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CAPÍTULO I: MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL

A) Religión y sentido de la vida

Aparentemente no existiría alguna relación entre sentido de la vida y la religión, siendo evidente que entre ambas existe una estrecha relación, y del mismo modo la persona religiosa tiene en claro cuál es el sentido de la vida, de su vida; es claro que esto se debe a que toda persona creyente tiene en claro ¿a dónde va?, la muerte tiene sentido.

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Frankl (2001) afirma que:

La dimensión en que se encuentra el hombre religioso es más elevada, quiero decir, más amplia y universal que la dimensión en que se mueve la psicoterapia. Pero esta irrupción en una dimensión más elevada no se produce a través del conocimiento, sino de la fe. (p.110)

Ante esto, es notorio que el hombre religioso posee un amplio sentido en lo que realiza, es decir el hombre de fe vive convencido del porque hace las cosas y del modo en la que el amor rodea todo lo que realiza; es una dimensión mucho más levada, puesto que además de comprender, trasciende esa comprensión, y va más allá de lo que nosotros humanamente podemos comprender, y sólo podemos conocer por medio de la fe.

El mismo autor afirma:

La religión no es para la logoterapia más que un objeto, con todo, es algo que lleva muy en el corazón y ello por una razón muy simple: en el contexto de la logoterapia, logos significa espíritu y, además, sentido. Bajo la palabra espíritu hay que entender la dimensión de los fenómenos específicamente humanos. En oposición al reduccionismo, la logoterapia se niega a reducirlos a fenómenos subhumanos o bien a deducirlos de éstos. (p.111)

Más allá del significado etimológico que pueda tener la palabra logos - que el autor refiere, siendo está una parte de la palabra logoterapia – se puede hablar del sentido religioso que tiene el hombre por naturaleza, es el único capaz de plantearse este sentido más allá de él mismo, buscando respuesta más allá de lo meramente temporal, tratando de encontrar razones que por su naturaleza busca y encuentra en su religiosidad. Frankl agregará: “De hecho, la existencia humana tiende siempre más allá de sí misma, tiende siempre hacia un sentido” (p.111)

1.2.9.2. Sentido de la vida inmanente

Al hablar de sentido de la vida inmanente, la idea que se desea transmitir es todo lo contrario a la trascendente, es decir que si el sentido de la vida

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trascendente es salida, el sentido de la vida inmanente no es salida, por el contrario es la búsqueda del propio bien, beneficio sin necesidad de pensar en el otro.

Frankl (2001):

Es en la dimensión de los fenómenos auténticamente humanos – única en la que podemos encontrar algo así como la voluntad de sentido – donde podría ponerse bien en claro que, en definitiva, es la frustración de esta misma voluntad de sentido, la frustración existencial y el cada vez más difundido complejo de vacuidad – nótese bien, no en el animal, sino en el hombre, en el nivel humano – los que fomentan la agresividad, si es que no son su fundamento primero. (p.21)

Es en el hombre dónde está voluntad de sentido adquiere su dimensión especifica por ser este capaz de darle la claridad que requiere; ahora si este hombre no se encarga de encontrar sentido en su vida, puede ser a causa de buscarla solamente en su conveniencia, en los placeres o en sus apetitos individuales como principio de vida.

Esta falta de sentido de la vida suele manifestarse de muchas formas como por ejemplo Roberth Jay Lifton (citado por Frankl, 2001) refiere que: “Los hombres se sienten inclinados a matar sobre todo cuando se hallan en un vacío existencial” (p.23) el mismo Frankl hace una comparación con otras acciones y dice que:

Lo que se ha dicho de la delincuencia puede aplicarse también a la sexualidad. Sólo en un vacío existencial prolifera la libido sexual. Esta hipertrofia en el vacío aumenta la disposición a las reacciones sexuales neuróticas. Efectivamente, lo que antes se ha dicho sobre la felicidad y sobre su carácter de “efecto” no es menos valido respecto del placer sexual: cuanto más se concentra uno en el placer, tanto más se le niega. (p.24)

Es importante trasladar este pensamiento al vacío que puedan tener muchos jóvenes en la actualidad, dado que el acceso al sexo es más difundido en esta sociedad, en dónde no existe reparo en fomentar una sexualidad que

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pueda “probar absolutamente todo”, y en que en este camino solo busque su satisfacción personal, que sólo es una representación de una acción egoísta de la persona.

