CAPÍTULO I. EFECTO DE LA FERTILIZACIÓN CON NITRÓGENO,
1.2.2. Requerimientos ambientales del cultivo de gladiolo
La temperatura del suelo, debe ser entre 10 y 12° C en la plantación y de 12 a 14° C durante el desarrollo, y puede ser hasta 18° C cuando la inflorescencia es visible (Buschman, 1985). Sin embargo, Vidalie (2001), menciona que la emergencia de la yema vegetativa es más rápido a temperaturas menores a 10º C y se detiene a partir de los 20º C. La temperatura mínima biológica (cero de vegetación) es de 5 a 6º C. Las temperaturas nocturnas bajas de 1 a 4° C que se presentan durante el desarrollo del cultivo disminuyen el porcentaje de floración y calidad de la inflorescencia, siendo la etapa más crítica de 2-5 hojas. Puede resistir temporalmente temperaturas superiores a 25º C (en ocasiones hasta 40º C solo si la humedad relativa es alta y la del suelo es óptima); pero pueden ocasionar necrosamiento en la
inflorescencia afectando la calidad. La formación de raíces contráctiles (carnosas, las que nacen del cormo nuevo) requiere que exista variación de temperatura en el día y en la noche. El crecimiento del cormo se favorece con temperaturas de 20º C, así también la temperatura afecta la dormancia de los cormos, es decir, los cormos producidos con altas temperaturas del suelo tienen un período más largo de dormancia que los cormos producidos a temperaturas bajas (Buschman, 1985). McKay et al. (1981) reportan que el número de días a floración lo determina la temperatura sobre un rango de fotoperíodo de 12.3 a 15.8 horas luz. Por otra parte, Imanishi e Imae (1990), indican que la etapa de 1-2 hojas y de 5-6 hojas es la más sensible a la temperatura baja ya que reducen el porcentaje de floración. De acuerdo con Leszczyñska y Borys (1994), la temperatura óptima para el desarrollo del gladiolo es de 25° C (el rango es entre 10 y 25° C, temperaturas ambientales entre los 10 a 15º C por la noche y 20 a 25º C durante el día), temperaturas menores a 10° C detienen el crecimiento de la planta.
Figura 1.1. Cultivo de gladiolo en Cocula, Guerrero. 2005.
1.2.2.2. Luz
Shillo y Halevy (1976e), mencionan que el fotoperíodo y la intensidad de la luz solar influyen en la floración. La baja disponibilidad de la luz en la fase inicial de crecimiento, ocasiona que
las inflorescencias se sequen. La etapa en la cual se ve más afectada la planta es desde la aparición de la primera hoja hasta la sexta o séptima hoja, cuando ocurre la diferenciación floral, provocando una disminución en el porcentaje de floración y una reducción en el número de flores por inflorescencia. Esto es confirmado por los estudios realizados por Buschman (1985), en los que menciona que las condiciones de luz deben ser óptimas desde la primera hoja hasta la sexta ó séptima. Si existe una deficiencia de luz en la primera fase, la inflorescencia se desecará; sin embargo, si ocurre en la etapa de la quinta hoja a la séptima la inflorescencia se forma pero con menor número de botones florales. Por otro lado, Imanishi e Imae (1990), reportan que la etapa más sensible es de 4-5 hojas, ya que la baja intensidad de luz durante este período reduce el porcentaje de floración y el número de flores por inflorescencia; en la fase de 6-7 hojas solo reduce el número de flores por inflorescencia. Además, reporta que la reducción de intensidad de luz por dos semanas en la etapa de 1-3 hojas retrasa la floración de 6-10 días, pero tiene poco efecto en el porcentaje de floración. De Hertogh y Le Nard (1993), indican que las condiciones de luz son afectadas por la temperatura, de esta manera a mayor temperatura el requerimiento de luz necesario para evitar el aborto de flores es más alto, dependiendo de la variedad. También mencionan que la luz no afecta la iniciación floral debido a que puede efectuarse uniformemente bajo oscuridad. La baja intensidad luminosa aplicada con una prolongación de día largo o noche corta es efectiva, debido a que el porcentaje de floración y la calidad de la inflorescencia se incrementan y la antésis se retrasa. Leszczñyska y Borys (1994), señalan que para reducir la incidencia de esta enfermedad fisiológica es necesario: a) seleccionar variedades de menor requerimiento de condiciones lumínicas; b) reducir la densidad de plantación; c) ajustar el arreglo de la plantación de cormos y dirección de las hileras, para mejorar la cantidad de radiación solar integral diaria; d) incrementar la intensidad lumínica y extender las horas luz a través de la iluminación artificial; y e) utilizar cormos de tamaño grande. Al respecto, López (1989), recomienda que para siembras de primavera se utilice el cormo número 2 ó 3 (tamaño mediano), y cuando se cultive en invierno utilizar el número 1 o gigante.
