4.3.3 Marca como persona
4.3.4.1 El rito, el poder y el símbolo detrás de una ruana
Esta reflexión tiene por objeto realizar una aproximación a la dimensión simbólica del ritual, empleado por el padre Rafael García Herreros y sus prácticas ejecutadas en representación del poder legitimado por su rol sacerdotal.
Se comienza abordando la contextualización sociopolítica y religiosa del país con el ánimo de entender los motivos que llevaron a García Herreros a iniciar su obra del Minuto de Dios. En primer lugar, en aquella época, año 1954, estaba en furor la dictadura del general Rojas Pinilla, eran tiempos de cambios vanguardistas, por primera vez se daba a las mujeres el derecho a ejercer la ciudadanía y llegaba la televisión al país. No obstante, aún se sentía un convulsionado panorama político, fruto de la violencia entre partidos que luchaban por el poder, lo cual trajo consecuencias sociales caracterizadas por una marcada desigualdad y la proliferación de la pobreza extrema. Por otra parte, en lo referente a lo religioso, aún estaba vigente el Concordato firmado por el estado colombiano con la santa sede, que consistía en un pacto hecho entre estas dos partes, con el objeto de inculcar dentro de la población colombiana el cumplimiento de los principios de la iglesia; en especial en cuanto a la enseñanza de la religión católica en escuelas, colegios y universidades públicas. Como consecuencia, se educó y se generó un estado consagrado a la fe católica y a la doctrina social de la iglesia, dando origen a una tradición que influyó para que en aquel periodo gran parte de sus habitantes se convirtieran en católicos. Mas sin embargo, a mediados de los años 50, esta situación comenzó a cambiar y muchos creyentes dejaron de considerar al catolicismo como su religión, puesto que se comenzó a presentar un marcado laicismo26 como consecuencia de situaciones particulares del país, y por fenómenos presentados en América Latina, entre las cuales podemos mencionar la llegada de misiones evangelizadoras procedentes de China, así como la formación de nuevas cosmovisiones resultado de la segunda guerra mundial y la realización del concilio vaticano II27, con valores encaminados hacia la modernidad (Bidegain & Demera, 2005)
Esta situación político- religiosa, le permitió al padre Rafael García Herreros, emprender la obra del Minuto de Dios en el año 1955, abordando en primer lugar el problema de la vivienda, pero específicamente no del techo, sino de vivir en comunidad y en condiciones dignas. Por consiguiente creó la ciudadela Minuto de Dios con el fin de ofrecer un hábitat integral centrando en la persona humana con
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Hace referencia a ideologías que se alejan de las confesiones religiosas, propiciadas por un estado laico, el cual propende por la libertad de conciencia y la indiferencia frente a la religión.
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Juan XXIII (1958- 1963) Y Pablo VI, han sido los papas del concilio vaticano II (1962 – 19659), sin embargo fue Pablo VI, el encargado de dirigir la asamblea. El concilio vaticano II, divide en un antes y un después la historia de la iglesia católica, ya que había de revisar las instituciones anacrónicas, legislaciones anticuadas, estrategias fracasadas y exceso en el centralismo romano. También enrumbó la iglesia por un mundo moderno, promoviendo la fe católica y una renovación moral adaptadas a las necesidades de los fieles frente a los nuevos tiempos. Además buscó una interrelación con otras iglesias, dando apertura a la libertad religiosa (Morales, 2012: 34)
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equilibrio entre el crecimiento económico, el desarrollo social y naturaleza, como asentamiento humano sostenible.
“…esto le posibilitó al padre García Herreros el surgimiento y fortalecimiento de la idea; quien con su vida y obra representó una luz para miles de familias que habían sido azotadas por algún tipo de agresión social del momento como la violencia, el desplazamiento, la pobreza, el desempleo o la falta de educación” (Schuster: 2008: 40)
García Herreros fue un sacerdote de la comunidad Eudista,28 que motivado por el trabajo a favor de las causas sociales; inició un ensayo de solución integral para los problemas del hombre contemporáneo enfocado en el respeto y el fomento de la defensa de la dignidad humana aplicada al principio de sabiduría de la doctrina social de la iglesia. En 1946 García Herreros comenzó a emitir sus mensajes por la radio en la emisora Radio fuentes de Cartagena. Inicia un programa llamado la hora católica que se mantuvo durante 4 años. Luego viaja a Europa y en 1952 al regresar de Roma, García Herreros traía muchas ideas de justicia social que deseaba aplicar en Cali, nuevo destino que le fijó su superior Eudista. Precisamente en su tribuna del Minuto de Dios, primero desde Cali y luego desde Bogotá, el padre empezó a librar batallas en pro de la dignidad del hombre y de sus derechos inalienables. Luego en septiembre de 1954 viaja a Medellín y en el mes de diciembre del mismo año a Bogotá. Posteriormente, aprovechando la amistad con el ministro de comunicaciones el General Córdoba, García Herreros lo contacta y acuerda de transmitir su programa por televisión. Así el 10 de enero de 1955, por primera vez el programa Minuto de Dios en televisión emitido por la cadena uno. Esos comienzos orientaron muchas acciones del Minuto de Dios y permitieron la difusión de inquietudes sociales y cristianas a través de los medios de comunicación (Schuster: 2008). A la par con el nacimiento de su programa Minuto de Dios, comenzó a emitir su mensaje para recolectar fondos con destino a construir el barrio del mismo nombre, sensibilizando a las gentes pudientes para que destinaran recursos con destino a la obra que García Herreros administraría y que luego se convirtieron en viviendas entregadas a familias pobres de aquella época.
Después de esta corta presentación del personaje, abordaremos su poder de representación y la construcción de audiencia a través de prácticas rituales puestas en escena y acompañadas de la mediatización como estrategia para revivir el espectáculo religioso. Por consiguiente, García Herreros, dado su condición de sacerdote inició la obra en representación de Dios, un ser superior, que encarna el máximo poder de la iglesia católica; un Dios omnipotente y fuerte, capaz de hacer cumplir ese sueño de un futuro mejor, al cual las comunidades depositan todas sus esperanzas y son fieles a sus principios en señal de obtener esa redención. De tal forma, García Herreros se presentó como la figura de un ser terrenal capaz de ejecutar los principios de la doctrina social de la iglesia, Además se convirtió en un líder por la retórica utilizada, por la presentación de un rito
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sacralizado y por la utilización de una simbología particular. Un líder a seguir por sus convicciones religiosas, por sus cualidades intelectuales y sus valores morales. En cuanto a su retórica inició su mensaje inculcando entre sus receptores un postulado abstracto difícil de probar o reprobar “el amor de Dios hacia los hombres”, un discurso que se sustenta en la espiritualidad como condición para obtener cosas materiales, que ayudarían al crecimiento del hombre en este mundo caótico. Pero además, se presentó como un líder rebelde y revolucionario, que demostró que su discurso se respaldaba con hechos, y colocó en marcha su obra para ganar credibilidad y dar materialidad a su mensaje, en tanto que la exhibió a manera de espectáculo.
Inclusive, hasta cierto punto asumió la representación del gobierno, queriendo llenar el vacío institucional que éste dejaba al descuidar a su población; que en palabras del mismo García Herreros, lo expresaba así: “Se debería hacer esto por
el gobierno, es hacerlo nosotros en pequeño en nuestro medio o dentro de nuestras posibilidades, las semillas difícilmente se pierden” (Schuster: 2008: 45). En últimas, un líder que se muestra como el representante de una comunidad, portavoz de ese espíritu colectivo de feligreses que se identifican con lo que él propone, amparado por la legitimidad que le da su investidura de autoridad religiosa como pretexto para movilizar por causas sociales (la pobreza, la educación, entre otras).
Pero un poco más allá de lo que García Herreros representaba, también ejercía poder y además realizaba prácticas rituales cargadas de simbolismos, con miras a construir o revivir el mito29 de las cuales “el cura30” fue un experto gestor. La iglesia católica siempre ha hecho gala de diversos ritos31, para recordar y mantener viva la fe: en la misa se lee el mensaje de Dios, el cual contiene metáforas, en su mayoría con enseñanzas moralizantes, se revive el rito de la
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Mito: no existe una sola definición de mito, dado que difieren en su morfología y en su función social. Sin embargo para los griegos Mithos significaba simplemente “relato” o “lo que se ha dicho”. En tal sentido podría llamarse cuento popular e inclusive leyenda. Así para los griegos todos los mitos trataban de dioses o se derivaban de rituales, una historia en la que la mayoría de protagonistas eran Dioses. En tanto que en las sociedades arcaicas el mito lo comprendían como una historia “verdadera” de incalculable valor porque es sagrada, ejemplar y significativa. Entendido así proporciona modelos de conducta humana y confiere por eso mismo significación y valor a la existencia (Eliade, 1999: 9). En esta investigación, lo importante es entender la función que realizan los mitos en la vida de los hombres y de los grupos sociales, como factor ordenador de la vida comunitaria.
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Es una expresión coloquial utilizada por la comunidad local, para referirse al sacerdote.
