5. Discusión
5.6. Relación del estudio nutricional y las variables geriátricas
5.6.1. Relación del estado nutricional (MNA) y las variables geriátricas
muestra en las Tablas 55-56 y el estudio de correlaciones entre la puntuación del MNA y las variables geriátricas estudiadas se muestra en la Tabla 57.
Al comparar las variables geriátricas en función del MNA se observa que aunque el número de ingresos hospitalarios aumenta al empeorar el estado nutricional no llega a ser estadísticamente significativo (Tabla 55). Esta situación también se observó en un trabajo en el que se estudiaban los factores asociados al riesgo nutricional en adultos valencianos mayores de 65 años autónomos no institucionalizados que incluía ancianos mayores de 80 años (Montejano y col., 2014).
En los mayores Villanueva se detecta un empeoramiento de la situación funcional al empeorar el estado nutricional evaluado mediante el MNA tanto para las actividades básicas de la vida diaria evaluada mediante el índice de Barthel (p=0,000) como para las actividades instrumentales de la vida diaria evaluadas mediante el índice Lawton y
Brody (p=0,000) (Tabla 55). Los ancianos considerados desnutridos (MNA<17) presentaron valores medios que indican dependencia severa para las actividades básicas de la vida diaria y dependencia moderada para las actividades instrumentales de la vida diaria (Tabla 55). En el estudio de asociaciones se ha observado una correlación moderada y altamente significativa entre el MNA y las variables que estudian la dependencia, el índice de Barthel (rho: 0,564; p=0,000) y el índice de Lawton y Brody (rho: 0,578; p=0,000). La asociación entre la dependencia en las actividades instrumentales de la vida diaria y el riesgo de desnutrición también fue observada en un estudio de ancianos fineses no institucionalizados mayores de 75 años a los que se les realizó las mismas pruebas (MNA, índice de Barthel e índice de Lawton y Brody) pero en el cuál no detectaron ninguna asociación entre el índice de Barthel y el MNA (Nykänen y col., 2012).
Por otro lado, en nuestro estudio también se detecta que al empeorar el estado nutricional evaluado mediante el MNA la probabilidad de deterioro cognitivo valorado con el test de Pfeiffer (p=0,000) y los signos de depresión valorados mediante el GDS- 5 (p=0,001) aumentan de forma significativa (Tabla 55). Además, se ha encontrado una correlación moderada y altamente significativa entre el MNA y el cuestionario de Pfeiffer (rho: -0,553; p=0,000), y entre el MNA y el GDS-5 (rho: -0,430; p=0,000), indicando que un peor estado nutricional se asocia con la presencia de deterioro cognitivo y de signos de depresión. Estas dos asociaciones, utilizando las mismas pruebas, también se han observado en un estudio realizado en ancianos mejicanos (≥60 años) de vida independiente (Rodríguez-Tadeo y col., 2012). La relación entre el estado nutricional (MNA) y la depresión ha sido estudiada también en otros trabajos pero estos utilizan otros test diferentes para valorar la depresión (Kronfly y col., 2015; Iizaka y col., 2008).
En un estudio con los datos de mayores que habían participado en las tres etapas del estudio SENECA observaron que una disminución de la capacidad cognitiva y funcional está asociada con el aumento del riesgo de malnutrición y concluían que las personas mayores con la capacidad cognitiva deteriorada y la capacidad de cuidado personal reducida tienen más del doble de posibilidades de presentar riesgo de desnutrición que los mayores sin esas limitaciones (Pearson y col., 2001). La asociación entre el estado nutricional (MNA) y el deterioro cognitivo y la capacidad funcional, valorados de diferentes maneras, ha sido observada en muchos estudios (Nykänen y col., 2013; Rodríguez-Tadeo y col., 2012; Saka y col., 2010; van Bokhorst- de van der Schueren y col., 2013).
