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REPRESENTACIONES FEMENINAS EN LA NOVELA THE BLUEST EYE DE TONI MORRISON: IMAGEN VISUAL Y CINE

Contemporánea de Brasil y de Argentina En II Congreso de Literatura Comparada San José: Universidad de Costa Rica.

REPRESENTACIONES FEMENINAS EN LA NOVELA THE BLUEST EYE DE TONI MORRISON: IMAGEN VISUAL Y CINE

Mosciaro, Julieta Facultad de Ciencias Humanas, UNRC Córdoba, Argentina [email protected] Resumen

Entendiendo al cine como artefacto cultural y en el marco del estudio del inglés como lengua extranjera, se pretende abordar el rol de la industria cinematográfica hollywoodense en la sociedad estadounidense entre las décadas de 1930-1960, particularmente con respecto a la construcción de nociones de estética y su impacto en la comunidad afroamericana. El cine, en su carácter denotativo y connotativo, es un importante “constructor de realidades” (Quintana, 2003). Uno de los ámbitos en los que el impacto de la imagen visual ligada a la industria cinematográfica se hace relevante es en su vinculación a la circulación de parámetros de belleza y estereotipos. En el caso de la sociedad de los Estados Unidos, especialmente en la comunidad afroamericana, esta relación ha sido abordada por escritores de gran renombre como la célebre autora afro-estadounidense Toni Morrison en su novela

The Bluest Eye (1970). Se propone para esta obra literaria una lectura crítica que invita a reflexionar acerca de la imagen visual en tanto constructo social e ideológico como así también indagar acerca de la construcción del concepto de belleza femenina a partir de la ficcionalización histórica. En este proyecto de beca “Representaciones femeninas en la novela The Bluest Eye de Toni Morrison: imagen visual y cine”(aprobado por resolución N°443/2016), el cual se enmarca en el proyecto del Grupo de Reciente Formación “Leer en imágenes” de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto (aprobado por resolución N°161), se busca explorar el rol de la imagen en la construcción de significados culturales y específicamente desde el lenguaje visual del cine, abordando el problema de la representación de la figura femenina en dicha novela ligada a la cinematografía hollywoodense desde una mirada que atiende a la convergencia de cuestiones de clase, género y color.

Palabras clave: imagen, representaciones femeninas, literatura y cine Introducción

Desde tiempos inmemoriales, el arte ha servido para construir memorias de grupos, construyendo sistemas de representaciones que, como señala el sociólogo argentino Eduardo Grüner, fijan “la conciencia (y el inconsciente) de los sujetos a una estructura de reconocimientos sociales, culturales, institucionales, y por supuesto ideológicos” (Grüner, 2001: 17). El texto en soporte imagen, ya sea obras cinematográficas, pictóricas, escultóricas o fotográficas, se propone como clave de lectura para avanzar reflexiones de carácter teórico-políticas y socio-culturales. El dialogismo imagen-representación y la compleja naturaleza discursiva de lo visual, la cual está, como señala la doctora en educación Inés Dussel, “profundamente involucrada con las sociedades humanas, con la ética y la política, con la estética y la epistemología del ver y del ser visto”, son pilares estructurales en toda sociedad como “constructores de posiciones” y como instrumentos que otorgan el “derecho a la mirada” (Dussel, 2009: 188).

Considerando el poder de impacto que la imagen visual y la cuestión de la representación tienen, es interesante interrogar ciertas narrativas controversiales como la de la célebre autora afro-estadounidense Toni Morrison, quien explora la complejidad de la mirada como herramienta de control de una sociedad dominante y racialmente opresiva que construye y

fortalece el concepto de whiteness (alusión al mundo hegemónico blanco) y a su vez define al afro-americano como el Otro. En esta publicación se pretende exponer los avances de carácter teórico del proyecto de beca “Representaciones femeninas en la novela The Bluest Eye de Toni Morrison: imagen visual y cine”, donde se propone la lectura de la construcción de la figura femenina en dicha novela con especial énfasis en la influencia del cine hollywoodense como delimitador y configurador de patrones y conceptos de estética femenina.

