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REINVENTANDO NUESTROS MUSEOS

In document GESTIÓN Y NUEVAS NARRATIVAS EN MUSEOS (página 34-38)

Ricardo Cano / España8

Todos los museos tradicionales, los que no siguen manteniendo el formato institucionalizado de hace 150 años, sin excepción, se enorgullecen de la sin- gularidad de sus colecciones. Aunque muchos museos tienen exposiciones únicas, debemos decir que la mayoría de sus exhibiciones existen de la misma forma en más o menos docenas, o incluso en cientos, de otros mismos cientos de museos y centros de cultura. El problema que observamos en todos estos museos tradicionales es que les ha abandonado el alma.

¿Qué podemos hacer? ¿Hay solución para que los museos recuperen sus almas?

La mayoría de las veces, cuando nosotros visitamos un museo, en realidad estamos observando a las personas. Nos gusta ver cómo los visitantes van y vienen, cómo deambulan de sala en sala, cuando se paran ante una vitrina, un cuadro o una cartela. Nos fijamos en sus edades, en su actitud, si se mues- tran contentos o no, intentando averiguar si están pasando o no un buen rato o si les está interesando la visita. Es curioso que la mayoría de los museos no pregunten al público por la experiencia que han tenido durante la visita. No nos referimos a que se les ofrezca la posibilidad de dejar una nota con un co- mentario en un cuaderno en la entrada, no, nos referimos a algo que está más relacionado con el estudio de la experiencia formal del visitante en el museo, con los círculos de calidad, entre otras cosas. Y es aquí cuando comienza a abrirse paso en nuestra mente la palabra “innovación”.

Normalmente el concepto de innovación aparece ligado al del desarrollo tec- nológico -será que en Silicon Valley están haciendo bien su trabajo -. Pero, sin embargo, nosotros creemos que en realidad ese concepto va mucho más allá, 8 Ricardo Cano es Director de EVE Museos e Innovación. Director de LAB de Innovación Museoló-

ya que hace referencia a todo lo que es susceptible de ser mejorado y optimiza- do, e introduce para ello soluciones hasta ahora desconocidas. Si analizamos el concepto de innovación, en toda su dimensión de significado con los museos, ¿a qué conclusiones podríamos llegar?

Nosotros entendemos que es necesario llevar a cabo una importante labor de avance, sí o sí. Se trata de promover la contextualización, pero no tanto del contenido de los museos, de sus colecciones, sino de la necesidad de con- textualizar el conocimiento que se expone al visitante del museo. Volviendo a lo que mencionábamos sobre nuestras observaciones en los museos, vemos a las personas vagar de un sitio a otro, de contenido expuesto en contenido, de sala en sala, y nos preguntamos si verdaderamente están aprendiendo algo, si asimilan todo el conocimiento que se les ofrece, y si ese conocimiento se encuentra realmente a la vista de todos. ¿Es el conocimiento que ofrece el mu- seo amable con el visitante? ¿Qué ocurre con los diferentes tipos de público en relación con este tema? ¿Qué pasa con los más pequeños? ¿Y qué ocurre con los mayores? Cuando el público abandona el museo, ¿ha llegado a asimilar lo que se le ha expuesto? Nosotros creemos que no.

Uno de los avances más importantes que se ha producido en los últimos años en los museos, ha sido el establecimiento de programas educativos. Es enton- ces cuando podemos empezar a hablar de innovación aplicada a los museos. Últimamente, la mayoría de los museos programan sesiones educativas nor- malmente dirigidas a los más pequeños, pero cada vez están orientándolas más a personas adultas. Este tipo de acciones son las que de verdad acercan al público a los museos, y consiguen que los visitantes se diviertan participando mientras asimilan conocimientos de manera activa. Esa es la verdadera fun- ción del museo, la de “enseñar conocimientos divirtiendo”. Si todos estamos de acuerdo en que existe una apremiante necesidad de acercar la cultura a la sociedad, los museos tienen mucho que decir al respecto. Las actitudes pasivas, las que están relacionadas con “ahí te dejo eso, haz con ello lo que consideres”, nada tienen que ver con la innovación. Si los museos no ofrecen actividades atractivas, la gente no visita el museo. Pero innovar es mucho más que esto.

