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EN RELACIÓN A LA MATERIALIDAD  PUNTOS DE DIFRACCIÓN

 Puntos de incompatibilidad

Un grupo de activistas ambientales de Canadá destaca así el peligro fundamental de aceptar el discurso del desarrollo sostenible:

La creencia genuina de que el Informe Bruntland constituye un grave avance para el movimiento ambiental/verde... equivale a una lectura selectiva, en la cual los datos relativos a degradación ambiental y pobreza se enfatizan, mientras que la orientación del informe hacia los "recursos" y el crecimiento se ignora o minimiza. Este punto de vista sugiere que dado el respaldo del Informe Bruntland al desarrollo sostenible, los ambientalistas pueden señalar ahora cualquier atrocidad ambiental particular y decir: "Esto no es desarrollo sostenible". Sin embargo, con ello los ambientalistas están aceptando el "desarrollo" como marco para la discusión (Green Web, 1989: 6).

Convertirse en nuevo cliente del aparato del desarrollo trae más implicaciones de lo que parece: sustenta y contribuye a la difusión de la visión económica dominante. Esta sustentación se basa en la inscripción de lo económico en lo ecológico, inscripción que toma lugar a través del análisis de ecosistemas y ecodesarrollo. Estas perspectivas aceptan como un hecho la escasez de los recursos naturales, lo que lleva a sus defensores a resaltar la necesidad de encontrar formas más eficientes de utilizar los recursos sin amenazar la supervivencia de la naturaleza y de la gente. Como lo dice francamente el Informe Bruntland, se trata de encontrar los medios para "producir más a partir de menos" (World Commission on Environment and Development, 1987: 15). La Comisión no se halla sola en este esfuerzo. Año tras año, el World Watch Institute reafirma este esfuerzo en su informe State of the World, una de las principales fuentes de consulta para quienes trabajan en ecodesarrollo. La ecología, como lo dice perspicazmente Wolfgang Sachs (1988) acerca de los informes que hemos mencionado, queda reducida a una forma superior de eficiencia. En contraste con el discurso de los años setenta centrado en los "límites del crecimiento", el discurso de los años ochenta se centra en el "crecimiento de los límites" (Sachs, 1988).

Los ecologistas liberales y ecodesarrollistas no parecen percibir el carácter cultural de la comercialización de la naturaleza y la vida inherente a la economía occidental, ni toman con seriedad los límites culturales que muchas sociedades han puesto a la producción indiscriminada. Entonces no resulta sorprendente, que sus políticas se limiten a la promoción de la administración "racional" de recursos. En la medida en que los ambientalistas acepten dichos supuestos, también aceptarán los imperativos de la acumulación del capital, el crecimiento material, y la disciplina del trabajo humano y la

 Puntos de incompatibilidad

(Continuación pág. anterior)

naturaleza. La reconciliación epistemológica y política de la economía y la ecología propuesta por el desarrollo sostenible intenta crear la impresión de que solo se necesitan pequeños ajustes al sistema de mercado para iniciar una era de desarrollo ambientalmente benigno, escondiendo el hecho de que la ciencia económica por sí misma no puede aspirar a dar cabida a las consideraciones ambientales sin antes realizar reformas sustanciales en su marco teórico. El individualismo metodológico de la economía, por ejemplo, dificulta en gran medida el planteamiento de interrogantes de equidad intergeneracional (Norgaard, 1991a), y su monismo discursivo impide un diálogo significativo entre las disciplinas que componen las ciencias ambientales, particularmente la ecología (Norgaard 1991b). De igual modo, las críticas internas de la economía sugieren a menudo que la cura para la falla del mercado es lograr más y mejores mercados (privatización), o que la cura para las externalidades, los rendimientos crecientes a escala o la competencia imperfecta que causan las fallas de mercado es imitar los resultados del mercado: corregir los precios, reformar los análisis de costo-beneficio, y cosas por el estilo (Marglin, 1991).

Además, al racionalizar la defensa de la naturaleza en términos económicos, los economistas verdes continúan esparciendo la sombra que la economía proyecta sobre la vida y la historia. Estos economistas "hacen algo más que simplemente proponer nuevas estrategias; también le dicen a la gente cómo ver el mundo, la sociedad y sus propias acciones... Promueven la sostenibilidad de la naturaleza y erosionan la sostenibilidad de la cultura" (Sachs, 1988: 39). ………

Este efecto es más claro en el enfoque del Banco Mundial sobre el desarrollo sostenible, basado en la creencia, como lo dijera brevemente su presidente poco después de la publicación del Informe Bruntland, de que "una sana ecología es buena economía" (Conable, 1987: 6). El establecimiento en 1987 de un Departamento Ambiental de alto nivel y del Global Environment Facility (GEF) (léase la Tierra como un mercado/compañía de servicios gigantesca bajo el control del Grupo de los Siete y el Banco Mundial) creado en 1992, reforzó la actitud administrativa hacia la naturaleza. "La planeación ambiental", decía Conable en el mismo discurso, "puede sacar el máximo de los recursos naturales para que la inventiva humana pueda sacar el máximo del futuro". De acuerdo con la orientación neoliberal de los ochenta, al mercado le reserva un rol central. Como lo expresara un economista de Harvard en la Conferencia anual del Banco Mundial en 1991 sobre economía del desarrollo:

La capitalización de la naturaleza: dos formas de capital ecológico: En un artículo reciente, Martin O'Connor (1993) sugiere que el capital está sufriendo un cambio significativo en su forma y está entrando en una fase ecológica. La naturaleza ya no se define ni se trata como propiedad exógena explotable. Mediante un nuevo proceso de privatización, resultado en primer lugar de un cambio en la representación, aspectos antes no capitalizados de la naturaleza y la sociedad se vuelven, en sí mismos, inherentes al capital. Se convierten en stocks de capital. "Igualmente, la dinámica primaria del capitalismo cambia de forma, de la acumulación y crecimiento con base en un dominio externo a un manejo y conservación aparente del sistema

de naturaleza capitalizada cerrado sobre sí mismo" (M. O'Connor, 1993: 8). Esta nueva forma supone una conquista

semiótica y una incorporación de la naturaleza como capital aún más penetrantes, a pesar de clamar por el uso sostenible de sus recursos, y aparece cuando se cuestiona la apropiación brutal, especialmente por parte de los movimientos sociales.

La forma moderna del capital, la forma convencional y descarnada de apropiarse de los recursos y explotarlos como materia prima, se acompaña ahora, y se reemplaza potencialmente por esta segunda forma posmoderna y "ecológica". Esta sección desarrolla los siguientes argumentos, basados en las dos formas de capital en su fase ecológica: (a) Ambas formas, la moderna y la posmoderna, son necesarias para el capital, dadas las condiciones mundiales a finales de siglo; (b) Ambas formas exigen articulaciones discursivas complejas que las hagan posibles y legítimas; (c) Ambas formas asumen características diferentes pero cada vez más entremezcladas en el Primer y el Tercer Mundo, y que deben estudiarse simultáneamente, (d) Los movimientos sociales y las comunidades encaran cada vez con mayor frecuencia la doble tarea de

las incursiones de las nuevas formas de capital en el tejido de la naturaleza y la cultura.

 Puntos de enganche en una

sistematización

La tarea de articular otras estrategias productivas -autónomas, culturalmente cimentadas y democráticas- es difícil. En el planeta no hay claridad sobre su naturaleza, aunque se han planteado algunos principios generales. Para Leff, "No existe todavía una teoría suficientemente elaborada del desarrollo sostenible basada en una racionalidad ecológica" (1992: 62). Como vimos, el discurso liberal del desarrollo sostenible se basa, de una parte, en una racionalidad economicista y no ecológica. De otra parte, el ecosocialismo no ha incorporado a la cultura como instancia mediadora entre lo social y lo ecológico. La propuesta de Leff apunta hacia una integración de lo ecológico, lo tecnológico y lo cultural, en lo que él denomina una racionalidad productiva alternativa. Para Leff, toda cultura incluye un principio de productividad, base de un paradigma de producción que, en el caso de muchos grupos étnicos, "no es economicista pero pertenece a la economía política" (1993: 50). El medio ambiente debe verse entonces como la articulación de procesos culturales, ecológicos, económicos y tecnológicos que deben entrelazarse para generar un sistema de producción sostenido y equilibrado.