En primer lugar podemos establecer una relación de semejanza o afinidad entre las filosofías de Platón y Parménides. Los dos autores hablan de dos niveles en la realidad (dualismo ontológico): Para Parménides el Ser y el No Ser y para Platón el mundo de lo inteligible y el mundo de lo sensible. El autor de la República atribuye a las Ideas las características del Ser de Parménides: es inmaterial, inmutable, indivisible y eterno; mientras que a los objetos sensibles les atribuye el movimiento constante según había expuesto Heráclito. Ambos autores, Platón y Parménides, también coinciden en la distinción de dos tipos de conocimiento: el conocimiento racional y el conocimiento sensible. Como el alma o inteligencia es la parte más importante del hombre y es el órgano de conocimiento que nos permite conocer la realidad superior, el conocimiento racional es, por tanto, superior al sensible. Tanto Parménides como Platón son, pues, racionalistas por lo que desconfían de los sentidos. El filósofo ateniense insistirá en la superioridad de las Ideas a la realidad constituida por lo sensible.
En el origen de la teoría platónica de las Ideas se encuentra el intento de Sócrates por alcanzar definiciones universales de los valores éticos, aunque Sócrates no fue tan lejos como su discípulo y amigo ya que para Sócrates las definiciones universales no constituían un mundo separado mientras que para Platón las Ideas son subsistentes, es decir, constituyen una realidad separada. Aristóteles, alumno aventajado de Platón, emprenderá la crítica de la teoría de las Ideas. Para el Estagirita la esencia o sustancia de las cosas no puede estar separada de ellas sino que debe estar en las cosas mismas. Aristóteles afirmará, mediante su teoría hilemórfica, que la forma o sustancia constituye un todo inseparable con la materia y que sólo mediante la abstracción, que es una operación del entendimiento, podemos separarlas.
El cristianismo supondría una vuelta al platonismo en cuanto a la concepción dualista que defiende de lo real y del hombre. La teología cristiana sostiene que existe una realidad trascendente superior al mundo terrenal que es mero lugar de paso. Esta realidad trascendente se caracteriza por ser eterna e inmaterial, mientras que lo terrenal es corpóreo, material. Asimismo la antropología cristiana se inspira en el dualismo platónico: el ser humano es un alma racional inmortal que se sirve de un cuerpo mortal y terreno.
Más tarde, ya en la modernidad, es el empirismo el que adopta una actitud muy crítica con esta visión platónica de la realidad. El empirismo
supone la reivindicación del conocimiento sensible que el racionalismo platónico había devaluado, pero los ataques más virulentos contra el platonismo vendrán de la mano de Nietzsche. Nietzsche considera que la decadencia de Occidente comienza con Sócrates y Platón. Sócrates y después Platón, inventan un mundo racional y desvalorizan lo opuesto a ese mundo racional, el que se ofrece a los sentidos, el mundo del devenir. Para el filósofo alemán, el cristianismo es totalmente fiel a la filosofía platónica ("platonismo para el pueblo", dice, filosofía platónica expresada en términos sencillos y accesibles a todo el mundo). Con el cristianismo las ideas que antes estaban presentes en un reducido número de personas, los filósofos, se extienden a todos los hombres. El dualismo ontológico, el dualismo antropológico pasan a ser de dominio público. El mundo inteligible de Platón pasa a ser lo Infinito o mundo divino, e1 mundo sensible el mundo terrenal, el alma se opone al cuerpo. Distintas palabras para, en el fondo, las mismas ideas. Nietzsche proclama la muerte de Dios, es decir, el fin de todos los trasmundos y reivindica lo terrenal. En definitiva, el supremo error de la tradición filosófica occidental iniciada con Sócrates y Platón es haber admitido un mundo “verdadero” frente a un mundo “aparente”, cuando sólo éste último es el real.
