Hago breve revisión de datos conocidos27. Las rivalidades entre Cervantes y Lope eran ya antiguas y se habían vuelto agresivas por los años de 1611 a 1613, fechas en que Cer vantes escribía la segunda parte del Quijote y acaso el epi sodio en cuestión, 161328. El origen de estas rivalidades entre ambos escritores parecen haber sido las diferencias de opi nión sobre el arte escénico, como se manifiesta en el capítu lo XLVIII de la primera parte del Quijote, escrita, tal vez, a fines de 1603 o a comienzos de 1604, cuando el Canónigo de Toledo hace sus conocidos comentarios sobre las comedias de entonces, considerados por los cervantistas como alusión a las de Lope.
La alusión más clara a Lope de Vega es la referente a los poetas:
que conocen muy bien en lo que yerran, y saben estremada- mente lo que deben hacer; pero como las comedias se han 27 Los tomo de la edición anotada de Rodríguez Marín; de la
Vida ejemplar... de Astrana Marín (I, Proemio general, LXXXIV; V,
512, 586, 595; VI, 66 [nota 1], 86, 103, 117; VII, 57, 58); de los capítu los III, IX, X y XI del Prólogo por Federico Carlos Sáinz de Robles a la edición Aguilar de las Obras escogidas de Lope de Vega, I:
Teatro (Madrid, 1946), y del Apéndice XII: «Algunas fechas de inte
rés para la biografía de Lope de Vega» (II, 1946-1952); de Lope de Vega por Astrana Marín (Barcelona, 1963), págs. 135, 147, 149, 165, 168, 170, 171, 172 y sigs., 177; de la Nota Preliminar por Francisco Javier Sán chez Cantón y de «El hogar de Lope de Vega» por Ramón Menéndez Pidal en La casa de Lope de Vega (Madrid, Real Academia Española, 1962).
28 Esta última fecha es conjetura mía a base de la reconstrucción cronológica que ofrece Astrana Marín y que no sigo al pie de la letra por no haber documentos concluyentes. Tampoco hay pruebas de que fuera Cervantes entregando capítulos a medida que los terminaba y que, por tanto, no pudiera efectuar cambios previa la impresión.
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hecho mercadería vendible dicen, y dicen verdad, que los re presentantes no se las comprarían si no fuesen de aquel jaez; y así, el poeta procura acomodarse con lo que el represen tante que le ha de pagar su obra le pide. Y que esto sea ver dad véase por muchas e infinitas comedias que ha compuesto un felicísimo ingenio destos Reynos, con tanta gala, con tanto donayre, con tan elegante verso, con tan buenas razones, con tan graves sentencias, y, finalmente, tan llenas de elocución y alteza de estilo, que tiene lleno el mundo de su fama. Y por querer acomodarse al gusto de los representantes, no han llegado todas, como han llegado algunas, al punto de la perfección que requieren.
(I, 510-511.)
No había otro «felicísimo ingenio» sino Lope, y es a él a quien creen los cervantistas que alude el escritor, como también lo cree «Avellaneda» en su prólogo al Quijote apó crifo. Cervantes reconocía el valor de Lope, quien, en aquella época, ya le había desplazado en el teatro, pero le repro chaba el plegarse al público y a los representantes, pese al desprecio que, como Cervantes y otros escritores contempo ráneos, sentía Lope por el vulgo. Lope lo llama «necio» en el
Arte Nuevo y Cervantes dice, por boca del Canónigo, que el
vulgo «oye con gusto» comedias hechas de
conocidos disparates y cosas que no llevan pies ni cabeza... y las tiene y las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las componen y los actores que las represen tan dicen que así han de ser, porque así las quiere el vulgo, y no de otra manera.
(I, 508.)
Esa era, precisamente, la postura de Lope en la dedica toria al marqués de Priego (fechada en diciembre de 1603) y en el Prólogo de El Peregrino en su patria (Sevilla, 1604)29.
Cervantes pudo haberle oído hacer tales comentarios de viva voz, o aun haberlos leído en marzo de 1604 en que se puso
El Peregrino a la venta30. La responsabilidad del estado de
la comedia la pone Cervantes, sin lugar a dudas, en los abdi- cadores del arte: «Así que no está la falta en el vulgo, que pide disparates, sino en aquellos que no saben representar otra cosa» (I, 508). Y claro, por implicación, en aquellos que se prestan a componendas con el arte, los autores.
Unos años más tarde, en 1609, seguía Lope de Vega ex playando los mismos conceptos en el Nuevo arte de hacer
comedias deste tiempo, y admitía hacer lo que, precisamente,
le reprochaba Cervantes en el capítulo XLVIII, haber «escri to algunas veces / siguiendo el arte que conocen pocos»; pero, al ver aplaudir «monstruos de apariencia llenos, / adon de acude el vulgo y las mujeres» se acoge a este «hábito bár baro», encierra los preceptos «con seis llaves» y escribe «por el arte que inventaron / los que el vulgar aplauso pretendie ron; / porque, como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto»31.
En el Prólogo al lector y en la Dedicatoria de Urganda la Desconocida parece, de nuevo, aludir Cervantes a Lope, no
of California Publications in M odem Philology, XIV (1930), 345-366.
Lope aprovechó la publicación de la novela del Peregrino para ante ponerle unas listas de títulos de sus obras de teatro con objeto de «aduertir a los q leen mis escritos con afición (q algunos ay, sino en m i patria en Italia y Frâcia, y en las Indias, donde no se atreuió a passar la embidia) que no crean q aquellas son mis comedias aunq tengan mi nombre...». Y recalca lo de la envidia de sus contempo ráneos, representando el pedestal de la e n v i d i a con su propia efigie (el Peregrino) como poeta único.
30 Lo más probable es que éste fuera un tema discutido entro ambos escritores, que se trataban bastante, antes de la publicación del Quijote I, tal vez hasta la publicación de la edición desaparecida de 1604, anterior a la Príncipe. Véase lo que dice Jaime Oliver Asín sobre esta edición en mi nota 21 del capítulo I.
sólo en lo literario sino también en lo personal. Me parece, además, que por extensión alude a otros escritores de su tiempo, a quienes les cuadra el mismo reproche. Sólo que siendo Lope de los más prominentes en exhibir las caracte rísticas que tanto disgustan a Cervantes, ofrece mejor mo delo prototípico. En el Prólogo se disculpa de no citar auto res para alardear de erudición, de no encabezar su libro con sonetos y otras composiciones, escritos por gente de campa nillas o atribuidos a ellas, de no insertar «latinicos y otros tales», de no poner anotaciones al fin del libro, y de no citar autoridades. Todo lo cual había hecho Lope de Vega en los libros publicados hasta entonces ^
El ataque personal contra Lope mismo, o Lope prototí pico, lo hace a través de algún soneto del comienzo de la primera parte del Quijote, y a través de Urganda la Desco nocida.
En el soneto «De Amadís de Gaula a Don Quijote» se lee
Tendrás claro renombre de valiente; tu patria será en todas la primera; tu sabio autor, al mundo único y solo.
(1,17.)
32 También lo habían hecho otros escritores que se sintieron alu didos, como se deduce del prólogo, escrito en 1612, a las Novelas
ejemplares. No se refiere a Avellaneda, puesto que todavía po había
salido el Quijote apócrifo (1914), sino a escritores que se desconoce, cuando dice: «Quisiera yo... escusarme de escribir este prólogo, porque no me fue tan bien con el que puse en mi Don Quijote, que quedase con gana de segundar con este» (ObrC, IV [s. n.]). Este dato corrobora cuanto vengo observando sobre la técnica novelística de Cervantes: utiliza rasgos sugeridos por más de un contemporáneo para componer una imagen verídica del carácter español, en la que más de uno puede sentirse aludido. No compone biografías encu biertas de tal o cual personaje, sino que pone al descubierto, y sólo para quienes sientan como él, modalidades que no le atraen del carácter nacional.
¿Alusión al pedestal de la e n v i d i a que aparece en El Peregri
no en su patria (1604) de Lope de Vega cón las palabras Velis nolis Inuidia, y a la figura del Peregrino con las de Aut Uni cus aut Peregrinus, lo cual significa: «Quieras que no, Envi
dia, [Lope es] o único o inigualable»?33. A Urganda la Desconocida le hace decir:
No indiscretos hieroglí-, Estampes en el escu-; Que cuando es todo figu-. Con ruines puntos se invi-.
(I, 16.)