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3. Responsabilidad social en el sector público

3.1.4 Responsabilidad social en el Banco Nacional

Según Margarita Murillo (2008), una empresa socialmente responsable debe preocuparse ante todo por ser eficiente y competitiva y, al hacerlo, debe asumir buenas prácticas en el manejo de su negocio. Las empresas con alto grado de responsabilidad social deben hacerse responsables por los impactos que genera la actividad productiva a la que se dedica e incorporar en la toma de decisiones y en sus estrategias, las aspiraciones y necesidades de sus públicos de interés: clientes, colaboradores, proveedores, comunidades, gobierno. Es por esto que la responsabilidad social es concebida como una nueva filosofía para hacer negocios, pero también, como un modelo de gestión empresarial orientado a maximizar los resultados en tres dimensiones: económica-financiera, ambiental y social.

La banca mundial no escapa a esta orientación; por el contrario, un importante número de bancos de primer orden han incorporado, de una u otra forma dentro de sus planes estratégicos, la nueva visión de responsabilidad social imperante en el mundo. Algunos de estos bancos son: Santander Central Hispano, BBVA, Banco Itaú, Banco Bradesco, ABN AMRO, Credit Suisse Group, HSBC Group, Scotiabank, Mizuho Corporate Bank, Citigroup Inc, Dresdner Bank, Banco do Brazil, Dexia Group, Unibanco, entre otros. El Banco Nacional, por iniciativa de su gerente general y con la aprobación de su junta directiva, también tomó la decisión de ir un poco más allá de la responsabilidad social que la ley le exige. Esto lo hace convertirse en el primer banco estatal (y hasta ahora el único) en adoptar una visión socialmente responsable, más allá de las exigencias.

El interés por realizar acciones relacionadas con responsabilidad social empezó en el Banco Nacional dentro de la dirección de relaciones públicas. “Si se estudia la historia de la responsabilidad social o su evolución en otros países, como los europeos o en los Estados Unidos, la práctica fue similar: casi siempre han nacido en el seno de una oficina de comunicación o relaciones públicas, y también siguiendo con ese mismo patrón de comportamiento” (Murillo, 2008). El Banco Nacional empezó a generar acciones de responsabilidad social más como un enfoque filantrópico, que es la idea generalizada cuando se piensa en responsabilidad social, porque son los hechos más palpables y fáciles de visualizar.

Es una posición para decir a los demás que estamos haciendo cosas que se ven, que somos muy responsables, aunque por dentro no te estás dando cuenta si tus empleados tienen salarios por encima del mínimo, que si tus empleados tienen un salario suficiente como para que sus hijos estudien, coman, o acaso están muy endeudados, o si, de repente las mujeres ganan menos que los hombres, o si tienen más posibilidad de ascenso los hombres que las mujeres, en cuestiones de equidad, una serie de cuestiones más; si no sabes si tus empleados están viviendo en una casa de latas, porque no les alcanza el salario para una vivienda digna, que se yo. Eso por verlo internamente. (Murillo, 2008)

Es así como el Banco Nacional inició con este enfoque, con una visión hacia afuera, sobre todo porque esa fue la visión de la primera persona que asesoró a

la gerencia general en este tema. En este aspecto se realizó un buen trabajo, según Margarita Murillo (2008), porque fue la base para encarrilar al Banco en el tema. Luego se presentó el proyecto ante la Junta Directiva General, como una iniciativa de carácter institucional y esta aprobó el esquema de trabajo. El proyecto contemplaba la creación de una oficina o dependencia específica de responsabilidad social.

El señor William Hayden, gerente general del Banco Nacional, tenía en mente en ese momento llevar a cabo el cambio y tener una unidad cuya finalidad era desarrollar todo un programa de responsabilidad social. Sin embargo, al haber cambio de Junta Directiva, se requería la aprobación por parte de los nuevos miembros. “Fue como borrón y cuenta nueva, y todo lo que se hizo en el 2005- 2006, hubo que frenarlo en el 2007” (Murillo, 2008). Fue en el 2007 que se inició el proceso para convencer a la nueva Junta Directiva, porque los nuevos integrantes no tenían claro el panorama y algunos consideraban que la única responsabilidad de la institución era obtener ganancias y sostenerse a nivel financiero.

Era opinión de algunos que, para cuestiones sociales y ambientales ya el gobierno tenía sus entidades, y que el Banco Nacional no tenía por qué dedicarse a esas funciones. Algo como lo que afirmaba Johel Bakan al decir que “corresponde a los gobiernos y no a las firmas decidir sobre asuntos sociales, ambientales e industriales…” (Revista Summa, 2005, p. 34). Fue entonces cuando hubo que empezar en un trabajo de convencimiento de la nueva Junta Directiva, mediante trabajos de investigación, para hacerles ver la forma en que operaba la responsabilidad social en otras entidades o en otros países, sobre todo en bancos grandes como el BBVA y el Banco Santander.

Todo esto se hizo para darles una idea de lo que grandes bancos en el mundo estaban haciendo y hacerles ver la necesidad de que el Banco Nacional también debía adoptar esta filosofía, en su forma de hacer negocios “y que no se viera como iniciativas solo para pintar escuelas y que ellos, después, iban a posar

con una gran sonrisa para que dijeran: ¡Qué lindo el Banco Nacional!” (Murillo, 2008). Cuando la Junta Directiva aprobó el proyecto, pasaron nueve meses para que la oficina empezara a funcionar como ente asesor de la gerencia, ya como una dirección propiamente dicha: la Dirección de Responsabilidad Institucional. Según el señor Maximiliano Alvarado, Director de la Dirección de Responsabilidad Institucional (Entrevista, 6 de noviembre, 2008), el proceso de creación de dicha dirección se desarrolló durante el 2007, razón por la cual, a lo interno, no se sabía de la existencia de la oficina, ni las labores que realizaban. “De hecho, la opinión generalizada del personal era y aún prevalece en muchos niveles, que en la oficina no se hacía nada. Esto se daba así por cuanto se pasó prácticamente un año en labores de convencimiento con la Junta Directiva (Alvarado, 2008). Gracias al esfuerzo del gerente general, licenciado William Hayden Quintero, quien siempre ha creído en el proyecto, porque vio la forma en que se trabaja en otros lugares, se logró convencer a los miembros de la Junta Directiva de que el Banco Nacional debía asumir la tarea de hacer negocios responsablemente, cuidando áreas que no se habían contemplado en el esfuerzo inicial.

Cuando se contó con la aprobación de la Junta Directiva se inició con la actualización del plan estratégico, el cual ya estaba redactado, pero requería ajustes. Para la redacción de los ajustes se contó con la herramienta que utiliza el modelo de responsabilidad social para Costa Rica, desarrollado por el INCAE y adoptado por la AED, “el cual, al igual que otros existentes en el mundo, como el de Ethos, se puede aplicar en cualquier parte, no importa que sea en la China o en Costa Rica” (Murillo, 2008). Con base en los resultados del diagnóstico se empezaron a identificar las áreas de mayor urgencia en el Banco para enfocar el tema de la responsabilidad social y se estructuraron tanto el plan estratégico, como el plan operativo. A diferencia de otros proyectos del Banco Nacional, cuya aprobación depende solamente de la gerencia general, en este caso se requirió, además, la aprobación por parte de la Junta Directiva.

Al haberse producido un desfase, eran varios los ajustes que se debían hacer. Con base en el resultado de la autoevaluación, se llegó a la conclusión de que había muchas cosas pendientes por hacer, no tanto en la Dirección de Responsabilidad Institucional, sino en el Banco como un todo. La tarea ahora consistía en convencer a otras oficinas del Banco que había mucho por hacer y que la responsabilidad no era solo de la Dirección, sino que, tal y como se establece en los programas de responsabilidad social, esta no es labor de una oficina, sino de todos los miembros de la institución. Claro está, que el trabajo de orientación sí le corresponde a la Dirección. En palabras de Margarita Murillo (2008): “Nos corresponde orientar a la oficina que le toque. Por ejemplo, a recursos humanos en el tema de colaboradores. Hay muchas cosas que ellos tienen que hacer, pero que nosotros los podemos ayudar, asesorándolos”. Es así como el plan se basó en la aplicación de la herramienta aportada por la AED. 3.1. 5 La incorporación a la AED

Viendo los trabajos que estaban realizando la AED y las empresas asociadas, el Banco Nacional se interesó, sobre todo porque ya en el Banco se estaba impulsando un modelo de responsabilidad social. Un elemento primordial en la decisión del Banco fue el hecho de que el modelo que estaba impulsando la AED para Costa Rica había nacido en el seno del INCAE. Al Banco le interesó mucho el modelo y pidió a la AED la oportunidad de ingresar como miembro a esta red. El primer escollo que se encontró fue el hecho de que el Banco Nacional es un ente público y la AED, por lineamientos establecidos desde su creación, solo tenía empresas privadas como miembros. En palabras de Margarita Murillo (2008), “ellos argumentaron que los estatutos internos de ellos no les permitían el ingreso de una entidad pública porque había muchos estereotipos, de que no trabajábamos igual que la empresa privada, que teníamos una connotación de monopolio y una serie de asuntos más”

Vino entonces un trabajo de convencimiento para hacerles ver que, si bien el Banco es un ente público, funciona como una empresa privada. El Banco

Nacional está inmerso en un ambiente de competencia, donde los demás entes que integran el mercado financiero están en iguales condiciones y son regulados por las mismas leyes. Es una institución que igual debe luchar por conquistar y mantener sus clientes y tratar de conseguir, cada día más, una porción mayor del mercado. Estos argumentos hicieron que la AED aceptara que el Banco Nacional formara parte de sus asociados.

Cuando se llevó a cabo la primera jornada anual, donde van todas las empresas asociadas, el Banco estuvo como invitado a presentar sus resultados. Un elemento importante de mencionar es que los resultados de la institución parecían muy malos. Fue entonces cuando se hizo ver a los demás miembros de la Asociación que el Banco era una cosa totalmente atípica a lo que ellos estaban acostumbrados, primero por el tamaño de la institución, segundo porque el cuestionario, si se analiza a profundidad, “está elaborado en función de empresas transnacionales, de tal forma que el Banco debió tratar de ajustar algunas preguntas” (Murillo, 2008).

También se dieron cuenta de que muchos rubros que había que marcar como positivos si se realizan por iniciativa propia, en realidad el Banco los hace porque la Ley a la que está sujeto se lo manda. De ahí que se asumiera que no se estaba cumpliendo la medida. Como resultado del análisis del caso particular del Banco Nacional, los miembros de la AED se dieron cuenta de que las empresas públicas funcionan de forma muy diferente a las privadas. Así, lo que para el Banco es una condición mínima, exigida por ley (rojo, para mantener el formato de presentación de la evaluación), para otras empresas, de naturaleza privada, era un punto donde se ubicaban en nivel amarillo y casi verde, según explica Margarita Murillo (2008): “Los miembros de la AED no habían captado que nosotros como banco cumplimos muchas cosas que para otras empresas es ir mucho más allá de la ley, pero para nosotros es la condición mínima que nos establece la ley”.

El hecho de ser miembro de AED implica que sus asociados pueden participar en muchos de los proyectos que ellos desarrollan, aunque no necesariamente deban definir su situación en cuanto a la responsabilidad social. De hecho pueden aportar para obras sociales o ambientales y no necesariamente realizar el proceso de autoevaluación.

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