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estudios pioneros

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LETRAS DEL ECUADOR 55

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doctor Emilio Uzcátegui (1899-1986), intelec- tual múltiple y exigente, pedagogo de prestigio incluso en el exterior, apoyado por el director de la sección, Jorge Bolívar Flor.

Una de sus características principales fue procu- rar que cada número sea monográfico, lo cual permitió que la revista se constituyera en valio- so instrumento de trabajo para los profesores. En las páginas de la revista se hallan estudios pioneros sobre la pedagogía en nuestro país, sobre la administración educativa y sus problemas, sobre las nuevas corrientes de la educación.

Habrán de pasar largos años para que la Sección de Ciencias Jurídicas y Sociales produjera su propia revista. La de Ciencias Histórico-Geográficas no se atreverá a asumir esta empresa, acaso porque la propia Casa de la Cultura inició la publicación del Boletín del

Archivo Nacional de Historia o porque, es

verdad, el Boletín de la Academia Nacional

de Historia resumía, en sí, la más valiosa

contribución de nuestros intelectuales al estudio de la historia nacional, varios de ellos miembros de la Casa.

Antes de terminar, es menester recordar el aporte de Archivos de Criminología, Neurop-

siquiatría y disciplinas conexas, revista pu-

blicada también por la Casa de la Cultura a iniciativa personal del doctor Julio Endara y que habría que inscribirla con propiedad en este acápite, pero con un carácter propio y particular.

Tales, entonces, las revistas especializadas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, capítulo al cual habrá que dedicar paciente investigación hemerográfica para recuperar nombres y he- chos de real interés para la cultura nacional y la historia de nuestro periodismo cultural. IZ

56 letras del eCuador / libros

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omenzaré mi intervención con una metáfora que escuché hace años en un Seminario sobre Pluriculturalidad: «Hubo quien que cuidó el grano de trigo que tiene su vida y sus razones guardadas, hubo quien segó las espigas erizadas por el tiempo, y hubo también quien puso sus manos de espíritu corpóreo y que dicen lo que dicen en nombre del hombre. El resultado fue el pan que susten- ta todos los pasos y los vuelos humanos». Copié la metáfora en el Programa del Seminario que guardo entre mis papeles, que ya son muchos, pero cuando la vuelvo a leer pienso que

expresa bien lo que es la interculturali- dad, o, por lo menos, lo que debería ser. El libro que se presenta responde a la necesidad de desarrollar el concepto de interculturalidad como garantía de conservación de las identidades cultu- rales y las resistencias políticas, para que a su vez, estas respondan a necesidades humanas y demandas sociales prácticas. De entrada, como propuesta metodo- lógica, enunciaré la definición de la in- terculturalidad que hace yuri Lotman, semiólogo de la Escuela de Tartu, y que ayuda, hasta cierto punto, a entender la situación de interculturalidad que vive el Ecuador: «Cada cultura es un espacio con frontera cerrada, al entrar en con- tacto los espacios, buscan los mecanis- mos bilingües de frontera que sirvan de traducción».

En la descripción y traducción mutua de todas las culturas ecuatorianas, po- siblemente podríamos encontrar más rasgos comunes que distintivos, reco- nocerlos permitiría un acercamiento mayor. Cuando los misioneros recita- ron a los waorani: «Creo en dios padre,

todopoderoso, creador del cielo y de la tierra», los waorani contestaron «que ya lo sabían, y que ese padre se llamaba Wen Gongui».

Por su parte, los españoles asimilaron algunos valores culturales de los indígenas y los hicieron suyos. En cualquier celebración del País Vasco se pone en la mesa tortillas de maíz en vez de pan de trigo. Los vascos las prefieren por su mejor sabor. Pero, claro, no siempre la intercul- turalidad es buena como el pan. En Ecuador, al comienzo, la ceguera de la religión cristia- na, y luego la miopía del Estado, ha llevado al dominio de una cultura sobre las otras, a la usurpación de las culturas para venderlas en los medios de comunicación y en el turismo.

Pongamos un ejemplo que da el compositor y musicólogo Segundo Moreno y que me pareció muy curioso: los curas católicos adaptaron para las procesiones de la Virgen María, uno de los antiguos himnos incásicos y lo transformaron en «Salve, salve Gran Señora, hija del eterno padre», pero nada dijeron de su procedencia. De todos modos, suena hasta ahora solemne y mantiene los ecos rituales incásicos.

Así ha sido a lo largo de la historia de Ecuador. En la época colonial, la mita fue el modelo que

capitalismo salvaje. La palabra mashi, de un in- negable valor ético, pasó a servir para nombrar a un presidente cuyo desafecto por lo indígena es innegable. La idea de un poder único intenta absorber a las organizaciones indígenas en un solo proyecto denominado falsamente «izquier- dista», sin respetar a las organizaciones políti- cas, debilitando su capacidad de organización autónoma.

En estas condiciones, las potencialidades creati- vas de uno y otro pueblo indígena solo se reve- lan en una mínima parte. En el criterio errado

sobre interculturalidad, se toma solo lo que se considera «más autóctono», un ejemplo extremo es lo que se repite por radio: Otavalo significa manta «cubier- to por una manta», y de ahí viene la ex- presión otavalomanta, que en realidad significa en quichua «de Otavalo», pro- cedente de Otavalo.

Sin embargo el alma, la génesis de un pueblo no muere tan fácilmente. En el mismo Otavalo, asistimos a una inter- culturalidad nueva, original y actual. Hay una aspiración consciente de defen- der su cultura, y de recibir libremente los logros de otros pueblos. Florece la literatura, la música y el cine. El bello poema de Lucila Lema: «Hatun Ñanku- napipash», incluído en la publicación francesa L’avant-garde du monde, suena en quichua, en español y en francés.

Maypi kaspapash mana ñukalla purinichu. Wakinpika killa tukuni: ñustapash, wak- chapash, mamakucha hawata purini. Donde quiero que estoy no soy yo. Soy luna, reina y mendiga deambulando sobre el agua marina.

Oú que je sois, ce n‘est pas moi. Je sui lune, reine et mendiante errant dans l´éau de mer.

En pocos días se podrá ver el filme Ki-

lla, realizado por el cinesta otavaleño

Alberto Muenala hablada casi en su totalidad en quichua, también intervienen el lenguaje icónico y el simbólico, propios del cineasta. Hace poco se presentó en Berlín el concierto de Leonardo Santillán, músico quichua también de Otavalo que con el solo sonido del rondador logró estremecer al público que lo aclamó por varios minutos.

Esta familiarización que se observa entre los quichuas otavaleños con los aportes de la cul- tura universal es un ejemplo de cómo la cultura vive porque otras viven.

La asimilación de los logros de otra cultura se rea- liza mediante la interacción de dos elementos: