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1.2 Teorías Sociológicas

1.2.3 Robert King Merton

En el análisis del comportamiento del recluso condenado por el delito de feminicidio, se trajo a colación el legado de Merton (1949), quien se caracterizó por cuestionar los cimientos de la sociedad y reflexionar sobre por qué el individuo64 al estar dentro de ésta, pierde su libertad y condiciona en alguna manera su obrar. Si bien, no ha sido fácil interiorizar la problemática social de esos individuos con principios, valores contrarios al esquema cultural de una colectividad más amplia, preservar el orden y el control de esa totalidad, el intento por lograrlo ha sido el resultado de una necesidad emitida por la realidad y los cambios de ésta. Sin embargo,

63El éxito de esta internalización —y. por tanto, el éxito de un niño en la escuela— depende en gran medida del grado de independencia que la familia haya inculcado al niño. Esto ayuda a explicar el desempeño escolar relativamente pobre de los niños de la clase obrera y minusválidos, pues, sugiere Parsons, cuanto más abajo se está en la estructura social menos se enfatiza la independencia en la vida familiar. El impacto de la familia en el desempeño escolar representa un elemento cerrado y supraindividual aun en los sistemas sociales más modernos, pues otorga tremenda importancia a las cualidades grupales que están fuera del control de un actor. Cfr. Alexander (1992), p. 52.

64En realidad, mi hipótesis central es que la conducta anómalo64 puede constituirse como un punto de vista sociológico, como un síntoma de disolución entre todas las aspiraciones culturalmente prescritas, y los caminos socialmente estructurales para llegar a ese destino para llegar a ciertas aspiraciones”. Merton (1949), p. 143.

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“la cultura y la estructura social operan en sentidos cruzados” (p. 131), en cuanto la primera de

éstas, es definida como el conjunto de actos costumbristas, tradicionales, repetitivos, orientadores de conductas, legitimados y aceptados por los miembros de esos grupos, aunque para otros que no comparten sus mismos hábitos los rechacen y se convierta en el epicentro de críticas moralistas o de naturaleza inmoral65.

De los tipos resultantes de la variación independiente de objetivos culturales y medios institucionalizados, nos interesaremos ante todo por el primero; una sociedad en la que se da una importancia excepcionalmente grande a objetivos específicos, sin una importancia proporcional de los procedimientos institucionales. Es preciso desarrollar este enunciado, para que no se interprete mal. Ninguna sociedad carece de normas que gobiernen la conducta, pero se diferencian en el grado en que la tradición, las costumbres y los controles institucionales están eficazmente unificados con los objetivos que ocupan un lugar elevado en la jerarquía de los valores culturales (p. 143).

Los valores culturales a nivel social se han traducido como insumos ineluctables en la construcción y fortalecimiento de una comunidad, pero ello no debe conllevar a desconocer el

65La controversia entre la norma y la moral, lleva a la dualidad entre el sentido abstracto y realista-empírico, así como, el incumplimiento de los lineamientos institucionales derivado de las irregularidades de la misma, vacíos y conflictos jurídicos propios de un sistema de organización metódico y no sistemático, en el que la sociedad se tiene que comprometer a aceptar las reglas, porque de lo contrario, se impondrán otras restricciones desproporcionales, subjetivas, arbitrarias, denigrantes, excluyentes de aquellas prácticas no aceptadas por un número representativo de habitantes de esa comunidad a la que pertenece y a pesar de ello, impuestas por unos pocos, quienes desacatan a la autoridad e implementan la propia. Ver. Merton (1949).

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sentido de la norma y su aplicabilidad, porque ambas conforman el cimiento de la sociedad y hacen parte del equilibrio, la ponderación entre la coherencia entre las pretensiones de la individualidad y la colectividad. En esta lógica discursiva, es preciso examinar a la familia, los valores fomentados y los efectivamente interiorizados en ésta, la línea difusa o contundente entre la presencia de la norma y la ausencia de ésta66.

Merton (1949) en su teoría sociológica argumentó en qué medida los valores socializados desde la familia y la escuela como instituciones principales, los primeros escalones en la edificación de un individuo íntegro se ven tocadas por ciertos estándares culturales, desempeños y roles individuales, los cuales les obliga a actuar de determinada forma para subsistir en el medio y adquirir un estatus válido y bueno. No obstante, el nivel de adaptación de las personas

Nota:

66 La acción de ese proceso que termina en anomia puede representarse fácilmente, en una serie de episodios familiares e instructivos, aunque quizás triviales. Así, en las competencias triviales cuando al deseo de la victoria se le despoja de sus arreos institucionales y se interpreta el triunfo como un ganar el juego” y no como ganar el juego de acuerdo a las reglas del juego (p. 144). En la cotidianidad, el hombre debe tomar decisiones y elegir de manera voluntaria o impositiva, cumplir o no, hacer u omitir, aceptar o rechazar la norma. Es por ello que, los individuos que optan por irrespetar las prohibiciones y obran acorde con intereses particulares, son denominados desviados, porque no se ajustan a los parámetros fijados para regular las relaciones entre las personas y lograr el orden social. Además, las normas son fijadas por las instituciones para que el individuo se acoja a ellas, pero si ello no sucede, se presenta la primera ruptura. Aunque, al interior de los grupos y subgrupos, también existen algunas resistencias a los lineamientos internos, el rebelarse contra ellos, también es traducido como un acto de desafío a la norma. Una acción puede ser imperceptible e inobservable o aprobada cultural y socialmente, por no afectar a los demás en grandes dimensiones, ni constituir un riesgo potencial, sino una muestra de un leve desacato o aún no ser concebido como tal, lo cual es un indicio del nivel de permisividad de uno o varios grupos, la ausencia del rotulo de sanción, corrección y legitimidad. Ver. Merton (1949).

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en ciertos entornos se torna insostenible y le presionan a preservar una imagen falsa para no desentonar con los demás. El hombre en su proceso de adaptación se enfrenta a retos grupales e individuales distintos, pero constituyentes de su personalidad.

Se han identificado tipos de adaptación del hombre, entre ellos están, “la conformidad, innovación, ritualismo, retraimiento y rebelión”67 (p. 150). El primero de éstos se ha traducido como la adecuación a los estándares culturales e institucionales, el uso del mismo lenguaje de forma repetitiva y la aceptación del delincuente denominado divergente dentro de la comunidad y por parte de éste, respecto a su actuar cotidiano. Pero en esas interpretaciones, el que delinque se autoconvence así mismo de la licitud de su acción y como aprendió a ganarse la vida así, permanece en el estado de confort, porque teme perder lo obtenido y arriesgarse a lo nuevo.

67 El hecho de aceptar a un delincuente aun reconociendo la ilegalidad de sus comportamientos, es el resultado del conformismo y la permisividad, pero cuando ocurre lo contrario y esas acciones delictivas desde un inicio son identificadas o previstas, por conductas pasadas, entonces éstas deben ser rechazadas, aunque se expongan muchas justificaciones, tales como la cultura delictiva, el culpabilizar a los demás de la responsabilidad individual, el utilizar a otro como estrategia para obtener algún beneficio, ocultar sus verdaderas intenciones o admitirlo por ser la primera vez que incurre en ello, la corta edad del victimario; o las circunstancias azarosas, el destino o las situaciones vividas que van en contra de lo fijado institucional y formalmente. Ésta última conceptualización pertenece a la innovación, en donde es superada la etapa del conformismo por parte del delincuente y se impone en él, su ambición desmesurada por superar las anteriores hazañas, llegar a otros escenarios, de mayor prestigio, ser más selectivo en los espacios en los cuales comete delitos o si bien, su descendencia es de una familia noble, adinerada, con fortuna y desea seguir incrementándola para tener más poder o si la perdió, anhela recuperarla cómo le sea posible para no dejar de lado su estatus, su fama transitoria y basada en acciones destructivas del otro67. Cfr. Merton (1949).

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La conducta divergente68 se ha interpretado como el resultado del desacato a la norma, los lineamientos establecidos para regular el accionar de todos los individuos. Por eso el bajo o nulo ingreso fijo de dinero a una persona o una familia, es traducido como una condición de vulnerabilidad y fragilidad frente al delito. Pero no es éste el más importante, usual y único elemento a ponderar al momento de afirmar qué clase de individuo han estado más proclives a ser delincuentes. La no adaptación a normas institucionales, presupone alejarse de la legalidad de la misma y del rechazo social, pero no de la legitimidad de su actuación. Al delincuente no le importa dejar de lado sus valores o contravalores aprendidos, construidos de manera autónoma o impositiva, preservar o rebelarse frente a la adaptación a un sistema que implica subsumirse al “ritualismo” (p. 159), seleccionar un modus operandi para cometer los delitos, infringir la ley, victimizar a alguien; y preservar su desviación. Otra forma de adaptación, es el retraimiento69 (p. 159).

