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Síntomas de ansiedad en el hipertiroidismo

1.4 PATOLOGIA PSIQUIATRICA Y LAS ALTERACIONES TIROIDEAS:

1.4.2 Patología neuropsiquiátrica en el hipertiroidismo

1.4.2.3 Síntomas de ansiedad en el hipertiroidismo

En los trabajos más antiguos (Dunlap & Moersch 1935) se consideraba que la sintomatología psiquiátrica presente en el hipertiroidismo era similar a la de los trastornos “neuróticos” de ansiedad. La idea de que los síntomas del hipertiroidismo mimetizan los de los trastornos de ansiedad y/ de los trastornos neuróticos ha acompañado siempre a este trastorno y ha motivado una parte de sus investigaciones: en las primeras décadas del siglo pasado Ginsburg (1932) advirtió que muchos supuestos casos de neurosis eran en realidad manifestaciones de trastornos del tiroides y sostenía que muchos casos de “neurosis de guerra” (bautizados como “shell-shock”, “corazón de soldado”, “corazón irritable”, “astenia neurocirculatoria”, etc.) no sufrían en realidad neurosis puras, sino que se trataba de grados variables y formas larvadas de tirotoxicosis. Esta teoría era apoyada por trabajos previos de sus coetáneos como los de Mott (1919), Brooks (1918), Culpin (1931), Stoney (1916), Goodall (1917) y Warfield & Smith (1919) pero discutida o minimizada por otros

autores como Lewis (1918), Oppenheimer & Rothschild (1918), Peabody Wearn & Tompkins (1918), Smith & Bovaird (1918), Addis & Kerr (1919), y Boas (1919) que no daban importancia a la tirotoxicosis subyacente en el desarrollo de las “neurosis de guerra”. El autor apoyaba sus tesis con la presentación de seis casos de pacientes con hipertiroidismo que habían sido diagnosticados como neurosis, algunos de ellos incluyendo episodios de psicosis depresiva, en los que las manifestaciones psiquiátricas mejoraron o remitieron al tratar el trastorno tiroideo.

Numerosos estudios en poblaciones de pacientes hipertiroideos “no psiquiátricos” han descrito la presencia de síntomas de ansiedad (Mandelbrote & Wittkower 1955; Kleinschmidt 1956; Hermann & Quarton 1965) confirmandose de nuevo este solapamiento parcial de síntomas con los de los trastornos de ansiedad.

Mediante entrevistas clínicas, los autores confirmaban que el estado crónico de hiperalerta (hyperarousal) y el deterioro de la habituación, eran características comunes de la ansiedad neurótica y del hipertiroidismo (Lader 1964; Lader & Wing 1964; Malmo 1959a, b). Resultados parecidos se han hallado en otros estudios, que no han observado diferencias entre el perfil psicológico de los pacientes hipertiroideos y los neuróticos, con síntomas que incluían distrés somático, depresión, ansiedad, y percepción de pérdida de control psicológico (Artunkal & Togrol 1964; Wallace y cols 1980; Rockey & Griep 1980; Dietch 1981). Estos perfiles retornaban a la normalidad tras el tratamiento del trastorno endocrino (Rockey & Griep 1980). Jadresic (1990) revisó las manifestaciones psiquiátricas del hipertiroidismo apuntando que éste se caracterizaba por síntomas y signos que semejan un estado de ansiedad agudo: por un lado, síntomas como palpitaciones, sudores, temblor y debilidad; por otro lado, irritabilidad, ansiedad, hiperactividad, labilidad emocional y falta de concentración (Wayne 1954; Wittkower & Warnes 1977).

Desde un punto de vista conductual, el hipertiroidismo se presenta según una definición de Bauer y cols. 1987 como una “disforia tensa”.

En un revisión reciente (Iacovides y cols 2000) al examinar los aspectos cualitativos de la ansiedad en ambos trastornos (hipertiroidismo y trastornos de ansiedad) la mayoría de investigadores hallaban más similitudes que diferencias confirmándose de nuevo este solapamiento parcial de síntomas con los de los trastornos de ansiedad.

En muchos casos, los pacientes con hipertiroidismo eran derivados a consultas psiquiátricas antes de diagnosticarse el trastorno endocrinológico (Trzepacz y cols 1988), y podían ser tratados durante largo tiempo como neuróticos. Esta dificultad de filiación diagnóstica aconseja la evaluación cuidadosa de los pacientes con trastornos de ansiedad para descartar una enfermedad médica subyacente y particularmente un hipertiroidismo subclínico (Rogers y cols 1994).

Jefferson & Marshall (1981) sin embargo pensaban que el “nerviosismo” presente en los pacientes con hipertiroidismo es distinto de los síntomas de los pacientes que sufren neurosis de ansiedad en que “se caracteriza por inquietud, período de atención acortado, y necesidad de moverse”.