En cuanto a los síndromes geriátricos, al comparar la presencia o no de síndromes geriátricos en función del estado nutricional según el MNA no se observa un aumento
de los mismos al empeorar el estado nutricional (Tabla 56). Sólo se observan diferencias significativas en el porcentaje de haber sufrido o no caídas en los seis meses previos a la entrevista entre los ancianos con estado nutricional normal (17,7%) y aquellos en riesgo de desnutrición (48,5%; p<0,01) (Tabla 56). La ocurrencia de caídas previas también se asoció con el MNA en un estudio realizado en ancianos turcos no institucionalizados (≥ 65 años con subgrupo ≥ 85 años) donde además se observaron otras asociaciones del MNA con varios síndromes geriátricos (incontinencia fecal, insomnio, etc.) (Saka y col., 2010). Las posibles asociaciones entre el estado nutricional, evaluado mediante el MNA y los síndromes geriátricos han sido estudiadas anteriormente (Johnson 2003; Koren-Hakim y col., 2012; Saka y col., 2010). En nuestro estudio, se han encontrado correlaciones relativamente débiles pero altamente significativas entre el MNA y las variables que evalúan alguno de los síndromes geriátricos: el índice de Charlson (rho:-0,259; p=0,010), el test TUG (rho: - 0,313; p=0,007) y la velocidad de la marcha (rho: 0,253; p=0,031) sin que se haya detectado asociación con la intensidad del dolor valorada utilizando la escala EVA dolor (Tabla 57). La comorbilidad medida mediante el índice de Charlson presentó diferencias significativas según el estado nutricional valorado mediante el MNA (p=0,006) indicando el valor medio baja comorbilidad para los ancianos desnutridos y sin riesgo de
concurrencia
para los que están en riesgo de desnutrición o en estado normal de nutrición (Tabla 55). En el estudio de Saka y col. (2010), concluían que los ancianos que presentaban tres o más enfermedades crónicas eran más propensos a tener menor puntuación en el MNA (Saka y col., 2010) y en el estudio de Montejano y col. (2004) se observó una asociación significativa entre el riesgo de desnutrición y el número de enfermedades crónicas diagnosticadas (Montejano y col., 2014). Estar en riesgo de desnutrición, medido mediante el MNA, está asociado con una mayor frecuencia de caídas y discapacidad en la movilidad en las personas mayores. Aunque el test “up and go cronometrado” y la velocidad de la marcha no presentan diferencias significativas entre los diferentes estados nutricionales, los ancianos en riesgo de desnutrición tienen más dificultades de movilidad (Tabla 55). En estas dos pruebas hay que tener en cuenta que sólo un anciano considerado desnutrido por el MNA pudo realizarlas ya que los otros seis presentaban problemas muy serios de movilidad. Varios estudios de diferentes países han encontrado una fuerte asociación entre la movilidad, evaluada mediante el test TUG y el estado nutricional, valorado mediante el MNA (Pondal y col., 2008; Romero-Ortuno y col., 2011; Vivanti y col., 2011). Por otro lado, también se ha observado la relación entre la velocidad de la marcha y el MNA (Bollwein y col., 2013; Chevalier y col., 2008).La calidad de vida relacionada con la salud de los ancianos estudiados valorada mediante el índice EQ-5D y la escala EQ-5Dvas empeora al empeorar el estado
nutricional valorado mediante el MNA (EQ-5Díndice: p=0,000 y EQ-5Dvas: p=0,002)
(Tabla 55). Sobre la relación entre el estado nutricional y la CVRS, existen resultados contradictorios. Por un lado, estudios previos indican que existe una relación significativa entre el riesgo de desnutrición y la CVRS (Alfonso-Rosa y col., 2013; Eriksson y col., 2005; Ferrer y col., 2010; Gombos y col., 2008; Keller y col., 2004; Kvamme y col., 2011; Méndez y col., 2013; Rasheed y Woods, 2014) mientras que otros estudios sugieren que la situación de desnutrición no es un determinante importante sobre el bienestar de las personas mayores (Hickson y col., 2004; Kostka y col., 2007). En esos estudios no siempre se utiliza el MNA para valorar el estado nutricional sino que también son utilizadas como variables nutricionales algunas medias antropométricas o la presencia de apetito. En nuestro estudio, se observó que estar en riesgo de desnutrición, medido mediante el MNA, está asociado con una peor calidad de vida relacionada con la salud evaluada con el EuroQoL-5D (rho: 0,572; p=0,000 EQ-5Díndice y rho: 0,342; p=0,002 EQ-5Dvas) (Tabla 57) (Jiménez-Redondo y
col., 2014).
5.6.2. Relación de la distribución de la energía a lo largo del día y las