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Requiere tiempo (Ecle 3:1)

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo.

Fil. 1:6 Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.

No hay atajos en el camino hacia la madurez. Convertirnos en adultos requiere años, y toda una estación para que el fruto crezca y madure. Es igual para el fruto del Espíritu. El desarrollo de un carácter semejante al de Cristo no se puede apresurar. El crecimiento espiritual lleva tiempo. Mientras nosotros nos preocupamos en que tan rápido crecemos, Dios se interesa en que tan fuertes crecemos. Dios ve nuestras vidas desde y para la eternidad, por eso nunca tiene prisa.

Antes que Cristo invada nuestra vida en la conversión, a veces tiene que ablandarnos, permitiendo que tengamos algunos problemas que no podemos resolver. Algunos abren su vida a la primera llamada, la mayoría nos resistimos y estamos a la defensiva. En cuanto aceptamos a Cristo, Dios consigue una cabeza de playa en nuestra vida. Luego Cristo empieza su campaña para tomar más y más territorio, hasta que toda nuestra vida es completamente suya. Habrá luchas y batallas, pero el resultado final nunca se pone en duda.

El discipulado es el proceso de conformarse a Cristo. La semejanza a Cristo es nuestro destino final, pero el viaje durará toda la vida. Este viaje implica creer (mediante la adoración), pertenecer (en la comunión), y llegar a ser (mediante el discipulado). Dios quiere que llegues a ser un poco más como Él cada día.

Dios está más interesado en la fortaleza y la estabilidad que en la rapidez. Queremos la solución inmediata que nos libere de los dolores del crecimiento. Pero la verdadera madurez nunca es resultado de una sola experiencia, no importa cuan poderosa o conmovedora llegue a ser. El crecimiento es gradual.

¿Por qué toma tanto tiempo? Aunque Dios podría transformarnos en un instante, decidió desarrollarnos lentamente. Jesús entrena a sus discípulos en forma pausada, prefiere trabajar en nuestras vidas avanzando paso a paso.

Somos de lento aprendizaje: Tenemos que releer unas cuantas veces para entender. Tendemos a olvidar las lecciones que Dios nos enseña. Necesitamos repetidas exposiciones de la lección.

Tenemos mucho que desaprender: Dado que la mayoría de nuestros problemas, y de todas nuestras malas costumbres, no se desarrollaron de la noche a la mañana, es poco realista esperar que se marchen de inmediato. Deshacer el daño provocado en muchos años, requiere arduo trabajo de eliminación y sustitución. Al convertirte se te dio una nueva naturaleza, pero todavía tienes viejos hábitos y prácticas que necesitan ser eliminados y reemplazados.

Tememos enfrentar con humildad la verdad acerca de nosotros mismos: La verdad nos hace libres, pero inicialmente nos hace sentir infelices. El temor a descubrir nuestra verdad nos mantiene presos en la negación. Sólo en la medida que permitamos que Dios, con la luz de su verdad, ilumine nuestros defectos, fracasos y complejos, podremos empezar a trabajar en ellos. No podemos crecer sin una actitud humilde y con una buena disposición de aprender.

A menudo el crecimiento es doloroso y nos asusta: No hay crecimiento sin cambio, no hay cambio sin temor o pérdida, y no hay pérdida sin dolor. Todo cambio involucra alguna clase de pérdida. Tenemos miedo de estás pérdidas.

Desarrollar hábitos lleva tiempo: Tu carácter es la suma de todos tus hábitos. Hay una sola manera de desarrollar los hábitos de un carácter semejante al de Cristo: practicándolos; y eso toma tiempo, no hay hábitos instantáneos. Si practicas algo durante un tiempo, te perfeccionas en eso. Los hábitos que edifican el carácter se llaman disciplinas espirituales. La repetición es la madre de del carácter y la habilidad. No te apresures, hay varias maneras de cooperar con Dios en el proceso de crecer en la madurez espiritual.

Cree que Dios está trabajando en tu vida aún cuando no lo sientas: El crecimiento espiritual es a veces un trabajo tedioso, en el cual se avanza un pequeño paso a la vez. Espera un progreso gradual, con períodos cortos e intensos, y otros de estabilización y prueba. Con el tiempo la piedra se convierte en polvo y la semilla en un árbol gigante.

Ten un cuaderno o diario para anotar las lecciones aprendidas: Esto es un registro de lo que estás aprendiendo. Apunta los descubrimientos y lecciones que Dios te enseña. Anótalas para que puedas repasarlas, y evites mucho sufrimiento y dolor innecesario si las olvidas.

Se paciente con Dios y contigo mismo: Una de las frustraciones de la vida es que el programa de Dios raramente es igual al nuestro. A menudo tenemos prisa, pero Dios

no. Recuerda que Dios nunca anda de prisa, pero siempre llega a tiempo. Él usará toda tu vida preparándote para tu papel en la eternidad. Contrariamente a los títulos de los libros populares, no hay pasos fáciles para alcanzar la madurez, o los secretos de la santidad instantánea. Las almas grandes crecen y se forman atravesando luchas, tormentas y tiempos de sufrimiento. Ten paciencia con el proceso. Sólo tenemos que dejar que Dios haga su trabajo para que nosotros lleguemos a ser maduros y bien desarrollados.

No te desanimes: Un retraso no significa negación de parte de Dios. Recuerda cuanto has progresado, no únicamente cuanto te falta. No estás donde quieres, pero tampoco donde estabas. Dios no ha terminado contigo todavía, así que sigue avanzando. ¡Hasta el caracol subió a bordo del arca por su perseverancia!

Día 28

Punto de reflexión: No hay atajos en el camino hacia la madurez.

Versículo para recordar: Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. Fil. 1:6

Pregunta para considerar: ¿En que aspecto de mi crecimiento espiritual necesito ser más paciente y perseverante?

Propósito # 4

Fuiste formado para servir a Dios

1 Cor. 3:56 ¿Qué somos?... Nada más que servidores por medio de los cuales ustedes llegaron a creer, según lo que el Señor le asignó a cada uno. Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento.