8. ANALISIS DEL CASO
8.3 Relación con los Estudiantes
En el discurso de Miguel aparecen recurrentemente alusiones hacia sus estudiantes y/o de su relación con ellos. En primera instancia, se logra identificar como esta relación va más allá de lo estrictamente profesional o académico y existe un involucramiento, de su parte, que contempla elementos de orden personal que buscan aportar en la formación del ser, como ya fue mencionado. Existe un compromiso que trasciende la simple enseñanza de contenidos de una asignatura en específico, pues genera propuestas que trascienden éstos y plantea situaciones sobre problemáticas vividas por los jóvenes en su etapa de desarrollo.
A pesar de no ejercer su profesión por algún tiempo, siguió manteniendo el vínculo con sus estudiantes en otros contextos y escenarios. Esta permanencia del vínculo contribuyó así mismo a la permanencia de su identidad, tanto en un plano profesional como personal.
(1-4) “(Un estudiante) … me llamó y me dijo que muchas gracias por ser el docente que ha
tenido, pues yo me alegro porque tal vez, no es, ser docente para mí no es ser un buen
asalariado, ser docente es saber levantar esos jóvenes porque son los que van a manejar
nuestra vejez”.
Su forma de concebir la docencia y su práctica profesional le han permitido construir una relación con sus estudiantes que se escapa a lo convencional, a lo esperado dentro del ámbito académico formal en la relación educador-educando. Existe un reconocimiento que trasciende y perdura en el tiempo, de él hacia sus estudiantes y de ellos hacia él, un reconocimiento que traspasa los muros de la institución educativa y que permea los diferentes escenarios de la vida:
(5-9) “…Veo que él ha marcado y le ha enseñado no solamente la parte teórica, sino la parte
humana, la parte de los valores, que yo creo, que se está perdiendo demasiado… (5-10)
Entonces esa parte es muy bonita, o sea, cuando se encuentra con los muchachos en realidad
es muy bonito ver como ellos lo saludan a él, y eso si me parece a mí muy lindo”.
8.4 La familia
Los sucesos inesperados como los accidentes de tránsito pueden afectar seriamente la condición de salud de las personas, no solo tienen un efecto o impacto directo sobre las personas quienes los sufren, sino, también, en sus familias. La familia se ve enfrentada a una situación ante la cual se experimentan sentimientos de angustia, ansiedad, estrés, debido no solo a la situación del accidente sino a los síntomas o secuelas que tras el TCE aparecen en la persona afectada (Peters & cols., 1984). El impacto que tiene sobre la familia esta situación hace pensar que no solo la persona afectada es víctima del TCE, sino, todas las personas quienes conforman el grupo familiar. Por lo anterior, en estos casos resulta mejor hablar no de individuos sino de familias afectadas por el TCE (Powell., 1994).
Es importante mencionar que las situaciones y dificultades experimentadas por las familias son diferentes en cada una de ellas, incluso, dentro de sus distintos miembros se presentan diferencias a nivel emocional y comportamental que están relacionadas con las diferencias individuales, edad, rol, entre otras; que hacen que cada miembro de la familia afronte de manera particular las consecuencias derivadas del TCE en la persona afectada (Acuña y Rodríguez, 2003).
Se considera que las familias que mejor se adaptan a las situaciones generadas a partir del TCE y sus secuelas, son aquellas cuyos miembros “se apoyan mutuamente, son flexibles para
experimentar los cambios, no tienden a ver la discapacidad como algo perjudicial o amenazante en la familia, son capaces de dialogar abiertamente, saben apreciar las capacidades residuales de la persona afectada y le facilitan determinado rol en el entorno familia” (Junque & cols. 1998). En este caso la familia que rodea a la persona objeto de este estudio, presenta varias de las características que aparecen en la cita anterior. Ante la situación que enfrentaron hubo apoyo de los diferentes miembros tanto de la familia de Miguel como la de su esposa. Aunque ella asumió de una forma muy comprometida su proceso de recuperación en casa, recibió ofrecimientos y ayuda de sus padres, de su hermana, del hermano de Miguel y de sus suegros:
(5-7) “… Allí fue cuando nuestra familia se unió mucho, estaba pendiente de nosotros. O sea,
a pesar de que yo siempre estuve con él, porque no me gustaba dejarlo solo, ellos estaban
allí: María vete a descansar. Y yo les decía: No yo me quedo allí con él. Estuvieron… me ayudaron a cuidar la niña, estuvieron pendiente de ella, de todo absolutamente, de que, si
tenía la casa organizada, de que si había mercado. De todo. Esa parte es muy bonita, el saber
que, sí, siempre está ahí para uno…”
Para el propio Miguel también fue muy importante el acercamiento de su familia:
(1-6) “Tuve a través de mi accidente pues no sé, mi familia pues se ha unido sí, pero otra
familia por parte de mi mamá se nos acercó y nos hemos unido, cosas del Señor que uno no
entiende a veces, porque ya con la edad que yo tengo pues los únicos tíos míos han sido pues
uno o tres tíos no más. Pero es a partir de esto, pues ha llegado mucha familia pues en estos
momentos lo más importante para mí es estar bien, con mi hogar, con mi esposa y con mi
Los primeros días de recuperación en casa en donde la persona está convaleciente requiere de la ayuda de los otros para realizar las actividades de la vida cotidiana, esto crea una relación de dependencia parcial o total en función del estado de salud de la persona afectada y/o de sus necesidades. Esta persona requirió del apoyo de su esposa quien asumió el rol de cuidadora durante esta fase de su recuperación en casa:
(2-6) “…Y estuve con mi esposa pues yo me acuerdo cuando llegué y mi esposa tenía la droga
allí, droga para el dolor de cabeza, entonces ella me decía que tenía que levantarme
temprano para darme la droga como si fuera un bebé, porque a veces uno no sabe a qué
horas no, ella decía que yo llegaba y le hablaba una cosa y volvía y le repetía la cosa, le
hacía como preguntas constantes de lo mismo y me acostaba un rato, tanto que ocupé la cama
de mis suegros”.
Boisclair-Papillon (1991) considera que la familia es un “sistema estable y equilibrado, en el cual cada miembro juega un rol que es determinante y complementario del que cumple cada uno de los otros miembros… allí cada unidad es dependiente de la otra y la mutua dependencia hace que cualquier cambio en la unidad modifique a la totalidad”. En consideración a lo anterior, cuando un miembro de la familia sufre un TCE y se ve afectado su rol y las funciones que ejercía dentro del grupo familiar, se generan cambios en los roles y en las responsabilidades. La mayoría de los miembros experimenta un aumento en sus responsabilidades. Esto es particularmente cierto en el caso del conyugue, quien debe asumir no solamente las funciones que hasta ahora realizaba, sino, también, las que regularmente ejercía el otro miembro de la pareja:
(2-7) “… mi esposa es la que lleva ahorita las riendas de la economía, si, pagar servicios,
pagar las cosas de mi hija, el estudio que es caro, a veces la comida, lo del transporte pues
antes cuando yo ganaba sueldo pues es difícil ahí no”.
Las reacciones frente a los cambios en los roles pueden ser variables pues algunas personas sienten pánico al tener que ampliar su campo de acción; otros descubren posibilidades hasta ahora desconocidas o postergadas y encuentran su nuevo papel satisfactorio y hasta gratificante (Boisclair-Papillon, 1991). En este caso en particular, la esposa de Miguel ha asumido con “tranquilidad” los cambios suscitados, sobre todo, en lo económico y el tener que asumir la jefatura del hogar. Considera que al casarse la responsabilidad económica es compartida y no recae sobre un miembro en particular. Este aspecto ha contenido el impacto negativo que suele tener en las familias los cambios en los roles y en las responsabilidades económicas.
Después de algún tiempo de ocurrido el accidente, cada miembro de la familia comienza a adaptarse ante la nueva situación y alcanza un nuevo equilibrio en su vida. Sin embargo, la adaptación dependerá de una serie de variables como la severidad del TCE y sus secuelas, de la recuperación y la independencia lograda por la persona afectada, así como de factores externos y ambientales (Acuña y Rodríguez, 2003).
Las secuelas que tras el TCE-M aun experimenta Miguel no han comprometido su independencia ya que se puede desenvolver con éxito a nivel social, e incluso, laboral y académico (con algunos apoyos). Esto ha contribuido en la calidad de la adaptación que en la actualidad experimenta la familia.
