El proyecto de realización de una vida personal que se entiende con y para otros permanece en el terreno de lo optativo y queda circunscrito, en el plano concreto de la acción, a las relaciones con los cercanos, a las relaciones de amistad. Este tipo de relación estará caracterizada por la solicitud, que para Ricceur no puede vivirse sin pensar en la estima de sí y en la reciprocidad, pues "el sí implica ya lo otro", dice el filósofo. Con la expresión tú también, el autor hace referencia a esta implicación:
.. .tú también eres un ser con iniciativa y elección, capaz de actuar por razones, de jerarquizar fines; y al estimar buenos los objetos de tu búsqueda, eres capaz de estimarte a ti mismo. El otro es, de este modo, el que puede decirlo como yo mismo lo hago y, como tal, tenerse por un agente, autor y responsable de sus actos. (2003, p. 243).
En la relación de solicitud, el tú y el yo se relacionan de manera espontánea, en términos de mutuo reconocimiento y de reciprocidad. Tal es el caso de la amistad. La acción ética que se dirige hacia el bien del amigo es una acción que nace de la iniciativa del sí, pero que regresa hacia el propio agente, tanto en términos de la estima de sí que se refuerza por medio de la acción buena, como por la gratitud o reconocimiento que en reciprocidad le expresa el amigo. Además, el mantenimiento de una relación de amistad en la que la solicitud es un comportamiento natural y espontáneo, se convierte en evidencia palpable de un muto aprecio y reconocimiento que nutre y alimenta la estima de sí, si bien como resultado y no como propósito.
Ahora bien, el vínculo de la solicitud yo-tú parece darse al margen de un tercer elemento igualmente importante en el marco de la acción humana: el uno impersonal, es decir, el "todos los demás", representado en la tercera persona gramatical del plural. Desde el punto de vista empírico, no se puede tener una actitud solícita hacia todos los seres humanos. No es posible expresar relaciones de solicitud con quienes quedan fuera de la posibilidad concreta del encuentro cara a cara. Y sin embargo "están ahí". Por otro lado el vínculo amistoso y la relación de solicitud que en dicho vínculo se expresa perderían todo sentido si colocáramos bajo la misma definición de amistad cualquier tipo de relación posible entre las personas.
Lo anterior no implica, sin embargo, que un tercero ubicado fuera de la relación de amistad, carezca de importancia. La noción de instituciones justas en la fórmula del ethos hace entrar en escena al otro que no es el tú. Un otro con quien no se tiene una relación directa o cercana, pero que igualmente forma parte de la estima de sí. La estima de sí como movimiento de iniciativa personal, habrá de considerar
entonces el marco más amplio del universo de relaciones posibles, de modo que las decisiones personales no bloqueen los proyectos de vida, o momentos ideológicos, de todos los demás. Por otra parte, el tercer elemento de la fórmula del ethos, las instituciones justas, requiere del principio deontológico para evitar el riesgo de la exclusión. Igualmente importante resulta este principio para enmarcar y posibilitar las relaciones de solicitud que el momento teleológico define. La observancia de la norma, y el respeto al otro, serán las condiciones que definan la relación con el tercero. La aproximación a la relación con el tercero será en términos de justicia, y no en términos de amistad; en términos de respeto, y no de solicitud.
La línea argumentativa para afirmar que la relación de solicitud hacia los amigos no podría extrapolarse hacia todos los que no lo son, expondría que la cualidad de la relación amistosa se vería seriamente comprometida si diéramos el mismo trato a cualquiera sin distinción: el mismo argumento que diera Freud (2003), refiriéndose a la relación amorosa para afirmar que no se puede amar a los extraños sin cometer traición contra aquellos a quienes se dice amar.
En El Malestar en la cultura, el fundador del psicoanálisis hace una exploración sobre el amor en la cual niega la posibilidad de que se pueda sentir la misma fuerza de atracción y afecto hacia los cercanos que hacia los extraños: "Un amor que no discrimina, dice Freud, pierde a nuestros ojos buena parte de su valor, pues comete una injusticia frente al objeto" (2003, p.47). En el mismo sentido se puede afirmar que una relación de solicitud dirigida hacia todos los extraños —si esto fuera empíricamente posible—, acabaría convirtiéndose en una relación injusta para con los amigos. Y viceversa, considerar que la amistad ha de regularse por las reglas
Capítulo 2
Conceptualización del sujeto relaciona!
En el capítulo anterior se discutió la relación ética desde la perspectiva de tres aproximaciones diferentes. También se presentó la noción de responsividad en el marco del giro relacional. Si la discusión acerca de la cualidad del vínculo constituyó el punto de partida, ahora se profundizará en la conceptualización de sujeto ético que subyace en cada uno de los planteamientos abordados, con el fin de identificar y precisar algunas de las cualidades del sujeto relacional según lo propone cada perspectiva. Posteriormente se analizará en qué medida dichas cualidades pueden respaldar la conceptualización de sujeto ético como ser responsivo.
En este trabajo se plantea la noción de responsividad como un tipo de respuesta ética que suscribe, de manera articulada, ciertos rasgos del cuidado ético, de la responsabilidad levinasiana, y de la definición del ethos ricoeuriano. La responsividad se pretende formular como punto de encuentro de estas tres aproximaciones, determinando lo que se incorpora de cada una de ellas, resolviendo aquellas cuestiones de elementos que podrían entrar en contradicción, y matizando o especificando la interpretación particular que se asume de cada aproximación, desde la perspectiva de este trabajo.
Por ejemplo, la responsividad se plantea como un tipo especial de cuidado que no necesariamente ha de estar supeditado a la condición de reciprocidad. Este matiz se vuelve necesario en orden a suscribir la idea de total apertura y sujeción a la alteridad de la perspectiva levinasiana. Por otro lado se establece que la responsividad no sólo reconocerá la diferencia del otro, sino que también habrá de
expresarse como solicitud, como deferencia . La solicitud, por su parte implica una actitud para ir más allá de lo que la norma establece como responsabilidad, apoyando la idea de responsvidad y así sucesivamente.
En la medida en que se va perfilando con mayor claridad la noción de responsividad, se precisa, asimismo, abordar la cuestión del sujeto que sea capaz de desplegarse como ser responsivo. Es preciso cuidar que esta determinación del sujeto —como ser responsivo— no entre en contradicción con las conceptualizaciones de sujeto ético que sostienen las diversas aproximaciones abordadas en este trabajo. En este apartado se examinan, una a una, las conceptualizaciones de sujeto relacional de los tres autores para arribar, como cierre del capítulo, a una discusión donde se establecen las precisiones pertinentes respecto de la dimensión responsiva del quien de la ética.