La complejidad de la imagen y el problema de la representación

La idea de representación y su problematización han contribuido a trazar importantes líneas de investigación en relación con los mecanismos por los que la convención consigue fijar imágenes pictóricas en un proceso de estereotipado cuyo éxito depende del no cuestionamiento de lo que se presenta como representación de lo “real” en lugar de apreciar los esquemas configurados ligados a los entramados culturales de una época en particular. Los aportes de Gombrich y Auerbach se enmarcan en el inicio de un proceso de cuestionamiento en torno al debate sobre el realismo, el replanteamiento del concepto de autor y de la idea de mundo. En torno a las discusiones sobre referencialidad, es relevante mencionar la línea del ensayista y semiólogo francés Roland Barthes quien postula en El Susurro del Lenguaje (1984) “[…] la imitación del mundo acaba cediendo terreno al estudio de la construcción retórica” (39) de la cual es objeto la realidad.

A lo largo del siglo XX y adentrándonos en el XXI, diferentes campos artísticos han abordado el problema de la representación del mundo. Desde la perspectiva de la historia y la teoría del cine, el profesor e investigador Ángel Quintana retoma cuestiones relevantes en torno a los discursos sobre la realidad en Fábulas de lo Visible: el Cine como Creador de Realidades. Quintana (2003) sostiene que “cuestionarse qué es lo real y cómo se inscribe en la esfera de lo visible es uno de los grandes retos” (43) de nuestra época, especialmente en el ámbito de un mundo en el que lo virtual nos lleva a pensar nuevas formas de representación de la mano de una “reformulación teórica situada más allá de las formas tradicionales de la imitación del mundo basadas en la transparencia y en una cierta idea ingenua del referente” (43). Éste ha sido uno de los grandes ejes de debate del siglo XX abordado por teóricos como Foucault, Derrida y otros, en sus estudios sobre el lenguaje como configurador de la realidad.

Una fuerza de alto impacto en la crisis de la idea de representación fue la innovación tecnológica ofrecida por la fotografía (y la idea de registro) que más tarde, con las posibilidades del cine (la imagen en movimiento y la impresión de realidad), empujó la discusión un paso más adelante. En palabras de Quintana, “la doble función del cine, entre el registro del mudo – la denotación – y su transformación en huella de una subjetividad – la connotación - ha llevado a la teoría cinematográfica a considerar el valor de los elementos figurativos de la imagen fílmica y a reconsiderar, por lo tanto, el término de mímesis” (59). El cine, en lugar de ser un simple medio de registro de una porción en bruto de la realidad, es un medio de expresión que renueva la construcción de formas mediante la figuración. En esta misma línea, Grüner (2001) entiende el cine como artefacto cultural “que muestra - como la pintura-, y que habla –como la literatura” (101) y que pone en jaque el concepto decimonónico de realismo y la posibilidad de reflejar la realidad dada a favor del desarrollo de una conciencia de lo narrativo y lo poético “como construcción y artificio” (104). En este sentido, la conexión entre cine y textos literarios permite establecer juegos de sensibilización hacia la imagen en movimiento y el texto escrito en un ejercicio de políticas de interpretación traspositiva, o en palabras de Grüner (2001) “estrategias de intervención hermenéutica y políticas de lectura” (114) relevantes al vínculo entre literatura y cine, poniendo en juego y haciendo repensar los límites del discurso.

