• No se han encontrado resultados

Responsabilidad de los sujetos por los actos cometidos

Realizado nuestro esfuerzo por determinar los valores que subyacen en la obra de Tolkien, así como para resaltar los criterios cristianos y de derecho positivo que creemos son adecuados tener en consideración, nos vemos ahora con los elementos necesarios para atribuir responsabilidad por los actos que acontecen en el marco de las guerras entre Melkor y los Pueblos libres.

El sistema para hacerlo no es sencillo. Una opción sería realizar una especie de Juicios de Nüremberg, tipificando una serie de delitos de manera ex post y atribuyendo la responsabilidad por su realización o no a los sujetos. Pero nos estaríamos enfrascando en una labor de derecho penal muy extensa, que nos costaría demasiado espacio, demasiadas reflexiones repetitivas y haría de este estudio un material arduo, farragoso y poco útil. Lo que hemos optado por hacer es recopilar aquellos hechos de las Guerras de Beleriand que nos parece deben ser juzgados y en base a esto atribuir responsabilidad a quien creamos merecedores de ella, sin criterios penales taxativos, haciendo un juicio de consenso con los principios morales y jurídicos que hemos expuesto. Además, como colofón realizaremos un análisis en perspectiva de los sujetos y pueblos más importantes que participan en los hechos.

El inicio de las hostilidades

El primero de los hechos que analizamos aquí es el comienzo de las Guerras de Beleriand, es decir, la invasión de los ejércitos orcos de Morgoth sobre el reino de Doriath, Ossiriand y las Falas. El ataque no se debe a ninguna provocación de los otros reinos contra Angband, ni es la respuesta a ningún acto. Por lo tanto debemos buscar la causa en una decisión de Morgoth. Esta decisión es tomada por la voluntad de Melkor de someter cualquier tipo de vida sobre Arda. No en vano, ya desde el principio de la creación, se enuncia: “Por tanto, mientras la Tierra era todavía joven y estaba toda en

llamas, Melkor la codició y dijo a los otros Valar: -Este será mi reino, y para mí lo designo”. Lo podemos leer en el Ainulindalë. Por lo tanto, y como será la tónica general

por el papel que Tolkien le atribuye, hemos de designar a Melkor responsable de haber iniciado una guerra ilícita, puesto que incumple todos los requisitos y supuestos que podrían dejarnos margen a una consideración diferente.

La invasión de Beleriand por parte de los Noldor

Es más discutible en cambio la irrupción de los Noldor exiliados sobre las tierras de Hithlum y Beleriand. Hay dos Estados que reclaman estas tierras, el reino de Thingol y Angband. Para ayudarnos con nuestro problema tomamos como referencia lo que dice el Derecho internacional público al respecto.

Para considerar que existe un Estado como sujeto, se toma como necesaria la existencia de cuatro elementos: territorio, población, organización política y soberanía. Nos interesa la relación entre territorio, población y soberanía para los territorios en disputa. En Hithlum, sólo tenemos constancia de existencia de población, al sureste del territorio, ya que vivían Elfos grises que habían emigrado desde el Sur. Por lo tanto, existe aquí población, pero no se habla de un poder o algunas competencias efectivamente ejercidas por parte de Thingol. Por lo tanto, hemos de concluir que: Melkor no tiene ninguna legitimidad para reivindicar las tierras de Hithlum, no más allá de su sueño de poseer toda la Tierra Media, pero esa voluntad en ningún caso le legitima para considerársele soberano del territorio. Por otro lado, Thingol tampoco puede reivindicar estas tierras, ya que aunque son Elfos grises los que moran, lo hacen de forma autónoma.

Los únicos que viven y tienen soberanía en Hithlum son los Elfos Grises que habitan en Mithrim, y sólo sobre Mithrim (no sobre Dor-Lómin ni sobre el norte de Hithlum). Así, en el momento de la llegada de los Noldor a este territorio, se forma una unión voluntaria, no una colonización forzosa e impuesta. Por lo tanto, no ha habido ningún acto reprobable aquí.

