CAPÍTULO III MARCO APLICADO
Esquema 8: Roles del Profesorado
Fuente: Barroso y Cabero, 2013. p. 24
Uno de los roles clave del profesor será el de diseñador de situaciones mediadas de aprendizaje, situación que deberá girar en torno al estudiante a que éste adquiera los conocimientos y las capacidades previstos y, por tanto, el aprendizaje. Se trata por tanto de que el profesor, movilizando las diferentes TIC que tenga a su disposición, diseñe y organice una nueva escenografía de comunicación para que el alumno, en interacción con los objetos de aprendizaje que le ofrezca la información (documentos impresos, clip de videos, redes sociales, etc.), con el profesor y con sus compañeros, adquiera las competencias y los conocimientos previstos.
En unos nuevos escenarios tecnificados de formación, una de las funciones que desempeñará el profesor es la de evaluador y seleccionador de las diferentes TIC a las que puedan acceder los estudiantes. Se trata, por tanto, de que desempeñe una función de filtro de la adecuación de la información a los estudiantes, y de los materiales con los cuales éstos van a trabajar.
Roles
docentes
Diseñadores Evaluadores y seleccionado res de TIC Evaluadores contínuos Orientadores Consultores de información121
Por ello, es que en los nuevos escenarios de formación, el papel del estudiante será cada vez más activo y con más presencia a lo largo del proceso; y ahí el profesor que desempeñará dos roles significativos: el de evaluador del proceso constante que está llevando a cabo el estudiante y el de orientador del mismo. Al ser una temática de real importancia, desarrollaremos este punto en el siguiente apartado.
2.1.2.2 TIC y Docentes
Esta sociedad del conocimiento ha traído avances en el mundo tecnológico y principalmente en las TIC. Estas nuevas tecnologías se están incorporando en la educación, y esto ha traído cambios en los procesos enseñanza-aprendizaje, en todos los niveles de la educación. Esto ha hecho que los docentes no se queden atrás y han comenzado a utilizar las herramientas tecnológicas de esta nueva sociedad, aunque es importante destacar que existe aún resistencia a integrarlas en el aula, y más bien las utilizan como apoyo a sus actividades docentes más que como un apoyo a los aprendizajes de los estudiantes.
Para la incorporación de estas tecnologías es importante conocerlas y saber utilizarlas, ya que el acceso a estas, están disponibles en los diversos niveles de la educación. Todos estos cambios se están dando en los modelos educativos, en los estudiantes, en las universidades, en las escuelas y esto crea retos en los participantes, en la educación y en especial para los docentes.
Uno de los retos más importantes para el profesor es su nuevo rol en esta nueva sociedad. El papel del profesor como transmisor de conocimientos ha cambiado, ahora debe ser visto como un facilitador, ayuda al estudiante a gestionar la información, los conocimientos, el aprendizaje en un ambiente digital y colaborativo. El docente debe aprovechar la oportunidad de cambio y así colocarse al nivel de la época actual.
Durante la última década las tecnologías de la información han arribado masivamente a las escuelas primarias y secundarias en muchos sistemas escolares. Las políticas educativas han incorporado crecientemente esta área, asignando presupuestos permanentes a la adquisición de equipamiento informático, capacitación de docentes y desarrollo de contenidos y aplicaciones educativas. Los
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principales objetivos perseguidos en estos esfuerzos están relacionados con la disminución de la “brecha digital”, la modernización administrativa de los centros escolares y la utilización de nuevos recursos de aprendizaje para el desarrollo de innovaciones pedagógicas. No obstante lo anterior, aún no hay consenso sobre los reales impactos que las tecnologías de la información están registrando en los resultados escolares, específicamente de acuerdo con las mediciones estandarizadas de logros de aprendizaje.
Carnoy, (2004, p.32), al realizar una comparación entre el uso que se da a estas herramientas en ambientes escolares y en el mundo empresarial, asegura que “las escuelas y los distritos escolares casi no utilizan las TIC para gestionar la calidad de sus resultados, para aumentar la productividad de los profesores, ni para reducir los costes mediante el análisis de gastos”.
Parte del problema ha sido definir claramente qué efectos son los que se podrían reflejar gracias a la introducción de recursos digitales en los centros educativos (British Education Comunications Technology Angency. BECTA, 2007, p. 50). En algunos casos se espera que estas herramientas generen ambientes de trabajo más amigables y atractivos para las nuevas generaciones, provocando un impacto positivo en la asistencia y retención escolar. Otra opción es incorporar las habilidades de uso de tecnologías de la información a los planes de enseñanza, como una forma de institucionalizar en el currículo escolar estas nuevas competencias instrumentales. Las alternativas más ambiciosas pretenden reconocer impactos positivos en la generación de capacidades de innovación y rediseño de los procesos didácticos en el interior del aula, gracias a la incorporación de herramientas que facilitan nuevas metodologías. La conclusión del estado actual de la implantación de las TIC en la educación es que no hay conclusión alguna. Así por lo menos se desprende de los estudios realizados por BECTA (2007) en el Reino Unido: “En el momento presente, las pruebas sobre los efectos son algo inconsistentes, aunque parece ser que, en determinados contextos, con algunos alumnos y en ciertas disciplinas, el rendimiento ha mejorado”. (p. 57)
¿Cómo avanzar entonces en el diseño de políticas y experiencias exitosas en la incorporación de tecnologías digitales al sistema escolar?
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Una aproximación práctica a esta pregunta clave es focalizar el problema en la generación de condiciones de introducción de tecnologías, las que pueden a su vez, facilitar impactos positivos en estrategias más amplias de innovación pedagógica. Disponer de una buena infraestructura tecnológica es una de las condiciones básicas. Esta no solo debe considerar una dotación adecuada de computadores, periféricos, suministros y enlaces a Internet. Se requiere contar con apoyo técnico que resuelva problemas de soporte y administración, estrategias locales de planificación y administración de estos recursos, junto con métricas asociadas a la evaluación de su usabilidad y utilización. Si bien existe un conjunto de otras condiciones, hay abundante argumentación respecto a que el factor clave para el éxito en la incorporación de tecnologías en el proceso educativo es la adecuada preparación de los docentes (Kozma, 2008, p. 35). Tradicionalmente esto se traduce en programas de capacitación que buscan desarrollar habilidades específicas que los profesores requieren para un adecuado manejo de los recursos tecnológicos. Estas engloban desde el manejo adecuado de computadores (International Computer Driving License. ICDL, 2008) hasta competencias asociadas a la integración de recursos digitales en la planificación educativa (National Educational Technology Standards for Teachers, 2008).
No obstante, tal como señala Kozma, (2008, p. 36), en la medida en que los docentes avanzan en sus capacidades de uso de las tecnologías, estos demandan preparación en habilidades superiores para la integración de estas herramientas en la práctica cotidiana dentro de la sala de clases. Los requerimientos trascienden el desarrollo de habilidades instrumentales y se enfocan en la necesidad de contar con modelos pedagógicos que contemplen las etapas de planificación, desarrollo y evaluación. Ciertamente, estas necesidades de mayor capacitación se asocian a los niveles de adopción temprana que un grupo específico de docentes presenta respecto a estos recursos. La revisión sobre modelos teóricos que describen los procesos de adopción de las tecnologías por parte de los profesores sugiere diversos protocolos que describen y explican este proceso.
Al realizar un análisis sistémico del asunto, será posible advertir que las variables que participan en el desarrollo de condiciones que favorecen las innovaciones educativas asistidas por tecnología están significativamente asociadas a variables que pueden ser controladas por elementos exógenos al docente. Este enfoque
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reconoce al centro educativo como una organización compuesta por individuos con diferentes características, intereses y ritmos en el proceso de adopción de tecnologías (Everett Rogers, 1995, p. 41)
Los profesores que tienden a requerir mayores niveles de entrenamiento e información son aquellos que ven en los recursos tecnológicos ventajas en el momento de planificar nuevas situaciones educativas, que se ven favorecidos por su entorno profesional para experimentar con estos recursos, que implementan innovaciones consistentes con los valores y prácticas del proyecto educativo de la institución. Esto resulta obvio en otros campos de integración de tecnologías. En el mundo empresarial, los procesos de adopción suelen estar acompañados de planes de reingeniería que consideran la implementación de soluciones que simplifiquen y aumenten la productividad de los involucrados. En la mayor parte de estas implementaciones, los costos de consultoría asociados al diseño de la solución suelen estar cercanos a los valores asociados a la inversión en equipamiento tecnológico. Una estrategia de incorporación de tecnologías en educación, que busque la generación de innovaciones exitosas, debiera entonces considerar las condiciones que facilitarán la adopción de estos recursos por parte de los docentes. Esto supone reconocer las necesidades de los profesores de tal forma que los modelos de integración de tecnologías se transformen en soluciones ventajosas, considerando el contexto y requerimiento de los educadores involucrados.
El rol del profesorado en los nuevos escenarios tecnológicos: Competencias Digitales:
A partir de diversas revisiones bibliográficas, se puede desprender que los cambios sociales y la incorporación y uso de las TIC en los centros de educación han hecho necesario que se vaya modificando el modelo educativo tradicional, en busca de un procesos de enseñanza- aprendizaje de mayor calidad pedagógica que incentive un aprendizaje constrictivo y significativo.
Al transformar el modelo tradicional en un nuevo paradigma producto de la incorporación de las TIC al mundo educativo, se modifican la visión y el papel tradicional del profesorado, que pasa a ser una figura clave para el diseño, la selección, planificación y evaluación de las actividades de aprendizaje que los
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alumnos/as deben realizar para la adquisición de conocimientos, habilidades y actitudes específicas con la finalidad de llegar a ser ciudadanos competitivos y profesionales que sepan desenvolverse con garantías de éxito en un contexto socioprofesional (Domínguez, 2011, p. 180).
Por las razones mencionadas, habría que reflexionar sobre las funciones y roles del profesorado, de los alumnos/as y los contextos de enseñanza- aprendizaje que se diseñen y pongan en práctica con el beneficio de los recursos tecnológicos para dicha generación de conocimientos.
Area, (2007, pp. 43-44) propone un decálogo para planificar buenas prácticas docentes con tecnologías:
Lo relevante debe ser siempre lo educativo, no lo tecnológico.
Un profesor/a debe ser consciente de que las TIC no tienen efectos mágicos sobre el aprendizaje no generan automáticamente innovación educativa. Es el método o estrategia didáctica junto con las actividades planificadas lo
que promueve un tipo u otro de aprendizaje.
Se deben utilizar las TIC de forma que el alumnado aprenda “haciendo cosas” con la tecnología.
Las TIC deben utilizarse como recursos tanto para el aprendizaje de las materias curriculares como para el desarrollo de competencias específicas tecnológicas.
Las TIC pueden ser utilizadas como herramientas tanto para la búsqueda, consulta y elaboración de información como para relacionarse y comunicarse con otras personas.
Las TIC deben ser utilizadas tanto para el trabajo individual de cada alumno/a como para el desarrollo de procesos de aprendizaje colaborativo. Cuando se planifica una actividad con TIC, deben hacerse explícitos no sólo el objetivo y contenido curricular sino también la competencia tecnológica que promueve.
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Las actividades con TIC deben estar integradas en el currículum.
Estos aspectos son de gran relevancia, ya que el uso didáctico implicaría la movilización de una diversidad de estrategias y metodologías que favorezcan un aprendizaje activo, participativo y constructivo. De ello, se establecen nuevas funciones de los profesores que diversos autores han abordado.
De acuerdo con Marqués (2000, p. 22), actualmente el papel de los profesores no debe ser tanto “enseñar” (explicar- examinar) en el sentido de trasladar información que tendrá una vigencia limitada y estará siempre a su disposición como guiar, ayudar a los estudiantes a “aprender a aprender” de forma autónoma y promover su desarrollo cognitivo y personal mediante actividades de investigación, críticas y aplicativas, aprovechando las potentes herramientas TIC y la gran cantidad de información al alcance de todos.
En este sentido, el docente cada vez se convierte más en un mediador de los aprendizajes de los estudiantes, y sus rasgos fundamentales son los siguientes (Tébar, 2003, p.19):
Es un experto que domina los contenidos, planifica (pero es flexible). Establece metas: perseverancia, hábitos de estudio, autoestima,
metacognición…, siendo su principal objetivo que el mediado construya habilidades para lograr su plena autonomía.
Regula los aprendizajes, favorece y evalúa los progresos; su tarea principal es organizar el contexto en el que se ha de desarrollar el sujeto, facilitando su interacción con los materiales y el trabajo colaborativo.
Fomenta el logro de aprendizajes significativos, transferibles.
Fomenta la búsqueda de la novedad: curiosidad intelectual, originalidad, pensamiento convergente.
Potencia el sentimiento de capacidad: autoimagen, interés por alcanzar nuevas metas.
Enseña qué hacer, cómo, cuándo y por qué, ayuda a controlar la impulsividad.
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Comparte las experiencias de aprendizaje con los alumnos: discusión reflexiva, fomento de la empatía del grupo.
Atiende las diferencias individuales.
Desarrolla en los alumnos actitudes positivas: valores.
A pesar de que estas funciones establecidas presentan muchos puntos fuertes y positivos, como señala Sáez (2010, p. 34), prima la autonomía pedagógica, se traslada la responsabilidad al docente, que toma las decisiones respecto al tiempo, espacio, grupos, herramientas y metodología en general. Del mismo modo será, el que decida sobre el estado de sus competencias.
Trabajar con TIC en los centros educativos exige nuevas pedagogías y por tanto, que el profesorado desempeñe nuevas funciones. Todo ello requiere capacidades y competencias nuevas.
Lograr la integración de las TIC en el aula dependerá de la capacidad de los maestros para estructurar el ambiente de aprendizaje de forma no tradicional, fusionar las TIC con nuevas pedagogías y fomentar clases dinámicas en el plano social, estimulando la interacción cooperativa, el aprendizaje colaborativo y el trabajo en grupo. Esto exige adquirir un conjunto diferente de competencias para manejar la clase (UNESCO, 2008, p. 43).
La formación del profesorado es un componente fundamental y se plantea como una de las condiciones imprescindibles para una adecuada integración de las TIC en el aula. Puede parecer recurrente la idea de preparar a los futuros docentes en dichas competencias formales para que conozcan y puedan desenvolverse correctamente con los nuevos modos didácticos. No obstante, de igual manera debe pensarse en la formación permanente del profesorado en activo.
El profesorado debe ser competente en su ámbito laboral en todo aquello que debe desempeñar, para lo cual deberíamos analizar su actividad profesional. Es sabido que en la actualidad necesita utilizar las TIC en muchos de sus desempeños habituales. Marqués (2000, p. 31) señala los diferentes momentos de adquisición de la competencia en términos de fases: fase pre-activa de preparación para la intervención, la fase activa de intervención formativa y finalmente la fase pos-
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activa, considerando por ello que no sólo debe centrarse en la preparación técnica del docente, es decir, utilización de las diferentes herramientas tecnológicas, sino también en la formación didáctica, que le capacite para un adecuado desarrollo pedagógico mediante el uso de TIC y le haga competente en su desempeño profesional.
En definitiva, y de acuerdo con diversos autores (Gallego, Gámiz y Gutiérrez, 2010, p. 42; Trigueros, Sánchez y Vera, 2012, p. 34) y estudios realizados al respecto (Ala- Mutka, 2011, p. 37; Majó y Marqués, 2002, p. 27; Tejada, 1999, p. 31), se pueden resumir así las competencias en TIC. Los docentes deben:
Estar receptivos, tener una actitud positiva hacia las TIC. Utilizar con destreza las TIC en su ejercicio profesional.
Utilizar y gestionar dispositivos y entornos de trabajo digitales. Comunicarse, relacionarse y colaborar en entornos digitales. Obtener, evaluar y organizar información en formatos digitales. Actuar de forma responsable, segura y cívica.
Conocer y saber usar las TIC en el ámbito educativo en general y en su área de conocimiento en concreto, dándoles un uso didáctico.
Planificar el currículum integrando las TIC (como medio instrumental en el marco de las actividades propias de su área de conocimiento, como medio didáctico y como mediadoras en el desarrollo cognitivo).
Plantear actividades formativas diversas que consideren el uso de TIC. Utilizar las TIC en el aula para el trabajo colaborativo o personalizado del
estudiante.
Evaluar el uso de las TIC en entornos educativos.
Estas mismas competencias didáctico - digitales para los formadores se recogen de manera detallada por Quintana (2000, p. 33), agrupadas en cuatro dimensiones: competencias instrumentales, competencias cognitivas (criterios y uso de las TIC), competencias profesionales y competencias didáctico- metodológicas.
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Los cambios promovidos por las TIC y los modos de operar de los sistemas tecnológicos también tienen influencia en las necesarias competencias del alumnado.
El nuevo rol de profesorado ante las TIC. Cambio en el enfoque metodológico
La evolución tecnológica que va incorporándose a todos los ámbitos sociales y a todas las facetas de nuestra vida es objeto de comentarios sobre los roles que debería desempeñar los docentes.
Cabero, (2010b, p. 23) plantea que el rol y actividades que actualmente desempeña el docente cambiarán, como siempre ha pasado cuando se ha introducido una nueva tecnología en la instrucción. Sirva el ejemplo de Cabero cuando afirma que ocurrió lo mismo con las transformaciones que se efectuaron en el papel del profesor, y también del alumnado, como consecuencia de la introducción del libro de texto.
Partiendo de la base de que la inclusión de las TIC afecta a los procesos de enseñanza- aprendizaje, puede considerarse que la actividad docente, intentando innovar y experimentar con los medios tecnológicos, sin lugar a dudas también se verá modificada. (Barroso & Cabero, 2013, p. 393)
Entre todas las propuestas existentes acerca del cambio o modificación de la función docente, se considera la propuesta por Villa (2006, p. 54), el siguiente esquema:
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