Hasta hace relativamente poco tiempo, no había una forma satisfactoria de nombrar el tipo de síndrome psiquiátrico orgánico, con síntomas predominantes de ansiedad, que aparecía por ejemplo en los pacientes con hipertiroidismo (Jadresic 1990). En la CIE-9 (WHO, 1978) y el DSM-III (APA, 1980), el “síndrome orgánico cerebral atípico” y el “síndrome orgánico afectivo” respectivamente eran sólo aproximaciones. En el DSM-III-R (1987), sin embargo, ya se incorporó el “síndrome ansioso orgánico” de Mackenzie (Mackenzie & Popkin 1983; Heinik 1986).

Los criterios diagnósticos del síndrome ansioso orgánico fueron definidas por Mackenzie & Popkin en 1983: a) La alteración predominante es la presencia de ataques de pánico o ansiedad recurrentes o persistentes; b) No hay deterioro de la conciencia (como en el delirio), ni pérdida de las habilidades intelectuales (como en el delirio) ni alteraciones predominantes del humor (como en el síndrome afectivo orgánico), ni alucinaciones o delirios (como en el síndrome delirante orgánico o en las alucinaciones orgánicas); c) Debe haber evidencia, en la historia del paciente, el examen físico o pruebas de laboratorio, de algún factor orgánico específico que se crea que esté etiológicamente relacionado con la alteración ansiosa.

En 1986, Heinik apoyó la inclusión del nuevo diagnóstico de “síndrome ansioso orgánico”, resaltando por otro lado la distinción entre los pacientes con hipertiroidismo que padecen el síndrome ansioso orgánico, y aquéllos que sufren un trastorno de ansiedad concurrente. Presentó los resultados que había obtenido en una serie de 28 pacientes tiroideos con bocios importantes: 15 sufrían hipertiroidismo, 8 presentaban nódulos “fríos” y 5 tenían la enfermedad de Hashimoto. Usando los criterios del DSM-III, los 15 pacientes con hipertiroidismo y 3 de los pacientes con nódulos “fríos” fueron diagnosticados de trastorno de ansiedad generalizada. Los otros 5 pacientes con nódulos “fríos” y 1 de los pacientes con enfermedad de Hashimoto sufrían un trastorno de ansiedad atípico, y el resto de los pacientes no presentaban patología psiquiátrica. Heinik dividió a los pacientes con hipertiroidismo y trastorno de ansiedad generalizada en 3 grupos: el grupo A (n=7), de individuos en quienes los síntomas de ansiedad habían precedido a la aparición del hipertiroidismo; el grupo B (n=6), con pacientes en quienes la aparición de la ansiedad había coincidido con el inicio del hipertiroidismo; y los 2 pacientes restantes, en quienes la ansiedad empezó después del hipertiroidismo, por lo que, podría tratarse de una reacción ansiosa a la enfermedad, sin relación etiológica con ella. Heinik observó que sólo los

pacientes del grupo B parecían presentar el síndrome ansioso orgánico descrito por Mackenzie & Popkin (1983). En estos pacientes, los síntomas de irritabilidad, palpitaciones, fatiga, impaciencia, disnea, dolor en el pecho, sudores y sofocos tendían a seguir un curso persistente paralelo al del estado hormonal. En el grupo B la media de edad de inicio del hipertiroidismo era 38,5 años (SD=10,7), el sexo era mayoritariamente femenino, la personalidad premórbida era tranquila, no había historia familiar de trastornos psiquiátricos pero sí de enfermedades del tiroides.

Jadresic, en su trabajo de 1990, no solo revisó las manifestaciones psiquiátricas del hipertiroidismo confirmando los resultados previos respecto a los síntomas y signos que lo constituyen y semejan un estado de ansiedad agudo (por una parte había síntomas como palpitaciones, sudores, temblor y debilidad; por otro lado, irritabilidad, ansiedad, hiperactividad, labilidad emocional y falta de concentración), sino que resumió también las características del síndrome ansioso orgánico en: a) Ataques de pánico recurrentes y prominentes o ansiedad generalizada; b) Evidencia, en la historia clínica, examen físico o pruebas de laboratorio, de uno o varios factores orgánicos específicos que se cree están relacionados etiológicamente con la alteración psicológica; c) No ocurre exclusivamente en el curso de delirio.

Iacovides y cols. (2000) evaluaron la existencia de perfiles sintomáticos diferentes en los pacientes con hipertiroidismo subclínico y los que sufrían un trastorno de ansiedad generalizada. Siguiendo la línea de mencionado trabajo de Heinik, Iacovides y colalaboradores concluyeron que los síntomas de ansiedad en el hipertiroidismo subclínico eran distintos de los presentes en el trastorno de ansiedad generalizada. Sin embargo, los autores alertaban de que el número de pacientes era demasiado pequeño para generalizar las conclusiones, y que sería necesario replicar sus resultados con nuevos estudios en muestras más grandes.