En Beleriand la cosa cambia, porque el reino de Doriath ejerce control sobre algunas comunidades esparcidas por los territorios de todo Beleriand. Por eso, sabiendo que su retorno puede ser conflictivo por llegar a tierras ocupadas, los Noldor envían emisarios a Doriath. Y la contestación de Thingol es clara: les permite explícitamente establecerse

en Dorthonion y Hithlum, le es negada la entrada a Doriath y es permitida la ocupación del resto de territorios pero siempre considerando que son invitados en el gran reino de Beleriand del cual Thingol es soberano. Está intentando imponer una especie de Estado Federal, donde él gobierna desde la sede central, Doriath, y los Noldor forman una suerte de regiones autónomas dentro de ese Estado.

Pero los Noldor, especialmente los hijos de Fëanor, se burlan de este proyecto. Respetan al reino de Doriath porque es el único en el que consideran que Thingol ejerce soberanía. En el resto de territorios, deciden constituirse en reinos independientes. Por lo tanto, en ánimo, están invadiendo. Y esto sería reprobable, pero queda claro que Thingol es incapaz de ejercer control sobre los territorios que, explícita o implícitamente, está cediendo. Esto contravendría la existencia de Estado y por lo tanto haría más benévolo nuestro juicio sobre la invasión de Beleriand. Sin embargo, hemos de ser medianamente firmes, con lo que llegamos a la siguiente conclusión. Desde una perspectiva global, la invasión de Beleriand no puede ser calificada de reprobable, puesto que infringe en poco o nada la soberanía real de esos territorios y, aún más, cuenta con el beneplácito de su soberano nominal. Pero desde el punto de vista de los dirigentes Noldor, están transgrediendo en ánimo el rudimentario tratado de coexistencia y sumisión con el reino Síndar de Doriath y los territorios de Beleriand ya poblados, y podríamos afirmar que son responsables por ello.

La motivación de la Dagor-nuin-Giliath y la Dagor Aglareb

Otra vez debemos analizar si el ataque de Melkor sobre los elfos en ambas batallas es lícito o no. Tras lo expuesto en los hechos vistos en la primera parte del trabajo y a la luz de la reflexión realizada para el inicio de la guerra, hemos de concluir que la motivación de Melkor para entablar ambas batallas no son justificables. La Dagor-nuin- Giliath, porque los territorios de Hithlum no son de soberanía de Angband y no tiene una justificación de derecho para iniciar el ataque. En el caso de la Dagor Aglareb es todavía más claro, puesto que el ataque se produce sobre reinos plenamente establecidos, es decir, es otra invasión en toda regla, contra un Estado funcional, y sin

una justificación más allá del deseo de prevalecer como amo y señor de Beleriand que tiene Melkor. Por lo tanto, debe ser considerado responsable por estas acciones ilícitas.

La persecución sobre los Orcos después de la Dagor Aglareb

Tras ser barridos del campo de batalla por las fuerzas combinadas de Fingolfin y Maedhros, los orcos se baten en retirada, desorganizados, hacia Angband. Son perseguidos por los Noldor. Como en prácticamente todas las batallas, los Noldor exterminan sin piedad a los ejércitos de Morgoth. ¿Es justificable la persecución y exterminio de enemigos vencidos?

Desde el derecho internacional público la respuesta no podría ser favorable excepto que estos soldados mostrasen signos de resistencia y fuera necesario matarlos para evitar un peligro para las tropas propias. Aunque en ningún momento se habla de que los Orcos se rindan, hemos de entender que se están retirando, habiendo perdido el ánimo de luchar, así que no representan una amenaza, pudiendo incluso se reducidos sin necesidad de aniquilarlos. Desde esta perspectiva podríamos entender que los Noldor son responsables por el maltrato que dan a un enemigo vencido.

