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Representantes franceses del proceso al monoteísmo

CUESTIONES EMERGENTES EN TORNO AL MONOTEÍSMO

1.3. Representantes franceses del proceso al monoteísmo

Olivier Abel presenta un panorama de los representantes franceses del proceso al monoteísmo, distinguiendo dos líneas principales.13En la prime-

ra, llamada vertiente dionisíaca, ubica a Jean-François Lyotardy a Gilles Deleuze,a los que considera relectores de motivos nietzscheanos. En la se- gunda, denominada vertiente comparativista, pone a Marcel Detienne.

14. El autor cita a J. F. LYOTARD, Rudiments païens. Genre dissertatif, Paris, 1977. a) La vertiente dionisíaca

Jean-François Lyotard,14uno de los teóricos de la postmodernidad,

retoma la cuestión de la voluntad de verdad relacionándola con su crítica a los “grandes relatos”. Se los llame historia de la salvación, emancipación del proletariado, desarrollismo, revolución francesa o modernidad, todos ellos dejan ver el trasfondo de su fuente inspiradora: la gran narrativa pla- tónico/cristiana. Estos grandes relatos son la principal amenaza para la ci- vilización, la vida y las culturas, en tanto que llevan el germen del autori- tarismo, la destrucción y el totalitarismo. A todos ellos postula oponer- les la visión pagana de la existencia con su remedio básico: la ligereza co- mo postura ante la vida. Sólo así se podría atacar de raíz a la actitud tota- litaria y a todas las demás formas de la voluntad de verdad. La matriz mo- noteísta que anima subterráneamente las vicisitudes ideológicas de Occi- dente y su raid homicida requiere del antídoto pagano. Es en esta línea de pensamiento que Lyotard propone su hipótesis de las dos vertientes de la Revolución Francesa. Una, que suele pasar por ser la única, es la de los Jacobinos; con su gran relato del nuevo orden, con sus asambleas, y sus festividades cuasilitúrgicas del neo/calendario para la humanidad. Se tra- ta de un movimiento descristianizador por apropiación del lugar cultural del gran relato del monoteísmo cristiano. La otra, la invisibilizada, es la de los Sans-culottes (“Descamisados”) con sus improvisaciones locales y sus fiestas comunales, que rompen el ritual jacobino e ignoran las festivi- dades oficiales. Ellos representan la vertiente pagana de la Revolución, la celebración de la pura potencia de la vida, el costado libidinal. Aquí no solo se daría la afirmación de la pluralidad de los dioses sino la indiferen- cia ante la cuestión misma de la exclusividad del Uno, del “lugar mono- teísta”. Las improvisaciones populares de París no se ofrecen a ninguna divinidad en particular sino a todas ellas. También aquí hay un movi- miento descristianizador, pero este es pagano y cambia el lugar cultural de lo divino, no lo reemplaza. Para Lyotard, el paganismo que la civiliza- ción actual necesita no es el de los antiguos griegos o romanos, sino el que se infiltra en la venas de la sociedad cada vez que triunfa lo que está fue- ra de la regla, lo marginal imposible de encauzar, lo que está librado a la imaginación y a las iniciativas concretas que no responden a ningún libre- to; cada vez que se realiza lo inútil, lo peligroso, lo singular. Este paganis- mo no representa el sacro del ordensino el de la transgresión(Caillois).

15. El autor cita especialmente: G. DELEUZE, Nietzsche et la philosophie, Paris, 1962. 16. Cf. M. DETIENNE, Comparer l’incomparable, Paris, 2000.

El baluarte de la resistencia a los grandes relatos, hijos de la matriz plató- nico/cristiana, será este paganismo de las singularidades insuperables y de las diferencias incomparables.

Gilles Deleuze,15por su parte, profundiza en la acusación nietzchea-

na al monoteísmo judeocristiano como enemigo de la vida. Sostiene que en todo cuerpo viviente hay dos tipos de fuerzas. Las activas (dominan- tes) que afirman la vida y las reactivas (dominadas) que inhiben las reac- ciones. Son estas segundas las que producen el resentimiento, entendido como memoria enferma por una reacción que no se ha llevado a cabo. El monoteísmo judeocristiano, con su típico ideal ascético, es el máximo re- presentante de las religiones del resentimiento. Sacraliza las fuerzas reac- tivas, la pasividad y desemboca en el nihilismo. La sanación de las perso- nas se produce, precisamente, cuando se activa lo reactivo, cuando la fuerza dominante logra actuarse, cuando se produce la reacción. Esto es lo que posibilitarían las religiones de dioses activos, afirmativos, como Dionisio y otros dioses paganos. Deleuze retoma también el ataque a la voluntad de verdad, esta vez con la acusación de que la voluntad de ver- dad destruye la apariencia. Esta, en su obsesión por encontrar lo que es- tá detrás, lo que está en el fondo, va desgarrando uno a uno los velos; pe- ro al final se da cuenta de que destruyó todo, descubre que la verdad no estaba más que en los velamientos. Contra esto, reivindica el valor de la superficie, de la epidermis, de la apariencia.

b) La vertiente comparativista

La segunda vertiente francesa del proceso al monoteísmo es presen- tada de la mano del antropólogo Marcel Detienney su texto Comparar lo incomparable.16En este caso, el cuestionamiento al monoteísmo se vin-

cula con la crítica a la noción de incomparabilidad. La matriz monoteísta se relaciona con la idea de que las religiones, las culturas, las naciones, no pueden ser adecuadamente comparadas entre sí, puesto que son incon- mensurables e intraducibles. Esta actitud, según Detienne, da lugar a pos- turas monocéntricas y nacionalistas, con la consecuente obsesión por de- tectar lo que las religiones, las culturas o las naciones tienen de absoluta- mente propio, de totalmente específico y único. El itinerario desemboca en los discursos de la pureza, de las verdaderas y falsas herencias, de lo

autóctono y lo genuino, que se alza contra las influencias extrañas, las mezclas, la contaminación de lo originario. El politeísmo, en cambio, ge- nera una matriz de pensamiento muy diferente, que se caracteriza por una actitud comparativista. Todo puede compararse, también los dioses. Esta conclusión la saca de sus estudios antropológicos, en los que postula al politeísmo como un sistema de relaciones complejas, de complementarie- dad, oposición y jerarquía. Los dioses nunca está aislados y siempre han de ser considerados en su posición relativa respecto de los demás. Atenas

no es la misma si se la mira desde su relación con Poseidóno si se lo ha- ce desde su ligamen con Hephaistos. El caballo no tiene el mismo signi- ficado si se trata del de Júpiter (no se lo puede sacrificar ni montar), que si nos referimos al de Marte (destinado a la guerra o al sacrificio), o al ani- mal de la fuerza productiva y del trabajo. Por eso, Detienne rompe con la idea de una evolución entre los sistemas politeístas y de estos al mono- teísmo. Se afianza más bien en la idea de que existen estructuras o confi- guraciones de dioses que se van utilizando según los contextos y las fies- tas. Los dioses no son estáticos ni unívocos, las experiencias son irrepeti- bles y las combinaciones infinitas. Los dioses son siempre plurales. La comparación es, por tanto posible. Estas estructuras, pueden verse a tra- vés del tiempo en algunos rituales. Pone como ejemplo el hilo conductor que atraviesa las prácticas de reunión en asambleasque se dan entre Etío- pes del sur, las comunas de la Italia medieval, los Cosacos de Zaporojié, los antiguos griegos, y los revolucionarios ingleses y franceses. Se obser- van los mismos gestos de formar un círculo, de convocar reuniones, de designar a quienes tienen el derecho de hablar desde el centro, de la aper- tura de las deliberaciones y de las actas que permitirán dar a la decisiones la publicidad de la escritura.

Olivier termina su presentación de las dos vertientes del proceso al monoteísmo destacando el complejo juego que subyace en sus críticos. Por un lado, cada monoteísmo ve el paganismo que está en el ojo de su adversario. Los protestantes acusan a los católicos por su paganismo del culto a María y a los santos; mientras que los católicos destacan el poli- teísmo protestante implicado en el pluralismo y en el igual derecho a la palabra que ignora la necesidad de una instancia legitimadora de la uni- dad. Mientras que la antropología católica de la filiación, la genealogía y la sucesión apostólica privilegiará los motivos de la pertenencia y la suje- ción a un lugar, la protestante del pacto, el contrato, la alianza, lo hará con el itinerario y el camino. Pero, por otro lado, cada reivindicación de

17. O. ABEL,Op. cit.,70.

18. Cf. P. GISEL, “Qu’en est-il de Dieu? ” en LCM, 11-24. 19. M. AUGÉ, Génie du paganisme, Paris, 1982.

20. J. P. VERNANT, Mythe et religion en Grèce ancienne, Paris, 1990, 11-12

politeísmo ve el monoteísmo que está en el ojo de su adversario sin ver el que está en el suyo: “Los ateos del catolicismo y del protestantismo no comparten el mismo ateísmo. Como si las figuras de politeísmo que co- nocemos estuvieran aun muy relacionadas con la forma de nuestros mo- noteísmos y con la forma del problema político que nos ponemos.”17