En la actualidad la filosofía ha asumido la “muerte de Dios” y, por influencia del neopositivismo y otras corrientes de pensamiento, la filosofía occidental es fundamentalmente antimetafísica, es decir, la filosofía
contemporánea ha renunciado a toda forma de más allá o trasmundo y proclama de la mano de Nietzsche la desaparición de todos los ídolos de la metafísica tradicional. Esta renuncia a cualquier ideal ha supuesto una pérdida de sentido que es una característica del pensamiento posmoderno actual.
Vamos a analizar un fragmento de la obra de Platón y según su contenido podemos hacer una comparación más exhaustiva de su pensamiento en relación con el de los filósofos anteriormente citados, y con alguno más.
//Por cierto que no, pero también tú puedes preguntar. Por lo demás me has oído hablar de eso no pocas veces; y ahora, o bien no recuerdas, o bien te propones plantear cuestiones para perturbarme. Es esto más bien lo que creo, porque con frecuencia me has escuchado decir que la Idea de Bien es el objeto de estudio supremo//. A partir de la cual las cosas justas y todas las demás se vuelven útiles y valiosas//. Y bien sabes que, si no lo conocemos, por más que conociéramos todas las demás cosas, sin aquello nada nos sería de valor, así como si poseemos algo sin el Bien. ¿O crees que da ventaja poseer cualquier cosa si no es buena , y comprender todas las demás cosas sin el Bien y sin comprender nada bello y bueno?//
Relación con los presocráticos
La originalidad de los primeros filósofos griegos radica en buscar el arjé o principio de las cosas en la naturaleza, no en la voluntad de un ser divino. De los pensadores que le precedieron, Platón acepta la división que Parménides hace de la experiencia: el camino de los sentidos fuente de opinión (doxa) y el camino de la razón, vía de la ciencia (episteme). Contra Heráclito argumenta que si no existe algo permanente no se puede explicar el ser de las cosas. De Heráclito asume también la dialéctica como método que nos ayuda a leer y comprender la realidad. De los pluralistas toma Platón el elemento ordenador (Nous) presente en la doctrina de Anaxágoras, pero rechaza la teoría del caos y el azar presente en el atomismo de Demócrito. Parece también muy vinculado con el pitagorismo, tras sus viajes a Italia. Por ejemplo, el mundo de las ideas participa de la estructura organizativa y modélica que Pitágoras otorga a los números.
Relación con los Sofistas
Se puede decir que los sofistas y Platón pertenecen a mundos antagónicos: si Platón es un representante de la vieja aristocracia, los sofistas representan un cambio de orientación “burguesa”, valga la expresión. Veámoslo en los siguientes aspectos:
Las enseñanzas de los sofistas proporcionaban los saberes necesarios (retórica, legislación, oratoria, argumentación...) para lograr el éxito social hasta entonces reservado a la élite . Es decir, ponen la educación al alcance de todos.
Frente a la vieja doctrina de Platón de las cualidades innatas, los sofistas enseñan que la virtud puede ser enseñada. El énfasis está ahora en lo conquistado por uno mismo y no en lo heredado.
Platón, en cambio, nos habla de diferencias irreductibles de nacimiento que deben ser detectadas por la educación (entendida como selección) para darles la instrucción en cada caso apropiada, ocupando así el lugar social que les corresponde: guardián guerrero o artesano.
Los sofistas constituyen la “primera clase intelectual” en la historia, sin servilismo a la religión o a la política partidista. La mayoría de ellos son extranjeros que vienen atraídos por el esplendor de Atenas. Son, pues, unos “rebeldes” que no dejan nada sin cuestionar (de ahí su actitud irreverente hacia la religión). Platón por el contrario, pertenece a la clase alta y está comprometido en la defensa de los valores tradicionales.
En el ámbito jurídico-moral, los sofistas defienden su teoría de la convencionalidad (las normas jurídicas y morales como fruto del acuerdo humano.). La concepción platónica, en cambio, la justicia y el bien son realidades absolutas.
Las coordenadas generales del movimiento sofístico (subjetivismo, relativismo, escepticismo) se oponen completamente a las de Platón (objetivismo, absolutismo, dogmatismo.).
Las consecuencias en el plano político son diametralmente opuestas: los sofistas favorecen la democratización (si no hay verdad absoluta, hemos de consensuar entre todos las normas por la que regirnos, liberados totalmente de la tradición u otras imposiciones) así como la tolerancia, el pluralismo ideológico, una ética autónoma y una concepción moderna del derecho, mientras que las ideas platónicas reman a favor de gobiernos elitistas (si existe una verdad absoluta a la que sólo acceden unos elegidos, son éstos los que deben gobernar con independencia de lo que opine el pueblo).
En este sentido llama la atención la continua presencia de la jerarquización en la filosofía de Platón. Los tipos de almas, las clases sociales, la educación, las formas de gobierno, el conocimiento, la realidad,
el Bien... todo en él está vertebrado a partir del rango y la subordinación. ¿Se trata de una traslación a un `plano conceptual de sus aspiraciones aristocráticas? ¿podría ser su teoría de las Ideas , en tanto que guías absolutas del hacer y del conocer, una reacción radical contra el convencionalismo sofístico, el pragmatismo y el igualitarismo? Exista o no motivación política, es indudable la unión que se da en Platón entre metafísica, política, ética, antropología y epistemología sobre la base de la teoría de las Ideas.
Con Sócrates
Pero el influjo más cercano le viene de su maestro Sócrates y de los sofistas, que son sus contemporáneos. Todos ellos son personajes centrales en los Diálogos platónicos. De Sócrates aprende la necesidad de definir los conceptos y su intelectualismo moral. Con los sofistas comparte la idea de la necesidad de la educación para hacer de los hombres buenos ciudadanos, pero la contraposición con los sofistas se pone de manifiesto en la forma de entender la educación: no se trata de introducir conocimientos en la mente del estudiante, sino en enseñar a mirar hacia donde merece la pena mirar.
Con Aristóteles
Si el tema es la teoría de las ideas. Ontología. La dialéctica.
Como ya se sabe, Platón piensa que todo lo que existe puede dividirse en dos ámbitos.
El primero es el mundo inteligible, inmutable y eterno que es el mundo de las ideas, de la verdadera ciencia y es el verdadero conocimiento científico.
El segundo es el mundo sensible, mundo del cambio, el mundo de las cosas transmitidas por los sentidos, conocimiento aproximado, que se fundamenta en la apariencia.
Por el contrario, frente a Platón, Aristóteles no cree en la existencia de las ideas separadas de las cosas, ni en la división entre el mundo sensible y el mundo inteligible.
Aristóteles cree que esas ideas se encuentran integradas en las cosas. (con su misma esencia, por así decir) y que el mundo inteligible se encuentra integrado en el mundo sensible.
Sustituye las ideas platónicas por la noción metafísica de forma, principio activo, que uniéndose a la materia, elemento pasivo e indeterminado, da lugar a la constitución de un ser o de una sustancia concreta. Se conoce esta teoría como "doctrina hilemórfica".
Para Aristóteles, la tarea del filósofo será captar la universalidad de la esencia en los fenómenos particulares, en el mundo de la sensibilidad.
Si el tema es la EPISTEMOLOGÍA. La Dialéctica, la Educación
Aristóteles nunca desprecia el valor de los sentidos y de la sensación como hizo Platón.
Así como para Platón, el conocimiento verdadero suponía elevarse desde el mundo sensible al mundo de las ideas, Aristóteles piensa que todo conocimiento debe partir de la sensación: sin sensación no puede haber conocimiento.
Sin embargo tanto para Platón como para Aristóteles , el conocimiento científico deberá ser el conocimiento de lo universal: el conocimiento de las ideas (Platón) o el conocimiento de las esencias y de las causas (Aristóteles).
Así pues, Aristóteles piensa que el primer paso del conocimiento es la sensación. La sensación es la que aporta el contacto con lo particular.