Pero hemos de tener en cuenta dos aspectos: si la única forma de evitar que esos orcos llegasen a Angband y sirvieran para organizar otro ejército fuese matarlos, entonces sí podríamos justificar la muerte del enemigo. Además, si tenemos presente el trato extremo entre enemigos habitual en la época de los hechos, nada indica que Noldor procedan con una crueldad manifiestamente superior a la necesaria. Por lo tanto, consideramos que no deben ser, en consideraciones generales, responsables por la muerte de los orcos en retirada.

El sitio de Angband

Aquí los papeles han cambiado, porque son los elfos los que invaden territorio efectivamente dominado por Morgoth y ponen sitio a la fortaleza del Señor Oscuro. Podríamos decir que sí es justificable porque responde a la invasión de Melkor (existe la

causa justa) y tiene como objetivo evitar nuevas invasiones, bien sea matando a Morgoth o al menos evitando su expansión (recta intención).

Se podría argumentar que es una guerra de agresión y que, repuesta la situación inicial (fin de la ocupación de los orcos en Dorthonion), no hay motivo que justifique la continuación de las hostilidades. Pero deberíamos replicar que como no estamos en una situación donde se busca la coexistencia pacífica, sino la simple supervivencia, y esta pasa por acosar y aniquilar a un enemigo irreductible, no entran en juego los principios de respeto a la soberanía estatal.

Visto lo visto, con seguridad algunos podrían justificar plenamente el establecimiento del sitio de Angband. Pero queda un pequeño detalle. Aunque no se ha indicado anteriormente, otro de los aspectos que filosóficamente se toman en cuenta a la hora de cuestionarse la licitud de una guerra es si hay perspectivas de éxito, es decir, si la guerra se puede ganar. Y la pregunta que surge es: ¿Tiene verdadera utilidad el sitio de Angband?¿Ayuda a ganar la guerra? Si bien en un principio los elfos podrían haber pensado que sí, al no completar el cerco lo único que hacen es tapar una de las vías de salida del enemigo. Pero este sigue libre para moverse, salir por otras partes y, como se ve, atacar (invasión de Hithlum).

Por lo tanto, podríamos decir que sólo el cerco completo y total que propone Fingolfin es lícito. El asedio incompleto, en cambio, supone una utilización de recursos para los propios reinos elfos sin ninguna utilidad, ya que no es efectivo, sin contar con que supone la vulneración de territorio no propio tras un período largo de paz. Por lo tanto, pese a ser justificable desde muchos puntos de vista, el sitio de Angband en sí es calificable como ilícito y los dirigentes de los elfos son responsables por ello.

Dagor Bragollach

Cómo no, Morgoth vuelve a tomar la iniciativa y de forma sorpresiva ataca y derrota a los ejércitos Noldor acampados en Ard-galen y delante de Angband. Debemos diferenciar dos momentos: la embestida inicial y la limpieza de Ard-galen y la posterior irrupción en Hithlum y el norte de Beleriand.

En cuanto al primero, hemos de decir que el ataque de Morgoth sí es lícito, ya que obedece a un supuesto de defensa de su territorio. La estratagema de la sorpresa es uno de los mecanismos vistos que sí pueden considerarse aceptable, ya que no ha implicado traición ni engaño.

Pero una vez expulsados de Angband, y limpiado Ard-Galen de enemigos (que también consideramos que no entraña responsabilidad, puesto que esta llanura siempre ha estado en conflicto y sin soberanía efectiva, de manera que la utilización estratégica en la defensa no es jurídicamente incorrecta), la ofensiva de Morgoth no es justificable. Obedece a su antigua voluntad de dominación y a nada más y, por lo tanto, es responsable de esta acción ilícita.

