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Bayazid Bastamí fue un sufí persa del Jorasán que vivió en el siglo IX y

cuyas plegarias y sentencias conocemos por las hagiografias que se escribie- ron posteriormente a su muerte. Padre espiritual de Abul Hassan Jara- qaní, la idea que más prima en su ascetismo es la de renuncia al mundo y unión con Dios. La plegaria de a continuación fue narrada por Attar de Nishapur en el siglo XIII.

Aceptación de la penitencia

¡Oh Dios mío! No pongo a la venta la abstinencia y la austeridad de toda una vida, ni ofrezco las oraciones de cada noche, ni declaro los ayunos de toda mi vida, ni cuento todas las veces que he leido el Sagrado Corán por completo, ni declaro las horas, las súplicas o las veces que a Ti me he acercado. Tú sabes que no me recreo en recordar los actos de adoración que he hecho, y que lo que refiero con la lengua, no es por vanidad ni confianza, sino que declaro que por lo que he hecho, me avergüenzo, y que esta túnica que visto Tú me la has otorgado.

Todo esto es nada, una imaginación que no existe. Soy un anciano de setenta años cuyo cabello ha encanecido en la infidelidad. Salgo del desierto y solamente grito «¡Dios, Dios!».

Ahora aprendo a decir «Dios, Dios», apenas ahora ando por el mundo del Islam y cambio la lengua en el Testimonio constante (de la Unicidad de Dios).

¡Oh Dios mío! No hay un motivo para Tus actos y juicios, y Tu acep- tación o rechazo no dependen de devoción, obediencia o rebelión.

Todo lo que he hecho lo he hecho sin pensar. Tú de todo lo que de mi has visto, borra aquello que no es al gusto de Ti, y perdóname y borra el polvo de mi rebeldía, pues yo ya he borrado de mi mente el creer que te había obedecido lo suficiente.

Digno de Servicio

¡Oh Dios mío! Cómo puede ser digno de servirte aquél que no es digno de ser uno de Tus servidores, y cómo puede tener esperanza en Tu clemencia aquél que no se avergüenza de que encuentre la salvación de Tus tormentos.

¡Oh Dios mío! A aquél que hoy en este mundo es más pecador y transgresor, y es más fiero en sus pecados, perdónale.

¡Oh Dios mío! Me recordaste, y yo no soy nadie, y si yo Te recuerdo, no hay nadie que lo haga como yo. Esta felicidad no me basta, hazme todavía más solo y abandonado (para que más Te llame).

¡Oh Dios!, mi esperanza en el arrepentimiento de los males es mayor que mi confianza en el arrepentimiento de las buenas acciones, pues yo me veo a mí mismo confiado en la devoción a la pureza.

Y yo de qué manera me puedo someter a la pureza cuando soy cono- cido por los infortunios, pero yo me veo a mí mismo tan lleno de pecado que tengo confianza en Tu perdón. Y Tú cómo puedes no perdonar mis pecados, cuando Tú eres el más generoso, el más alabado.

¡Oh señor! Tú enviaste a Moisés y a Aarón a la presencia del faraón rebelde y les ordenaste que le hablaran claro y despacio.

¡Oh señor! Esta es Tu gracia con los que se creen dioses, Tu gracia cómo será con los que Te sirven desde el fondo de su alma.

¡Oh señor! Esta es Tu gracia y clemencia con aquél que exclama «yo soy vuestro Señor exaltado/supremo». Tu gracia y benevolencia con aquél que exclama «Alabado sea Dios», ¿quién sabe cómo será?

La bendición del encuentro (de la visión)

¡Oh Dios mío! De entre todos los bienes y posesiones solo tengo una vieja alfombra. A pesar de todo, si alguien me la pide, aunque la nece- sito, no se la negaré. Tú tienes mil bendiciones, y no estás necesitado de nada. Entonces, ¿cómo puede ser que se les niegue la misericordia a aquellos que están tan necesitados (de ella)?

¡Oh Dios mío! Tú declaraste que: «quién me haga el bien, yo le de- volveré algo mejor». Si no hay nada mejor que la fe que Tú nos has dado, ¿qué nos puedes dar que sea mejor que reunirnos contigo?

¡Oh Dios mío! Así como Tú no eres como ninguna persona, Tus actos son como las acciones humanas. Cualquier persona que ame a otra persona, busca su bienestar. Tú cuando amas a alguien, le cubres de ca- tástrofes y tormentos.

¡Oh Dios mío! Lo que me des de este mundo, concédeselo también a los infieles, y lo que del futuro me debas dar, dáselo también a los creyentes. Pues a mi me basta en este mundo con recordarte, y en el otro mundo con verte.

¡Oh Dios mío! De qué manera me abstendré de orar por culpa de los pecados cuando no veo que te abstengas de concederme Tus gracias por mis pecados.

Aunque cometo pecados, Tú me concedes Tus favores, entonces yo, aunque peco, ¿cómo puedo dejar de orarte?

¡Oh Dios mío! Si yo no puedo dejar de pecar, Tú también puedes perdonar mis pecados.

¡Oh Dios mío! Cada pecado que surge de mi tiene dos rostros, un rostro que mira por Tu gracia y un rostro que mira a mi debilidad. Oh Señor, o bien perdona a ese rostro que mira a Tu gracia, o disculpa a ese rostro que mira a mi debilidad.

