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2.1 Antecedentes

2.1.2 El Reporte Ramírez

Si bien es cierto que la comunidad educativa está dividida entre los programas bilingües y los programas de inmersión estructurada, durante la década de los 90’s del siglo pasado se realizó un estudio de la educación bilingüe en la que participaron discípulos de ambas corrientes. Este reporte es conocido como el Reporte Ramírez. Según Cummins (1992), el 11 de febrero de 1991, el Departamento de Educación de los Estados Unidos dio a conocer los resultados de un estudio de 8 años realizado por Ramírez, Pasta, Yuen, Billings y Ramey. El objetivo principal de dicho estudio es el conocer cuáles son los programas que ayudan de manera más efectiva a los

estudiantes latinos a ser exitosos en la escuela.

El Estudio Ramírez comparó el progreso de estudiantes latinos de nivel primaria en tres diferentes programas: a) Inmersión en Inglés, que incluía la

educación casi exclusivamente en inglés; b) Programa Bilingüe de duración corta en el cual el español era utilizado 1/3 del tiempo en preescolar y primer año de primaria con una transición hacia el inglés casi inmediatamente; y c) Programa Bilingüe de

larga duración que usaba principalmente español durante preescolar, con inglés utilizado 1/3 del tiempo en primero y segundo de primaria, 50% durante tercer grado y 60% el resto del tiempo.

Los resultados publicados en el estudio mostraron que en el tercer año de primaria los estudiantes se desenvolvían de manera similar en inglés y su rendimiento académico no presentaba mayores diferencias. Sin embargo, aún y cuando el avance de estos estudiantes era a la misma velocidad que la de los estudiantes en general (aquellos cuyo idioma materno es el inglés), todavía existía una brecha considerable entre estos dos grupos de estudiantes.

Además, contrario a la intuición de muchos legisladores y funcionarios públicos, el Programa de Inmersión Estructurado no demostró mejores resultados en cuanto al aprendizaje del inglés comparado contra el Programa Bilingüe de corta duración refutando la hipótesis de que el aprendizaje del segundo idioma estaba directamente relacionado con el tiempo empleado en el aprendizaje del inglés (también conocido como time on task).

La mayor sorpresa se encontró cuando se compararon los resultados del Programa Bilingüe de larga duración con el de corta duración e inmersión. Según los resultados del estudio, aquellos alumnos que siguieron su educación en el Programa Bilingüe de larga duración, no sólo estaban aprendiendo el idioma inglés, sino que también estaban cerrando considerablemente la brecha académica que existía con los alumnos angloparlantes. Estos resultados fueron posibles aún y cuando los alumnos del programa de larga duración recibieron considerablemente menos tiempo de

educación en inglés que los estudiantes del programa de inmersión estructurada y el programa tradicional en inglés.

Por último, según Cummins (1992), los resultados proporcionados por el Reporte Ramírez contradicen las tres hipótesis que utilizan los seguidores del programa de inmersión estructurado.

Primero, si la tarea es concebida como exposición al inglés, entonces existe una relación inversa entre time on task y el desarrollo académico en inglés; segundo,

los estudiantes del programa de inmersión estructurado no adquirieron

suficiente inglés para transferirse a un programa en inglés de manera más rápida que aquellos que se encuentran en programas bilingües; y por último la

exposición intensiva al inglés parece ser menos efectiva que una introducción gradual a las habilidades académicas en inglés mientras que los estudiantes se refuerzan la base conceptual de L1 y su identidad cultural (Cummins, 1992, p. 96).

2.1.3 ¿Por qué es más fácil para los niños aprender un segundo

idioma que para los adultos?

Numerosos estudios han demostrado que las dificultades para el aprendizaje de un idioma dependen de la edad de la persona. Los seres humanos nacen con una capacidad extraordinaria que durante sus primeros años de vida les permite aprender no sólo uno, sino varios idiomas, de una forma casi automática. Sin embargo, a los adultos, generalmente, les cuesta muchísimo trabajo aprender una lengua extranjera a la que nunca fueron expuestos durante su infancia (Jáuregui, 2004).

Estudios realizados en la universidad de Cornell, en Nueva York, han logrado visualizar las diferencias que existen entre los cerebros de personas bilingües que tuvieron la suerte de aprender dos idiomas cuando eran niños, y los que estudiaron una lengua extranjera cuando ya eran adultos. Según las observaciones científicas, las personas que aprendieron dos idiomas durante su infancia poseen una sola región cerebral que se encarga de almacenar e interpretar ambas lenguas. Sin embargo, en el caso de las personas que aprendieron un idioma nativo cuando eran niños, y más adelante estudiaron un segundo idioma cuando ya eran adultas, existen dos áreas cerebrales distintas que se ocupan de almacenar e interpretar cada una de estas lenguas. Según los científicos, estas diferencias podrían explicar el hecho de que los adultos sufran muchas más dificultades que los niños a la hora de aprender idiomas nuevos. Durante la infancia una sola región cerebral es capaz de ocuparse de dos idiomas al mismo tiempo, lo que facilita su aprendizaje. Sin embargo, conforme pasan los años, la región encargada de interpretar el idioma nativo no es capaz de adaptarse a una nueva lengua, y el cerebro se ve obligado a dedicar otra región de su estructura al aprendizaje de un segundo idioma. Por este motivo, el esfuerzo mental que se requiere es mucho mayor en el caso de los adultos que en el de los niños.

Los estudios revelaron que el cerebro es un órgano programado para grabar uno o más idiomas, y que esa programación es mejor llevarla a cabo en la primera etapa de la vida ya que es el mejor momento en el que el cerebro se puede adaptar a las particularidades fonéticas y gramaticales de dos o más idiomas.

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