31 Rito: “es una fórmula cuasi mágica cuya escrupulosa repetición
ad infinitum, pretende asegurar la continuidad de una situación dada dentro de la tribu. Es un tiempo sagrado en el cual se refrendan las alianzas con la divinidad” (Argüelles, 1997: 9). Los ritos tienen como finalidad establecer un orden, una secuencia inalterable para la celebración de ceremonias, cargadas de simbolismos que recuerdan los hechos míticos y los momentos en que los hombres recibieron de los dioses los dones y las leyes. Por su importancia trascendente cualquier falta ritual cometida por el oficiante o los fieles, acarrea desgracias o la muerte.
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pasión y muerte de Cristo, se santigua en señal de la cruz, se muestra la cruz, como símbolo de reconciliación y salvación, en fin, se acude a la realización de varios ritos. Por su parte García Herreros siempre tuvo presente la puesta en escena de estos y muchos otros ritos. Siempre quiso apoyarse en el rito, en tanto a modo de reafirmación y normalización social, pensando construir una rutina en la comunidad como parte de la cotidianidad, de modo que se ideó la manera de mediar el discurso, por lo tanto, creó su propio espacio televisivo, donde todos los días presentaba el llamado “Minuto de Dios”, con todo un conjunto de ritos que trazaban un círculo mágico en torno al sacerdote, ya que precisamente es la época en que llegaba la televisión a Colombia permitiendo captar el interés de una audiencia anonadada por la novedad de la imagen presentada en la pantalla. No faltaron esfuerzos por mostrar simbologías un poco más cercanas al ciudadano corriente, así, por ejemplo, dicho discurso televisivo ha estado acompañado por la cruz de Jesucristo, señal de todo los cristianos, pero en este caso, se ha presentado una cruz con algunas diferencias sobre la original de los cristianos, de modo que se apeló a una cruz intervenida, una cruz rústica, hecha de palos de madera simbolizando la humildad, lo terrenal y natural; es decir se construyó una imagen con una alta carga simbólica, formando un icono reconocido y aceptado como propio por su “cercanía32” con los individuos, por consiguiente se convierte en la estrategia para construir la fe y orientarla hacia una transformación social. Sin embargo, este espectáculo religioso, se hace en complicidad de los medios de comunicación, que despiertan emociones y generan sensaciones.
FIGURA 22. Cruz del Minuto de Dios, ubicada en Uniminuto Fuente: fotografía tomada por el investigador. Nov. 22 de 2013
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La cercanía es una expresión utilizada en términos metafóricos para referirse a que todos los individuos conocen y saben lo que significa y representa, de modo que se identifican con ella.
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Por lo anterior, la religión no es ajena a los mitos, en especial la religión católica la cual se basa en el mito de Jesús de Nazaret, a quienes los seguidores le consideran el hijo de Dios, el elegido para salvar a la humanidad, quien dio hasta su vida, como señal de amor hacia sus feligreses. Su mensaje se basa en el servicio a los pobres con una vida misional hacia el camino del bien, con miras a obtener el reino de los cielos. Estas narraciones forman parte de la fe cristiana, que cada día se recuerda y se refuerza en ceremonias cargadas de trascendentalismo e inclusive hasta fanatismo, apoyados por mismos medios de comunicación, quienes también son propagadores de mitos.
Si bien, como se mencionó anteriormente la religión católica ha difundido el mito de Jesucristo y busca hacerlo real a través sus prácticas rituales, hoy día, se presenta una desacralización del fuero religioso tradicional, en especial en las religiones teístas, como lo afirma Otálora (2011), quien expresa que “las nuevas dinámicas del sistema de mercado y el auge de la industria cultural y dentro de ella la publicidad, han hecho que surjan nuevas narrativas y nuevas ritualidades” (p.251). En tal sentido, las nuevas interacciones sociales y los mass media han propiciado el surgimiento de mitos no cosmogónicos, de los cuales la religión no escapa, puesto que se presentan mitos no teístas, influenciados por la moda, desplazándose hacia lo laico, lo que conduce a ritualidades emergentes.
En cuanto a la simbología, el padre García Herreros, siempre quiso reflejar una imagen de pobreza, de trabajo, de humildad y austeridad, razón por la cual utilizó la ruana como elemento simbólico, dado que es una vestimenta que caracteriza a los individuos pobres y campesinos a los cuales representó. Por otra parte, la sotana lo distinguía como sacerdote de la iglesia católica, pero encima de dicha sotana siempre llevó puesta dicha ruana que por lo general era blanca, en señal de identidad y transparencia hacia ese grupo que encarnó. En consecuencia, tanto la comunidad del barrio Minuto de Dios, como la sociedad colombiana recuerda esa indumentaria particular, que usó y caracterizó a este padre. La ruana es una prenda generalmente hecha de lana de ovejas, es cuadrada o rectangular, con un orificio en el centro para introducir la cabeza y cubrir el cuerpo. En la colonización española fue introducida al país y fue adoptada como indumentaria por los nativos, en especial indígenas y campesinos del altiplano Cundiboyacense, quienes la usaban como abrigo para proteger del frio que hay en esta región. Es un producto artesanal, elaborado con lana de oveja, tejida en telar y se diferencia del poncho que es una prenda similar, pero hecho en tela para poderse llevar en tierra caliente.
