5. Recolectar
5.3. Recolectar chaguar y palma
5.3.1. Relacionalidad y conocimientos
Ingold (2002) plantea que la distinción naturaleza/cultura está influenciada por un modo de conocer en el que el observador no forma parte del mundo que observa. ¿Si el modo de conocer cambia se mantiene dicha distinción? Ingold (2002) indaga en esta cuestión siguiendo de cerca a Bateson, quién, buscando demoler la dicotomía clásica entre mente y naturaleza, señala lo siguiente:
- la mente es un procesador de información que trabaja, no mediante el refinamiento de datos recibidos de afuera, sino como un despliegue de todo el sistema de relaciones constituido por el involucramiento multisensorial del que percibe en su ambiente;
- la información existe gracias al movimiento del perceptor en su ambiente;
- el mundo se abre a la mente a partir de un proceso de revelación en vez de decodificación. En este planteo el observador forma parte del mundo, de hecho, se trata, afirma Ingold (2002, p. 19) de una “totalidad indivisible” de organismo y ambiente cuya dinámica atiende una “ecología de la vida”. Esta ecología de la vida, apunta dicho autor, comprende un tipo de conocimiento para el cual resultan fundamentales la atención, los sentidos y el movimiento. Las recolectoras prestan atención a: mamíferos, reptiles e insectos más o menos peligrosos (víbora, araña, garrapata, jaguar, oso hormiguero, etc.); humanos peligrosos (amenaza de violencia sexual); dueños no-humanos; vegetales (alimentos para humanos, alimentos para animales, textiles, tintóreas, remedios, marcas de recolección, condición de las hojas en cuanto a calidad, edad y forma, etc.); aves (anuncian peligros, condiciones climáticas, presencia de personas queridas o evitadas, envían mensajes a otros seres, tienen comportamientos admirados, anuncian floración y/o fructificación, emiten sonidos que no son relevantes para la recolección, etc.); condiciones climáticas (lluvia, helada, sequía, cielo cubierto o despejado); momentos del día (recolección se hace preferiblemente a la mañana); astros (luna, sol, constelaciones, lucero); ciclo vital (menstruación, postparto, fallecimiento de familiar); previsión de ventas (encargos); colores de la vestimenta (se evita el color rojo) y medios de movilidad.
Los sentidos se ponen en juego en la recolección. Salvo para percibir a los dueños no-humanos, la vista permite captar todos los elementos que mencionábamos antes. A través de la audición se perciben animales, humanos, aves y piedritas (resuenan contra el filo del machete) útiles al tejido. Con el tacto se captan vegetales, clima y momentos del día. Tocando las hojas se
113 comprueba su resistencia y se experimentan y consideran las espinas. Arde la piel, sangran las pinchaduras, quema el sol. El gusto entiende de alimentos y el olfato cuenta momentos del ciclo vital.
Los dueños no-humanos se perciben indirectamente a partir del aspecto de sus ámbitos de vida y de los efectos que producen: ciertas aves emiten sonidos que los anuncian; en los cuerpos, por ejemplo, causando enfermedades; en el paisaje, por ejemplo, provocando el hundimiento de la tierra o a partir de las respuestas positivas a las recolectoras al brindarles lo que necesitan. Notamos que estos seres también sienten, se destacan los sentidos del olfato (son sensibles, por ejemplo, a los olores emitidos durante los ciclos vitales humanos) y la vista (son sensibles al color rojo).
En cuanto al movimiento, la recolección involucra una caminata alerta. Caminata que dibuja un recorrido sobre la tierra, entre la maraña de vegetales. Alerta, con los sentidos a flor de piel. Sentidos que permiten captar lo que está sucediendo y ajustar el movimiento de acuerdo con lo que se avecina. Más que de estar en control de la situación se trata de moverse hábilmente, es decir, considerando la información disponible y actuando en consecuencia. Ingold (2012) analiza la relación entre movimiento y conocimiento. Este autor afirma que en la medida que “el conocimiento no es algo que construyamos de a bloques, de fragmentos y pedazos” sino que “es algo que crece y en lo que crecemos mientras nos movemos”, la conciencia del cuerpo de su movimiento o cinestesia es fundamental (p. 75). En movimiento, dice Ingold (2012), en la coordinación entre percepción y acción radica la habilidad.
Atención, sentidos y movimientos permiten sentir-aprender-conocer el ámbito de recolección. Similarmente, Cebolla Badie (2000, p.165), en su estudio sobre el conocimiento mbya-guaraní de las aves, indica que la formación de la persona entre los mbya “está íntimamente ligada a la selva” para lo cual “es necesario vivir en contacto con la naturaleza y, al mismo tiempo, recibir un entrenamiento continuo para saber interpretar sus infinitas señales” entre las que se encuentran los mensajes que transmiten las aves. Para pensar en esto resulta de utilidad la distinción que hace Ingold (2002) entre enculturación y enskillment. Dicho autor apunta que, mientras en la enculturación se internalizan representaciones colectivas y el aprender se encuentra separado del hacer; en el enskillment aprender y hacer van juntos y ambos se encuentran incrustados en un “contexto de compromiso práctico con el mundo” [la traducción es nuestra] (p. 416). En el proceso de enskillment no se transmiten representaciones, sino que, a través de la sintonización entre percepción y acción, resultando fundamental para esto la
114 observación y la imitación, se educa la atención (p. 37). En otro trabajo, el autor apunta, en relación a la transmisión de habilidades y los conocimientos que conllevan, que las mismas “son pasadas a través de un proceso de redescubrimiento guiado en el cual cada generación descubre las habilidades por ellos mismos bajo la guía de practicantes más experimentados, quienes pueden establecer las condiciones en las cuales es posible para el novicio crecer en ellas” (Ingold, 2012, p. 84). Siguiendo a este autor, con la educación de la atención para y en la recolección, a la que también podríamos llamar entrenamiento perceptual, la recolectora siente/aprende la trama de seres que componen los ambientes donde se encuentran la palma y el chaguar.
La relación con ciertas aves muestra que el aprendizaje en la recolección excede la procuración de alimento o material textil. El caso del hornero (Furnarius rufus) es llamativo en la medida en que se destaca como “trabajador” y como fabricante de una vivienda admirada. Esta ave no transmite mensajes útiles a la recolectora, en el sentido que lo hacen otras aves que advierten sobre peligros o condiciones climáticas (de hecho, advierte a animales sobre la presencia de humanos). Sin embargo, esta ave es admirada por sus habilidades en la construcción. Así, el hornero es ilustrativo para notar que algunos seres no-humanos (por ejemplo, aves, dueños y astros) son valorados no por la información que proveen sino por su comportamiento y sus habilidades, los/as que inspiran y buscan ser emulados/as.
Los conocimientos de la atención, los sentimientos y los movimientos, dice Ingold (2002), se resisten a la transmisión en una forma textual autorizada e independiente de los contextos de su instanciación en el mundo. Podemos pensar en este modo de conocer a partir de las palabras de Weil (1951, p. 311-312):
En una habitación, para pensar en la necesidad de la muerte moral para un nuevo y verdadero nacimiento necesitamos leer o repetirnos a nosotros mismos las palabras acerca de la semilla a la que sólo la muerte hace fecunda. Pero el hombre que siembra puede, si lo quiere, poner su atención en esa verdad sin la ayuda de ninguna palabra, a través de su propio movimiento y del espectáculo del grano que se pierde dentro de la tierra. Si no razona sobre la verdad, si solamente la contempla, la atención que él pone en el desempeño de su tarea no se verá trabada, sino llevada al grado más alto de intensidad. No en vano llamamos atención religiosa a la plenitud de la atención. La plenitud de la atención no es otra cosa que la oración.
La autora habla de una misma verdad (la muerte para la vida) que se entiende, por un lado, a través de la lectura (en este caso, de la Biblia) y por otro lado a partir de la observación atenta. Lectura, razonamiento y distanciamiento del contexto al que hace alusión el texto, por un lado.
115 Atención, movimiento y enraizamiento en un contexto por otro. La raíz en el territorio de estos conocimientos y prácticas guarda estrecha relación con el “sentipensamiento” del que habla Escobar (2014). “Sentipensar con el territorio”, explica dicho autor, “implica pensar desde el corazón y desde la mente, o co-razonar”, se trata de “la forma en que las comunidades territorializadas han aprendido el arte de vivir” (p. 16). Nos dice aquel autor que el conocimiento producido desde un territorio contrasta con los “conocimientos descontextualizados que subyacen a las nociones de “desarrollo”, “crecimiento” y, economía” (p. 16). De hecho, afirma Escobar (2014, p. 38), “la relacionalidad”, que conlleva el conocimiento desde el territorio, constituye una de las tendencias en los estudios críticos del desarrollo. Dicha relacionalidad es “constitutiva de todo lo real y de los mundos que lo constituyen”, por lo cual nada pre-existe a las relaciones (p. 38). Como no hay entidades que pre-existan a las relaciones, “los mundos biofísicos, humanos y supernaturales no se consideran como entidades separadas, sino que se establecen vínculos de continuidad entre estos” (p. 58). De este modo, el énfasis en la relacionalidad no se fundamenta en grandes dualismos como el de naturaleza (“Un Mundo que todos compartimos”) por un lado y culturas (que construyen ese único mundo de modo particular) por otro (Escobar, 2014, p. 59).
El enfoque en la relacionalidad está en sintonía con la idea de la relación como motor de la existencia desarrollada por Ingold (2002), quién parte de considerar organismo y ambiente como una totalidad indivisible. El mencionado autor explica que el organismo desde un principio se encuentra situado en un entramado de relaciones que a medida que se desenvuelven traen, activa e incesantemente, a los seres a la existencia. En otras palabras, si no hay organismo separado del ambiente, cada organismo forma el ambiente que lo forma. Esta situación es destacada a partir del contraste que Ingold (2012) hace entre objetos y cosas. Mientras los objetos no tienen vida, son cerrados y se encuentran contenidos en sí mismos, las cosas son “agregados de hilos vitales” (Ingold, 2012, p. 31). Estas últimas están vivas y circulan, se encuentran compuestas por el fluir de materiales que le dan origen y forma (Ingold, 2012). Así es que, ocupar un mundo con objetos, implica relacionarse con contenidos cerrados en sí mismos, definidos a priori; en cambio, habitar el mundo consiste en sumarse al proceso de su formación, al proceso de formación de un “ambiente sin objetos”, un mundo de materiales, de materia en flujo (Ingold, 2012, p. 31 y 35). En términos de Escobar (2014), en los mundos relacionales nunca hay objetos sino siempre agregados de hilos vitales.
Resumiendo, estos autores rompen la separación entre naturaleza y cultura al enfatizar la relacionalidad y totalidad indivisible organismo-ambiente. Aquí, los modos de conocer,
116 ámbitos de conocimiento y conocimientos se basan en la atención, los sentidos y el movimiento. A partir de estos planteos, podríamos pensar lo siguiente: no sólo los humanos sienten/aprenden; no sólo de humanos se siente/aprende y los modos de conocer no se reemplazan sin reemplazar los mismos conocimientos y la misma experiencia de mundo(s).