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2. LÍNEAS TEOLÓGICAS PARA ACOMPAÑAR A LOS JÓVENES UNIVERSITARIOS

2.4. El Reino de los cielos: construcción de sentido y compromiso social

que ha llegado la hora del Reinado de Dios: “Marchó Jesús a Galilea y proclamaba

la Buena Noticia de Dios: «Se ha cumplido el plazo. El Reino de Dios está cerca. ¡Convertíos y creed en la Buena Nueva!»” (Mc 1, 14-15). “Comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los cielos ha llegado»” (Mt 4, 17). Al mismo tiempo que Jesús proclama el Reino de los cielos, le acompañan los primero discípulos, como núcleo de la comunidad incipiente, quienes van interiorizando la experiencia con el maestro para, posteriormente, estar al servicio de la Buena Noticia. El Reino de los cielos es el proyecto salvador de Dios, que

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149 confluye con las más profundas aspiraciones de liberación inscritas en el corazón de los seres humanos.

Por ello, los discípulos pudieron captar el mensaje de Jesús, hacer todo un proceso de interpretación y comprensión del mismo, que los llevó al compromiso comunitario y a asumir la misión del Hijo de Dios. El llamado que Jesús les hace, para hacer suyo el compromiso por el Reino, en la itinerancia del seguimiento, se entiende por el testimonio que el mismo Cristo les ha dado con su vida. La itinerancia de Jesús y de los suyos por Galilea se completa posteriormente con el envío de los primeros discípulos a predicar de dos en dos por todos los pueblos:

Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja, sino «calzaos con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis a una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la plancha de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y yéndose de allí, predicaron la conversión; expulsaban a muchos demonios y ungían con aceite a muchos

enfermos y los curaban” (Mt 6, 7-14).

Desde la lógica del Reino, para Jesús, la misión ha de ser realizada en la comunión fraterna, de manera itinerante, yendo por los diferentes lugares de dos en dos (Cf. Lc 10, 1-13). Paralelamente, Jesús va educando al discípulo en agudizar la mirada, en ser pequeño entre los pequeños y solidario con los que sufren, preparando así una novedosa manera de vivir y de comprender las

relaciones humanas como signo profético de la venida del Reino. 333

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150 Teniendo en cuenta lo anterior, se propone, entonces, otra línea teológica de acción pastoral, claramente evidenciada con el nombre del Reino de los cielos y que pretende acercar a los jóvenes creyentes a la experiencia central de Jesús, de su vida y ministerio. Los jóvenes universitarios que han optado por seguir a Jesús, reconocen en esta clave evangélica, una propuesta de sentido que sintetiza el programa de vida de Jesús. A partir de esto, aprenden de Jesús que la itinerancia de la misión, no es solo un recorrido por los caminos, una aventura de

la fe, sino una actitud del corazón.334

Los jóvenes aprenden a buscar a Dios, en las intuiciones del corazón, por los caminos solidarios con los pobres, y en comunidad, buscando entre ellos, entender e interiorizar la Palabra que anuncia y propone el Reino de los cielos. El Evangelio se interioriza en la itinerancia, recorriendo caminos nuevos para llevar a cabo la universal convocatoria amorosa del Padre.

Esta ha sido la experiencia de los universitarios, que han encontrado, en esos nuevos lugares, testimonios impactantes de personas que, desde la extrema necesidad y pobreza, confían su solidaridad; experiencias de encuentro con las

realidades de su contexto que les cambiarán la vida y los llenaran de sentido: “Uno

siempre está en búsqueda de algo, algo que le dé sentido a uno. Y la vida en comunidad y el servicio creemos que es lo que nos da sentido y lo sentimos vinculado a nuestras carreras”.335

Se entiende, entonces, que los jóvenes universitarios que viven la experiencia de comunidad, están convocados, por la misma opción de seguir a Jesús, a construir el Reino de Dios; esto se traduce en estar y acompañar los lugares de más pobreza y marginación. Allá donde se encuentran los excluidos, los débiles de la sociedad, se solicita a los jóvenes preparados y comprometidos en la construcción de una solidaridad compartida. No pocos jóvenes, en un

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Cf. Pérez, 75.

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151 determinado momento de sus vidas, se sienten impulsados a ampliar la mirada y a

lanzarse a iniciativas, presencias y servicios en lugares de frontera.336

Esta es una de las características de los grupos GPS; los jóvenes que participan en ellos, se experimentan plenos de sentido cuando se asumen desde su realidad, cuando salen al encuentro de estas realidades y luego regresan

gozosos a contar lo que han visto: “Definitivamente, mi experiencia me confirma

que estas cosas son posibles; gracias a mi comunidad y a muchas personas de las veredas que me han acompañado y he acompañado por este camino, me doy cuenta que somos varios a los que nos interesa y queremos continuar construyendo Reino”.337

En adición, la comunidad de jóvenes universitarios, por su condición social, con sus múltiples compromisos estudiantiles y familiares, no está exenta de que, ante todo, debe buscar el Reino de Dios, y lo debe hacer desde lo que ellos son, desde su originalidad, aportando la frescura de su etapa en la vida, alimentando los procesos pastorales de creatividad y entrega, generando preguntas, cuestionando las prácticas religiosas, confrontando los métodos y modos de llevar a cabo la misión, etc. No permitiendo que otros decidan por ellos o determinen de

qué manera deben creer o no creer, vivir en comunidad o no vivir; “Ni la fuerza de

la institución, ni el poder de la ciencia, ni el prestigio de los éxitos, ni la seguridad de los medios, pueden suplir el poder convocante y original de la palabra del joven en la actualidad eclesial”.338

El Reino de los cielos apremia en los contextos actuales con un grito ahogado en el silencio y abrazado al corazón. Una comunidad de jóvenes que no derrama sus entrañas en la solidaridad con los desheredados, los marginados, los excluidos de la sociedad, no es transmisora del Reino de Dios que acontece;

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Cf. EVANGELII NUNTIANDI, 72.

337 ALMIRÓN; Testimonio de Luisa Fernanda Oviedo, 2. 338

152 podrá adoctrinar, imitar, seguir instrucciones, pero no logrará proponer ni convocar, y perderá la capacidad, que por gracia del Espíritu le ha sido dada: la de ser dadora de sentido para sus integrantes.

2.5. La esperanza: recuperar e interpretar la vida desde el amor de Dios

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