Para esta comunidad colombiana y en especial la del altiplano Cundiboyacense, la ruana adquiere un gran significado y se convierte en un símbolo, es sinónimo de humildad y pobreza. Así pues, en el momento de ser usada por García Herreros, estaba representando a unos campesinos, a una gente pobre que lo elegían a él para ser su portavoz, su representante; es decir, esa persona que encarnaría los intereses de esa comunidad, al mismo tiempo que confiaban en que él para la solución de sus problemas sociales. Cada vez que García Herreros se vestía con esta prenda les estaba transmitiendo un signo de identidad y pertenencia al grupo que representaba, de modo que ese colectivo,
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se estaba despojando de sus intereses particulares para entregarlos a un líder, al cual depositaban toda su confianza y las esperanzas de que este sacerdote a través de su poder otorgado sería su mejor representante y gestor de esos ideales.
Estas escenificaciones son inseparables de una concepción global de la representatividad según la cual la legitimidad y el territorio están íntimamente relacionados, de manera que para construir y mantener esta legitimidad se reactivan los ritos que apelan a elementos propios del colectivo que representan y se materializan por medio de atuendos propios, discursos con lenguaje o expresiones acuñadas por la comunidad, así como la activación de un sistema de costumbres comunes; todo con el objeto de mantener la expresión de una fuerte cohesión entre los fieles que manifiestan su apego a unos valores, a unos símbolos y a una historia común; así como la reafirmación de la aceptación colectiva del poder establecido y de los que lo encarnan (Abélés, 1997).
En este país, dado que la mayoría de su gente se consideraba católica, se impregnó una vocación religiosa y el interés particular se volvió mutuo, ayudando así a la construcción de nuevas configuraciones en el imaginario colectivo. Mas sin embargo, estas construcciones mentales, no serían tan “espectaculares”, si no se recurriera al poder mágico de los medios de comunicación, en especial la televisión que ayuda a la credibilidad de la escena. Para García Herreros el mensaje siempre fue mediatizado y lleno de simbolismos, de metáforas y representaciones. No en vano institucionalizó el evento denominado el Banquete del Millón, el cual consistía en invitar a personas adineradas del país, a que aportaran un millón de pesos, para apoyar la obra social en cuanto a la construcción de casas para los pobres y a cambio le daba derecho a recibir una taza de caldo y un pan, expresando el sentido simbólico de la humildad, y la pobreza, a la vez que estarían reunidos con personas representantes del poder político (presidentes y alcaldes). Además se llamó banquete en el sentido metafórico, porque en realidad era muy modesto; un caldo signo de pobreza y solidaridad, el cual era servido a la mesa por las mujeres más bellas de Colombia, las reinas de belleza, quienes en señal de humildad también debían realizar esa puesta en escena; que se convertía en todo un espectáculo.
“El espectáculo es la ideología por excelencia porque expone y manifiesta en su plenitud la esencia de todo sistema ideológico” (Debord, 1967:69)
Todo ese sistema mediático y simbólico, sirvió para ser recordado como “el
banquete más caro y más pobre del mundo (Jaramillo, 2012: 2) en el que un líder gestor de actos simbólicos encarnó los intereses de una colectividad. Estas representaciones simbólicas de García Herreros, puestas en escena en sus actos rituales, discursivos y de representación, son legitimadas por aquellos que admitieron ser representados, puesto que como afirma Abélés, (1979) “en el rito, el oficiante tiene tendencia a anularse para dejar que hablen mejor los símbolos, para que su acción se inscriba en un sistema de valores que está por encima de él
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y en una historia colectiva que todo lo engloba” (p. 8). Además, en el fenómeno de la representación se presenta un desprendimiento y una alienación de voluntades a un tercero que se erige como garante de la armonía colectiva, en sus discursos y en sus prácticas.
FIGURA 23. 25° Banquete del Millon, año 1985 Tomado de colecciones digitales Uniminuto
http://repository.uniminuto.edu:8080/jspui/handle/10656/1337
El Padre Rafael García Herreros fue un experto en combinar palabras, emitir discursos, utilizar signos y practicar ritos; con el objeto de cautivar a la población adoptante de sus ideas. Además, utilizó su espectáculo mediatizado para demostrar la realización de su obra, combinando símbolos, sacralidad, valores y necesidades colectivas.
4.4 FACTORES INCIDENTES EN LA RELACION SOCIAL BRANDING –
RELIGION
La construcción de marca desde una óptica social, involucra acciones que