8.5 La Pareja
El impacto que a nivel de la relación de pareja puede tener el accidente y el TCE del conyugue es algo realmente difícil de afrontar. Los estudios concernientes a las relaciones conyugales enfrentadas a este tipo de situaciones, muestran que con el tiempo se van incrementando las tensiones en el ambiente familiar, dando lugar a sentimientos de depresión, soledad, aislamiento, perdida de contacto sexual (relacionados con la perdida de atracción y con los cambios de personalidad), así como cambios en los roles (Bigles, 1989; Peters & col., 1990).
Los efectos del TCE sobre la relación de pareja son más devastadores que cuando este se presenta en un hijo. Los conyugues están menos preparados para asumir las responsabilidades de atención y de cuidado que demanda el miembro de la pareja afectado que los mismos padres, quienes, en algún momento, ya realizaron esa tarea cuando su hijo era pequeño. Existe un alto porcentaje de divorcio tras un TCE en uno de los miembros de la pareja. Un estudio realizado por Tales & cols. (1989) indicó que a los seis años después del TCE el 63% de las parejas había roto su relación en casos de TCE moderado y grave. Esto se presentó debido a la prevalencia de los síntomas en la persona afectada.
Los casos en los cuales los conyugues ejercían una actividad y compartían las responsabilidades económicas, familiares y domésticas, las posibilidades de divorcio se reducen y el impacto en la familia y en el cambio de roles resulta menos drástico (Boisclair-Papillon, 1991). Aunque ya ha sido mencionado anteriormente, la posición asumida por la esposa de Miguel ha favorecido el proceso de adaptación de la familia ante los cambios suscitados en su dinámica, así mismo, en cuanto a su relación de pareja. Como se plantea en la cita anterior, el compartir las responsabilidades e, incluso, la misma profesión entre los conyugues, ha resultado un aspecto
positivo en tanto no ha permitido incrementar el nivel de tensiones que suelen aparecer dentro del hogar bajo estas circunstancias. Los cambios emocionales y de temperamento que ha experimentado Miguel y que suelen ser los más difíciles de asimilar por los familiares (Brooks, 1986) han sido aceptados por su esposa quien prefiere tomar distancia ante ellos. Esto ha evitado que se generen conflictos en la pareja y que contribuyan al deterioro de la relación.
El conocerse desde hace muchos años atrás y el haber estado juntos desde ese tiempo, ha sido un factor que ha contribuido de una manera positiva en la asimilación, aceptación y adaptación ante los cambios:
(5-6) “… nosotros hemos sido muy caseros, nosotros nos conocimos muy pequeños en el
colegio, nos graduamos juntos, en la universidad juntos. Entonces como que todo lo hemos
aprendido los dos, todo, todo, lo aprendimos los dos. Mis quince años fuimos los dos, la
salida del colegio fuimos los dos. Entonces, fue como muy a la par los dos. Cuando tuvimos
nuestra niña pues, fue una bendición de Dios, llegamos a la iglesia juntos, nos casamos por la
iglesia, juntos. Entonces siempre hemos ido como muy a la par, entonces no hay como eso que
diga: Ayy yo a penas me conozco y me tengo que adaptar a ti, no se ven tanto, como siempre
hemos compartido. Entonces no veo en sí cambios bruscos en él, no”.
Por otro lado, la convicción en que el matrimonio es una unión para toda la vida también ha contribuido a seguir estando juntos, a pesar de las situaciones adversas como el accidente:
(5-8) “Si, lo otro fue, algo que tu ni te imaginas, que despidas a una persona y en menos de
diez, quince minutos lleguen con la noticia, pero como así, yo lo acabe de despedir, ¿qué paso
aquí? Entonces uno como que llega y dice… en cualquier momento tú no sabes, te puedes ir, entonces, o sea, eso sí es duro, uno saber que, la persona te va a faltar, es duro porque uno
nunca se lo espera, tú te imaginas que te casas es para toda la vida y van a llegar viejitos los
dos. Y ese siempre ha sido nuestro plan, cuando nosotros nos decidimos casarnos dijimos,
hasta el final juntos, ya si algo pasa en el camino y por cosas del señor nos tenemos que
separar, listo.
Por eso uno siempre tiene que luchar por lo que uno se proyecta en un principio, por eso
cuando uno escoge la persona que va a estar con uno hasta el final, uno tiene que haber
mirado que es el perfecto o la perfecta, que te llena totalmente; no que es igual a ti, porque
eso nunca va a funcionar, es la persona que es tu complemento, es eso”.