Cuando se trata del afecto y sus innumerables expresiones durante la historia, y más específicamente durante la América colonial, aquellos acontecimientos en donde un habitante racialmente blanco o al menos alguien que cuenta con cierta cantidad de bienes o influencia en su comunidad, se encuentran mucho más documentados en los archivos o por lo menos han sido más estudiados recientemente dentro de las ciencias sociales que aquellos que involucran a clases oprimidas o subalternas. Debido a esto resulta muy interesante darle una mirada al igualmente muy variado universo de relaciones inter raciales que se podían construir en el contexto colonial, ya que entregan otra visión del papel y el estatus de los afro descendientes dentro del territorio; un estatus que generalmente se califica de “inferior” por el simple hecho de ser posesión de otro, pero que a través de las acciones de aquellos esclavizados demuestra que el esclavo siempre fue mucho más que el objeto que su sociedad pretendió que fuera y que actuó para defender sus intereses y existencia.
Vicente Tamayo, un habitante del sitio de San Gerónimo, próximo a la ciudad de Antioquia, había muerto recientemente (1803), dejando atrás varias porciones de tierra con cultivos de caña, y varias construcciones modestas en ellas, junto a ello dejaba también 200 pesos de oro, 20 animales entre caballos burros y mulas y dos esclavos de alrededor de cuarenta y cincuenta años. Pero las posesiones no fueron lo único que dejó atrás al momento de morir, de hecho, a lo largo de su vida había acumulado varias deudas que en buena parte habían quedado sin pagar, y junto con ellas, quedaron varios hijos ilegítimos que había tenido con por lo menos dos esclavas habitantes de la región ya que él nunca contrajo matrimonio.
Durante el período colonial, existían básicamente tres documentos de suma importancia que una persona podría llegar a adquirir o mandaría sacar durante toda su vida y con mayor o menor rigor dependiendo de su clase social, siendo más común que aquellos de condición privilegiada mantuvieran con más rigor sus papeleos y transacciones, mientras que
esclavos, indígenas y demás habitantes de zonas remotas llegaban a pasar su vida entera sin expedir o incluso relacionarse con algún tipo de documento que diera cuenta de su existencia
De todas maneras, existían básicamente tres documentos: la partida o documento de bautizo, posteriormente la partida de matrimonio o algún documento que demuestre el ordenamiento religioso, y finalmente, el testamento; estas eran la principales evidencias documentales de la existencia de una persona durante la época y sobre el tipo de vida que llevó. La partida de bautizo evidenciaba si el recién nacido era legítimo o ilegítimo, si tenía padres conocidos, quienes serían sus padrinos, y en qué fecha y ciudad había nacido, los documentos matrimoniales evidenciaban el tipo de vida familiar y cotidiana que esta persona llevaba así como en ocasiones también la procedencia de los padres o tutores del individuo y la dote entregada a la esposa o si la persona había optado por una vida religiosa; y finalmente, el testamento reflejaba tanto la última voluntad de la persona como la cantidad y tipo de posesiones materiales que había llegado a acumular durante su vida y cómo estas serían destinadas para las generaciones posteriores.
Por esta razón, el testamento resulta ser uno de los documentos más importantes e interesantes cuando se quiere investigar el período colonial, este nos entrega datos sobre la riqueza o pobreza de las personas, sus condiciones de vida, la cantidad de hijos que dejan atrás, pero sobre todo, en muchos casos son el último espacio que tiene el moribundo para confesar sus pecados en la tierra e incluso pedir el perdón por ellos a sus allegados y a Dios. Vicente Tamayo entonces antes de su muerte confiesa tener varios hijos producto de relaciones furtivas con la esclava Carmela perteneciente al cura del pueblo junto con por lo menos otra esclava y afirma que es su voluntad que a todos ellos se les entregue la libertad por ser hijos de padre blanco y libre y como prueba del afecto que él les profesaba tanto a sus madres como a ellos.71
A partir del siglo XVIII, los esclavos comienzan a asumir y utilizar las leyes coloniales respecto a la esclavitud para tornarlas a su favor en cuanto a los procesos y requisitos para
71 Archivo General de la Nación, Sección Colonia, Fondo Negros y Esclavos, Sección Antioquia, Tomo VI,
obtener la libertad o algunos derechos básicos. Incluso, en los archivos comienzan a aumentar la cantidad de procesos judiciales levantados por esclavos que se quejan de los malos tratos recibidos por parte de sus amos, junto a ello se registran bastantes solicitudes de cambio de amo o de una reducción significativa del precio para obtener la libertad de manera más sencilla con múltiples resultados favorables hacia el esclavo, que demuestran así como la sociedad comenzaba a cambiar significativamente hacia una búsqueda de la abolición, pero que aún no daba el salto definitivo hacia la libertad de los esclavizados en todo el territorio.