Nírnaeth Arnoediad: motivación, formación de la Liga, traición

La iniciativa en la quinta y decisiva batalla la toman los elfos por medio de Maedhros, que encabeza junto a Fingolfin una unión de los pueblos libres, la última, contra Morgoth. ¿Son lícitos sus motivos? Después de la Dagor Bragollach Melkor ha ido invadiendo los territorios norteños, incluida Tol Sirion, que por obra de Sauron ahora se ha convertido en Tol-in-Gaurhoth, la Isla de los Licántropos. Está claro, pues, que la ofensiva de Morgoth no se ha detenido, ni ha intentado mantener unas razonables relaciones de coexistencia. Simplemente, tras la Llama Súbita ha medrado en territorio enemigo en vez de buscar una gran batalla como había hecho en el pasado.

Por ello, la contraofensiva que pretende Maedhros es lícita, ya que obedece a postulados defensivos: atacar a Morgoth antes de que siga haciéndose más fuerte e invada más territorios de Beleriand. De esta manera, consideramos aceptable y lícito el choque militar que quiere realizar Maedhros.

El hijo de Fëanor busca colaboración en el resto de pueblos y reinos y la obtiene sólo parcialmente. Orodreth de Nargothrond y Thingol de Doriath rechazan comprometerse y envían batallones simbólicos a la guerra Con una situación tan peligrosa tras la cuarta batalla, esta omisión en la colaboración con la empresa de Maedhros, Fingolfin, Turgon, las tres grandes casas de los Hombres y los enanos de las fronteras orientales sólo puede reprobarse. Así, hacemos responsables a los dos monarcas por su inactividad ante los

movimientos de sus aliados y de sus enemigos, y les atribuimos parte de culpa por la derrota en la Nírnaeth, ya que una intervención de los ejércitos de estos reinos podría haber cambiado el resultado de la contienda. En cierta manera, son culpables de traición por omisión.

El otro aspecto, y el más importante en la Nírnaeth, es la traición de los hombres Orientales durante la Batalla. Es una estratagema que sólo puede considerarse como vil, y no sólo debido a las repercusiones que tiene. Los Orientales nada ganan, como luego se verá, y sólo causan enemistad entre elfos y hombres en general y entre las razas de los hombres en particular. El gran beneficiado es Morgoth, puesto que consigue la victoria en la batalla y prácticamente, en la Guerra.

La traición es una estratagema reprobable, mucho desde el punto de vista de Tolkien y el cristiano, ya que nace de la mentira y de una mala voluntad, además de ser muestra de cobardía. Tenemos dos grupos de responsables: el gran instigador, Morgoth, que se vale de esta artimaña para lograr la victoria, y, no menos responsables, los orientales. Y lo son todos: en mayor medida sus líderes, sobre todo Uldor, que es el que servía a Morgoth ya antes de formar parte de los ejércitos de Maedhros, pero también todos los guerreros, que siguieron a sus líderes en la perfección de la traición, provocando la derrota total de los Elfos.

Las víctimas de la Nírnaeth Arnoediad. Húrin

Tras la batalla, pocos elfos y hombres regresan a casa. Por lo descrito, hemos de suponer que todos los prisioneros menos Húrin son ejecutados. Al tratarse de enemigos derrotados, heridos y moribundos, hemos de subrayar la especial ilicitud de estos hechos de los cuales es responsable Melkor y sus tropas.

Pero a los orcos se les ordena coger vivo a Húrin, y es capturado, aun a costa de muchos orcos. Es interrogado y torturado (esto depende de las versiones: en la de los Cuentos

Inconclusos sí recibe tormento, no en la de El Silmarillion y la edición más reciente de Los hijos de Húrin) en Angband, ya que Morgoth desea saber el emplazamiento de

Gondolin. Al final, Morgoth le lanza su maldición: “-Siéntate aquí ahora-dijo Morgoth-

desesperación. Porque has osado burlarte de mí, y has cuestionado el poder de Melkor, amo de los destinos de Arda. Así pues, con mis ojos verás, y con mis oídos oirás, y nada te será ocultado”

Las torturas y el trato degradante en extremo son otro de los hechos que aquí consideramos contravienen cualquier norma moral y jurídica de las que consideremos aceptables.

Tampoco podemos dejar de reprobar aquí la esclavización a la que Morgoth somete a la población de Hithlum después de la Nírnaeth y es responsable de esa ilicitud. De igual forma, los Orientales, como colonizadores y por sus abusos sobre la población, son responsables por estos actos ilícitos.

Los hijos de Fëanor y la caída de Doriath

Tras la primera ruina de Doriath, Dior, hijo de Beren y Luthien, hereda el Silmaril y el reino de Doriath. Pero los siete hijos de Fëanor, todos ellos desposeídos de sus reinos tras la Nírnaeth Arnoediad, le reclaman el Silmaril. Al negarse Dior, invaden el reino y allí mismo, en Menegroth, se produce una batalla entre los seguidores de Dior y los de los hijos de Fëanor. La matanza acaba con la destrucción final del reino de Doriath al morir Dior. También mueren Celegorn, Curufin y Caranthir.

No cabe aquí hablar extensamente sobre el derecho que pudieran haber tenido los descendientes de Fëanor sobre los Silmarils, pero la matanza constituye unos actos de asesinato y traición tremendamente importantes. Estamos hablando de una guerra civil a pequeña escala, una raza élfica contra otra y unos actos que en ningún caso son justificables. Los Noldor, que en cierta manera siempre habían respetado a Doriath durante la lucha contra Morgoth, atacan a sus medio-hermanos: olvidando la causa común que les une, los asesinan sin piedad y provocan la destrucción del que había sido uno de los reinos más fuertes de Beleriand.

Por ello, los hijos de Fëanor tiene una enorme responsabilidad por estos atroces crímenes.

La traición de Maeglin

Sabemos que Maeglin es un ser complejo y con un lado muy oscuro. Pero su potencial malignidad sale a la luz cuando Morgoth hábilmente le presiona. Estamos otra vez ante un Morgoth instigador de un acto de traición y otro sujeto que accede a cometerla (como los Orientales). Maeglin es capturado y torturado. Pero lejos de pensar que fue la tortura y la amenaza, Tolkien nos revela qué hizo ganar la partida:” y así ocurrió, como

lo quiso el destino, que Maeglin cayera en manos de los Orcos y fuera llevado a Angband. Maeglin no era ni débil ni cobarde, pero el tormento con que fue amenazado le amilanó el espíritu, y compró su vida y su libertad revelándole a Morgoth el sitio preciso de Gondolin[…] Grande fue por cierto la alegría de Morgoth, y a Maeglin le prometió el señorío de Gondolin en calidad de vasallo, y la posesión de Idril Celebrindal cuando la ciudad hubiera sido tomada; y en verdad el deseo de Maeglin por Idril y el odio que le tenía a Tuor lo ayudaron en esta traición”.

Es la combinación de miedo, odio y deseo frustrado lo que hacen finalmente que Maeglin revele el paradero de Gondolin. Y posteriormente regresa a Gondolin con maldad en su interior, esperando la acción de Morgoth.

Desde cualquier punto de vista, su traición es una de las más duras: es cobarde, es por motivos perversos y egoístas y no se funda sólo en salvar la propia vida. Esto, unido a las consecuencias (la caída de Gondolin) y a cómo participa en la batalla del lado de Morgoth nos hace declararlo netamente responsable por su crimen de traición. De igual forma, Morgoth también será responsable por la invasión de Gondolin, ilícita una vez más por los motivos expuestos, y por la utilización de la amenaza y el engaño en la guerra.

La Guerra de la Cólera: motivaciones, desarrollo, consecuencias

El primero de los asuntos a resolver es si es lícita la Guerra de los Valar. Resulta extraña

Documento similar