¡Oh Dios mío! Te temo por la maldad que de mi proviene, y en Ti deposito mis esperanzas por la gracia que Tú dispensas. Pues no me niegues la Gracia que dispensas por culpa de la maldad que yo cometo.

¡Oh Dios mío! Perdóname pues, ya que yo soy de los Tuyos. ¡Oh Dios mío! ¿cómo voy a temerte si Tú eres el Generoso?, ¿y cómo no voy a temerte si Tú eres el Glorioso?

¡Oh Dios mío! ¿cómo voy a invocarte si soy un siervo rebelde?, ¿y cómo no voy a invocarte si Tú eres un Dios Magnánimo?

¡Oh Dios mío! Te temo pues no soy más que un siervo, y en Ti pongo mi confianza y esperanza pues Tú eres Dios Todopoderoso.

¡Oh Dios mío! Tú deseas que Te quiera a pesar que no me necesitas. ¿Y cómo puedo yo desear que me quieras, con todo lo que yo Te ne- cesito?

¡Oh Dios mío! Yo soy un extraño y Tu recuerdo es extranjero, así yo me he acostumbrado a mencionarte pues el extranjero siente apego por el extranjero.

¡Oh Dios mío! El más dulce de los regalos en mi corazón es el que es de Ti, y la más agradable palabra que sale de mi lengua es Tu alabanza y el más precioso de mis instantes es aquél en que me una a Ti.

¡Oh Dios mío! Mis obras no son dignas del paraiso, y tampoco tengo fuerza para soportar el infierno, así que el resultado depende de Tu gracia. Mi beneficio

¡Oh Dios mío! Tú sabes que exhorté a la creación de palabra, y amo- nesté al alma de obra y disculpa oh Señor la traición de mi alma para con la amonestación de la creación.

¡Oh Dios mío! Yo transgredí con mis pecados y Tú con el paso de los años encaneciste mi cabello.

¡Oh Creador de fechorías y buenas acciones! Muestra Tu gracia y convierte nuestras fechorias en Tus bondades!

¡Oh Dios mío! Aquél que Te conoce con certeza, siempre Te anhela, a pesar que sabe que nunca Te va a encontrar.

¡Oh Dios mío!, en el Día de la Resurrección, se pronuncia Tu juicio para con los demás, más la relación que hay entre Tú y yo no se cerrará nunca.

¡Oh Dios mío! Cuando miro a mi alma esta me duele, y cuando ob- servo a mi corazón este me duele. Cuando observo mis actos me duele el cuerpo y cuando pienso en el tiempo sufro por esta separación de Ti.

¡Oh Dios mío! Tus bendiciones son perecederas y mis bendiciones permanentes, yo soy Tus bendiciones y Tú eres las mías.

¡Oh Dios mío! Todo lo que me puedas decir yo lo digo a Tu crea- ción, y todo lo que Tú me das yo lo entrego a Tu creación.

¡Oh Dios mío! En el Día del Juicio, los profetas se sientan sobre púlpitos de luz y Tu creación les observa, y Tus más allegados y próxi- mos se sientan sobre un trono mientras Tu creación les observa.

Yo me siento sobre Tu unicidad para que la creación me observe. ¡Oh Señor!, no me eleves a una condición donde pueda decir «Dios y la creación», o donde pueda decir «Tú y yo», tenme en una posición donde no interfiera y todo seas Tú.

¡Oh Señor! Si hago sufrir a Tus criaturas, cuando me ven me dan la espalda y me abandonan, en cambio tanto que a Ti he molestado y siem- pre estás a mi lado.

¡Oh Señor!, todo lo que es de mi, a Ti lo he destinado, y todo lo que de Ti viene, para Ti lo he dedicado, para que así el egoismo desaparezca y todo seas Tú.

¡Oh Dios mío! Que mi alma se sacrifique por Ti cuando me recuer- des/menciones, y cuando mi corazón Te recuerde, que mi alma se sa- crifique por este corazón.

¡Oh Dios mío! Cuando mi cuerpo está doliente Tú me concedes la curación, mas cuando sufro por esta separación de Ti ¿quién me puede curar?

¡Oh Dios mío! Tú me creaste, para Ti mismo me creaste, de mi ma- dre para Ti vine al mundo, no me conviertas en presa de alguna de Tus criaturas.

¡Oh Dios mío! Algunos de Tus siervos aman ardientemente la ora- ción y el ayuno, otros la peregrinación y el esfuerzo 5, y a otros les agrada

el conocimiento y la prostración. A mi conviérteme en uno cuya vida, deseos y amor no sean sino Tú.

¡Oh Dios mío! ¿Hay alguien de entre Tus allegados que merezca pronunciar Tu nombre, para que me arranque los ojos y me eche a sus pies? ¿acaso existen en mi tiempo, para que les entregue mi alma, o lle- garán después de mi?

¡Oh Señor! En este mundo hablaré de Ti todo lo que mi corazón desee, en el mañana haz Tú conmigo aquéllo que desees.

¡Oh Señor!, hay gentes que en el Día de la Resurrección se levanta- rán como mártires pues por Tu causa fueron asesinados. Yo me levantaré como mártir que por la espada de Tu anhelo pereció, pues tengo un dolor que existirá mientras exista mi Dios.

Busqué el dolor y no lo hallé, busqué un remedio y no lo hallé, mas hallé la curación.

5 El autor usa la palabra jihad, que significa el esfuerzo en nombre de Dios, para

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