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I. Introducción

2.4 Rescate de ashánincas prisioneros en el monte

La lucha contrasubversiva generó más violencia y muertes. Algunas familias huyeron al monte solos y otros se fueron como prisioneros de Sendero Luminoso cuando estos supieron que el Ejército o la Marina iban a entrar a las zonas o comunidades que ocupaban. Reunían a la población para trasladarse al monte, aquellos que se negaban eran asesinados al instante. Las familias que iban con Sendero pasaban situaciones adversas: vivían en condiciones infrahumanas, comiendo frutos silvestres, hojas, raíces durante mucho tiempo. J.T. nos cuenta;

Mis tres hijos han muerto en Chiquireni, río Ene. Cuando los terroristas nos llevaron a ese lugar, mi ex-mujer primero había escapado y en el camino había dejado a mis hijos; ella ya no podía resistir, flaquita había

salido. Yo me escapé con otras 16 personas por el río Tambo y la ronda asháninca nos capturó y nos trajo aquí. A mí la población no me quería; cuando quise servir en el ejército que tenía su base acá, me decían: “No hay que darle armas, nos pueden matar”. Pero el teniente del ejército habló con el jefe de la comunidad y la población, así me quedé a servir a mi patria.

Son tantas las familias que murieron cuando intentaban escapar de las prisiones o campamentos de Sendero Luminoso; sobre todo niños y mujeres que no resistían, la desnutrición acabó con sus vidas prematuramente. Cabe resaltar que estas familias, cuando intentaban refugiarse en alguna comunidad, eran rechazadas por el hecho de haber tenido contacto involuntario con Sendero. Las rondas ashánincas que lograban rescatarlas no aceptaban fácilmente las versiones que daban; no creían que sus hermanos habían sido obligados y forzados por los subversivos. G.P. nos dice: “Cuando había subversión yo, mi señora y mis hijos nos fuimos al cerro durante tres años. Los ronderos nos han rescatado de los tucos en el río Ene

y nos llevaron a Poyeni donde estuvimos un año”.

Hubo familias que tuvieron la suerte de salir sanos y salvos de los campamentos, pero otros perecieron en el rescate o en el camino cuando intentaban huir, ya sea de hambre, desnutridos o baleados por los subversivos. Los testimonios que nos brindan los protagonistas de este episodio son realmente indignantes; ellos cuentan que los subversivos en los campamentos los hacían comer “ishanga” –planta espinosa también

conocida como la hortiga– para que sean fuertes y valientes, les decían.

También les daban carne de perro chorreando de sangre y carne de niños que fallecían de hambre; los repartían a todas las personas que llevaban como prisioneros. Ante esta realidad muchos optaron por escaparse. J.T nos cuenta:

Nosotros escapamos del campamento senderista del Ene. Treinta personas, entre ellos había el hermano de un comandante quien iba a recogerlo en helicóptero que venía de los sinchis de Mazamari. Con él

planeamos escaparnos. Nosotros nos fuimos por el cerro y él se quedó esperando la llegada del helicóptero. Los terroristas se habían ido a Vizcatán (Ayacucho) a matar, Aprovechamos eso, pero cuando estábamos escapando un grupo de tucos nos perseguía; a una chica le dispararon que murió al instante. De los treinta que salimos, solo dieciséis llegamos a la boca del Ene. El resto murió disparado por los rojos. Luego nos persiguieron hasta el Tambo. Trajeron a una niña de 8 años como trampa, su mamá había escapado con nosotros; la niña venía gritando sola por las orillas del río, nosotros estábamos escondidos en el monte y más abajo venían los subversivos en balsa. Yo recogí a la niña y rápido me escapé; así llegamos caminando por el monte, la niña nos dijo que los rojos venían detrás de ella. También supimos que al hermano del comandante lo habían matado junto a otras personas que iban a escapar, todos ellos eran senderistas. Pareciera que a los subversivos les encantaba asesinar a gente indefensa e inocente, si realmente querían tomar el poder pues este no se encontraba en las montañas sino en las ciudades. Nada tenían que hacer ellos con gente tan ligada a la naturaleza, vulnerables como grupo social, que probablemente les resultaba difícil adaptarse a la vida urbana. Si Sendero Luminoso pensaba en una lucha del campo a la ciudad, los Asháninca no habrían contribuido mucho con ese fin.

Nuestro informante J.T. nos dice:

Sendero Luminoso cuando nos llevaba al monte, a la gente que no podía caminar los mataban. A mi mamá la mataron porque no podía caminar. Ella venía atrás, cuando pregunté por ella el que la había

matado me dijo: “Tu mamá está bien”.

Pues en el monte no comían, por eso no podían caminar. En cambio los subversivos sí se alimentaban bien, exigían que les traigan comida.

También C.C. nos dice:

“Yo he sido rescatado de las manos de Sendero por la ronda. Luego fui llevado a Poyeni donde estuve dos años. Luego M.P. nos dijo: “Tenemos que retornar a nuestra comunidad”. Primero vinieron los hombres a preparar la comunidad y luego vinimos nosotros.

Son muchas las familias que fueron rescatados de las manos de Sendero. Otros, que se habían desplazado por su cuenta, también se encontraban con los senderistas en el monte al haber sido capturados y llevados a sus campamentos.