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“Creo en la piel de las cosas como en la de las mujeres.

En Saint-Front, lo han raspado, retocado, rehecho todo, centímetro por centímetro. Todo lo han falsificado: mentirosos, falsificadores. ¿Con qué derecho? ¡Trágica confusión¡ Bien sé que su intención fue buena. ¡Ay, ay¡ Peligro de las restauraciones. ¿Por qué no se preocupan más bien de hacer nuevas catedrales, quiero decir: de impulsar el espíritu hacia adelante y no, tan obstinadamente, tan cobardemente, hacia atrás, en la

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mera estimación y contemplación de las cosas pasadas?” 66

Nos adentramos en el ámbito de la restauración monumental. Llegado a este punto de complejidad, de sucesión de tiempos y transformaciones, de sucesión de experiencias que generan unas memorias y sedimentan otras, de la llegada del tiempo de hoy que precisa una actualización a sus demandas y exigencias. ¿Qué hacer? ¿Podemos o debemos hacer algo? ¿Con qué criterio y actitud? Todas estas preguntas nos insertan plenamente en el debate conceptual surgido desde el XIX, desarrollado en el tiempo y vigente hoy día con toda su vitalidad, postulando unos criterios, más o menos radicales, que nos conducen en cualquier caso a la frustración, a no tener nada claro, a no llegar a encontrar argumentos suficientemente sólidos.

Pero es de interés realizar una reflexión sobre las mismas. De esta forma, la posible opción de la congelación o parálisis de su vida, aparte de ser irreal, sólo nos llevaría en el tiempo a la des-actualización, o sea, al anclaje en un tiempo pasado y su inadecuación al tiempo de actualidad, que conduce inevitablemente a la muerte. Estado de parálisis, de inactividad de una vida, que nos describe George Perec:

"Pronto pudo parecer que en ellos se detenía toda vida. Pasaba el tiempo, inmóvil. Nada les ligaba ya al mundo, a no ser los periódicos, siempre demasiado atrasados, de los que no estaban ni siquiera seguros de que no fueran más que piadosas mentiras, los recuerdos de una vida anterior, los reflejos de otro mundo. Siempre habían vivido en Sfax y siempre seguirían viviendo allí. Ya no tenían proyectos, ni impaciencia; no esperaban nada, ni siquiera unas vacaciones, siempre demasiado lejanas, ni siquiera la vuelta a Francia.

No sentían ni alegría ni tristeza, ni siquiera hastío, pero a veces se preguntaban si existían todavía, si existían realmente; (…)” 67

Desde una perspectiva contraria, a la anterior, un exceso de vitalidad, o sea, la experimentación de sucesivas y

66 Le Corbusier. XLIII. pp. 30. 67 G. Perec. LXII. pp. 131-132.

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continuadas transformaciones restauradoras se tiende a la inestabilidad, a la alteración continua con la incorporación sucesiva de nuevas vivencias, de nuevas memorias, que alteran u olvidan continuadamente las preexistentes.

Desde una posición intermedia, entre la congelación y el exceso de vida, podríamos encontrar una situación de normalidad: la transformación como continuidad de la vida; la transformación como incorporación de experiencias de hoy, en un proceso de actualización a nuestro tiempo; la transformación como ejercicio artístico que aporta o reestructura las ideas, en la potenciación de un futuro.

Lejos de los actuales miedos, existe una tradición de la arquitectura sobre la arquitectura, de la arquitectura como acrecentador de una realidad de lo monumental. Nuestros monumentos, lección de arquitectura, llenos de complejidad, de riqueza estilística, son los mejores ejemplos para encontrar las claves, los mecanismos, los criterios con los que a través del tiempo nuestros monumentos se han ido actualizando y conservando.

Ya se ha expuesto anteriormente lo monumental, que desde su origen y su formación se ha desarrollado en un proceso de normalidad y de identificación con su propio tiempo. Ahora restaría incorporar el tiempo de actualidad, como tiempo que también tiene que pasar a formar parte en la sedimentación de tiempos del monumento, incorporando las memorias de actualidad como fruto de nuestra vivencia de hoy.