En torno al problema de la representación de lo real, una de las temáticas exploradas desde la historia, la literatura y las imágenes con relación al discurso y la emergencia de estereotipos es la construcción de un Otro en tanto diferencia y jerarquización. El ensayista martiniqués Frantz Fanon abordó magistralmente en Piel Negra, Máscaras Blancas (1952) la

cuestión de la representación y la construcción de la subjetividad negra en el contexto caribeño desde el binomio civilización-barbarie cuestionando el lenguaje en sus rasgos estereotipados, y como potencial naturalizador de diferencias jerárquicas que crean la condición de inferioridad del sujeto colonial, y que operan para fomentar la internalización de imágenes negativas desarrollando tal complejo. En otras coordenadas espacio temporales, la misma preocupación surgió en el trabajo del intelectual palestino estadounidense Edward Said. En Orientalismo (1978) Said, con un profundo manejo de las culturas anglosajona y francesa, ofrece una mirada lúcida y crítica, que actúa con fuerza para aguijonear las concepciones de representación estereotipadas del Oriente-Otro-a Occidente- y los problemas de dominación, subdesarrollo y violencia.

Desde preocupaciones y cuestionamientos cercanos a la postura de estos pensadores podemos considerar la concepción de la mujer como el Otro, ya verbalizada por Simone de Beauvoir en El Segundo Sexo (1949). La construcción de la subjetividad femenina ha sido abordada desde distintos ángulos entre los que cabe destacar los aportes de la historiadora Silvia Federici, quien ha estudiado el disciplinamiento del cuerpo de la mujer en el contexto de la caza de brujas en la Europa Medieval en su obra Calibán y la Bruja: Mujeres, Cuerpo y Acumulación Originaria (2004). Federici aborda las correspondencias temáticas e iconográficas con respecto a la caza de brujas en Europa y luego en el Nuevo Mundo desde puntos de convergencia entre pintura, literatura e historia en su análisis del proceso de transición al capitalismo. Su estudio se focaliza en el cuerpo – en las políticas del cuerpo – como “clave para comprender las raíces del dominio masculino y de la construcción de la identidad social femenina (Federici, 2004: 27). El carácter armado de los roles sexuales en tanto construcciones de género ha sido abordado desde la filosofía por Judith Butler en su libro Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity (1990); la sociología, por Patricia Hill Collins en su obra Black Feminist Thought: Knowledge, Consciuosness and the Politics of Empowerment (2000); y la antropología y la historia por Gerder Lerner en La Creación del Patriarcado (1986) y Silvia Federici con Calibán y la Bruja: Mujeres, Cuerpo y Acumulación Originaria (2004). Estos estudios sobre la subjetividad femenina coinciden en enfatizar el vínculo entre capitalismo (en tanto sistema económico y social), sexismo y racismo, es decir, la interseccionalidad de sistemas de opresión, el cual ha sido alimentado a través de los años por los medios de comunicación masivos, especialmente mediante las imágenes proyectadas por la pantalla grande, llegando a tocar la fibra más íntima del ser humano e impactando significativamente en la percepción de mundo y la auto-percepción del sujeto.

El cine hollywoodense, el comercio de la imagen, y su impacto en la sociedad estadounidense de los años 30-40.

La imagen visual ligada a la industria cinematográfica hollywoodense es un aspecto central al entramado cultural que hace tanto al contexto de producción como al contexto ficcional de la novela The Bluest Eye (1970). Si bien una de las razones por la cual nace el cine es el dar respuesta a la necesidad de documentar la realidad, “la realidad capturada no es ni objetiva ni transparente, sino que responde a la presencia de la cámara”, es decir, la porción de realidad que se captura es meramente “una forma de interpretación” de la misma (Quintana, 2003: 15). La cámara es el elemento indispensable en la retórica de la imagen, y adquiere tal significancia que acaba transformándose, en palabas de Quintana (2003), en un “instrumento para el adoctrinamiento de las masas” (25). Por ende, podría concluirse que el resultado de lo que capta la cámara, es decir, la imagen documental, surge como prueba sobre el mundo, pero termina convirtiéndose en un “discurso sobre el mundo” (Quintana, 2003: 26). Quintana (2003) señala que la naturaleza discursiva y versátil de la imagen documental se encuentra intensamente condicionada por las convenciones representativas y por los “recursos estilísticos” que caracterizan los modelos de imitación de cada cultura y cada período histórico (35). En el caso del cine hollywoodense, el mismo se ha visto determinado por esas variables mencionadas, pero a su vez, ha desarrollado su propio sello artístico a lo largo de los años, el cual lo distingue y caracteriza como tal.