La sensación permite captar la forma sensible de un determinado objeto, (por ejemplo, un hombre determinado).
El pensamiento, por el contrario, es la facultad de lo universal, la facultad que permite formar las nociones universales (por ejemplo, la especie humana universal).
Partiendo de la sensación y repitiendo sensaciones, se llega, mediante un proceso de inducción, a captar la esencia universal común de un grupo determinado de objetos individuales. En este proceso es muy importante la memoria y la imaginación, que ayudan a fijar y a modificar adecuadamente las sensaciones individuales. (Por ejemplo, el hombre es un animal racional).
Así mismo, Aristóteles establece una distinción (que ha tenido mucha influencia en la filosofía posterior) entre “entendimiento pasivo” (es un entendimiento en potencia para recibir los universales a partir de las distintas sensaciones ) y “entendimiento activo” (es un entendimiento que produce los universales ).
Pero, en cualquiera de los entendimientos, y en toda su teoría del conocimiento, lo importante es tener en cuenta el valor que Aristóteles
confiere a la base empirista de todo conocimiento, que se combina con un proceso de abstracción hasta llegar a conocer las esencias y las formas universales de los objetos.
Si el tema es la ÉTICA
Platón y Aristóteles comparten la idea de que hay que ser respetuoso con las leyes para ser feliz. Pero hay también notables diferencias entre ellos. Al hablar de las virtudes que regulan la actividad del alma, Platón propone la práctica de tres virtudes, una para cada parte del cuerpo: la prudencia de la razón, la fortaleza del ánimo y la templanza de la concupiscencia. Solamente practicando estas virtudes podrá el hombre mantener en equilibrio sus facultades, es decir, realizar la justicia y conseguir así la felicidad. Para él la justicia no es una virtud ética específica, sino el resultado de mantener en equilibrio las distintas facultades del hombre. En cambio, Aristóteles considera a la justicia como una virtud ética o práctica importante e independiente, y entra en matizaciones como la distinción entre lo que es justo por ley y lo que es justo por naturaleza, o señalando las características entre distintas clases de justicia. En el caso de la prudencia, ésta es para Aristóteles una virtud intelectual, no una virtud práctica que haya de presidir las decisiones de los gobernantes.
Si el tema es la POLÍTICA
En Política, el modelo aristotélico no es utópico como la República platónica, sino elaborado a partir del estudio de las Constituciones existentes en ese momento. Hay coincidencia entre ambos filósofos a la hora de señalar las diferentes formas de gobierno. Para Platón el modelo ideal es el gobierno presidido por los sabios, filósofos. Para Aristóteles no basta con tener en la mente un gobierno perfecto, sino que ha de ser realizable y adaptable a todos los pueblos. Según Aristóteles, el mejor gobierno es aquel en el que prevalece la clase media, pues es el más alejado de los excesos que se cometen cuando el poder cae en manos de los que no poseen nada o de los que poseen demasiado. Es en el equilibrio entre la ley y la libertad donde se halla el ideal de gobierno democrático que los atenienses pusieron en práctica en tiempos del legislador Solón y con Pericles.
Con Nietzsche
Nietzsche, critica a Platón, el cual, siguiendo el camino de su maestro Sócrates, fue el inventor de la dualidad de mundos y, en opinión del filósofo alemán, dicho dualismo y el hecho de haber atribuido la auténtica realidad al mundo inteligible, descalificando o despreciando el
mundo sensible, ha constituido el mayor error de la civilización occidental. ¿Por qué ha constituido tal error?. Porque ha creado una cultura en contra de la vida, porque, apoyándose en ideales transcendentes, en valores morales, en las exigencias de la razón o en otro género de entidades suprasensibles supuestas o ficticias, ha pretendido eliminar los instintos vitales, a anular las pasiones y a someter a los seres humanos en sombras de una ficticia realidad espiritual de otro mundo que no existe. Pues, según Nietzsche, sólo existe este mundo y ninguno más, totalmente en contra de lo que afirmaba Platón.