2. ESTADO DEL ARTE SOBRE LOS MÉTODOS DE ANÁLISIS ESTRUCTURAL DE SECTORES
2.13. EVALUACIÓN DE PROYECTOS DE INVERSIÓN
2.13.4. Relación coste beneficio
La rentabilidad que se estime para cualquier proyecto dependerá de la magnitud de los beneficios netos que la empresa obtenga a cambio de la inversión realizada en su implementación, sean estos obtenidos mediante la agregación de ingresos o la creación de valor a los activos de la empresa, o mediante la reducción de costes (SAPAG, 2011).
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En términos generales, se considera variables que impactan positivamente en el resultado de una inversión a los ingresos pero que incrementan la riqueza del inversionista o la empresa (SAPAG, 2011).
En el primer caso, se encuentran los ingresos por la venta del producto o servicio que generará adicionalmente el proyecto como resultado de una mejora o ampliación; los ingresos por la venta de activos, particularmente cuando el proyecto involucra el reemplazo de alguno de ellos o su liberación por efecto de algún outsourcing, los ingresos por la venta de material de desecho reutilizable o subproductos; y los ahorros de costo que se asocian con la realización del proyecto que se evalúa (SAPAG, 2011). Todos ellos constituyen beneficios que aumentan la liquidez de la empresa y, por lo tanto, se incluyen dentro del concepto de ingresos (SAPAG, 2011).
En el segundo caso, se consideran los beneficios que no constituyen ingresos de caja; por ejemplo, el valor de desecho del proyecto al final del período de evaluación y la recuperación de la inversión en capital de trabajo (SAPAG, 2011). La empresa cuando hace una inversión, además de recibir el beneficio generado por la utilización de los activos comprados, tiene el beneficio de la propiedad de estos activos cualquiera que sea el momento en que se considere valorarlos (SAPAG, 2011).
Ingresos
La mayoría de inversiones que realiza la empresa se justifican por el incremento futuro de los beneficios monetarios (SAPAG, 2011). Si bien la teoría de la oferta y la demanda ha sido considerada como una de las más influyentes de la ciencia económica, desde el punto de vista de la administración, la maximización de los beneficios de la empresa busca quebrantar esa ley tan seguido como sea posible (SAPAG, 2011). Para escapar de la ley de la oferta y la demanda, las empresas intentan, mediante distintos proyectos, ganar las preferencias del consumidor por medio de una estrategia basada en la diferenciación del producto ofertado, para que sea percibido como deseable y, por lo tanto, se esté dispuesto a pagar por ello
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(SAPAG, 2011). Esto se logra mediante tres vías DE HOLAN (1999) citado por (SAPAG, 2011):
o Ofertar un producto que le parezca al consumidor tan distinto de las otras
opciones que no sea posible comparación alguna DE HOLAN (1999) citado por (SAPAG, 2011):.
o Ofertar un producto que, aunque sea percibido como similar, haga al
consumidor estimar que posee características adicionales a las de la mejor opción DE HOLAN (1999) citado por (SAPAG, 2011):.
o Ofertar un producto percibido como similar, pero a un precio inferior DE
HOLAN (1999) citado por (SAPAG, 2011):.
En todos estos casos, los clientes podrían pagar por una diferencia que valorizan (SAPAG, 2011). Para alcanzar una ventaja competitiva, la empresa
debe obtener primero –y mantener después– las preferencias del cliente, lo
que logra mediante el aumento de la apreciación del valor del producto (o la disminución de la apreciación del costo) respecto del precio por parte del consumidor (SAPAG, 2011).
Los ingresos del proyecto hacen aumentar las utilidades contables de la empresa y, en consecuencia, deben ir antes de impuestos en el flujo de caja (SAPAG, 2011).
Al fijar el precio que determinará el volumen de demanda y, en consecuencia, el ingreso futuro, se deberá responder previamente a una serie de interrogantes, entre las que se pueden mencionar la preferencia de obtener un incremento en los beneficios en el corto plazo a cambio de atraer demanda o generar mayores niveles de consumo; la definición de un producto para el largo plazo donde debe incorporarse un precio que cubra los costes totales, incluyendo los asignados; o si se definirá un precio que cubra los costes marginales ocasionados por el nuevo proyecto (SAPAG, 2011). En definitiva, se deberá definir un precio que maximice las diferencias entre ingresos y costes totales o donde, el ingreso marginal sea igual al coste marginal (SAPAG, 2011). Sobre este nivel todavía podrán obtenerse beneficios,
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aunque menores (SAPAG, 2011). Una opción aquí se elegirá cuando se desee crear barreras a la incorporación de nuevos competidores mientras se consolida el nuevo proyecto (SAPAG, 2011).
Cuando la demanda esperada para el bien que ofrecerá la empresa es confiable, se puede recurrir al análisis de equilibrio para determinar el precio mínimo al que tendría que venderse el producto para que el proyecto sea aprobado (SAPAG, 2011).
Costes
Están determinados por todas las salidas de efectivo correspondientes a la ejecución del proyecto, y en general estas ocurren como costes fijos o costes variables (SAPAG, 2011). Siendo que los costes fijos son aquellos que ocurren de todas maneras en un periodo determinado se produzca o no se produzca y los costes variables aquellos que dependen de los volúmenes de producción (SAPAG, 2011).
Margen de contribución
Resulta ser la diferencia entre el precio y los costes variables unitarios y que se define como la parte del precio que ayuda a solventar los costes fijos y a generar beneficio (SAPAG, 2011).
El conocimiento del margen de contribución al beneficio permite determinar los efectos que se generarán por incrementos posibles a obtener en la cifra de ventas (DE VELASCO, 1995).
Dado que en el punto muerto el beneficio es cero e ingresos totales y costes totales tienen el mismo valor se puede calcular:
74 * I CF CVu Q De donde p*Q=CF + CVu*Q p*Q - CVu*Q=CF Q(p - CVu)=CF CF Q= p CVu
Que es la expresión de la cantidad a fabricar y vender en el punto muerto, para un precio determinado (DE VELASCO, 1995).
Este análisis permite evaluar en un proyecto la cantidad de bienes o servicios a vender en un período dado a un precio determinado para no incurrir en pérdidas. Cualquier cantidad por encima del punto muerto indicará utilidades, por lo que será necesario afinar las estimaciones de demanda en el correspondiente estudio de mercado para establecer si existe la posibilidad de volúmenes mayores al de punto muerto para de esta manera obtener beneficios (DE VELASCO, 1995). Este se convierte en un método de evaluación sencillo pero tiene la limitación de que solo analiza la posibilidad de superación del punto muerto con la demanda estimada en un determinado proyecto (DE VELASCO, 1995).