En 1910, con el rodaje del primer cortometraje In Old California de la mano del director, escritor y productor norteamericano DW Griffith, nace el cine hollywoodense, e inmediatamente desarrolla su propia gramática cinematográfica, la cual no escapó a los efectos de los distintos eventos político-económicos que marcaron al mundo del siglo XX, y a los Estados Unidos en particular. La década del ’20 encontró a la industria cinematográfica hollywoodense dominada por la presencia de varios estudios cinematográficos firmemente establecidos, y asociada a una densa atmósfera de hedonismos y excesos causante de constantes “amenazas de censura por parte de distintas organizaciones puritanas”1 (French, 2010). A pesar de que la crisis de Wall Street de 1929 significó una gran adversidad económica para la industria en general, los siguientes años se transformarían en la época dorada de Hollywood con la introducción de la película sonora, el advenimiento de un torrente de nuevos escritores, el “desarrollo de diferentes estilos dramático-visuales”2, y principalmente con el auge del lucrativo star-system (French, 2010). Precisamente es por este sistema perfectamente organizado por los estudios que Hollywood se ganó el apodo de “fábrica de estrellas” (Domínguez López, 2014: 1). El star-system consistió en una práctica diseñada por los estudios de Hollywood para tener una plantilla fija de actores, garantizada por contratos a largo plazo y exclusivos mediante los cuales se hacían legalmente con el control de su trabajo y de su imagen, que construían y promocionaban hasta convertirlos en estrellas y en bienes económicos de las productoras. Este sistema creó y fomentó la idea de estrella de cine asociada a personas “atractivas, carismáticas, ricas y famosas con vidas glamorosas”, quienes “atraen a los medios y al público por su trabajo en películas de gran presupuesto y por su vida al margen de éste” y a los que se los considera “como mitos vivientes a los que sentimos muy alejados de nuestra vida ordinaria, pero a la vez cercanos en sus imágenes” (Domínguez López, 2014: 2). Este efectivo mecanismo originó una importante prosperidad económica a Hollywood y simultaneamente, un fenómeno social de idealización a las estrellas de cine. Pero el mismo no hubiese podido aflorar de no haber sido por la famosa técnica cinematográfica del primer plano, la cual posibilitó el “acercamiento entre público y actores” (Domínguez López, 2014:8). El público, como demandante y consumidor de un servicio, se convirtió en el filtro del éxito hollywoodense por excelencia, y la estrella de cine (por su afinidad con el público) “se ganó el control de sus producciones” (Domínguez López, 2014: 7). La investigadora Gloria Domínguez López en su estudio sobre la construcción de mitos en la época clásica de Hollywood,indica que “no hacía falta nada más que belleza, personalidad y carisma para convertirse en una estrella como las que se veían en las salas de cine y en las revistas” (20) lo cual le posibilitaba conseguir un contrato incluso a una participante de un concurso de belleza, cuyas cualidades estéticas eran pulidas por los estudios en afán de convertirla en una estrella.

La selección de las estrellas de Hollywood y la creación de su imagen, se enmarcó en parámetros de belleza fuertemente afianzados y establecidos que valoraban proverbialmente la juventud, rostros bellos y buenos físicos, el uso excesivo de maquillaje como creador de identidades, la alta costura como registro de la elegancia y buen gusto, y la cirugía plástica como salvaguardia de eterna juventud. Los estudios también se encargaban de configurar y promocionar ciertas cualidades personales de las estrellas, “mezclando la opulencia con la simplicidad” para lograr que éstas se convirtieran en “un referente para el público” (Domínguez López, 2014: 24). Esta imagen construida, al final terminaba siendo idéntica a sus roles ficticios y se montaba con el objetivo de ser “pública, promocionada y vendida a través de grandes estrategias publicitarias” (Domínguez López, 2014: 26). El famoso crítico de cine Richard Dyer en su libro Las Estrellas Cinematográficas. Historia, Ideología y Estética

