me desprendí de las tierras y del océano, e incluso ofrecí a los victoriosos del pasado los cuatro continentes repletos de joyas. Para obtener el Cuerpo de Verdad, de todas las cosas atractivas del pasado no hay ninguna a la que no haya renunciado, incluso he dado mis vidas durante muchos eones. En el pasado, hace incontables eones,
cuando el sugata “Preciosa Ushnishavi” mostró el modo de entrar en el nirvana, hubo un rey llamado “Bien Aparecido”,
poseedor de la ruedavi, señor de los cuatro continentes y maestro de la tierra hasta los límites del océano. Mientras este santo rey dormía
en el palacio llamado “Protección del Poder Real”,
tuvo un sueño en el que escuchó las cualidades de Buda. En él vio al maestro de Darma “Cúmulo de Joyas”,
de aspecto radiante,
que exponía con claridad el rey de la colección de sutras. Cuando despertó del sueño
todo su cuerpo estaba impregnado de gozo. Feliz salió del palacio
y se dirigió allí donde se encontraba la suprema Sanga de oyentes. Mostró sus respetos a los oyentes del Victorioso
y dijo: “en esta comunidad de seres nobles,
¿quién es el virtuoso monje llamado “Cúmulo de Joyas”?” a todos fue preguntando por este maestro de Darma. En ese momento, “Cúmulo de Joyas”
se encontraba en el interior de una cueva meditando en el rey de la colección de sutras, recitando en un estado de gran bienaventuranza. Mostraron entonces al rey
a “Cúmulo de Joyas”, el monje que expone el Darma, que radiante de esplendor, gloria y excelencia, se encontraba en el interior de una cueva.
Allí, “Cúmulo de Joyas”, el que expone el Darma, mantenía el profundo objeto de interés del rey practicando La Sagrada Luz Dorada,
enseñando constantemente el rey de la colección de sutras. Postrándose a los pies de “Cúmulo de joyas”,
el rey “Bien Aparecido” habló así:
“¡Oh tú, de rostro similar a la luna llena! te suplico que me expliques La Sagrada Luz Dorada, el rey de la colección de sutras”.
Al aceptar “Cúmulo de Joyas” la petición del rey “Bien Aparecido”, en todos los mundos de los tres millares los dioses se llenaron de gozo.
Entonces, el señor de los hombres, en un lugar puro y muy especial
donde el agua era cristalina, roció perfumes, esparció pétalos de flores y colocó un trono; puso en él un parasol, estandartes de victoria y lo adornó con muchos miles de brocados de seda. El rey esparció en el trono
gran variedad de polvos de sándalo,
y dioses, nagas, titanes, espíritus de apariencia humana,
señores de espíritus malignos, los que planean por el cielo y los grandes reptiles mandaron una lluvia de celestiales flores Mandarawa
que cayó directamente sobre el trono. Cuando apareció “Cúmulo de Joyas”,
miles de billones de dioses, deseosos del Darma, se reunieron en número inconcebible,
y esparcieron flores del árbol Sala.
“Cúmulo de Joyas”, el que expone el Darma,
después de lavar bien su cuerpo y vestirse con hábitos limpios, al llegar cerca del trono,
juntando las palmas de las manos se postró ante él. Los señores de los dioses, los dioses y las diosas llenaron el espacio con una lluvia de flores Mandarawa, e hicieron sonar una exquisita melodía
de cientos de miles de instrumentos musicales. “Cúmulo de Joyas”, el monje que expone el Darma, pensando en los inconmensurables
miles de millones de budas de las diez direcciones, subió y se sentó en el trono.
Motivado por la compasión hacia todos los seres, y haciendo más puro este sentimiento en su mente, en esa ocasión enseñó este sutra
al rey “Bien Aparecido”.
Después de postrarse con las palmas juntas, el rey mostró su regocijó con una palabra;
por la fuerza del Darma sus ojos derramaron lágrimas y su cuerpo se vio inundado de gozo.
Para hacer ofrendas a este sutra,
el rey “Bien Aparecido”, en ese momento,
levantando la joya preciosa que colma los deseos dijo esta oración para beneficio de los seres:
“Que en el continente de “Sambu” caiga hoy una gran lluvia de ornamentos labrados con siete joyas
y de todas las riquezas que traen la felicidad a los seres de este mundo”
En ese momento cayeron en los cuatro continentes siete tipos de piedras preciosas,
brazaletes, collares, pendientes exquisitos, y también comida, bebida y vestidos. Cuando el rey “Bien Aparecido”
vio que caía esta gran lluvia de ornamentos labrados ofreció los cuatro continentes repletos de piedras preciosas a la orden de la “Joya de la Coronilla”.
Yo, el tatágata “Sabio de los Sakias”, fui el rey llamado “Bien Aparecido”,
y me desprendí totalmente en aquella ocasión
de esta tierra, con los cuatro continentes repletos de joyas. “Cúmulo de Joyas”, el monje que expone el Darma,
quien enseñó este sutra en aquella ocasión al rey “Bien Aparecido”
era el tatágata “Imperturbable”. Yo escuché entonces este sutra,
regocijándome en cada una de sus palabras, y por ese mismo karma positivo,
por escuchar el Darma y regocijarme,
obtuve este hermoso cuerpo, bello de contemplar,
del color del oro y con las marcas de centenares de méritos, que produce gozo a miles de millones de dioses
y los seres al verlo obtienen siempre un cuerpo feliz. Durante noventa y nueve mil millones de eones fui rey que gira la rueda
y a lo largo de muchísimos cientos de miles de eones fui soberano del reino.
Durante inconcebibles eones fui Indra, y el señor del reino de Brahma,
y no se pueden medir de ningún modo
los diez insondables poderes que he obtenido. Con incalculables montones de méritos como esos, por escuchar el Darma y sentir regocijo,
y también el sagrado Cuerpo de Verdad.
Este es el decimotercer capítulo de La Sagrada Luz Dorada, el rey de la colección de sutras, llamado “El rey Bien Aparecido”.
CAPÍTULO 14