Ante esto se puede afirmar con total seguridad lo que dice Frankl (2001):

La sexualidad prolifera en mayor medida en el vacío existencial. En la actualidad nos enfrentamos con una inflación sexual que – como toda inflación, incluida la de la moneda – va acompañada de una devaluación. De hecho la sexualidad está devaluada en cuanto que está deshumanizada. (p.24-25)

El análisis que se debe realizar está en función del uso que se le da a la sexualidad; si la sexualidad es humana, esto no refiere esencialmente a que el actor del acto sea un ser de la especie humana, sino a que el acto sea realizado con la comprensión de lo que significa un ser humano, y del sentido que debe tener la sexualidad para este, no es posible que el ser humano busque el placer como un fin primordial del acto sexual.

En todo esto cumplen un rol desequilibrante aquellos que buscan beneficiarse con el tema sexual, ante esto Frankl (2001) anunciaba como profeta:

Pero es justamente en estas tendencias regresivas donde la industria del placer sexual tiene una excepcional oportunidad, su singular negocio. Se impone la danza en torno al cerdo de oro. Visto, una vez más, desde la perspectiva de la profilaxis de las neurosis sexuales, el aspecto funesto se encuentra en la presión a la consumación sexual que surge de la industria de la información (p.26)

En donde pretenden hacer que el tema sexual sea parte de su negocio, manipulando términos para cambiar pensamientos, como sucede con la libertad en la que según Frankl (2001):

Pero la libertad a que se refieren aquellos que tienen siempre en boca esta palabra es, en último extremo, la libertad de hacer negocios con ayuda de la llamada “información sexual”. En realidad, no hacen sino atiborrar a los psicoterapeutas sexuales y a los “mirones” con material para su fantasía. La

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información está bien. Pero tenemos que preguntarnos: Información ¿Para quién? Y debemos informar a la opinión pública ante todo acerca del hecho de que no hace aún mucho tiempo, el propietario de un cine que pasaba preferentemente películas de las llamadas de “información sexual”, declaró en una entrevista en la televisión que, con escasas excepciones, la clientela de sus filmes se componía de personas entre los 50 y los 80 años de edad… Todos estamos en contra de la hipocresía en la vida sexual. Pero debemos pronunciarnos también en contra de la hipocresía de los que dicen libertad pero piensan dinero (p. 27)

Es evidente que la perdida de sentido en lo referente a la sexualidad, viene siendo influenciado por intereses personales que van a favor de mayor ganancia económica por algunos cuantos que se hacen cargo de esta industria del sexo que cada día crece manipulando con su dinero a los medios de comunicación y de este modo también a las personas que por ignorancia y por falta de información correcta terminan siendo manipulados.

Existe una frustración existencial, en la que nos podemos percatar que: “El hombre actual no sufre tanto bajo el sentimiento de que tiene menos valor que otros, sino más bien bajo el sentimiento de que su existencia no tiene sentido” (Frankl, 2001, p.87), es un hombre que no sufre por sentirse menos que otros, sino que es un hombre que sufre porque no encuentra sentido en su vida.

Frankl (2001): “El vacío existencial puede quedar larvado, permanecer enmascarado; y conocemos varias mascaras bajo las que se oculta el vacío existencial” (p.89); conforme a lo que dice este autor, en muchas ocasiones la perdida del sentido de la vida puede pasar inadvertida, las personas pueden vivir pensando que tienen todo arreglado, pero sin sentido.

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Ante todo esto podríamos ver algunas manifestaciones que se da sobre el sentido de la vida inmanente: