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El rol de la agroindustria y la segmentación interna del mercado laboral para la cosecha

TERCERA PARTE

MERCADO LABORAL, PAISAJE AGRARIO E IDENTIDADES SOCIALES.

8. El rol de la agroindustria y la segmentación interna del mercado laboral para la cosecha

los tipos de relaciones laborales que se establecen en este mercado de trabajo agrario.

8. El rol de la agroindustria y la segmentación interna del mercado laboral para la cosecha

En la base del complejo, existen en Misiones alrededor de 17.000 explotaciones agrícolas productoras de yerba mate. En su vértice superior, se cuentan un total de 118 molinos encargados de la industrialización final de producto; 98 de los cuales se localizan en la provincia de Misiones (Rosenfeld y Martínez, 2003), hallándose los demás distribuidos principalmente entre Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos. Encargados de la etapa manufacturera que ocupa un lugar intermedio entre la producción primaria y la elaboración final del producto, se desempeñan en Misiones 234 agroindustrias secadoras de yerba mate (Ibid.).

Los llamados “secaderos” se hallan fuertemente integrados a las industrias molineras, tanto a través de contratos de abastecimiento como, una parte importante de ellos, directamente bajo propiedad. La mayoría de estos establecimientos poseen también alguna superficie implantada con yerbatales propios. Según los datos relevados por el último Censo Nacional Agropecuario, existen en Misiones un total de 143 establecimientos secadores que integran alguna superficie implantada con yerba mate (INDEC, 2002), es decir, alrededor del 60% del total de secaderos que existen en la provincia. No obstante ello, la mayor parte de la materia prima que manufactura el conjunto del sector agroindustrial secador proviene de la compra de hoja verde de yerba mate a productores agrícolas independientes, esto es, de la compra a explotaciones agrícolas no integradas bajo propiedad (Rosenfeld y Martínez, 2003). Según la información de Censo Nacional Agropecuario, el sector de secaderos integran bajo propiedad el 9,4 % del total de explotaciones con más de 25 ha. implantadas con yerba mate –89 unidades-, y el 0,3 % -54 unidades- de las explotaciones con yerbatales de menor extensión –más 4 explotaciones agropecuarias sin implantación yerbatera- (INDEC, 2002).

Si bien, como ya se ha señalado, en Misiones la producción de hoja verde de yerba mate tiene lugar en más de 17.000 explotaciones agrícolas, hallándose sólo 143 de ellas integradas bajo propiedad de las agroindustrias (INDEC, 2002); en realidad las empresas molineras y secadoras que componen el núcleo agroindustrial del complejo se desempeñan como verdaderas organizadoras de la fase final del proceso de producción primaria, es decir, de las cosechas en toda la provincia; y en gran medida también se desempeñan como ejecutoras de las mismas.

Antes y durante el relativamente prolongado período de zafra yerbatera, los productores primarios procuran obtener de las empresas agroindustriales secadoras acuerdos de compra para el volumen de hoja verde disponible en sus campos. De acuerdo con sus propias estrategias productivas y con los coyunturales requerimientos del mercado, las empresas agroindustriales planifican cada año, de un modo relativamente preciso y en primer término, las fechas en que se dará inicio y en que se detendrá finalmente el funcionamiento continuo de sus plantas de secado –los secaderos de yerba mate funcionan sin pausa durante el día y la noche, apagando sus hornos solamente los días domingo-. Este funcionamiento continuo y el carácter perecedero de la materia prima que manufacturan, conllevan la necesidad de garantizar el permanente abastecimiento de los secaderos con volúmenes homogéneos de hoja verde y de organizar previamente, por tanto, la ejecución de las cosechas de acuerdo a un plan general relativamente cuidadoso y detallado. Así, las agroindustrias acaban definiendo territorial y temporalmente el modo en que serán realizadas las cosechas a lo largo de toda la zona productora; esto es, no sólo en sus propios yerbatales, si los poseen, sino también en los que son propiedad de productores independientes. A estos últimos los secaderos asignan “cupos de entrega” de volúmenes de materia prima escalonados en el tiempo de acuerdo a una periodicidad preestablecida por su administración.

Pero, como se ha adelantado, las empresas que componen el núcleo agroindustrial del complejo no sólo se desempeñan como organizadoras del conjunto de las cosechas sino también como ejecutoras de gran parte de las mismas. Los secaderos disponen de cuadrillas de cosecheros que utilizan para realizar la zafra tanto en sus yerbatales como en los yerbatales de aquellos productores independientes que los abastecen de materia prima. Estos productores, a quienes los empresarios agroindustriales acostumbran denominar “clientes de la empresa”, pueden acordar la

venta de su hoja verde a través de dos modalidades: “en planta” o “puesta en secadero”. En la primera, la ejecución de la cosecha y el transporte del producto corren por cuenta de la agroindustria; en la segunda, corren por cuenta del productor. La modalidad de venta “en planta” es utilizada por la mayoría de los grandes productores -empresas “plantadoras”-, y de los productores medianos.

