CAPÍTULO II: CHINA, LOS ORGANISMOS MULTILATERALES Y LOS FOROS DE
II.5 El resultado de las reformas: la relevancia de la economía china en el contexto
Si bien el proceso de reformas económicas iniciado en 1978 todavía está en marcha, China ha logrado dejar atrás el periodo de aislamiento y ha logrado colocarse en el centro de la escena internacional nuevamente. China se ha destacado en las últimas tres décadas por un crecimiento y una apertura en su economía de gran magnitud, al igual que por su pujanza exportadora. Su auge ha significado uno de los desarrollos más destacados en la economía mundial en el periodo de historia reciente de la globalización y ha tenido repercusiones para el sistema internacional en su conjunto (Jenkins y Dussel Peters 2009).
China es actualmente la segunda economía del mundo, después de Estados Unidos y luego de haber desplazado a Japón (OMC 2011). Desde 1980 y en forma continua, su economía ha crecido en un promedio de un 10% anual y el ingreso per cápita se ha duplicado siete veces. De hecho, ha reducido su brecha de ingreso per cápita comparado con Europa desde 1980 en adelante (Rosales 2010a).
En efecto, Goldman Sachs predijo en 2007 que para 2027 el tamaño de la economía china superaría a la de Estados Unidos y para 2050 sería superior en un 84%. A su vez, se estima que para 2050 las mayores economías del mundo estarán constituidas por: China, Brasil, Estados Unidos, Rusia, México, Indonesia e India. Por su parte, el FMI ha anunciado que el tamaño de la economía china superaría a la de Estados Unidos en 2016 (FMI 2011).
Este crecimiento hace que hoy en día, a nivel mundial, se pueda hablar del “siglo asiático” y de la “nueva geografía” del comercio. Pero este país no sólo ha crecido en términos económicos, sino que también se ha volcado a los mercados globales. Entre 1995 y 2005, las exportaciones chinas crecieron a un ritmo de 18% anual, al tiempo que las importaciones lo hicieron al 17% anual. Mientras en la década de los setenta, antes de la apertura de su economía, el comercio como parte del Producto Bruto Interno (PBI) significaba menos de un 10%, para 2007 se incrementó a una cifra superior al 40%. Como resultado, la participación china en el comercio mundial ha crecido, aproximadamente, de menos de un 1% en los años ochenta a un 7% (Jenkins y Dussel Peters 2009). China ha logrado convertirse en la economía exportadora más grande del mundo durante 2010, pues representó el 10,4% de las exportaciones del mundo. En cuanto a las importaciones, es el segundo importador más importante (9,1% de las importaciones mundiales), luego de Estados Unidos, que representa el 12,8% mundial. Todo esto aún a pesar de la crisis global (OMC 2011).
El acelerado crecimiento económico chino es un fenómeno sin precedentes, aunque presenta similitudes con la irrupción de Japón, Taiwán y Corea del Sur. Lo que diferencia a China de estos casos es el dinamismo que ha exhibido en sus niveles de crecimiento en las últimas tres décadas y el gran tamaño de su economía. Constituye casi un continente en sí misma y su población equivale al 20% de la población mundial total. La introducción de tecnología en sus cadenas productivas durante la época de reformas permitió que la economía china adquiriera alta competitividad. A su vez, el incremento de su presencia en los mercados mundiales, generado por la paulatina apertura incentivada
por las reformas, está teniendo repercusiones no sólo en los países subdesarrollados, sino también en los más avanzados. Entre 2001 y 2008, una cuarta parte del crecimiento económico mundial le correspondió a China y, durante 2009, más de dos tercios del mismo (Rosales 2010a).
A su vez, es menester resaltar que el acelerado desarrollo industrial de China ha repercutido significativamente en el incremento de su demanda de productos primarios, convirtiéndolo en el consumidor más importante de muchos minerales y productos agrícolas. China se está volviendo cada vez más dependiente del resto del mundo para obtener la gran cantidad de materias primas que necesita para su crecimiento económico interno (Jacques 2009).
China es el principal comprador mundial de cobre, aluminio, estaño, soja y zinc y el segundo en adquirir azúcar y petróleo. A su vez, absorbe cerca de la tercera parte del suministro mundial de carbón, acero y algodón, y casi la mitad del suministro global de cemento. Ha desplazado a Estados Unidos en la tabla que enumera los mayores consumidores de energía del planeta y es el principal productor de energía renovable. A su vez, es el principal mercado de consumo de automóviles y el mayor productor siderúrgico y de naves (Rosales 2010a). Cabe agregar que, si los datos anteriores se observan en términos de su contribución al incremento en la demanda mundial de estos productos, la participación de este país es todavía mayor (Jenkins y Dussel Peters 2009). El posicionamiento actual de China frente a los organismos multilaterales está estrechamente vinculado con el lugar que ocupa en la economía mundial. Como se mencionó, China se ha convertido en un actor central en las relaciones económicas internacionales gracias al crecimiento y la apertura que ha concretado desde el inicio de las reformas hasta el presente. En base al poder adquirido en ese sentido, se coloca cada vez más en el centro del marco institucional económico internacional, constituido por el BM, el FMI y la OMC. A su vez, y en paralelo a lo anterior, ha desarrollado vínculos con foros de cooperación internacional. Los próximos apartados abordarán dichas circunstancias.
II.6 Tiempos actuales: vinculación con organismos multilaterales y con foros de