En cuanto este importante paso hacia la libertad de todos los esclavizados aún no se daba, ellos buscaban maneras alternativas de obtener su propia libertad o la de su descendencia por medio de actos de rebeldía como por ejemplo el cimarronaje o los bundes en el monte que escapaban de la vigilancia de las autoridades, si esto no era posible, entonces recurrían a métodos más sutiles como los romances con los propios amos o individuos que gozaban de poder dentro de la comunidad con la esperanza de obtener beneficios a través de un lazo afectivo más o menos fuerte y estable a pesar que de no gozar del reconocimiento social establecido, sí podía traer mejoras en las condiciones de vida de una esclava, o incluso eventualmente traer la libertad de ella y sus hijos producto de la relación.
Armados con la declaración póstuma de su padre, dos de los hijos de Vicente Tamayo proceden entonces a exigir su liberación inmediata ya que esta fue la voluntad de su padre, el cual antes de morir había comprado a varios de ellos con el objetivo de entregarles su correspondiente libertad. Sin embargo, dos importantes obstáculos se interponen entre ellos y su libertad, el primero es que debido a sus deudas, Vicente Tamayo de hecho hipotecó sus hijos a otros individuos del pueblo, y por lo tanto ambos tendrían una deuda que pagar antes de obtener su libertad.
Pero más allá de la deuda contraída por Tamayo, a la hora de la solicitud en el juzgado por parte de los esclavos Martina y Juan Pablo, ambos hijos de Carmela, se levanta un proceso debido a la gran controversia que genera en la comunidad la intención de ambos esclavos de obtener su libertad basados en la posición social de su difunto padre. La primera
reacción de las autoridades y la clase dirigente es citar las leyes de las Siete Partidas referentes a la condición de esclavitud y de que maneras no se puede obtener la libertad:
“Respondese a lo primero que el amo por amancebarse con su esclava no la hace libre, la razón de esto es por que las leyes del reyno Partida 4, tomo 22 ley 5 determinan que si algunose casase con su propia esclava, de donde selibera, que si no se casa con ella si no
solamente se amanceva, no la hace libre (…)para que la esclava quede libre por la ley es
requisito que el amo se case con ella, el amancevarce con ellas no es casarse, si no mucho menos, y assi no basta para quedarse ellos libres: segunda razón el oficio de concubina es
de mui bajo precio.”72
A partir de la declaraciones en el juicio y las exigencias que Martina y Juan Pablo hacen, se podría asumir que de hecho existió algún vínculo entre este padre y sus hijos ilegítimos a pesar de que la sociedad censurara este tipo de relaciones, de hecho las Siete Partidas dedican toda una sección al tema de la crianza y el papel del padre en este importante proceso, distinguiendo claramente entre los deberes hacia los hijos legítimos e ilegítimos; siendo la mayor diferencia el tipo y la extensión de las obligaciones que un padre debía tener hacia sus hijos concebidos fuera del matrimonio. Las Siete Partidas de hecho reconocieron que todo padre debía proveer ayuda y apoyo a sus hijos hasta la edad adulta sin importar la procedencia de ellos; sin embargo, cuando se daba la existencia de ambos, hijos legítimos e ilegítimos, la mayor parte de la ayuda, o por lo menos la económica debía recaer en los hijos concebidos en un matrimonio legítimo, ya que la lealtad paterna debía estar con su familia ante todas las cosas.73
A pesar de la negativa de las autoridades a entregarles la libertad, Martina y Juan Pablo no desisten en sus intentos de obtener su libertad; ello lleva a que el proceso se alargue por varios meses y continúe en interminables documentos, transcripciones y papeleos en donde diferentes personajes prominentes del pueblo expresan su oposición a tal aspiración ya que
72
AGN, Sección Colonia, Fondo Negros y Esclavos, Sección Antioquia, Tomo VI, Legajo 6, Folio 3, Año 1803.
73 Twinam, A. (1999),
Public Lives Private Secrets, Gender, Honor, Sexuality and Legitimacy in Colonial Spanish America, Stanford, Stanford University Press, pp. 117-125.
el darles la libertad también implicaría que las deudas de Tamayo nunca serían pagadas y aquello entregaría un mal ejemplo a la comunidad.
