dejado en mi mente un trazo imborrable. Por tanto mi alma se iluminó haciendo que mi

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cuerpo cobrara nuevas fuerzas. Vi que no estaba solo, y comprendí que las luciérnagas que se observan en el fondo del firmamento, aquí en la Tierra, no son luciérnagas.

¡Son sus naves min-fractalizadas que despiden plasma.

Estamos en momentos de transición de una nueva era. ¡No estoy solo! — grité enardecido—. Nuestros hermanos mayores del cosmos nos acompañan.

Pronto los volveré a ver. Nos queda poco tiempo. Ya conocemos la única solución para salir de este mundo de terror. La esperanza es un préstamo hecho a la felicidad y el que sabe esperar, todo lo alcanza.

Les enseñaré a mis hermanos terrestres a entender el idioma de los animales, de los árboles y de los arroyos: Tan hermosa y pura se ve la gota de lluvia cuando descansa en la flor, que el Sol desplaza su energía a través de millones de kilómetros para besarla con su luz,

¿Cómo es posible que algunos miran la belleza y no la ven? Les enseñaré a dialogar con la propia Naturaleza y a saborear el esplendor de su armonía (Leer el libro: "Las Leyes Ocultas de un Universo Desconocido"),

No soy un marino que lleva la pasión por remo ni un soñador lleno de quimeras en la mente: Tengo la verdad.

Somos, todos, el resultado de millones de años de evolución y, si supiéramos la dicha que

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nos espera, gozaríamos con las penas. En nuestro interior tenemos riquezas jamás soñadas por los reyes.

Pronto este sistema de cosas ya no será más. "La vara de la justicia se dobla pero no se quiebra". Los que aman la vida y la verdad serán saciados. Un solo guía orientará a los hombres, no habiendo más fronteras de odio. Y un nuevo cielo y una nueva tierra emergerán de lo único que no será cambiado: El amor.

No sé qué sentí en ese momento pero una extraña emoción sacudió con violencia mi cuerpo y quise tronar despidiendo ráfagas de alegría.

— ¡Silencio! escuché una voz que me dijo: —Soy tu conciencia. No perturbes el sabio silencio con el ignorante ruido. Palabras sobran donde obras son necesarias. Quien no espera vencer ya está vencido. En cambio tienes asegurado el éxito si confías en ti mismo.

—La lucha es fuerte y no dispones de más armas que tu pensamiento. El odio, el miedo y la ansiedad son bestias que debes arrojar de tu mente. Si así obras tendrás el aplauso de los siglos. Luego dejarás en paz la Tierra y saldrás a conquistar las Estrellas. —Tu espada será un afilado lápiz y tú escudo una blanca hoja de papel.

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Obedecí la voz de la conciencia y empuñé las armas. Me dirigí hacia mis siempre hermanos. En cada palabra ponía mi alma y en cada letra mi corazón. Comencé a escribirles diciéndoles:

"Cantan las aves porque tienen: Un solo país: La Tierra.

Un solo guía: El Sol.

Un solo maestro: La Naturaleza. Se desplazan por la inmensidad azul y aprecian un mundo sin divisiones…

Magn um Astro

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Artículos tomados de las páginas:

www.fractalmedicaldiscovery.com www.magnumastron.com

www.magnumastron.org www.ecociudadelasastron.com

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