Cuando es utilizada la modalidad “puesta en secadero”, se trata generalmente de acuerdos con productores pequeños –o, en menor medida, también con productores medianos- quienes o bien, en función de la reducida escala de sus yerbatales no justifican el envío de cuadrillas de cosecheros y camiones para el transporte a cargo de la agroindustria, o bien optan por encargarse de gestionar y realizar estas tareas como una estrategia de maximización de ingresos. Por supuesto, existen precios diferenciales para una y otra modalidad de venta del producto. Como señalaba, en una entrevista, un productor con 12 ha. de yerbatales implantados:

“tampoco la yerba vos no podes dejar dos-tres días cosechada. Hay que cosecharla y llevarla. Ponele si cosechás hoy, mañana ponele ya tenés que entregar. Y si te dan mil kilos [de “cupo”], que se yo... entre dos tareferos que son prácticos hacen

[...]. [Vender “en planta”] conviene en un sentido de que ahí el secadero no te da turno,

porque si él te manda la cuadrilla entonces vos, a lo mejor en cuatro-cinco días, hacés todo tu yerbal. Porque para la cuadrilla de ellos, a ellos no le conviene mandar la cuadrilla para sacar 1000 kilos. Entonces va la cuadrilla y te hace 8-10.000 kilos en un día. Entonces ahí conviene más. Pero sí..., es como vos decís, si nosotros cosechamos nos ganamos la tarefa. Porque si el secadero manda la cuadrilla te cobra la tarefa, te cobran como capataz, te cobran flete” (Entrevista con productor, Aristóbulo del Valle,

1999).

En cuanto al empleo de la mano de obra, en la mayoría de los casos de venta “puesta en secadero” el productor contrata en forma directa “una dupla” –dos obreros que trabajan juntos- de tareferos “conocidos” por ellos. Si posee algún asalariado permanente en su explotación puede también afectarlo a esta tarea; o también, en algunos casos, puede realizar la zafra apelando exclusivamente a la mano de obra

disponible en su grupo familiar. El transporte del producto se realiza, luego, en el acoplado de un tractor o en la carrocería de una camioneta disponible. No obstante, la mayor cantidad de hectáreas en toda la zona productora, y la porción más sustantiva del volumen conjunto de hoja verde producido en la etapa primaria, resulta cosechado por aquellas cuadrillas que administra el núcleo agroindustrial del complejo. Como se señaló anteriormente, con estas cuadrillas se realizan las tareas de zafra tanto en los yerbatales que poseen las propias agroindustrias como en los de aquellos productores que venden su hoja verde “en planta”: en particular, los medianos y, sobre todo, los grandes productores de yerba mate.

Finalmente, considerando las características de las relaciones laborales que se establecen entre los cosecheros de yerba mate y sus empleadores, pueden identificarse en relación con aquellas dos formas de venta de la producción; esto es, con aquellas dos formas que adquiere la contratación de mano de obra y gestión directa de las cosechas; también dos segmentos diferenciados en el mercado de trabajo agrícola regional, segmentos que se muestran asociados con los diferentes tipos de empleadores de la mano de obra y administradores de las cosechas. En efecto, de una parte, la contratación directa, ya sea individual o “en dupla”, de cosecheros de yerba mate por parte de los productores primarios se caracteriza por la informalidad -el trabajo “en negro”- y la mayor precariedad –el carácter más incierto y temporalmente restringido- de los vínculos laborales39. De la otra parte, la contratación directa de cuadrillas de cosecheros a cargo de las empresas agroindustriales tradicionalmente se ha caracterizado por la mayor formalidad –contratos escritos regidos por normas legales, recibos de sueldo con aportes, etc.- y estabilidad –mayor continuidad y longitud temporal durante la estación de cosecha, y necesaria reactivación de un año a otro- de las relaciones laborales que se establecen40. El empleo por parte las empresas agroindustriales garantiza a los trabajadores una mayor continuidad y longitud temporal del vínculo durante la relativamente prolongada estación de zafra yerbatera, puesto que son las propias agroindustrias las que organizan escalonadamente la realización de las mismas en las explotaciones de los diferentes productores. Pero la formalidad de los contratos implica

39 Otra de sus características es la frecuente presencia de relaciones personales previas o “vínculos

paternalistas”.

40 Al mismo tiempo, estas relaciones son más impersonales y puede considerárselas, en todo sentido, más

también una mayor estabilidad del vínculo laboral a largo plazo, en tanto se halla establecida por ley, para el empleador agrícola, la obligación de priorizar cada año la convocatoria de los mismos trabajadores transitorios que habían sido empleados durante la campaña anterior.

En cuanto a las razones del predominio de la formalidad en las relaciones laborales establecidas directamente con las agroindustrias, cabe considerar como hipótesis que, en tanto históricamente han sido estas empresas las que concentraron una mayor cantidad de obreros agrícolas empleados directamente, resultarían potencialmente más afectadas por las acciones reivindicativas de carácter sindical. Al mismo tiempo, este tipo de empresas resultarían también más accesibles para las acciones fiscalizadoras del empleo realizadas por organismos estatales y más expuestas, por lo tanto, a las sanciones legales –también por poseer un importante capital de respaldo. Quizá la conformación de este “estilo” de gestión moderna, organizada y formal, también pueda relacionarse en este caso con la propia extracción social de los empleadores y con el interés por conservar una “imagen” de seriedad empresarial hacia los proveedores, los consumidores y hacia la sociedad misma.

Lo importante es que, en función de estas características diferenciales que asumen las relaciones de trabajo de acuerdo al tipo de empleador que las entabla, pueden diferenciarse dentro del propio mercado laboral agrícola yerbatero, lo que en términos de las teorías institucionalistas y sociológicas sobre la segmentación de los mercados de trabajo se conoce como, por una parte, un mercado primario (en términos de Piore, 1983) o interno a las principales empresas del rubro (en términos de Kerr, 1977) y, por otra, un mercado secundario o externo a las mismas. Aunque los asalariados que participan en uno u otro segmento del mercado laboral cosechero de yerba mate realizan el mismo tipo de tareas, el mercado primario o interno aparece diferenciado del secundario o externo fundamentalmente por el imperio de una mayor formalidad de sus vínculos laborales y una mayor estabilidad en su empleo, por la existencia de beneficios asociados –aportes jubilatorios, seguro de riesgos de trabajo, salario familiar, ayuda escolar, obra social, etc.- y en ocasiones también por niveles salariales superiores.

Como se señalaba al principio del capítulo, definir a un mercado de trabajo como institución social conlleva la necesidad de considerar aquellos aspectos demográficos, geográficos e históricos que aparecen como característicos de su existencia real. En lo demográfico, se ha venido identificado fundamentalmente aquellos elementos referidos a la etnicidad con que se asocia la población oferente de fuerza de trabajo para la cosecha de yerba mate. En lo histórico, se han recorrido los procesos que dieron lugar al surgimiento de esta población asalariada agrícola y a la institución misma del mercado de trabajo yerbatero. Y en lo geográfico, se ha terminado por delinear la imagen del paisaje agrario regional en que se inscribe y funciona este espacio de relaciones laborales. Se ha trazado, así, una definición sociológica concreta del mercado de trabajo que se estructura en torno a la cosecha de yerba mate en la provincia de Misiones. El presente capítulo en particular ha buscado brindar también elementos que permitan comprender de qué manera este mercado de trabajo es “vivido y experimentado” regionalmente, poner de relieve el modo en que los actores y prácticas que sostienen su dinámica poseen una historia inscripta en la sociedad, y aportar, también de este modo, un marco general de interpretación para los diversos datos e informaciones que continuarán presentándose a lo largo del estudio.

Finalmente, se han identificado también las principales características del sistema de relaciones laborales que funcionan en el mercado de trabajo agrario yerbatero, particularmente, aquellas que definen su naturaleza internamente segmentada. En este último plano, sin embargo, dentro del mercado de trabajo agrario yerbatero se ha venido registrado un llamativo fenómeno desde el principio, pero más acentuadamente, desde la segunda mitad de la década de los ´90: si bien la contratación y organización de cosecheros en cuadrillas, administradas por la agroindustria para realizar la zafra de sus propios yerbatales y la de los productores que venden su hoja verde “en planta”, no ha disminuido en su importancia -sino antes bien, por el contrario, su importancia parece haber aumentado-; el segmento primario o interno del mercado laboral cosechero se ha contraído notablemente y se ha expandido correlativamente el secundario o externo. Semejante fenómeno, paradójico en apariencia, se encuentra relacionado fundamentalmente con el surgimiento y rápida expansión que ha experimentado, durante este último período, un nuevo sector de agentes empleadores – conocidos localmente como “contratistas”- que intermedian las relaciones laborales

sustituyendo a las empresas agroindustriales en su contacto directo con el personal de cosecha.

En el capítulo siguiente se analizarán las principales transformaciones registradas en este espacio de relaciones sociales durante la década de los ´90; entre otras, aquellas que refieren a la actuales “condiciones de mercado”, en términos de oferta y demanda; a la localización de la oferta, en términos de su concentración en determinadas áreas geográficas dentro de la provincia; al rol del Estado, en lo que respecta a su capacidad de regulación legal del funcionamiento de los mercados laborales y; sobre todo, aquellas que se muestran relacionadas con el proceso de surgimiento y expansión de un particular sector de contratistas de mano de obra en la región; esto es, aquellas que se asocian con la proliferación y la expansión de nuevas pequeñas y medianas empresas formalmente independientes que, a través de la oferta de servicios de cosecha, aparecen cada vez más introduciendo una situación de intermediación en las relaciones laborales tradicionalmente establecidas por el núcleo agroindustrial del complejo con las cuadrillas de trabajadores cosecheros que emplean, y aparecen también dotando a estas relaciones de características muy peculiares.

CAPÍTULO VII

TRANSFORMACIONES RECIENTES EN EL MERCADO LABORAL

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