En la Vita Italiana, (nº de junio), un artículo de M. Gherardo Maffei, sobre las rela- ciones del Judaísmo y de la Masonería, testimonia una actitud comparable a la que se afirmaba ya en el artículo de M. J. Evola de la que hemos hablado anteriormente. El au- tor remarca muy justamente que, en lo que concierne al origen de la Masonería, la pre- sencia de numerosos elementos hebreos en su simbolismo no prueba nada, tanto más que, al lado de ellos, se encuentran muchos otros vinculados a tradiciones muy diferen- tes; además, esos elementos hebreos se relacionan con una vertiente esotérica que sin duda no tiene nada que ver con los aspectos políticos u otros que enfocan los que com- baten al Judaísmo actual, y de los cuales muchos pretenden asociarlo estrechamente con la Masonería. Naturalmente, todo eso carece de relación con la cuestión de las influen- cias que, en efecto, pueden ejercerse en nuestra época en la Masonería tanto como en otras partes, pero es precisamente esta distinción la que, por ignorancia o por prejuicio, se olvida demasiado frecuentemente; y añadiremos más claramente aún, por nuestra par- te, que la acción de los Masones e incluso de las organizaciones masónicas, en toda la medida que esté en desacuerdo con los principios iniciáticos, no podría de ningún modo ser atribuida a la Masonería como tal.”
En Etudes Traditionnelles, septiembre de 1937. Recopilado en Etudes sur la Francmaçonnerie I.
En la Revue Juive de Ginebra (nº de diciembre), el Sr. Paul Vulliaud dedica un artí- culo al misticismo judío; como él dice, se ha contestado frecuentemente que exista algo a lo que pudiese aplicarse tal designación, y, en efecto, eso depende de los que se en- tienda por “misticismo”; nos parece que él mismo toma esta palabra en un sentido más bien amplio e insuficientemente definido; quizás podría admitirse que conviene en cier- ta medida al Hasidismo, pero, en todo caso, la Kábala es sin duda de otro orden, esotéri- co e iniciático. El empleo de la palabra “pietista” es también un ejemplo del peligro que hay en trasladar ciertos términos de una doctrina a otra para la cual no han sido hechos: el “pietismo” es propiamente una de las numerosas variedades del protestantismo, y es casi sinónimo de “moralismo”; esa es cosa totalmente extraña, por no decir opuesta, no solamente a todo esoterismo, sino incluso al simple misticismo. Al final de su artículo, P. Vulliaud protesta muy justamente contra la opinión “racionalista” (y “modernista”, añadiremos) según la cual la Kábala constituiría una “heterodoxia” en el Judaísmo, y
contra la incomprehensión de los “críticos” imbuidos del espíritu y de los métodos uni- versitarios ¡y que llegan hasta calificar al Zohar de obra incoherente!
Publicada en Etudes Traditionnelles, febrero de 1939. Recopilada en Comptes Rendus.
En Hommes et Mondes (nº de febrero de 1947), el Sr. Henri Serouya da sobre la Kábala un estudio bastante simplificado y “exterior”, y en el que hay desgraciadamente muchas confusiones: así, habla indiferentemente de “iniciados” y de “místicos”, como si fueran para él la misma cosa; admite la interpretación “panteísta” de ciertos modernos, sin percatarse de su incompatibilidad con el carácter metafísico que él reconoce por otra parte a la Kábala, y llega incluso hasta decir que “Dios es el reflejo de todo”, lo que es una extraña inversión de la verdad; no ve más que un “disimulo voluntario” y “procedi- mientos artificiales” en la manera como los Kabalistas comentan las Escrituras, y desco- noce evidentemente la pluralidad de sentidos de éstas y la constitución misma de las lenguas sagradas, así como la naturaleza real de las relaciones del exoterismo y del eso- terismo; parece encontrar sorprendente que En-soph, de lo que se hace además una con- cepción “spinozista”, no sea el Dios creador”, como si los aspectos divinos se excluye- ran unos a otros, como si el “Supremo” y el “No-Supremo” se situaran en el mismo ni- vel; da del árbol sefirótico un esquema que nada tiene de tradicional y donde falta espe- cialmente la indicación de la “columna del medio”; confunde el “embrionado” con la “metempsicosis”; y, citando a Lao-Tsé hacia el final, le atribuye, no sabemos según qué “fuente”, ¡un libro titulado El doctrinal! Por otra parte, es muy difícil darse cuenta exac- tamente de lo que él piensa de todo eso en el fondo, y es muy de temer que no vea otra cosa que “ideas filosóficas” o “especulaciones abstractas” de un género un poco espe- cial; en cuanto a las razones por las cuales se ha interesado por el tema, parecen ser de un orden muy contingente y más sentimentales que intelectuales; ¿sentiría incluso algu- na atracción aún por la Kábala si comprendiera que nada tiene en común con el misticis- mo?
En Etudes Traditionnelles, junio de 1947. Recopilada en Comptes Rendus.
- Hemos recibido el primer nº (enero-marzo de 1949) de los Cahiers d´Etudes Cathares publicados por el Institut d´Etudes Occitanes de Toulouse y dirigido por el Sr. Déodat Roché. Este es el autor de los principales artículos, uno sobre los Cuentos y le-
yendas del Catarismo, entre los cuales hace además figurar cuentos gascones cuya rela-
ción con el Catarismo quizá no es tan evidente como lo piensa, y otro sobre Los docu- mentos cátaros, el origen maniqueo y las principales escuelas del Catarismo, donde re- encontramos algunas de las ideas ya expresadas en su libro del que hicimos reseña últi- mamente (nº de abril-mayo de 1949). Lo que es más extraordinario, es la influencia
ejercida sobre él por las concepciones de Rudolf Steiner, a quien llama “el fundador de una ciencia espiritual moderna”, y del que dice haber “descrito de manera profusa la evolución espiritual de la humanidad”; otra marca de la misma influencia es la repro- ducción de un artículo sobre Bardesanes aparecido en la revista del Goetheanum de Dornach. –El Sr. René Nelli, en un artículo sobre los Trovadores y el Catarismo, reco- noce que “las alusiones precisas a los Albigenses y a sus costumbres son bastante raras en la poesía de los Trovadores; no ha podido encontrar más que muy pocas huellas de una influencia cátara, y todavía la mayor parte son bastante vagas. También piensa él que “ han vivido al margen del Catarismo, otra <herejía> más suave, mejor adaptada a la sociedad para la cual cantaban”; por nuestra parte, diríamos más bien que pertenecen a otra “corriente” que en realidad no era en absoluto herética, sino propiamente esotéri- ca, y que no era otra que la de los “Fieles de Amor”
- Un estudio sobre Los orígenes y el desarrollo de la Kábala judía según algunos trabajos recientes, por el Sr. G. Vajda, no nos hace apenas salir del “historicismo”: pare- ce que aquí el gran asunto sea sobre todo determinar en qué época tal término o tal fór- mula se encuentra por primera vez en un documento escrito, lo que ciertamente no tiene el alcance que se le pretende atribuir; entiéndase bien, no se quiere ver en la Kábala más que el producto de una elaboración debida a una serie de autores individuales, puesto que, en todos los trabajos profanos de este género, la cuestión de la existencia e un ele- mento “no-humano” no es incluso planteado jamás, lo que viene a decir que su negación implícita es en realidad uno de sus postulados fundamentales. No insistiremos más, pero no podemos dispensarnos de señalar que reaparece también aquí una confusión constan- te entre esoterismo y misticismo; ello también parece pues tender cada vez más a con- vertirse en una de las cosas que se ha convenido admitir comúnmente sin otro examen y como si fuera evidente, ¡tan grande es la ignorancia de nuestros contemporáneos respec- to a las nociones tradicionales más elementales!