Sin embargo, estos dos esclavos también tienen un argumento a su favor, se trata del amor que ellos dicen su padre les profesaba a pesar de sus deudas y que al parecer nunca le ocultó a ninguno de sus vecinos durante toda su vida, sentimiento que los haría merecedores de la libertad que su padre supuestamente tanto quiso para ellos durante su vida. Es aquí cuando en general las dudas sobre las verdaderas intenciones que tenía Tamayo comienzan a surgir, si amaba tanto a sus hijos esclavos ¿por qué los compró para posteriormente hipotecarlos para pagar sus deudas?, ¿es esta una acción moralmente aceptable por parte de un padre hacia sus hijos incluso si estos son ilegítimos?, ambas dudas pueden llegar a hacernos pensar que en realidad detrás de la compra de sus hijos, Vicente Tamayo sólo buscaba una manera de liberarse de las deudas que tanto lo aquejaban.74
A pesar de las trabas impuestas por la sociedad a Martina y Juan Pablo, al final las partes logran llegar a un acuerdo en donde a ambos esclavos se les garantizaría la libertad a cambio de una suma de dinero que por lo menos compense la deuda de la hipoteca contraída con el cura del pueblo don Juan Pablo Perez ya que este argumentaba que la liberación inmediata simplemente le traería perjuicios económicos y que además le daría un mal ejemplo a la comunidad aunque al mismo tiempo el no reconocer la libertad de los propios hijos sería inhumano ya que: “Es verdad que en fraude de los acrehedores no se pueden otorgar libertades, pero esta regla obra en casos comunes, y no para con su propia sangre, por que a la verdad sería crueldad vender a los hijos que merecen de sus padres
diferentes sentimientos de humanidad”75
.
74 Queda argumentado en el juicio del siguiente modo: “Todos los testigos declaran que Tamayo en el
discurso de su vida conoció por sus hijos a estos pretendientes en la clace de libre. No puede perjudicar la libertad el procedimiento de haber hipotecado a sus propios hijos a Don Juan Pablo Perez de Rubla, por que solo aspiraba, a sostener su crédito con este sugeto poderoso para que fiándole en sus nesecidades, pudiera
salir continuamente de sus ahogos”.
75 AGN, Sección Colonia, Fondo Negros y Esclavos, Sección Antioquia, Tomo VI, Legajo 6, Folio 22, Año
Autores como Pablo Rodríguez76 ven a la institución de la esclavitud como una de las maneras en que el gobierno colonial mantuvo un firme control sobre su población inclusive a pesar de las fugas de esclavos y otros levantamientos de los mismos, sin embargo, Virginia Gutiérrez sostiene que para el siglo XVIII más específicamente, la misma institución esclavista parece haberse tornado en contra de los dueños de esclavos a través de las facilidades que se le presentan al esclavo para presentar denuncias contra sus amos, de las cuales el mismo dueño denunciado debía pagar los gastos administrativos y asumir la posibilidad de una condena no favorable hacia él; incluso, muchos propietarios se encontraron con que los esfuerzos para recuperar o atrapar esclavos forajidos por parte del estado eran cada vez menores o menos frecuentes, facilitando así las fugas individuales o masivas incluso bajo la mirada de las autoridades.
Ello no implica los esclavos hayan encontrado abruptamente la libertad, Orián Jiménez por ejemplo demuestra que a pesar de que como Virginia Gutiérrez lo plantea, los esclavos hayan encontrado más flexibilidad frente a las leyes y sus amos, ello no significa que discursivamente las negritudes, y más específicamente los esclavos, hayan encontrado ideas más amigables con respecto a su lugar en la sociedad e incluso a sus capacidades, de hecho, como este autor lo plantea77, las expresiones artísticas y corporales de los afro descendientes, aún eran vistas con desdén y temor. Es por esta razón que sobre todo las esclavas buscaron a través del amor hacia sus amos u otros miembros prominentes de la sociedad, un escape de las duras cargas impuestas hacia ellas, de hecho, lograr la atención del amo podía garantizar probablemente más recursos de subsistencia, un mejor lugar para vivir e incluso mejores ropas para vestir y una herencia una vez su amante dejase este mundo. Esto es planteado por Virginia Gutiérrez del siguiente modo: “en resumen, existió un tire y afloje dentro de la estructura esclavista, expresión de la lucha por el dominio que
ya pareció frágil para el blanco en la vida cotidiana”78
76 Rodríguez, P. (1997),
Sentimientos y Vida Familiar en el Nuevo Reino de Granada Siglo XVIII, Bogotá,
Ariel.
77
Jiménez Meneses, O. (2007), El Frenesí del Vulgo Fiestas Juegos y Bailes en la Sociedad Colonial,
Medellín, Editorial Universidad de Antioquia.
78 Gutiérrez de Pineda, V. (1999),
Miscegenación y Cultura en la Colombia Colonial: 1750-1810, Bogotá,
A través de esta afirmación entonces se debe dejar de asumir que el esclavo es un sujeto pasivo, sin embargo también se debe rescatar esa rigidez y humillación que el sistema supuso para aquél que se encontraba sometido a él, es decir, ambas visiones deben aportarnos una noción de las tensiones que soportaban los esclavos a la hora de interactuar con aquellos vistos como sus superiores, no sólo en cuanto a la obediencia que ellos les debían si no a los gestos de desafío y rebeldía que incluso los gobernantes comenzaban a ignorar aceptar, tal es el caso de los romances entre esclavas y sus amos, e incluso el establecimiento de familias paralelas a la oficial con incluso propiedades y herencias como legado del padre.
Precisamente este es el caso de Juan Pablo y Martina que usan el estatus de su difunto padre para pedirles a las autoridades una mejor vida tanto para ellos como para sus futuros descendientes, basados en el amor que existió hacia su madre y el abierto reconocimiento del afecto hacia sus hijos del padre. Un proceso similar es presentado en 1815 por María Ignacia Duque una joven esclava que acude ante el juez junto con el protector de esclavos exigiendo que no se le permita a la familia a la cual sirve mantenerla esclavizada debido a que su difunto padre Manuel Duque, fue el mismo amo de su madre la esclava Teodora y por lo tanto ella es producto de la relación amorosa que ambos mantuvieron durante su vida.
Pero ella no basa su causa en el simple hecho de que sea la hija del que sería su propio dueño, de hecho, a pesar de que ella obviamente posee el mismo apellido de su padre, María Ignacia busca demostrar que ambos construyeron una relación amorosa de padre a hija real y duradera, pero que sobre todo nunca fue ocultada al resto de la población de Rionegro. Por su parte Juan de Dios Duque, familiar del difunto don Manuel, afirma que María Ignacia simplemente no tiene ninguna prueba de la supuesta paternidad de don Manuel y por lo tanto no se le debería conceder ningún derecho de libertad.
Una de las características más interesantes de este proceso es su longitud, ya que la primera petición es presentada en 1815, y sólo hasta 1820 el caso es finalmente cerrado, es decir,
hay cinco años de debates, declaraciones, apelaciones y papeleo para finalmente llegar a un veredicto. Finalmente después de una gran cantidad de cartas, copias y comunicaciones, el juez entregará el siguiente veredicto y dictaminará que se lleven a cabo las siguientes acciones: “1ro La libertad de Maria Ygnacia Duque y sus hijos: 2do la opción que estos
tienen por derecho de representación al quinto de los bienes de Don Manuel Duque que correspondía a su difunta madre; y 3ro la entrega de estos con ausencia del Padre General de menores a sujeto de confianza que en calidad de curador o tutor los administre hasta su
debido tiempo”79
.
La decisión del juez se basa en muchas de las comunicaciones recibidas por parte de testigos que afirman que en efecto, existió un trato amoroso entre don Manuel y sus hijos esclavos ilegítimos, pero más importante aún, nunca se lo ocultó a nadie, ya que muchos afirmaron “que se que el difunto Duque conoció a la mulatica Maria Ygnacia por su hija pues siempre se lo oi decir a una el mismo por varios etiquetas que tubo con su hermano
Juan de Dios.”80Este es uno de los tantos ejemplos de esclavos que logran su libertad
dentro del sistema legal aprovechándose de las transgresiones que sus amos o superiores y que incluso consiguen sacar ventaja de la situación, en este caso económica a través de una herencia.
Hasta este punto, se han trabajado relaciones amorosas que en su mayoría perseguían un fin o interés, o que por lo menos no dejaban explícito el hecho de que el afecto entregado o recibido en su momento no buscaba una recompensa material o beneficios de algún tipo. Sin embargo, cuando el afecto toma la forma de amistad, las maneras en que este es expresado y forjado entre dos individuos puede llegar a aportar una nueva forma de entender las relaciones entre amos y esclavos, e incluso cómo estas tuvieron relación con la formación de la nueva nación colombiana a comienzos del siglo XIX.
79 AHA, Fondo Colonia, Grupo Negros y Esclavos, Sección Antioquia, Tomo 25, Legajo 37, Folio 17,
Antioquia, 1818.
En el año 1822, se presenta ante el tribunal de la ciudad de Antioquia una breve pero profunda carta, que contiene el relato de la vida de José María Martínez, un hombre que estuvo esclavizado desde que él puede recordar y pasó a ser adquirido durante su niñez por noventa castellanos por el que posteriormente considerará como su amigo y amo el Doctor Faustino Martínez. Junto con él, José María viajará por todo el territorio neogranadino e incluso llegará hasta Jamaica acompañándolo y sirviéndolo en todo lo que él le solicite.
Según su relato, su interés por el bienestar de su amo es tan profundo que “robado de amor