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CAPÍTULO I. Una arqueología de la tecnicidad como marco teórico para el estudio de industrias

1.9. Síntesis: una arqueología de la tecnicidad

Partiendo de una ontología que considera el pasado-presente como un continuum o una secuencia de eventos en constante transformación, el rol del arqueólogo ya no es naturalizar el objeto técnico, sino descubrir las reglas que ordenan su estructura interna y definen su existencia (Boëda, 2009, p. 27). Un descubrir que no opera ninguna cisura en el mundo (Haber, 2011, p. 29), sino que conversa con él, con las cosas que se escapan de su propia materialidad (Ingold, 2010, p. 29). Esta conversación es ontológica, no epistémica, y, por lo tanto, elimina el objeto y el sujeto modernos, elimina el registro arqueológico y desecha el pasado. La realidad32 arqueológica ya no se representa, se encuentra, se vive en situación: la línea técnica en donde duran las cosas y las personas (Figura 1.17). Esta línea técnica es la con-vivencia fundamental de los entes que se perciben y se construyen. ¿Esta, acaso, no es la realidad en la que también los arqueólogos están inmersos, y a la que deben presentarse?

Figura 1.17 Lógica y niveles epistemológicos en una arqueología de la tecnicidad

(Fuente: Elaborado por el autor).

Si es que esta con-vivencia fundamental es la realidad de los entes en el mundo, ella no necesita ser interpelada, ni ser puesta al frente de un observador; ella necesita presentarse, necesita ser acompañada en su mismo devenir: el sujeto-cuerpo (persona o cosa) se mueve. Por lo tanto, hay movimiento. Con M. Heidegger (1977, 2009; ver también Chiappe, 2012; Quintanilla, 1988),

32 Para una clasificación naturalista de la realidad científica, y que reproduce un modelo

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podemos decir que la praxis o la acción o el movimiento es el tratamiento técnico con las cosas, y con otras personas. Este tratamiento técnico es, propiamente, la existencia carnal de los sujetos- cuerpos (Merlau-Ponty, 1968): tecnicidad (technicité), en lenguaje simondoniano.

Según Gilbert Simondon, la tecnicidad es un modo de relación de los individuos con el mundo (Simondon, 1958, p. 152). Como manifestación de este modo de estar en el mundo, nace la técnica, como el conjunto de disposiciones prácticas que resuelven la transducción entre individuos. De allí las nociones de individuación y transducción. El primero describe la forma en los individuos adquieren existencia, y el segundo es el mecanismo propio de la individuación. De hecho, la transducción (transmisión-traducción) define la relación práctica de con-vivencia de las personas y las cosas en el mundo: cuerpo-cuerpo.

Entiéndase, por tanto, que el concepto de tecnicidad es más amplio que el de solo ser virtud de la transformación de las cosas por las personas. La tecnicidad es el mecanismo por el cual los individuos (personas y cosas) están en el mundo. Al contrario de una noción estrecha - como un aspecto artefactual del cuerpo y los objetos -, ella intenta describir la relación ontológica de los entes y sus posibilidades de comunicación.

En lo que concierne a nuestra disciplina, esto es importante debido a que si la cosa está en el mundo, con él y con otros sujetos-cuerpo, entonces, ella tiene una historia similar y paralela a la de la persona. Pero aquí está la diferencia: la cosa en el mundo de la vida, co-existe con las personas, se mueve, pero su existencia real, cotidiana, secundaria, será construida por la persona, puesto que la cosa posee una existencia potencial (i.e. estructura funcional), en otras palabras una praxis (en el sentido griego original). Con esto no queremos decir que las cosas son organismos vivos, sino que son organismos. Las cosas están organizadas, potencialmente33 (Stiegler, 1994, p. 76). Y esta organización (su cuerpo técnicamente organizado) se mueve y negocia (i.e. transducción) con las personas. En consecuencia, podemos ahora señalar que la historia del mundo cotidiano es una historia de las personas, pero también una historia de las cosas. ¿Pero cómo es posible esto?, ¿cómo la historia del mundo cotidiano deviene también la historia de las cosas?

33 Un tratamiento similar, pero no idéntico de las cosas, es la noción de cultura material como

agente-sin-intención (agent-without-intention), de S. Wallace (2012, p. 9), y la de intencionalidad derivada (derived intentionality) de J. Searle (1983, p. 27). En ambos casos, el resultado de este tratamiento de las cosas como sí mismas, resulta en una renovada noción de símbolo para la cultura material, muy alejada de la noción que exponemos.

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Para que se produzca la creación de un objeto técnico, como hemos señalado, él debe resolver un problema que exista. Puede haber una riqueza de conocimiento en un momento histórico determinado que permita el nacimiento de un objeto técnico, pero si él no tiene una función real, no va a trabajar sobre ningún problema, no trabajará para la co-existencia con las personas, y, en consecuencia, será olvidado. Habíamos dicho, entonces, que la función es la guía estructural para que se produzca el nacimiento de un objeto técnico. A partir de la función, el esquema mental encuentra forma en la persona, que tendrá un plan para la transformación funcional de la materia y la forma. Una vez creado, el objeto técnico posee su propia estructura de funcionamiento, que es paralela a la estructura cotidiana del mundo (Husserl, 1999) al cual está comprometido.

Habíamos observado también que la estructura interna de los objetos técnicos, en este proceso de transformación, está siempre en referencia a dos dimensiones: (a) su propia dimensión interna que evoluciona por convergencia hacia el objeto concreto (i.e. que integra todas sus partes internas), (b) una dimensión exterior, que localiza el objeto técnico en el devenir que él es, en su temporalidad, en una línea evolutiva. Esta localización del objeto técnico, en el marco de su evolución, es posible porque los procesos de creación que lo han traído a su existencia están depositados en una memoria técnica, sedimentada en la vida cotidiana, y activada, en el tiempo largo, por transmisión generacional, y están estrechamente relacionados con los procesos de instrumentalización e instrumentación que hemos desarrollado. La tecnogénesis de la estructura misma de los objetos técnicos se nos revela entonces como un medio válido de estudio. Un linaje técnico que no tiene nada que ver con la forma en la que las persona diseñan y transforman las cosas, ni cómo las cosas diseñan y transforman a las personas, sino con su mutuo compromiso co- vivencial; ninguna división del pasado o del presente, siempre en devenir. Con respecto a este punto, Benoît Chevrier puntualiza que el fenómeno técnico se relaciona con una complejidad mayor de dinámicas temporales y espaciales (Figura 1.18), así le phénomène technique est dans le phénomène humain qui est dans le phénomène technique (2012: 126), parafraseando una conocida fórmula moriniana.

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Figura 1.18 Tríada técnica/tiempo/espacio (Fuente: Chevrier, 2012, p. 126, Fig. 38).

Estos tres elementos, técnica, tiempo y espacio, permitirán, a otras investigaciones, construir diversos tecno-complejos que a su vez permitan la construcción de un panorama tecno- cultural capaz de descubrir alteridades.

Con el desarrollo de una arqueología de la tecnicidad, no pretendemos definir un marco teórico para toda la disciplina arqueológica. Muy por el contrario, nuestro único objetivo ha sido y es ensayar, primero, una comprensión mucho más ajustada de la realidad técnica humana, y, en segundo lugar, una conceptualización más o menos profunda de la metodología que se propone a continuación, en el capítulo siguiente.

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CAPÍTULO II – METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN