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el tránsito de un emplazamiento a otro… Y De Certeau se pregunta cómo analizar- las. El autor expone entonces los resultados de un estudio sobre las explicacio- nes orales de la vivienda realizadas por habitantes de Nueva York respecto de sus propias casas. Los resultados de ese estudio, desarrollado por Charlotte Linde
y William Labov en 19752, revelan que los entrevistados utilizan básicamente dos
tipos de discursos que denominan, por un lado, map (mapa) y, por el otro, tour
(recorrido). El primer modelo es de tipo gráfico-descriptivo -“Si lo vieras desde arriba [el apartamento] sería como (…) un enorme cuadrado con dos líneas dibu-
jadas desde el centro formando cuatro cuadrados más pequeños”3-; el segundo es
de tipo experiencial -“caminas por un pasillo largo y estrecho que lleva a (…)”4,
“Cuando abres la puerta, te encuentras en…”5-. Lo significativo es que sólo un 3%
de los encuestados responde según el primer esquema, mientras que una abrumadora mayoría lo hace mediante el segundo.
De Certeau expone: “estas descripciones se hacen mayoritariamente en términos de
‘operaciones’”6 (entras, te encuentras, si giras verás que, caminas…). “Dicho de
otro modo, la descripción oscila entre los términos de una alternativa: o ‘ver’, (…) o ‘ir’ (…). Presentará o bien una ‘escena’ (‘Aquí está…’) o bien organizará ‘movimientos’ (‘entras, atraviesas, giras…’). La disyuntiva se sitúa en definitiva entre un ‘ver’ y un ‘hacer’, y, entre estas dos hipótesis, las opciones que van a
escoger los neoyorquinos privilegiarán masivamente la segunda”7. En el lenguaje
ordinario y respecto a la descripción de espacios, la experiencia directa domi- na manifiestamente. Podría decirse que la ‘acción’, el ‘hacer’, es indisociable de los relatos de espacio y, por tanto, para el individuo, un espacio del cual se ha apropiado es un espacio practicado, un espacio en el que se producen los acontecimientos de la vida, desde “las habitaciones tan pequeñas en las que ‘no
se puede hacer nada’, hasta el olvidado desván que ‘sirve para cualquier cosa’”8.
La mayoría de los ponentes explican sus viviendas según unos tours imaginarios
mediante los cuales conducen a los oyentes por las habitaciones de sus casas. El principio se sitúa necesariamente en la puerta de entrada y, desde allí, pro- ceden nombrando cada una de las estancias junto a las oportunas instrucciones para llegar hasta ellas. Linde y Labov descubren invariantes en las estructuras narrativas de los espacios: si se llega a una habitación que constituye una bi- furcación en el recorrido, nunca se entra en ella; si ésta viene seguida de otra habitación, se accede siempre a la primera; al llegar al final de un recorrido, si hay alguna ramificación previa, no se da la vuelta sino que el ponente se despla- za instantáneamente al lugar de la bifurcación… Los recorridos pivotan siempre alrededor de un acto esencial: el acceso a cada habitación. Es más, los autores
definen el tour como “un acto de comunicación que ofrece un conjunto mínimo de
rutas mediante las cuales puede entrarse en una habitación”9. Este asomarse a
2 LINDE, Charlotte y William LABOV: “Spatial networks as a site for the study of language and thought”, Language, vol. 51 (núm. 4), 1975.
3 Ibid., p. 927. 4 Ibid.
5 Ibid., p. 929. 6 CERTEAU, Op. Cit. 7 Ibid.
8 Ibid.
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una puerta y visualizar la escena de la habitación va seguido inmediatamente del siguiente paso por el recorrido interior; conforma un fragmento en una serie con- tinua, generada por el movimiento del autor de la descripción. La ruta se define por dos variables básicas: la dirección tomada (o vector) y la habitación a la que se llega. Y existen dos tipos de vectores: el estático (a la derecha, todo recto, frente a ti, fuera…) y el móvil (continúas andando de frente, ahora si giras a la derecha…).
Los autores del estudio también reconocen que si el objetivo de la explicación fuera indicarnos cómo realizar el plano de la vivienda, casi todos los ponentes habrían fallado: “Las representaciones y los planos que [las personas] dibujaban de sus apartamentos no eran correctos, y contenían algunas omisiones y distorsi- ones (…) ‘se realizaban reduciendo, eliminando o incluso añadiendo elementos a la realidad (…) las direcciones estaban giradas, las distancias alargadas o reduci- das, las formas cambiaban su escala hasta ser irreconocibles de entrada. Pero la
secuencia, normalmente, era la correcta (…)’”10.
Es decir, las personas al describir el lugar en el que viven recuerdan perfecta- mente el número de estancias, la sucesión de éstas y el modo de acceder a ellas. Y cuando explican su casa lo hacen mediante una hipotética reconstrucción de su propia experiencia del espacio al desplazarse por él. Lo expresado no sucede re- almente sino que es un relato formado por sus recuerdos. Linde y Labov denominan
speech events (expresión de acontecimientos) la explicación que los entrevistados
producen de forma espontánea: “recorridos imaginarios que transforman las dis-
posiciones espaciales en narrativas organizadas temporalmente”11; secuencias de
frases cuyo orden corresponde a una sucesión de hechos; frases, todas ellas, cuyo núcleo es un verbo. La experiencia del espacio se narra mediante la expresión de los acontecimientos que en él se suceden. Es decir, toda experiencia espacial implica un ‘hacer’, un sujeto activo en movimiento, participante y protagonista. Un ‘ver’, en cambio, supone un sujeto pasivo, que contempla un escenario que está situado más allá de él, una realidad que es de otro mundo, que no le pertenece. Las exposiciones de arquitectura que se centran en la experiencia espacial a escala real tenderán a bascular entre las dos alternativas planteadas por De Certeau: exposiciones hechas para ser vistas y exposiciones hechas para ser ex- perimentadas; ‘exposiciones como escenarios’ a escala real, básicamente orien- tadas a lo visual, o ‘exposiciones como lugares’, espacios en los que habitar, espacios que recorrer, espacios que percibir.
10 Ibid., p. 926. 11 Ibid., p. 927.
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