Reivindicar estas cuestiones con claridad no es un atrevimiento, es evidenciar una realidad: Todas nuestras actuaciones en lo monumental, hasta las estrictamente de conservación y mantenimiento, son transformaciones de la preexistencia y es preciso tener conciencia de ello en todo momento. Consideraciones que están implícitas en las palabras de Marguerite Yourcenar:

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afecte tanto a las estatuas como el cambio de gusto de sus admiradores." 68

Y siendo conscientes de ello, ha de cualificarse esta transformación desde el proyecto, en un proceso de sinceridad de nuestro tiempo y de nuestro arte de actualidad. Las soluciones no se encuentran en una mirada retrospectiva, intentando repetir el pasado.

"Huyen hacia los grandes modelos del pasado y se convierten en discípulos de una época a la que les hubiera gustado pertenecer, pero que ya no puede recuperarse." Konrad Fiedler. 69

El proyecto supone una transformación de la imagen legada de nuestra herencia patrimonial. Pero la característica que lo identifica es el diálogo que oscila, continuamente, entre transformación y continuidad en la toma de decisiones. La transformación es un destino inevitable, necesario para la supervivencia como exponente de un proceso vivo que evoluciona en el tiempo. Todo cambia y con ello, simultáneamente, todo permanece.

Las ideas se superponen en las ideas de otros tiempos; alterándolas, recomponiéndolas o, incluso, incorporando otras nuevas. Trabajando en la complejidad el arte encuentra su sentido más pleno y sus propios mecanismos de contradicción para la continuidad de la complejidad.

Reivindicar una transformación cualificada, consciente y artística es reivindicar la continuidad de la vida de lo monumental, continuar en un proceso de identificación entre hombre y monumento: La restauración no es otro camino distinto a éste.

¿Por qué esa distinción que se realiza entre arquitectura y restauración? ¿Es que se quiere diferenciar, distinguir o separar, la restauración como otro camino o como otra actitud

68 M. Yourcenar. XCIII. pp. 68-69.

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distinta a la de la arquitectura? En esta separación o especialización, ¿no pierde la restauración en cuanto se aleja de una actividad artística promovida por la arquitectura? y, simultáneamente, ¿no pierde la arquitectura en cuanto a la riqueza de ideas que posibilita lo monumental en su restauración? Esta tendencia divisoria de los caminos a recorrer en uno u otro proceder, implica una pérdida de la autonomía de la arquitectura, como tal, como síntesis de todo lo estilístico desde la perspectiva de un proceder general. Imbuida en una filosofía de la arquitectura como síntesis del arte, que engloba todas las actitudes artísticas.

Arquitectura y restauración deben fundirse en un sólo camino de manera que no puedan separarse una actuación de otra, entendiendo siempre que restaurar es hacer arquitectura y, al contrario, que hacer arquitectura es restauración. Esta tendencia de aunamiento de estos caminos, será enriquecedora, en tanto que los procesos de restauración han de incorporar el diálogo artístico de la actualidad, utilizando un lenguaje que tiene su dificultad de inserción en un medio artístico construido.

Efectivamente, no existe el proyecto especializado sino que la arquitectura es una totalidad en cualquiera de sus manifestaciones y siempre con los mismos criterios, como expresa Josep Wiedemann:

“Para el historiador es ciencia, para el arquitecto no debe ser el tema ningún campo especial, tal como se entiende frecuentemente bajo el lesivo concepto de conservación de monumentos. En base a dicho concepto, esta labor específica demanda medidas específicas.

Para nosotros, arquitectos, el saber del historiador es indispensable –en el análisis-. Pero luego –en la síntesis- tiene que producirse la decisión, con el proyecto. Esta no incumbe al historiador. Para ello se requiere al arquitecto.” 70

70 J.Wiedemann. Acerca de algunas de mis obras en el campo de la restauración de monumentos y la arquitectura sacra. XCI. pp.57-58..

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