(2001) subraya que las películas terminaron transformándose en “vehículos para la estrella” (87) ya que el objetivo de las mismas era hacer brillar a la estrella porque era lo que el público quería ver cuando iba al cine. La poderosa publicidad fotográfica y fílmica de la glamorosa y sofisticada imagen de la estrella de cine, logró sedimentar en el inconsciente colectivo ideales de vida y estética tan utópicos, pero de tal impacto, que acabarían dictaminando y 1 La cita original se encuentra en inglés. La traducción al castellano es mía.

tallando el complejo y heterogéneo entramado social de los años 30 y 40 en los Estados Unidos.

La relación dialéctica que se estableció entre la estrella cinematográfica y el público respondía y se alimentaba de la mutua influencia que circulaba entre ellos. Dyer (2001) afirma que muchas veces las estrellas “servían para mantener vivo el sueño americano o para reafirmar el status quo” (56), lo cual permite pensar al fenómeno del cine como un instrumento delineador y promotor tanto de una aguda y separatista mirada social, como de las racialmente acodadas representaciones estéticas. Cabe puntualizar que la sociedad norteamericana de los años 30-40 se encontraba racialmente dividida y organizada en blancos y negros, donde los primeros ejercían una fuerza dominante y opresiva en las personas de color, que tocaba no solo los aspectos de su vida diaria como económicos y políticos, sino también la fibra más íntima de su frágil y martirizada psique. La renombrada autora afro-estadounidense Toni Morrison expone esta realidad magistralmente en sus novelas y, en una entrevista para la National Visionary Leadership Project3 habla sobre su profunda aflicción con lo que significó sentirse feo y su impacto en un sector de la sociedad tan renegado y vulnerable como lo son las niñas negras. En su primera novela The Bluest Eye

(1970), la autora explora cómo “la mirada del orden social dominante es internalizado por sus personajes negros […] y cómo ellos se construyen a través de la mirada del amo”4, es decir, del blanco (Guerrero, 1990: 762). Es aquí donde la problematización de la imagen en esta novela se torna sugestiva en cuanto a su rol en la construcción de significados culturales y representaciones estéticas, atendiendo a la convergencia de cuestiones de clase, género y color. La novela The Bluest Eye abre líneas exploratorias en torno a la belleza occidental y su “extraordinaria destructividad cuando impuesta en la comunidad de color en general y en las mujeres de color en particular”5 (Guerrero, 1990: 763). Personajes centrales de la novela, como Pecola y Pauline Breedlove, Frieda y Claudia, son los expositores de los distintos grados de internalización de la imagen cinemática y de los efectos nocivos en la conciencia negra que se generan en el día a día y de los que se hace imposible escapar. En próximas publicaciones, se presentarán avances en el análisis específico de los distintos personajes femeninos de la novela y en cómo la imagen cinematográfica hollywoodense interviene en la representación de la estética femenina y en cómo estos se entienden y entienden el mundo.

Conclusión

Como se intenta evidenciar, el cine “surgió como una tecnología que permitió la circulación […] de la mirada […] pero también como un medio de expresión constitutivo de una nueva colectividad” (Quintana, 2003:140). El film como producto cinematográfico, “funciona como una especie de fuerza demoledora del pensamiento […] con el claro objetivo de conceder visibilidad a las cosas reales” (Gertrude Koch, 2000: 95 citado en Ángel Quintana, 2003:140). Sin embargo, la sensibilidad visual colectiva no se desarrolló conjuntamente con las trascendencias y significaciones creadas y difundidas por la industria cinematográfica. En el caso particular de Hollywood, éste desarrolló el famoso sistema de estrellato que se

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