No podemos olvidar que “ocio” es el término con el que denominamos al tiem- po libre que tenemos para hacer lo que nos dé la gana. Ocio es el tiempo en el que buscamos hacer cosas que nos producen placer, solos o en compañía de otros. Si entendemos ese ocio como una actividad que trasciende a mi “yo” personal para derivarlo a nuestra familia, por ejemplo, la cosa se complica.

Las estadísticas muestran que la personas dedican cada vez menos tiempo de su ocio a ir a los museos. ¿Qué está ocurriendo? Nosotros pensamos que esto ocurre porque la gente no se divierte en los museos, porque los museos no son amables con las personas, porque se ven como una amenaza más que como lugares amables. Y cuando hablamos de personas disfrutando de su ocio, es- tamos hablando de niños y niñas, de adolescentes, de milenials, de madres y padres, de solitarios, de señores y señoras ya mayores, de turistas, de curiosos, etcétera. ¿Están los museos preparados para satisfacer por igual a todos estos perfiles de público?

Volvamos a nuestra observación particular para intentar comprender cómo interactúa la gente dentro de un museo. Pongámonos en situación. Nos en- contramos en uno de los museos más importantes del mundo, de esos que son de visita obligada si eres turista. Las personas deambulan de un sitio a otro, en silencio, con caras de estar haciendo un trabajo de asimilación res- pecto a lo que ven. Por la expresión que ponen, podemos asegurar que les está costando un esfuerzo importante absorber tal cantidad de conocimientos. Es lógico, el museo es enorme. En este gran museo, visto lo visto, ¿dónde po- dríamos asegurar que se ha aplicado la innovación? ¿Podemos afirmar que se ha aplicado innovación tecnológica, por ejemplo? ¿Nos parece que este museo ha cambiado poco en los últimos 50 años? ¿Ha habido alguna transforma- ción relevante de cara al público en todo ese tiempo? ¿Es un museo amable con el público? ¿Una niña de 6 años entiende lo que ve cuando observa un Rothko colgado de la pared? ¿O cuando se pone delante de una vitrina que expone  18 jarrones etruscos? ¿Debería existir la clasificación  “museos para mayores de 18 años”? Nosotros, desde nuestra atalaya de observación particu- lar, contestaríamos “NO” a todas estas preguntas. ¿Tiene la innovación una clara relación con posibles soluciones a todo este océano de incomprensión y alejamiento? Nuestra respuesta es: ¡SÍ!

Pongamos un ejemplo de lo que nosotros entendemos como una importante innovación en los museos. Una solución innovadora es posibilitar  que los visitantes abandonen  el museo con una sonrisa, la que a uno se le dibuja en la cara cuando se siente satisfecho, cuando se lo ha pasado bien, cuando piensa que su tiempo de ocio ha servido para hacer algo útil. Ese sería uno de los objetivos más importantes para desarrollar un proyecto de innovación en el museo: Generar sonrisas de satisfacción en el público que los visita. Intro- ducir innovación para que dejemos de ver rostros de agotamiento, caras de

aburrimiento, de hastío, de incomprensión, de frustración, de abandono, de soledad. No queremos ver caras largas en los museos, no queremos ver a más niños y niñas inquietos porque se aburren. No queremos ver a personas mayo- res con la nariz pegada a una cartela (de doscientas) porque tiene una letra di- minuta. No queremos ver a visitantes con caras de no estar entendiendo nada en absoluto cuando se ponen delante de enormes expositores abarrotados de objetos. Queremos que las personas vuelvan a los museos, deseamos ver a las personas contentas dentro de los museos y que, verdaderamente, se diviertan aprendiendo algo nuevo. Para conseguirlo, señores de los museos, hay que evolucionar, modernizarse, hay que innovar. No queda otra.

Tenemos toda una revolución pendiente en la recuperación de las almas de nuestros museos.

MUSEOS Y COMUNIDADES EN EL

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