1.2.2.3. Fotoperíodo
Con fotoperíodos largos se tiene una mejor calidad en la flor pero una disminución en el peso del cormo. Esto es corroborado por Rees (1992) y McKay et al. (1982), quienes mencionan
que los días largos incrementan el porcentaje de floración, número de flores por inflorescencia y longitud de la inflorescencia, pero retrasa el desarrollo de la inflorescencia y antésis, mientras que los días cortos promueven el crecimiento del cormo. Tal efecto establece una competencia por fotosintatos entre las flores con cormos y cormillos, con los días largos favorece el desarrollo de la inflorescencia y flores a expensas del cormo y cormillos.
1.2.2.4. Humedad relativa
El desarrollo de la planta en suelos húmedos permite tolerar a la planta temperatura hasta de 50º C. Por otra parte, la traslocación de asimilados para el desarrollo de la inflorescencia se reduce bajo estas condiciones con un rápido desarrollo del cormo nuevo (Shillo y Halevy, 1976d). La humedad ambiental requerida para el desarrollo de la planta deberá estar comprendida entre el 60-70%. Las plantas son muy sensibles a los rocíos y lluvias por lo que se recomienda cubrir los cultivos en invierno.
1.2.3. Requerimientos edáficos 1.2.3.1. Tipo de suelo
El gladiolo generalmente se puede cultivar en la mayoría de los suelos, la condición es que sean ricos en materia orgánica, que tengan buena estructura y permeabilidad. Una estructura inadecuada puede disminuir el rendimiento de los cormos hasta en un 30% (Leszczyñska y Borys, 1994). De hecho, los suelos franco-arenosos son los más ideales para la producción de flores y cormos de gladiolo. Los suelos con otro tipo de textura presentan ciertos problemas; por ejemplo, en los suelos arenosos puede presentarse más deficiencia de micro-nutrimentos por la rápida y fácil lixiviación de estos; en suelos arcillosos, la cosecha de los cormos es la más difícil, además durante el ciclo de vida del cultivo se presenta con más frecuencia problemas fitosanitarios debido al exceso de humedad; y en los suelos orgánicos pueden producirse inflorescencias florales largas y fuertes, cormos más grandes, pero estos últimos requieren de un cuidado especial durante el secado, principalmente por la humedad y las enfermedades fungosas (Salinger, 1991).
1.2.3.2. pH del suelo
Se recomienda el cultivo de flores de gladiolo a un pH de 6 a 7; debido a que un pH menor de 5 hace posible que se presenten daños en el cultivo por deficiencias de flúor; mientras que un pH mayor a 7.5 presentan los síntomas de deficiencia de hierro que se tornan más severos (Buschman, 1985).
1.2.3.3. Salinidad
El gladiolo es una planta sensible al contenido de sales. Al respecto se menciona que el cloro (Cl) en el suelo debe ser menor de 3 meq L-1, en el agua de riego para el cultivo en invernadero no mayor de 200 meq L-1; y en el agua de riego para cultivo al aire libre no debe exceder las 600 ppm (Buschman, 1985). La reducción de la producción debido a la salinidad del suelo en el cultivo de gladiolo, es de un 10% a 1.5 dS m-1, 25% a 3.5 dS m-1 y un 50% de disminución en la producción a 7.0 dS m-1 (Salinger, 1991).
1.2.3.4. Humedad del suelo
El déficit de humedad del suelo reduce el número de flores. Buschman (1985), indica que la etapa en que se ve más afectado el cultivo de gladiolo en cuanto a humedad, es de la tercera a la séptima hoja, es decir, durante el desarrollo de la inflorescencia. Grabowska (1986); considera al gladiolo como una planta muy exigente en agua, la cual dependiendo del tamaño de la planta, llega a extraer de 5 a 10 litros de agua del suelo durante su periodo vegetativo. Robinson et al. (1983), señalan que el gladiolo presenta un estrés mínimo en el rango de potencial de agua del suelo de -3.8 a -6 bar; la cual ocasiona una gran reducción en la fijación de CO2 y en menor grado un retraso en la traslocación de asimilados hacia las hojas, también disminuye la cantidad de asimilados en la inflorescencia y los incrementa en el cormo; es por eso que en este último órgano se incrementan el peso seco y el potencial hídrico disminuye en la parte aérea. Salinger, (1991); Shillo y Halevy (1976d), reportan que en la condición de suelo seco acelera el desarrollo de la inflorescencia y la apertura floral; y por el contrario, si existe una humedad alta permite a la planta tolerar una temperatura alta hasta de 50º C, pero si la humedad se aloja en los ángulos de las hojas se induce al desarrollo y proliferación de enfermedades fungosas.