68 Ni las tendencias hacia las conductas divergentes ni las tendencias hacia el restablecimiento del equilibrio de un sistema de interacción social pueden producirse al azar. Por el contrario, actúan en una o más direcciones de un número limitado de direcciones identificables. Esto quiere decir que la conducta divergente misma tiene sus normas. Merton, 1949, p. 171.

69 Los individuos que se (adaptan o se maladaptan), de esta manera estrictamente hablando, están en la sociedad, pero no son de ella. Para la sociología, éstos son los verdaderos extraños. Como no comparten la tabla común de valores, pueden contarse entre los miembros de la sociedad (a diferencia de la población) sólo en un sentido ficticio. A esta categoría pertenecen algunas actividades adaptativas de los psicóticos, los egoístas, los parias, los proscritos, los errabundos, los vagabundos, los vagos, borrachos crónicos y los drogadictos. Ver. Merton (1994), p. 162.

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Ese modo es costumbrista también y ha estado direccionado a oponerse a los requerimientos sociales, para concentrarse en los propios. Asimismo, encontrar las formas de seguir sus impulsos irracionales, desafiantes de los parámetros institucionales y sumergirse en su propia forma de sobrevivir. Es una forma adaptativa a sus propias reglas, sus aspiraciones y no la de los demás o con quienes interactúa. Por último, “La rebelión” (p. 164) es una forma de perseguir la emancipación de la coacción impartida por las instituciones, la sociedad y detrás de ese ideal de cambio, revolución del pensamiento se abroga potestades y facultades para alcanzar su fin; y se manifiesta en contra de las concepciones generales y abstractas. Es por eso que, la familia70 es el epicentro de formación para los niños-niñas, pero cuando éste se rehúsa al cumplimiento de las normas, se transgreden los parámetros axiológicos, se fomenta la inequidad, se conforman subgrupos, grupos, que elaboran sus propias normas, aunque sean concebidas como incipientes y carentes de rigor o no sean concebidas como tal, porque no son concertadas, discutidas con los miembros o solo se reconoce el liderazgo (figura difusa en la cual no hay distribución de roles, sino individuales en acción) de una o más personas, quienes advierten sobre los límites fronterizos (calles, barrios, localidades, poblaciones) invisibles, el

Notas:

70 La familia, es desde luego, la principal cadena de trasmisión para la difusión de las normas culturales a las generaciones nuevas. Pero lo que pasó inadvertido hasta muy recientemente es que la familia trasmite en gran parte aquella parte de la cultura que es accesible al estrato social y a los grupos en los que se encuentran los padres. Es por lo tanto, un mecanismo para disciplinar al niño en relación con las metas culturales y las costumbres características de este estrecho margen de grupos. Y la socialización no se constriñe a la preparación y la disciplina directa. Merton (1949), p. 166.

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riesgo de descuidar sus raíces y asumen la responsabilidad de tomar decisiones para preservar la identidad, hábitat del grupo, las debilidades y fortalezas71. Para Merton (1949) la clasificación de los integrantes de un grupo entre “miembros, no-miembros autónomos, no-miembro antagónico, abiertos y cerrados, antiguos, no-miembros constantes” (pp. 293-296), tuvo el propósito de argumentar por qué son o no admisibles a esas congregaciones, si de forma voluntaria desean o no, si es objeto o no de su interés adscribirse, vincularse a éstas o por su rol, estigma o la preponderancia de prejuicios son excluidos de manera unánime, sin o con existencia previa de resistencia. Asimismo, se ha hallado que la identificación o no a un grupo, ofrece una serie de situaciones de difícil manejo, tensiones y conflictos sociales, por qué sus miembros o no-miembros y las clasificaciones respectivas responden o tienen contrarias posiciones, hábitos, pensamientos, actuaciones y expresiones culturales disímiles.

1.3 Teoría de la Sociología de la desviación (Howard Becker y David Matza) y su